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CAPÍTULO III

El Black Roses era un restaurante que algunos calificarían de oscuro y para gente más bien rarilla. Nada más entrar te transportaba a una realidad distinta, como a otro universo alternativo donde las leyes no fueran las mismas y no se podría decir muy bien porqué.
Quizá se tratara de su puerta grande de madera, pesada y con un pequeño manillar de latón con forma de dragón; quizá sus cortinas negras y moradas intercaladas tapando y destapando cada una de las mesas. El sitio no estaba iluminado por luz eléctrica sino que predominaban las velas. Todas repartidas por el extenso local ambientándolo aún más.
Era un lugar pequeño, acogedor, lleno de magia y misticismo. Las camareras iban ataviadas con distintos disfraces de criaturas místicas e incluso los cuadros y la música daban a entender que aquel sitio era especial. Siempre que entraban tenían la sensación de estar en casa, de haber encontrado un lugar donde poder quedarse, donde podrían entenderles, pero aquello… era en cierta forma ridículo. Aquello no era más que simple decoración y por ello les gustaba tanto.

Observó a la camarera vestida con unos pantalones negros ajustados a su cuerpo, un pequeño top tapando sus pequeños pechos y unas alas negras y azules que salían desde su espalda. Casi parecía un ángel, y es lo primero que habría pensado él antes de fijarse en sus manos. Sus uñas eran extremadamente largas y parecían garras dispuestas a destrozar la piel y la carne de cualquiera que se acercara.
Él había sido y seguía siendo un amante de la mitología y por ello reconoció ese pequeño rasgo en ella. Pero lo que más la delataba era el maquillaje que cubría su rostro. Llevaba pintado a cada lado de su rostro dos tatuajes en un color rojo sangre y bordeando el contorno de sus ojos había improvisado unas líneas de color verde, que subían por su frente hasta perderse en el borde de sus cabellos donde se unían con una pequeña corona del mismo color.
Si no se equivocaba se trataba de una Arpía. Un ser mitológico que mucha gente conocía, pero pocos entendían realmente. Siguieron a la “criatura” por el pasillo y tomaron asiento en la mesa más alejada que ella les dio.
La mesa era redonda y al contrario que el resto de restaurantes de la zona, no te sentabas sobre sillas, sino que te acomodabas entre multitud de cojines. Observó cómo cada uno de sus amigos se sentaba tranquilamente y miraban la carta aunque todos sabían lo que pedirían. William fue el encargado en decirle a la camarera el pedido y esta se marchó no sin antes lanzarles una mirada intimidadora con aquellos fríos ojos azules que tenía.

– Debo reconocer que por una vez esa chica me ha dado miedo – confesó William quitándose la chaqueta y acomodándose mejor en los cojines – esos ojos parecían querer matarnos uno por uno.

– A lo mejor es lo que tenía en mente – dijo Sarah con cierto tono oscuro – no sabemos la cantidad de peligros que podemos encontrar en cualquier parte – se rió y al ver la expresión de Evan añadió – Oh vamos, Evan… ¡Era una broma!

– Hace tiempo que perdí la gracia por este lugar – dijo el hombre mirando a cada lado de la estancia – creo que llevo mucho tiempo diciéndolo, pero… – se aflojó la corbata – deberíamos cambiar de sitio. Al menos para reunirnos todos.

– Tampoco es para tanto – dijo Noah mirándole de arriba abajo – lo que pasa es que no se puede venir como vienes… – tiró un poco de la chaqueta de su traje – no se puede venir así de trajeado a una cena de amigos.

– Te recuerdo que trabajo en un bufete de abogados, Noah – le espetó el hombre mirándole a los ojos – no he tenido tiempo de ir a cambiarme y no puedo ir de manera informal al trabajo… – al ver la expresión de su amigo terminó diciendo – perdona, sé que no lo has dicho con malicia.

– Creo que deberías quitarte la chaqueta y la corbata – dijo Will con una pequeña sonrisa – no quiero que te dé un ataque de calor, tener que llamar a la ambulancia y que tus jefes te vean aquí.

