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black and white photo of  vampire woman  bites a blind man

CAPÍTULO VI

Noah aparcó la moto en un parking cercano al restaurante donde había quedado con ella. Caminó mientras terminaba de colocarse la chaqueta de cuero y en menos de diez pasos se plantó delante de la puerta del Arrogant waiter. Observó el letrero de neón que reflejaba en el suelo las letras llamativas y miró disimuladamente hacia un lado y hacia el otro para verla llegar.
Cuando giró el rostro de nuevo hacia la derecha pudo contemplar cómo ella se acercaba a él. Iba ataviada con un vestido que le llegaba hasta la altura de las rodillas, negro por lo que podía distinguir. Sobre su cuerpo, tapándola del frío que hacía aquella noche, llevaba un abrigo corto ajustado a la cintura del mismo color. Sus preciosos ojos verdes quedaban realzados por el par de pendientes de un color verde mar.
No supo cómo ocurrió, pero cuando Lesley se acercó a él y fueron a darse los dos besos de rigor ninguno de los dos consiguió ponerse de acuerdo. Estuvieron muy cerca de besarse por accidente, aunque Noah se preguntaba si de verdad habría sido un simple accidente. Debía reconocer que ella era muy guapa. Y sin embargo, utilizar ese apelativo con ella era casi insultante. No es que estuviera muy guapa, es que era preciosa.
Tenía una belleza mística, un aura de elegancia que le recordaba a las diosas antiguas. Su cabello, sus ojos, su tez, su expresión, todo en ella le atraía y le llamaba la atención. ¿Cómo es que los hombres no se pegaban por ella ahora mismo? Es algo que no lograba entender, pero no le daría más vueltas. Ella cenaría con él esa noche y en el fondo… Era lo único que importaba.
Entraron en el local y dejó que el camarero les acompañara hasta su mesa. Se sentaron y ojearon la carta que habían dejado sobre la misma. No tardaron demasiado en decidirse así que simplemente pidieron sus respectivos platos y para acompañar la velada un Pinot Blanc que ayudaría a que la comida les sentara mucho mejor.

– Y ahora es cuando notamos lo raros que nos sentimos – dijo ella esbozando una pequeña sonrisa – no nos conocemos de nada, pero vamos a compartir un vino fabuloso… – se notaba que intentaba romper el hielo.

– Es el momento de empezar a conocernos más el uno al otro – dijo Noah asintiendo y observando cómo el camarero se acercaba con la botella. Se la mostró, le sirvió el vino e hizo que Noah lo probara. Cuando todo estuvo en orden, se alejó – así que empezaré yo con esta nueva misión… – apoyó los brazos levemente sobre la mesa y mirándola a los ojos preguntó – ¿En qué trabajas exactamente?

– Soy lo que muchos llaman contable – respondió ella colocándose la servilleta sobre el regazo – aunque en muchas ocasiones digo que soy una maestra de los números – se inclinó un poco y susurrando como si fuera un secreto añadió – les gusta más a las personas y sobre todo a los hombres.

– Supongo que si me lo cuentas es que no me consideras como tal – rió Noah al ver la expresión que ella ponía y cuando empezó a negar con la cabeza añadió – es una broma. Me parece un buen trabajo, aunque estoy seguro que yo no podría hacerlo – carraspeó – pero créeme he visto cosas peores.

– Eres gracioso, Noah – dijo Lesley esbozando una pequeña sonrisa – pero debo confesarte algo muy importante – le miró a los ojos y guiñándole un ojo añadió – mi verdadera vocación es ser dueña de las palabras – al ver su expresión terminó diciendo – me encanta escribir y tengo algunas ideas buenas.

– ¿Y son alto secreto o un mortal como yo puede conocerlas? – preguntó Noah alzando una ceja y observándola detenidamente – prometo que no se las contaré a nadie y yo no soy precisamente un dandi de la palabra escrita – bebió de su copa y la dejó de nuevo sobre la mesa.

