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CAPÍTULO X

Habían pasado dos días desde aquella discusión con Lesley y no había tenido el valor de llamarla aún. A pesar de que había sido él quien dijera que hablarían más tarde, no la había llamado y ella a él tampoco. Curioso… ¿Se encontraba su relación, o lo que fuera, al borde de la extinción? Era más que probable, cada día que pasaba más cuenta se daba, y lo peor era que él sabía que era en parte culpa suya.
Pero no hay nada para despejarse como salir con los amigos, esos que siempre están ahí para apoyarte, para aconsejarte, y aunque no le apetecía enormemente había quedado con ellos. Will y él habían salido del hospital directamente hacia allí y esperaban a Sarah que ya había torcido la esquina y se la veía al fondo.
Cuando Sarah se situó al lado de cada uno sonrió y ambos se quedaron esperando al último del grupo. Ataviado con un traje elegante, las manos en los bolsillos, y caminando como si no estuviera llegando tarde apareció Evan. Era curioso verle porque desprendía un aire de sensualidad y elegancia que jamás había intentado ocultar.

– Puedes tomarte tu tiempo – le dijo Will elevando un poco la voz – te esperaremos, gran señor de los pleitos.

– Me lo he ganado – dijo el aludido sonriendo y parándose delante de ellos – las prisas nunca son buenas compañeras – le dio un beso a Sarah en la mejilla y estrechó las manos de Noah y Will.

– Será mejor que vayamos yendo al restaurante o estoy segura de que no nos guardarán la reserva – dijo la chica comenzando a caminar.

– Siempre podemos ir al Black Roses – comentó Noah caminando a su lado, pero notando la mirada penetrante de Evan en su cuello – es un sitio de lo más válido.

– No empecemos, Noah – le espetó Evan entre dientes – sabes lo que opino de ese lugar…

Noah volteó el rostro hacia su amigo y le observó de arriba abajo. Cierto, Evan había cambiado demasiado. Del chico campechano que era se convirtió de la noche a la mañana en un hombre suspicaz y frío, al que solo le importaban sus casos y nada más. Así es como lo veía él.

– Será mejor que hablemos de otra cosa, y no iremos al Black Roses… – comentó William intentando crear una atmósfera de paz entre ambos amigos – enhorabuena por tu nuevo ascenso… – le dio una palmada en el hombro a Evan.

¿Nuevo ascenso? ¿Cuándo había pasado eso? ¿Por qué él no se había enterado? Al ver que Sarah le decía un… “Lo siento, se me olvidó felicitarte”, supo que tanto Will como ella lo sabían. ¿Debería sentirse mal por ser el último en enterarse? Se quedó parado y miró a Evan que acababa de soltar a Sarah y fijó su vista en él.

– No me había enterado – le comentó Noah intentando mostrar una sonrisa, aunque a todas luces era forzada – me alegro mucho por ti – se acercó y le dio dos palmadas en la espalda.

– Se me pasó llamarte, perdóname – le confesó Evan bajando la mirada – no… no es por nada en especial Noah.

– No importa – dijo él mirándole y sintiendo la mirada atenta de sus otros dos amigos sobre él – no surgió la oportunidad y listo. No es para tanto – se situó a su lado y comenzaron a andar de nuevo – y dime… – se pensó bien la pregunta – ¿Cómo es que te han dado un nuevo ascenso? ¿En qué posición estás ahora?

– Mis jefes me han dado la oportunidad de ser socio del bufete. Socio Junior, como ellos lo llaman – sonrió y le miró buscando su aprobación con la mirada – estoy bastante contento y el aumento de sueldo ayuda bastante.

– Me lo imagino – sonrió Noah mientras veía cómo Will y Sarah se adelantaban y hablaban de sus propias cosas – ¿Qué has hecho para que tomen esa decisión? – alzó una ceja y ante la mirada de Evan añadió – Debes haber ganado un caso muy importante para conseguirlo…

– Sí. ¿Recuerdas que te hablé de una multinacional que había sido acusada por un pueblo debido a problemas de salud? – preguntó Evan caminando a su lado.

