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CAPÍTULO XII

***

Cuando entró en la morgue donde Jace la había llevado sintió un pequeño tirón en su pecho, como si estuviera diciéndole que era una señal… una señal de Noah. No había hablado con él, no le había llamado, pero él a ella tampoco y para ser sinceros… a pesar de estar muerta, ella seguía siendo una mujer y aunque no estaba enamorada de él, sí que le habían dolido por una parte las palabras que Noah había pronunciado en su apartamento. Sexo y no amor. Debería estar encantada con esa posibilidad aunque incumpliera las normas y aún así…

Intentó centrarse en todo lo que Jace iba comentándole sobre los casos. Los dos sabían que si ambos asesinos estaban compinchados, aunque cada uno utilizaría un modus operandi, la forma de presentar a sus víctimas sería la misma. Los psicólogos lo llamaban efecto imitador, pero ella prefería clasificarlo como carentes de personalidad.
En el depósito había dos cuerpos de mujeres que habían sido asesinadas en las mismas circunstancias. Se adentró más en la sala, siguiendo a Jace, y pensó que Noah tendría que hacer eso todos los días ¿Por qué alguien con tanta vitalidad se encerraba en sí mismo de esa manera? Quizá sus poderes le superaban mucho más de lo que nadie podía haber imaginado…

– Esto es lo que quería enseñarte – le comentó Jace abriendo uno de los congeladores y dejando que la balda metálica se deslizara revelando el cuerpo de una joven que estaba cubierta por una sábana blanca a la altura de los pechos – hemos comprobado su identidad y… – Jace alzó la vista y la clavó en ella – es de nacionalidad estadounidense.

– Podía estar de vacaciones, trabajo, viaje por placer… – comentó Lesley, pero cerró la boca lentamente. Las mujeres que se dedicaban a la prostitución no tenían vacaciones, ni mucho menos viajes de placer y jamás se trasladaban tan lejos a no ser que fuera por un buen pellizco -¿insinúas que la trajeron hasta Canadá? – arqueó las cejas – ¿Por qué?

– No lo insinúo, lo estoy afirmando – le contestó Jace mirándola directamente a los ojos – este tipo de mujeres raras veces salen de su zona de trabajo. Apenas viven una vida completamente normal y no me las imagino cruzando la frontera para buscar nuevos clientes – miró a la joven – en cuanto al porqué… ¿Y si el Tywyll de Nueva York está actuando más rápido de lo que debería? – soltó un suspiro.

– Si nos alertara antes… – susurró Lesley atando cabos en su cabeza mientras observaba la piel blanca de la muchacha que contrastaba con su larga melena negra que quedaba esparcida en la balda – podría ponernos sobre aviso y abortaríamos sus planes antes de que se llevaran completamente a cabo.

– Exacto – le confirmó Jace asintiendo con la cabeza – por eso pedí que viniera alguien estadounidense o que estuviera por la zona de Nueva York – se pasó la mano por el pelo dejando sus orejas puntiagudas al descubierto – quería mostrarte esto.

– Informaré a mis superiores allí y aunaremos fuerzas para acabar con esto – las palabras de Lesley eran completamente sinceras – me gustaría volver cuanto antes a Nueva York para informar si no tienes nada más que mostrarme…

– No, creo que mi trabajo ha finalizado aunque esperaba poder invitarte a cenar esta noche – dijo Jace con una pequeña sonrisa que iluminaba su rostro – aunque entiendo tu necesidad de volver y podríamos dejarlo para otra ocasión.

– Eres muy amable… – dijo Lesley sacando su móvil y observando que tenía tres llamadas perdidas. Dejó que el menú se desplegara y se sorprendió al ver que las tres eran de Noah – pero me temo que no podrá ser… si me disculpas tengo que hacer una llamada – salieron por la puerta al pasillo exterior dejando la morgue completamente cerrada.

– Te esperaré fuera – Jace no dijo nada más y se marchó dejándola sola en el pasillo.

Noah la había llamado. ¿Qué quería? ¿Debería ella devolverle la llamada? “Claro que deberías devolverle la llamada o serás una estúpida integral y no necesitarás que yo te lo diga…”. Además ella no era una cobarde… Presionó la tecla de llamada y contó los tonos uno a uno. A cada tono que pasaba sus esperanzas de escuchar su voz se iban desvaneciendo, pero entonces su voz se transformó al otro lado.