– Quizá y si te portas bien… Te cuente algo – sonrió y añadió – pero primero debo saber más de ti. Te llamas Noah, tienes una moto y corres como los mil demonios… – soltó una risita – eso resume lo que sé de ti. Así que… – le miró detenidamente a los ojos como intentando indagar y averiguar qué se ocultaba tras su mirada – ¿A qué te dedicas?

– Digamos que busco la verdad en las personas y “atrapo gente muy mala” – sonrió – esa es la versión ligera, pero en realidad soy… – carraspeó y lo soltó de golpe – soy médico forense – observó cada expresión de Lesley. Noah notó primero el desconcierto y después la calma en su rostro.

– Esperabas que dijera algo así como… ¡Dios mío, no puedes hablar en serio! – imitó la voz estridente de una mujer plenamente escandalizada y rió – tienes un trabajo duro que muchas personas no serían capaces de hacer, y como has dicho… – le miró a los ojos – ayudas a capturar a esas personas. Siempre es lo mismo – el camarero llegó a su mesa y dejó los platos frente a sus comensales – bien contra mal. Me alegra saber que eres de los buenos.

– No es cuestión de bondad o maldad – dijo seriamente Noah – se trata de ser justo con la persona que ha perdido la vida, que le ha sido arrancada contra su voluntad – probó el pescado que había pedido y añadió – en ocasiones es difícil incluso hablar de ello. Por eso no acostumbro a comentar mi trabajo con otras personas – la miró – suele incomodar.

– A mí no me molesta – dijo ella dejando el tenedor sobre el plato y alzando la mirada hasta clavarla en sus ojos – puedes comentar todo lo que quieras… – probó el filete y ella cerró los ojos disfrutando del sabor y las especias.

– Cambiemos de tema… – dijo él partiendo otro nuevo trozo de pescado – ¿Cuáles son esas ideas tan buenas?

Ella se quedó callada unos segundos que a él le parecieron eternos. ¿Quizá se habría equivocado al presionarla tanto? Apenas se conocían y quizá la confianza para confesar esas ideas era demasiado frágil, casi sin ser forjada aún. Aguantó el silencio hasta que Lesley consiguió poner sus ideas en orden.

– Prométeme que no te reirás o al menos lo intentarás – le señaló con un dedo acusador y él asintió con la cabeza cediendo ante su súplica – me gusta la novela romántica – se fijó en la expresión de Noah y siguió diciendo – he escrito algunas obras históricas, pero últimamente me centro más en lo paranormal.

– ¿Vampiros, hombres lobo y criaturas místicas? – preguntó él sorprendido de ver cómo una mujer tan seria como Lesley podía dejarse llevar por la imaginación y la magia que encerraba el pensamiento de cada uno de esos seres – jamás lo hubiera imaginado de ti…

– ¿Porque soy muy seria? – preguntó ella alzando una ceja – te aseguro que no todo es lo que parece – dio un sorbo a su copa y sonrió.

– ¿Y de qué trata tu nueva historia? – preguntó Noah pinchando un poco de ensalada y probándola – supongo que tu protagonista será humano.

– Él es humano aunque tiene unos poderes ocultos que ni él mismo conoce – le confesó ella mirándole a los ojos directamente – ha crecido en un ambiente normal, con una familia que le quería y él sabe que es diferente pero… -se quedó callada y bajó la mirada – no entiende porqué es así.

– Más de una persona se siente así y no precisamente por ser diferente – Noah fue sincero con ella. Las personas no se entendían a sí mismas, no se necesitaba ser un bicho raro como él para caer en ese tipo de pensamientos – no obstante parece un buen argumento. ¿Aparte de la pareja principal hay alguna trama general?

– Sí, se trata de una lucha entre el bien y el mal – dijo ella bastante tranquila con la conversación; cuando vio que él rodaba los ojos y sonreía añadió – sé que en casi todas las novelas siempre hay una guerra, pero te aseguro que esta es mucho más cruenta.

