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black and white photo of  vampire woman  bites a blind man

CAPÍTULO VIII

Caminaba de un lado para el otro nervioso por todo lo que se le venía encima en aquel día que prometía ser agotador. Cuando se había levantado a las cuatro de la mañana estaba bastante seguro de que ganaría el caso, pero cuando el investigador le había llamado diciéndole que tenía algo importante que decirle…
Miró el reloj de nuevo, quedaban escasos quince minutos para que empezara el juicio, y si quería permanecer en el bufete de abogados la sentencia debía dictaminar la absolución absoluta de su cliente y la condena de la otra parte integrante en el proceso. Evan se pasó la mano por el pelo y maldijo en voz baja.
Cuando sus jefes le habían entregado el expediente del caso había pensado que sería sencillo. Varios vecinos de un barrio cercano a la fábrica de su cliente se habían querellado contra él, alegando que incumplía con las legislaciones vigentes y que vertía en el río los deshechos contaminantes que su fábrica producía. Entre la multitud de pruebas existían informes de familias enteras que habían sido tratadas por cáncer u otras afecciones producidas por el cloruro de vinilo.
Había repasado las pruebas una por una, los informes, las entrevistas, incluso había asistido a la fábrica, pero no había encontrado nada. No podía negar que le había afectado ver los informes de todos esos niños que padecían cáncer, defectos genéticos y demás enfermedades, pero él no debía preocuparse por ellos. Evan debía procurar por él, por su bufete y sobre todo por su cliente.
Tenía todas las pruebas reunidas y había elaborado la estrategia de tal manera que el jurado jamás creería que había sido culpa de la empresa demandada. Nadie podía negar que ese pequeño pueblo estaba enfermo y no por causas naturales, pero… ¿Por qué tenía que ser su cliente? Existía una fabrica similar y que utilizaba el mismo compuesto que la empresa a la que representaba. A menos de quinientos metros del pueblo.
Volvió a mirar el reloj y entonces comprobó que Alex corría por el pasillo y se detenía bruscamente frente a él. Su respiración era agitada, se llevó la mano al pecho, mientras intentaba abrir la boca para encontrar un poco de aire. Evan negó con la cabeza y metiendo las manos en sus bolsillos le comentó al detective privado.

– Respira primero y después habla – le espetó con un tono irónico – o parecerás un pez fuera del agua – miró el reloj – maldita sea, no deberías haber tardado tanto… ¿Qué es eso tan importante?

– Mira – dijo el chico tendiéndole un sobre.

Evan cogió lo que él le ofrecía y lo abrió. Cuatro fotos cayeron sobre sus manos. Al principio no sabía exactamente qué eran, apenas había tenido tiempo de verlas, pero una vez que se fijó detalladamente… Joder.
Aquellas fotos mostraban cómo varios operarios volcaban el contenido de varios toneles de residuos en el río. Ese mismo río que abastecía las necesidades y el consumo de los habitantes de aquel pequeño pueblo. Cerró los ojos y las miró de nuevo. Aquello no podía estar pasando y menos cuando quedaban escasos diez minutos para que empezara el juicio.

– Estas fotos lo cambian todo – dijo Alex bajando la voz y mirando a Evan que aún seguía con la vista fija en las fotografías – si esa empresa es culpable de lo que le pasa a esa gente…

– ¿Cuándo has conseguido estas fotografías? – preguntó Evan cogiéndole del brazo de la chaqueta y arrastrándole a uno de los pasillos menos concurridos – ¿Por qué has seguido investigando?

– Para eso me pagan – le confesó el hombre cruzándose de brazos – ¿Qué vas a hacer ahora?

Se quedó pensando. Cierto… ¿Qué iba a hacer ahora? No podía ir a su oficina y decirle a sus jefes que había perdido el juicio. Que unas estúpidas fotos, sacadas con el investigador del propio bufete, habían echado por tierra la cantidad de trabajo que había estado empleando. Se negaba a pensar en esa posibilidad.
Maldito Alex, maldita su mala suerte y sobre todo maldita la vida por ponerle en situaciones tan desagradables. Además, no podía dejar que el juicio fallara a favor de los demandantes… La empresa que representaba era de un viejo amigo del creador del bufete y eso no le gustaría nada. Alzó la vista y se encontró con la mirada marrón oscura de Alex observándole y sopesándole.
Desterró de su mente las imágenes de todas esas mujeres, hombres, niños y familias que habían visto sus vidas truncadas por los juegos de una gran multinacional. Cogió de la chaqueta al investigador privado y le empujó contra la pared. Se cercioró de que no había nadie en los alrededores del pasillo y acercando sus labios al oído de la otra persona añadió.