– Eso tenlo por seguro – dijo Evan quitándose la chaqueta, la corbata y dejándolas a un lado – pero sigo pensando igual que hace cinco minutos – miró al resto de sus amigos – tenemos que cambiar de sitio. Esto está bien para cuando íbamos a la universidad, pero ahora…

– Venimos aquí porque es lo mejor para nosotros – le espetó Noah intentando mantener su tono amable – creo que lo hemos hablado muchas veces – le miró directamente a los ojos – no todos podemos controlar lo que escuchamos y este sitio es…

– Relajante – terminó diciendo Sarah.

– En ello tenéis razón, pero esa no es excusa… – dijo Evan mirando a cada uno de sus amigos – por esa regla de tres… No saldríamos de casa, no hablaríamos con nadie – negó con la cabeza – no viviríamos una verdadera vida.

– Este sitio está resguardado, apenas se escuchan los pensamientos de la gente y nos permite tener una conversación distendida y animada – confesó Noah poniendo énfasis en las últimas palabras – yo no le veo nada de malo, aunque supongo que todos cambiamos con el tiempo – intentó que su tono no sonara sarcástico, pero no pudo evitarlo.

– Sarah, Will y yo no tenemos la culpa de que aún no controles del todo el poder mental – le espetó Evan algo cabreado – casi todos lo dominamos, pero tú sigues siendo un misterio incluso para nosotros…

– ¡Ya basta! – susurró Sarah inclinándose encima de la mesa – yo aún no he controlado del todo mi capacidad de percibir los pensamientos y a Will – le miró de reojo – creo que no le importa este sitio. A mí me gusta el Black Roses – miró a Evan – si no te gusta… quedaremos contigo en otro sitio, pero dejad de pelearos.

– Sarah tiene razón, chicos – interrumpió la conversación Will – no creo que sea el lugar más indicado y hemos venido a divertirnos no a pelearnos como si fuéramos colegiales en el instituto – suspiró y observó cómo la camarera se acercaba a ellos – ¿Tema zanjado?

– Sí – dijeron los dos chicos al unísono.

Noah observó cómo la camarera se acercaba con una bandeja y cuatro platos encima. Fue diciendo uno por uno los nombres hasta que se lo dio a su respectivo comensal. Antes de marcharse Sarah le pidió otro refresco más y la camarera asintió fríamente. Ciertamente se le daba muy bien hacer de criatura malvada y diabólica, casi parecía que desaparecía mientras se fundía con las cortinas negras y moradas.
Sus amigos habían comenzado a picotear de sus propios platos ajenos a que él estuviera observándoles con atención. En el primero que reparó fue en William.
Su amigo era alto, delgado, pero musculoso. Su pelo negro estaba perfectamente cortado y sus ojos marrones predominaban en aquel rostro cuadrado. Se fijó en su piel tostada, marrón pero brillante al mismo tiempo. Médico desde que le había conocido podía considerarlo una de las mejores personas que había y que se entregaba por igual a amigos, familia o pacientes. Era una gran persona que merecía ser más valorado incluso.
Su vista se dirigió directamente a Sarah. Ella permanecía atenta a su comida y no se daba cuenta de que la estaba observando. Su pelo moreno y liso estaba recogido en un montón de pinzas aquí y allá dándole un aspecto revoltoso, pero a la vez peinado y pulcro. Sus preciosos ojos verdes podían ver a través de ti y su cara ovalada le daba un aspecto de niña que en ocasiones ella no quería aparentar. La había conocido cuando empezó a vivir con sus tíos y desde entonces no habían podido separarse. Eran como uña y carne, como hermanos.
Evan era su otro mejor amigo. Ciertamente la relación había cambiado en los últimos tiempos, pero él todavía seguía sintiendo esa gran amistad por él. Era alto, casi tan alto como el mismo Noah; su pelo era castaño claro, estaba cortado y peinado milimétricamente, sus ojos azules como el mar habían enamorado a más de una jovencita inconsciente. Evan era un tío guapo, de estos que da igual lo que se pongan, porque las mujeres siguen colándose por ellos. Se habían conocido cuando estaban en la facultad mediante una ex novia y desde entonces jamás se habían llevado la contraria.