– ¿Ah sí? ¿Y eso por qué? – preguntó Noah inclinándose un poco y observándola detenidamente – Explícame porqué esa guerra es más importante que cualquier otra…

– ¿Por qué luchan la mayoría de los seres en las historias paranormales? – le cuestionó ella suspicazmente. Al ver que él no contestaba lo hizo por Noah – poder, dominación. Quieren dominar un territorio y a todos los que habitan en ese minúsculo espacio de tierra, pero en mi historia no.

– ¿Y qué piensa hacer exactamente? – preguntó él completamente intrigado por lo que ella le estaba contando.

– Destruir toda la humanidad y no dejar ningún ser que vague por estas tierras – le confesó ella en un susurro – acabar con la esperanza, la valentía y sumir la tierra en un conjunto de odio, desamor y llamas – tomó otro sorbo de vino y terminó diciendo – crear el infierno en la Tierra.

Noah se quedó sorprendido ante aquellas palabras. Esa sí que parecía una buena idea, en muy pocos libros que él hubiera leído apelaban al infierno en la Tierra. Simplemente conocía uno y no podía considerarse novela a la Santa Biblia, como diría su madre. Asintió con la cabeza intrigado y le preguntó.

– Los vampiros, hombres lobo y demás seres se han unido para acabar con los… – a falta de un término, dejó que el silencio se estableciera entre ellos. La expresión de Lesley había cambiado de felicidad a una profunda preocupación que él no entendía.

– Tywyll – contestó ella por él – así es como pienso llamar a esos seres inhumanos que intentan acabar con todo lo que puede ofrecernos el ser humano y las criaturas que habitan la tierra e incluso otros mundos que no se conocen.

– Parece que tienes la historia muy bien montada – la felicitó él pasando la mano por encima de la mesa y posándola encima de la de ella – creo que has estado pensando en ello mucho tiempo.

– No sabes bien cuánto – dijo ella dejando que su mirada se desviara de él a su plato que estaba completamente vacío – pero no quiero aburrirte mucho más con mis historias.

– ¿Quién dice que me aburren? – preguntó Noah alzando una ceja – quizá no sea hombre de leer novelas paranormales, pero… – carraspeó – te aseguro que en cierto sentido me encanta la magia. Quizá pueda ayudarte diciéndote algún hechizo.

– No me digas que eres de esos que veía Buffy la cazavampiros y ahora te piensas que podrás decirme maneras de matar a un no muerto… – se lo dijo todo mientras intentaba contener la risa. Sin duda la expresión de Noah era de cierto enfado fingido – ¡no me lo puedo creer!

– ¡Y también veía Embrujadas! – le espetó él con una sonrisa – esos hechizos que decían y los demonios que se veían en la serie… – puso un tono interesante y añadió – ¿Quién te dice que de verdad no vagan entre nosotros?

– ¡Y yo pensando que podrías reírte de mí! – ella se río de una manera espontánea y a Noah le agradó el sonido melodioso de su voz.

El camarero se acercó a la mesa, retiró los platos y les ofreció la carta de postres. Pidieron una fondue de chocolate compartido y en menos tiempo del que esperaban se la habían traído. Fue divertido hablar de todo un poco mientras compartían la fruta, el chocolate y las risas. Lesley era espontánea, vivaz, atrevida y también cabal. Había tenido suerte al encontrarla tirada en aquella carretera, aunque lo sentía por ella.
Pagó la cuenta a pesar de las protestas de la mujer y ambos salieron del restaurante riéndose. La acompañó hasta su coche y cuando llegaron, ella se apoyó en la puerta del conductor mientras Noah se acercaba un poco para pegar su cuerpo al de ella. Sus cuerpos estaban muy juntos, las manos de él se habían apoyado en sus caderas y sus labios estaban apunto de rozarse, de besarse.

– No deberíamos… – Lesley apartó el rostro y Noah se echó para atrás – no es por ti.