– Sí, claro que sí – contestó Noah – ha salido en los periódicos y en algunas cadenas locales…

– Yo era el representante de la multinacional y por suerte he conseguido demostrar que no tienen base legal – el tono orgulloso en su voz imprimió en Noah una sensación de aturdimiento – y también que mi cliente no podría ser el único culpable…

– Pero ambos sabemos que lo es – Noah se había parado de golpe y todos los demás hicieron lo mismo – todos los que estamos aquí hemos oído hablar del caso, hemos visto las fotos que publican en las portadas… – le miró a los ojos – ¿me estás diciendo que has ayudado a una multinacional a salirse de rositas? No me extraña que te hayan dado ese aumento y ese puesto – espetó con cierto tono recriminatorio.

– No eres quién para juzgarme Noah – le contestó Evan parándose frente a él – cumplo con mi trabajo igual que tú con el tuyo.

– A diferencia del tuyo – le espetó Noah señalándole con un dedo – yo no cargo en mi conciencia con todas esas personas que están sufriendo.

– Chicos… – la voz de Will llegó hasta ellos – dejadlo.

– No, dejemos que el gran Noah nos adiestre a todos y nos diga porqué debemos incumplir nuestro trabajo en pos del bien común – el tono de voz de Evan se iba elevando poco a poco – de lecciones de moral sabes mucho ¿no?

– Más que tú – le espetó Noah acercándose unos pasos y quedándose a escasos centímetros de él – parece que has olvidado todo lo que eras.

– Quizá éste soy yo – le espetó Evan poniendo el dedo índice en su pecho – deberías pensar porqué no te dije lo de mi ascenso y al resto sí – en su rostro se dibujó una sonrisa burlona – Sarah y Will no me han juzgado en ningún momento.

– No apruebo su proceder, ni tampoco el sufrimiento de esas personas – Will se acercó a ellos y miró primero a Evan para después observar a Noah – pero es su trabajo y me alegro de que un amigo esté feliz con lo que hace.

– Eso es de hipócritas – le espetó Noah sin mirar a William – espero que estés contento con la venta de tu conciencia y que el dinero sea sustancioso – se alejó, pero la mano de Evan le hizo volverse – ¿Qué?

– Por muy amigo mío que seas… – las palabras de Evan iban cargadas de reproche – no eres quién para insultarme y darme después la espalda – le miró a los ojos – no voy a decir que me equivoqué… Perdieron, estas cosas pasan.

– Eres un maldito egoísta – dijo Noah entrecerrando sus ojos – creo que estoy empezando a verte de verdad.

– Chicos, basta ya – les recriminó Sarah poniendo una mano en cada hombro de ellos – no merece la pena discutir por esto…

– Deberías dejar de rodearte de personas muertas – le espetó Evan cruelmente – quizá así dejarías de sentir el dolor de los demás…

Aquellas palabras sí que habían tocado una parte fundamental de Noah. Cualquier otra cosa podía pasarla, pero… ¿Cómo podía frivolizar con eso? ¿Con la muerte? Sintió cómo la rabia se apoderaba de él y arremetió contra su amigo haciendo que diera dos pasos hacia atrás. Le golpeó una primera vez en la cara y sintió casi al instante cómo él le respondía con un fuerte puñetazo en el estómago.

– YA BASTA – gritaron Will y Sarah intentando separarles.

No les hizo caso y se abalanzó nuevamente contra su amigo, su puño iba directo a la cara de Evan y entonces ocurrió. A pesar de que su puño debería haber impactado en su cuerpo, en su piel… Traspasó la cara de su amigo sin ocasionarle ningún rasguño. Evan sonrió y le empujó hasta que las manos de Will le frenaron y le echaron hacia atrás.

– Eso es lo bueno de ir controlando nuestros poderes – le espetó Evan con cierto tono de voz elevado – aprende cosas importantes y deja la monserga de la ética.

– Llévatelo – dijo Sarah a Will.

Noah les vio desaparecer calle abajo y dejó que Sarah se quedara a su lado. Estaba cansado, así que se sentó en el bordillo de la calle. Se llevó las manos a la cabeza y escondió su rostro en ellas. Joder… Evan controlaba sus poderes, se había peleado con su amigo, había echado a perder la cena…

– Necesito hablar… – no alzó el rostro y dejó la mirada perdida en un punto frente a él, pero sin ver nada.