– Lesley… – la voz de Noah sonaba azorada y con cierto toque avergonzado – pensé que no…

– Estaba ocupada con temas de trabajo – le espetó Lesley sintiendo que su voz era más dura de lo que ella quería aparentar – no estaba segura de… – madre mía qué difícil era hablar en una situación así, tan incómoda.

– Escúchame Lesley – la voz de Noah estaba intentando adquirir un tono mucho más firme y seguro – sé que me comporté como un completo imbécil, no era quién para recriminarte nada y… – se quedó callado un instante y ella pudo notar la tensión en él al otro lado de la línea – “eso” no es tan importante, es solo que estaba en caliente y… – soltó un juramento y Lesley tuvo que apoyarse contra la pared del pasillo para no ponerse a pasear como una histérica – siento no haberte llamado antes.

– Noah… – Lesley intentó calmar su propia voz. ¿Desde cuando le temblaba a ella la voz cuando hablaba con un hombre? – Tuviste motivos para enfadarte, pero créeme cuando te digo que no podía librarme de esa llamada, era muy importante y… – suspiró e intentó obligarse a no decir más.

– Lo entiendo y no tienes que darme más explicaciones sobre ello, pero… – escuchó una inspiración por su parte – me gustaría verte. Si tú aún quieres, claro.

El silencio se apoderó de los dos y por un instante no dijeron nada. Ella estaba confusa y aunque no le estaba mirando sabía que él podía sentir lo mismo que ella. ¿Por qué no le contestaba ya? ¿Por qué no le decía lo que pensaba? Que estaba deseando verle, que había esperado aquella llamada y que había sido una idiota por no ser ella la que diera el paso antes que él. Inspiró hondo y contestó sinceramente.

– No me encuentro en el país – aquellas palabras le habían sonado mal hasta a ella – estoy en Canadá. Por eso era tan importante que viniera pero… – miró su reloj y escuchó el suspiro de resignación que Noah dejaba escapar al otro lado del teléfono – pero ya he terminado y creo que podré estar en menos de tres horas allí. Recogeré mis cosas e iré al aeropuerto… – inspiró hondo – por suerte el vuelo solo dura una hora y media.

– ¿Tú crees? – su voz había tomado un tono mucho más animado después de sus últimas palabras – quizá podría invitarte a cenar si me lo permites – se notaba que él intentaba ir con pies de plomo para no volver a meter la pata y pensó que era adorable.

Casi podía imaginarle controlando cada palabra, cada modulación de la voz y pidiendo mentalmente no fastidiarla. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás mientras sus labios dibujaban una sonrisa que la habría horrorizado si la hubiera visto en el espejo. Una sonrisa que ella jamás dejaba que el mundo contemplara.

– Si te parece podemos vernos en la fuente de siempre – Lesley se incorporó mejor y dejó que las ilusiones se desvanecieran poco a poco.

– Me parece perfecto – Noah parecía mucho más relajado que antes y ella lo agradecía. Estaba dando un buen paso, pero… ¿solo para la misión o también para ella misma? – gracias por esta oportunidad.

– No, Noah. No es una oportunidad – le confió ella con sinceridad – me has llamado, los dos deseamos vernos y arreglar las cosas – se quedó callada – es lo que ambos necesitamos – miró su reloj – te veo a las diez en la fuente. Iré corriendo al aeropuerto.

– Cuento las horas, Lesley – le dijo él y pudo apreciar una risita que se escapaba de sus labios.

Cortaron al cabo de dos minutos y Lesley salió por la puerta del hospital donde Jace la esperaba dentro del coche y con el conductor preparado para arrancar. Le señaló el reloj y daba gracias porque el sol ya se hubiera ocultado. Se montó en la parte de atrás junto a Jace y sonrió.

– Veo que ya tienes más motivos para volver – le dijo él sonriendo.

– Muchos más – confesó ella.

El coche arrancó y en menos de una hora estaba embarcada en el Jet Privado que la llevaría de vuelta a la que se había convertido en su ciudad, para reunirse con su protegido, con el cual tenía que hablar. Sí, pero de un tiempo a esta parte Noah ya no aparecía con el letrero de “protegido” sino con el simple nombre de “Noah”.