– Ya… – Noah se sentía en cierto modo rechazado, pero al ver su mirada verde, se olvidó de cualquier sentimiento de pesar.

– No quiero que pienses que soy mujer de acostarse en la primera cita – ella puso sus manos en el pecho de él y le apartó un poquito – pero si quieres podríamos vernos de nuevo – le miró esperanzada.

– Claro – respondió él alegremente – además tienes que seguir contándome esa historia que me tiene profundamente intrigado – sonrió.

– Mañana no puedo, pero… – se acercó un poco – pasado podríamos dar una vuelta a la misma hora que hoy y… – se quedó callada – te contaré mucho más de mi historia.

– Me muero por saber más – dijo él sonriendo.

No dio tiempo a que ella se apartara. Se acercó más a la mujer y dejó que sus labios rozaran la comisura de los de ella sintiendo un leve escalofrío cuando su piel tocó la de Lesley, cuando sus labios estuvieron apunto de tocarse mucho más. Cerró los ojos y se retiró poco a poco intentando contener las ganas que tenía de besarla completamente y hundir su lengua en ella y…

– Buenas noches – ella le sonrió y vio que él se apartaba.

– Adiós – dijo Noah y le recordó tanto a la noche anterior que no pudo evitar pensar que estaba teniendo un deja vu.

La vio subirse al coche y arrancar. Le miró una última vez despidiéndose con la mano y una sonrisa en el rostro antes de salir de su plaza de aparcamiento e incorporarse a la carretera. Noah se ciñó la chaqueta de cuero y caminó hasta su moto. Se puso el casco, se subió a ella y entró en la carretera dispuesto a irse a casa y recordar la perfecta velada que había pasado. Apenas había escuchado las voces, de vez en cuando alguna de Lesley, pero nada más. ¿Estaba tan concentrado en ella y en su historia que las había pasado por alto? ¿Estaría por fin controlando lo que era?

***

Había simulado que se había marchado con el coche, pero le había esperado aparcada en una esquina. Vio su moto cruzar la calle y le siguió a una distancia prudencial. Quería asegurarse de que él estuviera bien y le “acompañó” hasta que llegó a su casa. Lesley le vio poner la cadena a la rueda, asegurar la moto todo lo posible, después abrir la puerta de su casa y entrar en el interior del edificio con su casco bajo el brazo.
Se bajó. Necesitaba asegurar el perímetro y eso era justamente lo que haría. Revisó la calle principal, observó los tejados y no encontró signos de ninguno de ellos, pero cuando dobló la esquina y entró en el callejón de al lado de su casa… Ahí estaba. Un Tywyll.
Observó la figura vestida de negro que se encontraba al final del callejón. Una persona normal jamás podría haberle visto, pero ella sí. Tenía una visión plenamente aguda por la noche, nada se escapaba a sus ojos y el olor a muerte tan característico en ellos les delataba. Sintió el olor de la repulsión, de la descomposición y putrefacción que impregnaba el aire. El Tywyll se dio la vuelta y sus ojos oscuros como la noche, su pelo completamente rubio y la cicatriz que partía su cara en horizontal no la aterrorizaron.
Se miraron, se evaluaron y también tuvieron en cuenta la situación. Los dos estaban allí por Noah, vigilándole, asegurando el perímetro, buscando al contrario. Y para ser francos también para llevárselo a su lado, para intentar convencerle de lo que era mejor para él. Y cuando sus miradas volvieron a cruzarse en la noche ambos supieron cómo acabaría aquello. Uno de los dos caería y Lesley estaba segura que no sería ella.

– No deberías haber venido hasta aquí – su voz de ultratumba, su acento polaco marcado y sus desquiciados ojos hubieran hecho estremecer a cualquiera.

– Yo tampoco me alegro de verte, saco de huesos – le respondió Lesley entrecerrando los ojos.