– Tú no has visto nada, no has hecho ninguna foto y la empresa a la que representamos es tan legal y transparente como los mares – dijo Evan dando un pequeño golpe y estampando más el cuerpo de Alex contra la pared – ¿Conoce alguien más la existencia de estas imágenes? – al ver que él negaba con la cabeza asintió sonriendo – muy bien. Quiero que vayas esta tarde a tu apartamento y me dejes esta misma noche los negativos en mi piso.

– Evan… – comenzó a decir Alex – esas familias se merecen…

– Nuestros clientes también se merecen nuestra confianza y nuestro respeto – dijo Evan mirándole con sus refulgentes ojos azules – recuerda que son ellos los que te dan de comer – se alejó un poco – tengo que irme a un juicio.

Se alejó un poco de él y tomó las cuatro fotografías entre sus manos. Las rasgó desde la mitad partiéndolas en dos y después volviéndolas a partir hasta que quedaron reducidas a simples cachitos que apenas podían reconstruirse. Se separó de Alex que seguía pegado a la pared y las tiró en la papelera más cercana.

– No defraudes a tus jefes – Evan le dio una palmada en la mejilla – y como se te ocurra hablar de esto con alguien… – sonrió y dio dos pasos atrás – te haré la vida imposible.

Se alejó de allí dejando al joven impresionado y algo asustado. Evan podía ser muy persistente cuando lo creía oportuno. Dejando el miedo, el temor de que esas fotos salieran a la luz, entró en la sala y se posicionó al lado del jefe de la compañía. No se atrevió a mirar al banquillo de los demandantes, no quería ver la cara de alguna madre o padre que había perdido a su hijo o hija.
A él solo debía importarle su carrera. En la abogacía no te convertías en el mejor siendo caritativo y apelando a los buenos modales, ni tampoco a los códigos éticos. Allí tenías que arrasar con todo, ser el último que quedaba en pie y eso era lo que él esperaba conseguir.
El juicio fue largo, tortuoso, pero nadie podía negarse ante sus explicaciones, sus argumentos y al final la causa fue desestimada por falta de pruebas. Dejó caer ante el jurado la implicación de la otra compañía y era posible que sus clientes se salvaran al menos por el momento. Trabajo cumplido.
Llegó a su despacho y Cyndi, su secretaria, le informó de que el jefe quería verle. Sintiéndose algo nervioso subió a la planta de arriba y llamó a la puerta del despacho. Esperó a escuchar las palabras y entró.
Nadie podía negar que su jefe vivía muy bien. Su amplio despacho tenía vistas a la gran manzana y el sol se filtraba iluminando el gran escritorio de caoba, los muebles excelentemente bien diseñados e incluso la chimenea que ahora carecía de fuego, pero que desprendía un fuerte calor en invierno.

– ¿Quería verme, señor? – preguntó Evan quedándose en el borde del escritorio.

– Me han dicho que ha sido un excelente juicio ¿verdad? – su jefe sonrió y se reclinó contra su asiento – mi amigo está más que satisfecho con su trabajo.

– Me alegra escuchar eso, señor – dijo Evan sintiendo una inmensa alegría en su interior. Significaba mucho para él sentir esa aprobación por parte de sus superiores.

– Lo he estado consultando con el resto de socios mayoritarios y todos hemos acordado proponerle un nuevo contrato – abrió el cajón de su escritorio y sacó un finísimo papel que Evan siguió con la mirada – se trata de un nuevo contrato donde usted no será simplemente un abogado más… – le miró y Evan le pareció ver un brillo de diversión en su mirada – pasará a ser un pequeño socio de esta compañía – se quedó callado y deslizó el papel sobre el escritorio tendiéndoselo – ¿Se atreve con el desafío?

¿Que si se atrevía? Era lo que había estado esperando, la oportunidad que había buscado y ahora estaba al alcance de su mano. Apenas tuvo palabras para preguntar dónde debía firmar. Tomó el bolígrafo plateado que él le entregaba y apenas fue consciente del calor puro que desprendía aquel objeto.
A pesar de ser abogado durante tanto tiempo… No se fijó en la letra pequeña, no lo leyó ni una sola vez. Simplemente firmó donde se requería y dejó caer el bolígrafo cuando todo hubo terminado. Quizá no se sentía diferente ahora, pero días después, años más tarde, el peso de todo a lo que había renunciado volvería y se colaría en su alma. Si es que aún podía considerarla alma y si se encontraba dentro de él.