– Estoy aquí… – dijo Sarah poniendo una mano en su hombro – Cuéntame qué te pasa.

***

Estaba sentada junto a la ventanilla y admiraba los alrededores desde el jet privado que la había llevado hasta Toronto. Escuchó la voz del piloto cuando le indicó que estaban apunto de aterrizar en suelo canadiense y tan rápido como empezó la comunicación se cortó. Dos días sin recibir ninguna llamada de él.
Cuando llegó al ático que Adair poseía en Nueva York, le fulminó con la mirada y no se cortó ni un instante en dedicarle unas palabras nada agradables. ¿Cómo se atrevía a interrumpirla? ¿Y encima la recibía con aquella mirada y sonrisa de suficiencia? Y una mierda. Pero tras calmarse unos segundos y explicarle que uno de los Tywyll había hablado y no paraba de repetir “la masacre de Toronto se extiende a Nueva York”, había entendido que la cosa era importante.
Así que se había pasado la noche pateando el culo del Tywyll junto con Eire, pero ninguna de las dos mujeres había conseguido avanzar mucho más. ¿Para eso había perdido su tiempo? Aunque una parte de sí misma estaba enfadada y muy cabreada, la parte más interior de Lesley, su yo más íntimo, estaba aliviada de haberse escapado de las garras del deseo. Haber yacido con él en la cama habría sido un error, pero…

Le molestaba que se hubieran enfrentado de esa manera, llevaba demasiados años observando a Noah, como para que ambos se cabrearan por un asunto así. Pero es que te estás metiendo en terrenos pantanosos y no solo por la misión que se te ha encomendado…
Y ahora se encontraba aterrizando en el país vecino para reunirse con un contacto de Nikolai que le explicaría a qué se refería el Tywyll con la matanza de Toronto. Ciertamente no sonaba nada bien y no quería imaginarse, fuese lo que fuese, que ocurriera algo así en Nueva York. Tenía que ir, averiguar y aunar fuerzas con sus camaradas del norte.
Las puertas del jet se abrieron, Lesley asomó la cabeza y vio que un hombre la esperaba sobre la pista de aterrizaje. Tras él había un Mercedes completamente negro y con las ventanas tintadas, según podía ver desde allí, y su vista podía llegar a ser muy buena.

Él debía ser Jace, un apuesto elfo que había sido enviado allí por su soberana Beren para vigilar y guardar la armonía en la ciudad de Toronto. Los elfos no eran propensos a dejar su mundo, su propio reino, y no les agradaba en demasía convivir entre humanos, pero algunos valoraban la oportunidad que se les brindaba y los que no… Simplemente obedecían órdenes. Bajó las escaleras, Jace se acercó a ella y le tendió la mano.
Debía medir un metro setenta y cinco, su cabello castaño era corto, pero algunos mechones conseguían tapar sus pequeñas orejas puntiagudas, y sus ojos del color del chocolate la miraban evaluadoramente, como intentando entender si realmente era una persona de fiar a no.

– Supongo que tú debes de ser… – aceptó su mano y se la estrechó con la fuerza debida – Jace, elfo Beren, y súbdito de Elwë of Dorothian… – le miró y él asintió con la cabeza – Lesley MacDonald de Glencoe – se le hacía tan extraño utilizar su apellido y el apelativo de su clan… Pero aunque había dejado esa vida hacía muchísimo tiempo, aún sentía la sangre escocesa correr por sus venas.

– Encantado de conocerte, Lesley MacDonald – dijo el elfo permitiéndole pasar y caminar hacia el coche, donde ya les esperaba el chófer que se encargaría de llevarles a cualquier lugar que desearan – sé que no es apropiado, pero sentí enormemente la masacre a tu clan.

– Gracias – dijo ella y sintió de nuevo la opresión en el pecho y el recuerdo de Ayden rondando su mente y su alma. Intentó serenarse y entró en el interior del coche precedida por Jace – Cuéntame… ¿Qué significa la “matanza de Toronto”?