No se dirigieron ni una palabra más. Se abalanzaron el uno sobre el otro esquivando y golpeando al contrario. Lesley se apartó justo en el momento en que el Tywyll le lanzaba un derechazo que la hubiera dejado en el suelo. Se apartó y vio cómo él sacaba un pequeño cuchillo, vio brillar el filo y el demonio se adelantó un par de pasos.
La vampira recorrió la distancia que les separaba a gran velocidad y le agarró fuertemente del cuello estampándole contra la pared que tenía detrás de él. No pudo anticipar el movimiento y sintió el filo del cuchillo cortar la piel de su mejilla. Las gotas de sangre caían al suelo, pero se quemaban incluso antes de tocar las frías baldosas. Se apartó de él y llevó sus dedos a la mejilla pintando de rojo carmersí las yemas de sus dedos.
El maldito demonio se reía en voz baja y la vampira tuvo ganas de arrancarle todas las entrañas. Para ella no existía la piedad, ni tampoco el perdón y mucho menos cuando se atrevían a rajarle la cara. Su rapidez le aseguró rodear el cuello de su enemigo con el brazo y apretar hasta que tuvo que entreabrir los labios para intentar encontrar algo de aire.
Ambos sabían que no lo necesitaba, pero el cuerpo humano se mueve por instintos y aunque no había alma en su interior, el cuerpo buscaba desesperadamente llenar sus pulmones con aire. Bajó su otra mano por el vestido y tocó la daga que tenía atada a la liga que se encontraba a la altura del muslo. Desenfundó el arma y puso la punta contra la fría piel del ser.
Los Tywyll no podían morir de un disparo, ni de un corte, ni siquiera desangrándose. No, aquellos malditos seres eran casi inmortales, excepto por un pequeño fallo. Su corazón podrido y cargado de veneno era el motor que necesitaba. No bastaba con atraversarlo, tenías que arrancarlo de raíz, sacarlo del pecho y apuñalarlo ante sus ojos.
Tampoco podías utilizar cualquier tipo de cuchillo. Su esencia negra no podía ser destruida por ningún material mortal, pero sí con determinadas dagas fabricadas con el fuego de Cyfiawnder. Bajó la daga por su cuello hasta que llegó a la altura del corazón y apuñaló su carne, pero sin tocar el corazón. Fue cortando poco a poco, escuchando el sonido de los músculos al ser sajados y cercenados.
Un agujero en el pecho, metió su mano y arrancó el corazón. Soltó el cuerpo del Tywyll que se desplomó ante sus ojos y caminó con sus zapatos de tacón hasta posicionarse frente al enemigo. Lesley le miró a los ojos y sonrió. Olió el corazón bajo su atenta mirada de terror y se relamió los labios.

– Una lástima que sea puro veneno para nosotros… – Lesley observó la sangre que impregnaba sus manos – en otros tiempos me di festines como éste.

– Puta… – consiguió articular el demonio.

No le respondió. Cogió el corazón, lo dejó en el suelo y observó cómo él bajaba la mirada lentamente hasta esa parte que le había sido arrebatada, alzó el cuchillo y lo apuñaló. Escuchó el grito ahogado, el desgarro en sus cuerdas vocales, la expresión de miedo, de terror. Su piel comenzaba a tornarse en un color gris cerúleo muy poco favorecedor y como si de una momia se tratase fue secándose poco a poco hasta que su cuerpo quedó lleno de arrugas, chupado completamente y esquelético.
Se alzó y le pegó una patada en el centro haciendo que el cuerpo se partiera en miles de pedazos que fueron devorados por un montón de llamas negras que se formaron a su alrededor. Al cabo de un instante no había cuerpo, ni corazón, ni rastro de una pelea. Se miró las manos y se dio cuenta que al contrario que el resto… La sangre permanecía. Negó con la cabeza y sintió que sus colmillos se extendían. Necesitaba alimentarse, pero antes… Debía cambiarse de ropa, lavarse las manos y regocijarse. Uno menos y esto no era más que el comienzo.

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