***

Sarah siempre había sido de sueño ligero e incluso solía dormir pocas horas porque apenas podía permanecer en la cama más de ocho horas seguidas. Sin embargo, después de todos los acontecimientos del día anterior, estaba agotada. Cuando su cabeza había tocado la almohada, se había quedado dormida literalmente hasta que escuchó un grito. Un grito que la desgarró por dentro.
Abrió los ojos de golpe, se incorporó, salió de la cama. Corrió por el pequeño y estrecho pasillo de su piso de alquiler hasta la habitación contigua. Su hermana pasaría el tiempo necesario con ella antes de irse a aquella clínica de rehabilitación. El piso de Sarah no era extremadamente grande, constaba únicamente de dos dormitorios, una cocina, un cuarto de baño y el salón. Lo suficiente como para vivir ella sola y re-alquilarlo si se veía en la extrema necesidad.

Entró en el dormitorio y observó la expresión horrorizada de su hermana. Al principio, y debido al sueño que aún persistía en acompañarla, no se dio cuenta qué era lo que había perturbado el sueño de Amy… Cuando su vista fue bajando hacia donde su hermana tenía las manos entendió todo. Estaba sangrando por sus partes íntimas y demasiado. La mancha roja traspasaba la tela de las sábanas y el leve tono blanquecino de su piel no le gustó nada.
Cogió el teléfono que había sobre la mesilla y marcó un número. Esperó un tono, dos tonos y al tercero, él lo cogió. Le pidió que viniera y en menos de quince minutos ya se encontraba allí. Sarah abrió la puerta y observó el rostro moreno de su amigo Will entrar a su apartamento. Intentó parecer calmada, pero no lo consiguió y al final William tuvo que darle un abrazo antes de adentrarse más en el piso.

– ¿Cuánto tiempo lleva sangrando? – preguntó él alejándose unos centímetros y mirándola primero a ella y después al pasillo – Es vital saberlo, Sarah.

– No sé… – contestó ella confusa – quizá media hora… – se quedó pensativa y lo cogió de la mano arrastrándole por el pasillo – hace cinco minutos parece que paró, pero tiene mala cara y además le he tomado la temperatura – se giró para mirarle y susurrar – tiene la fiebre muy alta.

– Está bien – le respondió él susurrando de igual manera – debes mantenerte tranquila si vas a estar dentro – la cogió de la cara – Amy sabía las complicaciones tras un aborto ¿verdad? – al ver que ella asentía con la cabeza, añadió – tranquila. Todo estará bien.

Will no esperó a decir nada más. Entró en el dormitorio donde Amy se encontraba tumbada con la sábana a un lado y el camisón aún manchado. Sarah se quedó junto al borde de la cama y agarró la mano que su hermana le tendía. Su amigo se sentó en el borde contrario y miró a Amy.

Intentaba estar tranquila, pero le resultaba prácticamente imposible. Sentía las emociones de su hermana y no es que supusiera lo que estaba sintiendo ella, sino que sentía el mismo dolor, el calor, el miedo y la incertidumbre. Y todo gracias a esos benditos dones que tenía.

– Hola, Amy – dijo él con una sonrisa – hacía mucho tiempo que no nos veíamos… – sonrió al ver la expresión de la joven – ahora voy a levantarte el camisón para echar un vistazo ¿de acuerdo? – su hermana asintió y él procedió a hacerlo.

La examinó cuidadosamente y Sarah no apartó la mirada de su hermana que miraba alternativamente a Will y a ella. Estaba asustada y no era para menos… Inspiró profundamente, intentando controlar cada una de sus emociones y sintió cierto alivio cuando William alzó el rostro hacia ella y sonrió levemente.

– Parece que has cogido una pequeña infección – dijo el médico quitándose los guantes que se había puesto anteriormente y metiéndolos en una pequeña bolsa de plástico – cuando se practica un aborto es frecuente que las mujeres tengan determinadas pérdidas de sangre en los días posteriores – miró a Amy – y si el sistema inmunológico está débil también pueden correr el riesgo de contraer una infección.