– ¿No comes nada Noah? – preguntó Will alzando la vista y observando el entrecot con salteado de verduras que había pedido – normalmente sueles atacar y no dejar nada en el plato en… – consultó su reloj – menos de quince minutos.

– He decidido tomármelo con calma – dijo él esbozando una amplia sonrisa – un amigo muy sabio me dijo una vez que no debería comer tan deprisa o puede que acabara atragantándome – sonrió y al ver la expresión de Will añadió – ese amigo era médico.

– ¿Tampoco comes, Sarah? – preguntó Evan observando su sopa – nunca me ha gustado lo que has pedido, pero me resulta extraño que no…

– Me la han puesto más caliente que de costumbre – dijo la chica con una débil sonrisa – creo que si me la tomara ahora, mis labios y lengua se resentirían…

– Deja, yo te ayudaré – Evan sonrió y después miró a los lados de la mesa para cerciorarse de que no había nadie.

No tuvieron tiempo de decirle que no lo hiciera. Casi al instante apareció un pequeño remolino de aire sobre la sopa de Sarah. Era casi diminuto pero las ondas en el líquido evidenciaban que el aire estaba soplando con fuerza sobre la superficie. Al cabo de unos pocos segundos paró y Evan sonrió cuando Sarah probó su sopa y estaba justo en su punto.

– ¿Desde cuando puedes controlar tan bien… “eso”? – preguntó ella mirándole y poniendo las comillas con sus dedos.

– Últimamente me cuesta mucho menos controlarlo – dijo Evan llevándose a la boca un trozo de emperador – simplemente un día lo intenté y lo conseguí.

– Yo también he mejorado mucho – dijo Sarah con una sonrisa mientras tomaba un sorbo de su refresco – últimamente las bombillas de mi casa no explotan sin ninguna razón – los tres chicos sonrieron ante la expresión que ella puso.

– Yo a falta de tener… “eso” – dijo Will cogiendo una patata y mojándola en ketchup – Noah también ha empezado a controlar su temperatura corporal – le miró incitándole a que continuara él.

– Y ya no parezco un pirómano creando fuegos con mis propias manos… – dijo él con cierta ironía – así que supongo que es es un gran avance.

– ¡Es estupendo! – dijo Sarah feliz de escuchar y ver las buenas noticias de sus amigos – quizá me llamaréis tonta y sé que no sabemos exactamente qué es lo que nos pasa – bajó más la voz – ni tampoco porqué tenemos “esto” con nosotros, pero siento que están aumentando, que se está haciendo más grande y más fácil de controlar.

– Y eso creo que será bueno para todos nosotros – dijo Evan alzando su copa. Observó que el resto hacía lo mismo y dijo en voz baja, pero clara a la vez – porque aprendamos a controlar nuestro… poder oculto. Porque sigamos siendo como somos y en el caso de Will que mantenga nuestros pies en el suelo y siga curándonos gratuitamente.

– Muy gracioso – dijo el hombre chocando su copa con las del resto.

Bebieron los cuatro a la vez y por una ocasión en aquella noche Noah se sentía feliz y contento de todo lo que estaba haciendo. Ciertamente las cosas iban bien, tenía unos amigos con los que compartir todo lo que le ocurría y una vida placentera. ¿Qué más podía pedirle a la vida? Estaba seguro de que pocas cosas.
Apenas se dio cuenta de lo rápido que todo terminó. Pagaron a medias como hacían habitualmente y salieron por las puertas del restaurante hacia sus respectivos coches. Evan se dirigió hacia su Audi que estaba perfectamente aparcado, Will se dirigió hacia su Volvo y él mismo hacia su Harley. Antes de que pudiera decirle a Sarah que la acercaba a su casa, Evan añadió.

– ¿Quieres que te acerque a casa, pequeña? – preguntó él al lado de su coche – tu casa me pilla de camino.