– En los últimos ocho meses hemos tenido una oleada de crímenes en la ciudad que se centran sobre todo en un colectivo concreto – Jace se acomodó mejor en el asiento del coche – no habríamos reparado en ello si no se hubiera implicado a un gran número de los nuestros – abrió una carpeta y se la tendió.

Lesley observó las fotografías que había allí. Todas eran de mujeres que rondaban entre los dieciocho y los cuarenta. Sus rostros estaban demacrados, las heridas en su cara evidenciaban la brutalidad a la que habían sido sometidas y cuando observó las fotos de cuerpo entero tuvo que cerrar la carpeta. Se había dado cuenta a la primera de que se trataban de mujeres que se prostituían y vendían su cuerpo para sus clientes, pero…

– ¿Se trata de un asesino en serie? ¿Qué tiene que ver esto con nosotros? – comentó casi para sí misma más que para Jace – por desgracia el asesinato de prostitutas no es algo raro de ver – le miró a los ojos – ¿Por qué os habéis alertado tanto?

– Varias vampiras y elfas han muerto en las calles a manos de este o estos asesinos – Jace abrió la carpeta y pasó las fotografías una a una – hay más de cincuenta casos como éste – le pasó varias imágenes – quince de ellas pertenecen a nuestros respectivos mundos…

– Comprendo – Lesley observó las fotografías que habían sido tomadas de aquellas jóvenes que habían perdido la vida en las calles – pero debió de ser muy difícil matarlas – alzó la vista y la clavó en él.

– Somos especies inmortales si nuestra vida no corre peligro, pero las armas y mas blandidas por los Tywyll pueden acabar con nosotros – Jace hablaba con un tono duro, fuerte, decidido – si nos cortan sangramos, si nos golpean nos puede doler, si caemos en sus manos sucumbimos y morimos.

– La única manera de acabar con nosotros es la de desangrarnos… – respondió Lesley observando el resto de fotografías. No se le había pasado por alto que había dos clases de muerte en aquella carpeta. Las mujeres que habían sido estranguladas y cuyos ojos seguían completamente abiertos y llenos de horror y las mujeres que estaban rodeadas por su propia sangre – así os distéis cuenta de las diferencias entre ellas.

– Sí – Jace sacó una nueva carpeta de su maletín y se la tendió a ella. Lesley la abrió y observó cómo el elfo señalaba los puntos rojos – estos son los puntos donde más se ha desencadenado la violencia y la muerte de estas jóvenes – deslizó el dedo desde el centro del punto en un radio alrededor como trazando una circunferencia – nuestros hombres han encontrado dos nidos de Tywyll muy cerca de aquí.

– ¿Insinúas que un Tywyll o varios están matando prostitutas? ¿Para qué? – Lesley parecía y estaba realmente confundida. Entendía lo necesario que era para ellos el dolor y el sufrimiento, pero ¿cómo podía verse su fuerza incrementada por ello?

– El dolor es desesperación, el miedo es poder – le confesó Jace echando la cabeza hacia atrás haciendo que sus mechones se movieran y sus pequeñas orejas puntiagudas se vieran por un instante – esas emociones les hacen más fuertes, más poderosos y a nosotros más débiles – la miró a los ojos – y sabes tan bien como yo lo que podrían conseguir si su poder aumentara rápidamente.

Sí, claro que lo sabía. El terror, el miedo, la desesperación, el dolor, pero sobre todo la desesperanza causaban un gran vacío de poder. Los Tywyll se alimentaban de esas emociones y los Anfarwold conseguían mantener la paz sobre los diferentes mundos gracias a la esperanza, el amor, la piedad, la serenidad y todas aquellas emociones positivas.
Si se daba un desequilibrio que beneficiara a los Tywyll volverían a tener las mismas situaciones de antaño. Aún recordaba la terrible Revolución Francesa, la Guerra de Secesión, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Bolchevique, la Guerra civil en España y por supuesto la temible II Guerra Mundial.
Sí, la Tierra había estado abocada a la destrucción, los humanos podían haberse despedido de su existencia, y no solo eso. Con cada nuevo enfrentamiento, con cada embestida de esas fuerzas oscuras, se resquebrajaba un poco más el fino hilo que separaba los distintos mundos. Durante las dos grandes guerras los Tywyll habían conseguido entrar en el reino de los elfos y masacrar a muchos de sus habitantes sometiéndolos a sus exigencias hasta que fueron expulsados nuevamente.