– ¿Volveré a sangrar? – preguntó su hermana pequeña con cierto temor – Se puede hacer algo…

– Tranquila – Will le puso una mano en el hombro y se lo apretó levemente como intentando infundirle cierto ánimo – te recetaré un antibiótico que te bajará la fiebre e irá combatiendo la infección, pero tienes que seguir unas instrucciones importantes Amy – sacó de su maletín el bloc de las recetas – tienes que guardar reposo, comer todo lo posible – miró a Sarah – a ser posible cosas que contengan hierro para contrarrestar la pérdida de sangre y administrarse este antibiótico por vía oral durante al menos una semana.

Le tendió a su amiga la receta que acababa de hacerle y sonrió. Miró a Amy, pero la expresión de la joven no había cambiado y el temor seguía estando allí, en su mirada, en su rostro. ¿Qué era exactamente lo que temía? Estaba bien y en unos días podría incluso salir, dar una vuelta y caminar tranquilamente. Vio que la joven bajaba la mirada a su camisón y cayó en la cuenta.

– Será mejor que le des una ducha y se cambie – miró a Sarah que aprovechó para sacar un par de cosas de una cómoda – yo cambiaré las sábanas…

– No hace falta – espetó su amiga con un tono amable girándose para mirarle – estaremos bien.

– No seas tonta – Will se levantó de la cama y dejó el maletín sobre una silla que había al lado de la ventana – será mejor que la ayudes y yo iré preparando todo – le guiñó un ojo.

Sarah negó con la cabeza, miró una última vez a su amigo y salió con su hermana al pasillo para adentrarse en el cuarto de baño. Dejó que Amy se desvistiera sola mientras ella le ponía el agua un poco más fría de lo normal para intentar combatir la fiebre que aún persistía. Escuchó los pasos de Will acercarse, pero él como buen caballero no se atrevió a pasar, sino que dijo desde una distancia prudencial.

– ¿Dónde están exactamente las sábanas limpias? – preguntó con cierto tono cómico en su voz – casi he registrado tu habitación entera.

– En el último cajón del armario – le respondió Sarah viendo cómo Amy entraba en la ducha – ¿Las encontraste? – preguntó al cabo de un rato.
Escuchó el murmullo de afirmación por parte de Will y sonrió.

Él era adorable, siempre lo había sido, desde que se habían conocido en la facultad.Recordaba el momento como si hubiera ocurrido el día anterior, pero no tenía tiempo de ponerse a pensar en el pasado. Ayudó a su hermana a ponerse un pijama limpio y seco y la llevó hasta la habitación.

Nada más entrar vio que la cama estaba hecha y abierta para que Amy se metiera en ella. Estaba cansada, necesitaba reposo y no tardaron entre los dos en meterla en la cama y dejarla descansar tras haber bajado las persianas al máximo y cerrar la puerta. Ambos caminaron por el estrecho pasillo y Sarah se giró para enfrentarle.

– ¡Muchas gracias por todo! – Sarah le dio un breve abrazo y tras separarse le preguntó – ¿quieres un café?

William le dijo que sí, así que se dirigieron a la cocina y ella empezó a prepararlo, pero escuchó el sonido característico del móvil de su amigo. Al escuchar el tono de su voz supo que algo no iba bien. Se giró para mirarle justo cuando él colgaba el teléfono. Hizo un simple gesto preguntándole qué había pasado.

– Parece que tenemos problemas en el hospital y tengo que avisar a Noah – Will cogió la chaqueta que había dejado sobre la silla de la cocina – el café tendrá que esperar a otro día.

– ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha pasado a Noah? – preguntó ella alarmada sintiendo cómo sus emociones se desestabilizaban como unos minutos antes.

– Uno de los policías que trabaja con él ha sufrido un grave accidente – Will estaba recogiendo sus cosas y ya tenía el maletín en las manos – tengo que llamarle, avisarle e ir al hospital corriendo.

– Ve… no te entretengo – dijo Sarah abrazándose a sí misma mientras veía cómo su amigo se acercaba a la puerta.

Antes de irse, él se acercó, le dio un beso en la mejilla y cerró la puerta de su apartamento. Se llevó la mano a los labios y cerró los ojos intentando controlarse, pero una de las bombillas del salón explotó de golpe. Miró hacia aquél lugar y después sintió cómo la piel de su brazo se erizaba como si la electricidad fluyese por ella. Tenía que controlarse…
Se tumbó en el sofá, cerró los ojos e intentó dejar de pensar, simplemente dormir. Eso era lo que necesitaba.

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