– Claro – dijo Sarah sonriendo – ¿no te importa Noah? Así no tendrás que dar tanta vuelta para dejarme en casa… – la chica parecía realmente afectada por la posibilidad de que él se enfadara.

– Para nada, así podré ir más rápido – agregó Noah con una sonrisa – cuando vienes conmigo siempre te agarras demasiado y dudo en ir más rápido y acelerar…

– Perfecto – dijo ella acercándose a Noah – muchas gracias por traerme y espero que mañana nos veamos – le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

Observó cómo la chica se montaba en el asiento del copiloto y al cabo de unos minutos el coche desaparecía por la carretera. Se montó en la moto y se puso el casco mientras arrancaba la Harley. Se levantó la visera del casco y se acercó a Will que había bajado la ventanilla.

– Nos vemos mañana a las ocho de la mañana para desayunar – dijo Will sacando la mano y poniéndola en un puño – no tardes o te juro que no te pediré nada en la cafetería… – ambos chocaron los puños y sonrieron.

– Prometo ser puntual – le dijo Noah bajándose la visera.

Will arrancó su coche y salió disparado hacia la noche. Noah negó con la cabeza y miró por última vez el local, después dejó que su moto se perdiera por la carretera y se adentrara en la noche.

***

De todas las cosas que le podían pasar a una chica esa era la peor. Sí, quedarse tirada en medio de la carretera era un auténtico fiasco y más si no sabías nada de mecánica. Se había bajado del coche, había abierto el capó, había buscado alguna pieza suelta, había comprobado los niveles, las ruedas y no era nada de eso.
Su padre jamás había intentado enseñarle cómo arreglar un coche y menos pudiendo llamar a una grúa. Lo que jamás tuvo en cuenta es que puedes quedarte tirada incluso en una zona que no tiene cobertura. Así que viendo que no tenía otra alternativa… Sacó los triángulos de seguridad, se puso la chaqueta negra vaquera y encima el chaleco reflectante y esperó a que alguien se dignara a parar.
¡Nadie! Cinco coches habían pasado y ninguno se había parado. Tampoco podía culparles por no hacerlo. Aquella carretera no era precisamente muy segura y la gente no quería arriesgarse a morir por recoger a una persona que se había quedado tirada. Ella hubiera hecho lo mismo. Si ponías en una balanza la posibilidad de que te mataran y la de volver a casa con tu familia… sí, definitivamente ganaba el “no pararse” por nada del mundo.
Así que ahora se encontraba sentada encima del capó mientras se frotaba los brazos con las manos e intentaba que el frío de la noche no le diera de lleno en la cara. Debía dar gracias de que no estaban en pleno invierno y que las noches de otoño eran bastante suaves en aquella zona del país. Distinguió la luz de una moto que se acercaba hacia donde estaba ella.
Bajó rápidamente del capó y se puso en el borde de la carretera mientras hacía señales para que el motorista parara. Estaba pensando que quizá él pasaría de ella cuando se dio cuenta de que reducía la velocidad y se ponía detrás de su coche. ¡Gracias, gracias! ¡Por fin alguien que se había parado y no había pasado de largo!
Se acercó a la moto y observó desde la distancia como el hombre se quitaba el casco y la miraba con aquellos ojos verdes que le recordaban al bosque recién llovido. Su cabello rubio resaltaba contra la oscuridad de la noche y la observó evaluando si podía ser una amenaza hasta que finalmente se atrevió a decir.

– ¿Necesita ayuda? – preguntó el joven poniéndole la seguridad a la moto y bajándose de ella.

– Sí – respondió ella acercándose – espero no molestarle mucho.

– No se preocupe – dijo él esbozando una pequeña sonrisa – ¿Ha mirado el capó?

– Sí, pero es que soy bastante negada para los coches – sonrió – he revisado todo, pero no entiendo porqué me he quedado tirada.

– Le echaré un vistazo si usted me lo permite – le dijo el hombre acercándose al coche y lanzándole una mirada que intentaba calmarla a ella misma – seguro que no es nada muy grave. ¿Ha intentado llamar a una grúa?

– Sí, pero mi compañía telefónica es… – se rió – es deprimente y no tiene cobertura.