Durante la II Guerra Mundial, los Tywyll Rhyfel, Anobaith y Dinistro estuvieron apunto de entrar en el DOM. Lugar sagrado para cualquier Anfarwold y hogar tanto de los Guerreros de la Luz como de los dioses que allí vivían. Cyfiawnder, Rheswm y Dirwest junto con el resto de los Anfarwold consiguieron repeler el ataque y doblegar las fuerzas de los enemigos hasta que fueron expulsados a su lugar. La Tierra había estado en un estado de suspensión, con una paz provisional, hasta ese momento.
La Guerra Fría, los atentados, las matanzas, todo jugaba en su contra, pero también tenían muchas cosas buenas. Las intenciones, los acuerdos de paz, las misiones caritativas sin ánimo de lucro, la bondad de personas que tenían poco y daban a personas que tenían aún menos. Así de difícil era vivir en un mundo donde ese día podía ser el último.

– ¿Teméis que esto pueda desencadenar una nueva invasión? – espetó Lesley alzando una ceja – si no lo consiguen las diferentes guerras que hay ahora mismo librándose en determinadas zonas del mundo… – se interrumpió al ver la mirada de Jace.

– ¿Qué crees que pasaría si te dijera que el velo, el muro que separa la Tierra del reino de los elfos está quebrándose poco a poco? – su tono de voz denotaba rabia, pero también terror ante esa posibilidad – Nosotros pasamos libremente y si nos descuidamos… Ellos también lo harán – Jace golpeó con un dedo sobre las fotografías de las chicas – estas estrategias, estas muertes están destinadas a un fin más alto.

– ¿Cuál? – preguntó Lesley mirándole y después volviendo su vista a la imágenes.

– Ir rompiendo nuestras defensas, sumir a la humanidad en la más vil de las desesperanzas y atacarnos a nosotros en el proceso – Jace soltó un suspiro pesaroso – imagínate lo que supondría una oleada de muertos que se extendiese desde Canadá hasta Estados Unidos – siguió el mapa que le había puesto a la vampira sobre las piernas – contagiaría a America del Sur, y te aseguro que allí no reina precisamente la seguridad. Invadiría Asia en menos de seis meses, se extendería por los países árabes – le lanzó una mirada mordaz – y bastante resentidos están ellos, son una verdadera fuente de alimento para los Tywyll; pasaría a África, donde la malnutrición y las guerras civiles arrasan el continente y de ahí a tu querida Europa, Lesley.

Se quedó mirando el mapa y en cierta forma el elfo tenía razón. Si la violencia, los asesinatos, las muertes, la rabia y el dolor se extendía por todo el mundo y creaban un estado de alarma permanente, una III Guerra Mundial a mayor escala, nadie conseguiría salvarse del predominio de sus enemigos. Además, con las nuevas tecnologías eso podía pasar con mucha mayor rapidez.

– Creemos que nuestro asesino – Jace se llevó la mano al pecho confirmando que hablaba como canadiense – colabora con uno vuestro allí. En Nueva York… – la miró – me gustaría enseñarte algo.

– Claro – le contestó Lesley asintiendo con la cabeza – pero te aseguro una cosa – le miró a los ojos y su determinación se afianzó aún más – no dejaremos que se salgan con la suya. Pueden luchar y atemorizar todo lo que quieran, pero no les permitiremos acabar como vencedores.

Sus palabras sonaban ciertas dichas de esa manera y podían inspirar confianza en otros, pero Lesley se sentía inquieta. Podía sentir en su cuerpo que las cosas estaban cambiando, y si de verdad se avecinaba una nueva batalla encarnizada entre Tywyll y Anfarwold, necesitarían toda la ayuda que pudieran obtener. Los Morak al fin y al cabo eran la última esperanza de los tres “reinos”.

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