– Vale, si vemos que no podemos arreglarlo, llamaremos desde el mío – le explicó él alzando el capó y mirando en el interior del vehículo– ¿no se le ha encendido ninguna luz dentro del coche?

– No, y mira que siempre me fijo mucho – le confesó la joven poniéndose a su lado y mirando por encima del hombre – no me gusta quedarme en la reserva de gasolina – vio que él tocaba una correa y tiraba un poco de ella – ¿ves algo?

– No demasiado, aunque creo saber el problema… – se giró y por poco no se chocaron los dos – ¿Tienes una linterna?

– Claro, espera un momento – se alejó de él y fue al maletero. Sacó una pequeña linterna y se la tendió – ¿sabes mucho de estas cosas?

Ella nunca había sido tan entrometida, pero ciertamente le intrigaba mucho ver su reacción. Observó cómo él asentía e iluminaba el interior del coche. Se fijó en su espalda ancha, en cómo sus brazos se movían al tocar las piezas y no pudo evitar bajar sus ojos hasta el trasero del hombre que estaba levemente inclinado hacia ella.

– Sí, lo que yo temía – dijo él incorporándose y dándose la vuelta – ¿estás bien? – preguntó al ver su rostro.

– Sí, sí – respondió ella rápidamente – ¿Qué es lo que le ocurre?

– La correa del alternador – le comentó el hombre aceptando el trapo que ella le ofrecía y limpiándose las manos – parece que tiene una leve fisura y la corriente no le llega a tu batería – al ver su expresión añadió – se puede arreglar fácilmente y no tendrás que llamar a una grúa.

– ¿En serio? – dijo la joven muy contenta – ¿Qué tenemos que hacer?

– Ir a la gasolinera más cercana – contestó él – hay una cerca de aquí así que…

– ¿Cómo vamos a ir? – preguntó ella alzando una ceja y al segundo se arrepintió de haber formulado la pregunta.

– En mi moto – le confirmó él con una pequeña sonrisa.

***

Observó la expresión de la chica y cómo ella miraba la moto y después a él. Desde el momento en que había bajado y la había visto le había parecido una chica rara, tal vez extraña. Al ver el coche parado y las señales que ella hacía no había podido resistirse a parar y saber si podía ayudar en algo.
Estaba en su naturaleza y era incapaz de dejar a una mujer como ella sola en aquella carretera esperando a que alguien parara para ayudarla. Al principio sus pensamientos le habían abordado, pensamientos de pura felicidad al saber que alguien se había decidido a ayudarla, pero después habían parado.
Quizá Sarah tuviera razón y estuvieran controlando mucho mejor los poderes que tenía. Noah había deseado e intentado dejar de escuchar los pensamientos de la chica y lo había conseguido. Eso o la mujer que tenía frente a él no era de utilizar demasiado la cabeza. Y eso le parecía excesivamente cruel y además incierto. Se la veía inteligente, perspicaz e incluso astuta… Vale, no era demasiado buena con los coches, pero eso no desprestigiaba su capacidad y su intelecto.
La observó sonreír y no pudo evitar examinarla de arriba abajo mientras ella decidía si quería montar en su moto o no. Su cabello pelirrojo caía a ambos lados de sus hombros y estaba recogido en una sencilla pinza en la parte de atrás. Sus ojos azules como el mar embravecido le miraban fijamente en aquel rostro ovalado. Era muy alta para ser una chica, debía de medir un metro setenta y su figura era esbelta.
Vestía unos vaqueros de color negro, una camisa blanca que sobresalía de la chaqueta negra que cubría su cuerpo abrigándola del frío y el chaleco reflectante. Sí, aquella chica era guapísima y era demasiado extraño que nadie hubiera parado a ayudarla… Quizá había sido el primero.
Al final ella se montó en su moto y juntos fueron a la gasolinera más cercana. Entraron en la tienda bajo la atenta mirada del dependiente que se mantenía detrás del cristal de seguridad. Caminó por los pasillos buscando entre los estantes lo que necesitaban y ella caminaba a su lado. El silencio era incómodo y opresivo, así que decidió preguntarle.

– ¿En qué trabajas? – preguntó Noah dándose la vuelta y mirándola directamente a los ojos – no pienses que soy un entrometido, es que…

– No pasa nada – negó ella con una sonrisa – soy contable y trabajo en una multinacional – suspiró – así que como ves, siempre salgo de noche y entro de noche también – puso los ojos en blanco – en ocasiones siento que mis jefes me explotan, pero no es mi verdadera vocación ¿sabes?

– ¿Ah no? – dijo él sorprendido al encontrar la correa del alternador – ¿Y cuál es tu verdadera vocación?

– Escritora – le comentó la joven siguiéndole por el pasillo. El sonido de sus tacones resonaba en la pequeña tienda – me encanta escribir relatos, contar historias…

– Sí, parece que verdaderamente te apasiona – dijo él sacando su billetera para pagar la correa, pero ella se adelantó y dejó el dinero sobre el mostrador – ¿y qué clase de libros escribes?

– De todo un poco – contestó ella saliendo de la tienda – aunque me encantan las tramas paranormales. – le miró a los ojos – Quizá te parezca estúpido, pero a mí me apasiona el pensar que existen vampiros, hombres lobo y todo eso tipo de cosas.

Sonrió y le entregó el casco para que ella se lo pusiera y se dio cuenta de cómo ella se montaba detrás de él y pasaba sus brazos por su cintura para agarrarse fuertemente. Antes de arrancar y perderse por la carretera le contestó.

– Te aseguro que no me parece una tontería – le dijo Noah sonriendo – quién es nadie para decidir qué es real y qué no.

Al cabo de escasos minutos se encontraban de pie junto al coche. Noah había quitado la correa rota y había colocado la nueva en su sitio con la ayuda de la muchacha. Ciertamente era una chica simpática y sobre todo trabajadora. Se limpió las manos con el trapo que ella le ofrecía y soltó un suspiro mientras bajaba el capó y lo cerraba.

– Será mejor que pruebes a arrancar… – le dijo él abriéndole la puerta. La joven se montó en el coche, y lo arrancó sin ningún tipo de problema – ¡Perfecto!

– Muchísimas gracias – dijo la chica bajándose con una sonrisa y poniéndose frente a él – ¡no sé cómo agradecértelo!

– No tienes porqué hacerlo – le confesó Noah poniéndose de nuevo su chaqueta de cuero – ha sido un placer poder ayudarte – comenzó a caminar hacia su moto, pero se paró en seco al escucharla.

– ¡Espera! – dijo ella bajándose del coche con rapidez – quizá podría invitarte a cenar por las molestias – le miró a los ojos y después se encogió de hombros. Su cara debió de ser muy reveladora porque añadió rápidamente – oh, espero que no te hayas confundido, no es una cita… – se quedó callada – lo que quiero decir es que… yo apenas salgo a comer por el trabajo y lo que mejor me viene es cenar así que…

– Estaré encantado – dijo Noah sonriendo al ver lo nerviosa que se había puesto – pero debo añadir que no nos conocemos casi – al ver la expresión de la joven añadió – no sé cómo te llamas y tú tampoco sabes cómo me llamo yo.

– ¡Oh, es verdad! – dijo la joven llevándose una mano al pecho – perdóname… Me llamo Lesley.

– Noah – dijo él estrechando su mano – ¿Te parece que quedemos en el restaurante Arrogant Waiter?

– Estupendo – dijo ella con una sonrisa – allí nos veremos a las ocho de la tarde.

– Perfecto. Seré puntual y espero que tu coche no te dé problemas para llegar – le comentó Noah sonriendo – hasta mañana.

– Adiós – dijo ella entrando en el coche.

Noah se dirigió hacia su Harley y se montó, se puso el casco y observó cómo ella daba la vuelta y antes de incorporarse a la carretera le dedicó una última mirada y una sonrisa. Noah se quedó sorprendido y apenas pudo esconder la sonrisa de bobo que aparecía en su rostro. Sí, ciertamente aquella noche había sido especial.

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