***

La noche había caído sobre Nueva York como un manto que obligaba a toda la ciudad a llenarse de oscuridad, pero la cantidad de luces, tanto de edificios, farolas y negocios hacían que ésta no fuera absoluta. Lo que daría por ver la ciudad en la completa oscuridad era algo que solo conseguía soñar. Se encontraba en el extremo del puente de Brooklyn, mirando los coches que corrían a toda velocidad por el asfalto, la gente que deseaba llegar a su casa, con su familia, con su miserable existencia. Dirigió sus ojos hacia la zona más alta, hacia una de las torres de aquel puente colgante y distinguió una bruma oscura que se materializaba en el interior.
Sonrió. Uno de sus señores ya estaba allí y él no le haría esperar. Se arregló el traje que se había puesto aquella mañana para ir al bufete y cerró los ojos concentrándose en la zona del puente, en la torre y materializándose allí con una pequeña bruma a su alrededor. Sabía que el viento chocaba contra su cuerpo y las rachas eran fuertes y frías, pero él no podía sentirlas.
Un pequeño cuervo estaba justo en el borde de la torre, divisando desde las alturas a los simples mortales que ignoraban su existencia. No se atrevió a moverse, ni hizo ningún movimiento falso y esperó con las manos detrás de la espalda a que él decidiera darse a conocer.

El pequeño cuervo fue cambiando su forma, su estructura. Su cuerpo se agrandó, su plumaje cayó al suelo y se evaporó antes de tocar el hierro del puente. Ante el Tywyll aparecía una figura de estatura media, su cabello plateado caía por su espalda, iba ataviado con una larga túnica que se ceñía a su cuerpo, de color negro y que contaba con una capucha en su parte trasera. La figura del Dios se giró y sus ojos rojos le miraron directamente.
El Tywyll hizo una pequeña reverencia sin dejar de mirar aquellos ojos inyectados en sangre, se mantuvo quieto hasta que el Dios alzó su mano y con un simple movimiento le ordenó que se alzara y mantuviera su postura anterior. Silencio. No se atrevería a hablar hasta que el Dios se lo permitiera.

– ¿Tu silencio es sinónimo de malas noticias, Ilias? – preguntó el Dios acercándose a él y caminando a su alrededor mientras lo evaluaba – sabes que no me gustan las malas noticias…

– No, señor – contestó el Tywyll guardando la compostura. Le miró a los ojos y vio implícitos en ellos que podía formular la pregunta que rondaba su cabeza – me preguntaba… ¿Por qué decidisteis quedar en un sitio así? Podía haber bajado al Ifream – su cuerpo no se movió mientras sentía la mirada del Dios sobre él.

Ninguno de los dioses debían tomarse a la ligera, ni siquiera los que ellos consideraban de la luz, y había aprendido hacía tiempo que cada uno era letal a su manera. Rhyfel era calculador y sanguinario; Dinistro era un ser carente de remordimiento y se consideraba superior al resto, pero Anobaith… él no necesitaba matar con sus propias manos, no le agradaba la guerra. ¿Para qué utilizarla si podías manipular las emociones? ¿Qué mejor recompensa que disfrutar con el sufrimiento ajeno?

– En ocasiones me gusta salir de ese recinto tan desesperante – le confesó el Dios dándose la vuelta – me gusta venir y contemplar las vidas de estos humanos que espero sean eliminados definitivamente – se giró para mirarle e Ilias retorció sus manos detrás de su espalda – te aseguro que no somos los únicos que bajamos aquí – sus ojos se desviaron al cielo e Ilias lo entendió – ¿Qué tal van tus progresos?

– Muy bien, señor – confesó Ilias sintiendo la necesidad de acercarse – el joven Evan parece bastante fuerte mentalmente – carraspeó – y muy dispuesto a dejarse llevar por la avaricia.

– Excelente – Anobaith contemplaba la ciudad desde la altura y él guardó silencio – los humanos no pueden resistirse al poder del dinero, a la fama, el reconocimiento… – rió – se sienten fuertes, valientes, dejan por un momento de pensar que sus vidas son una miseria… – se quedó callado – ¿Tienes lo que te pedí?

– Así es – fueron las únicas palabras que Ilias pudo contemplar mientras observaba la espalda del Dios. Al ver que él le hacía una seña para que se acercara, obligó a sus pies a moverse y acercarse hasta quedar a su lado. Contempló la ciudad y pensó en la cantidad de vidas que podría arrebatar si fuera diferente – aquí tenéis, señor.

Ilias sacó del bolsillo de su chaqueta el contrato que el joven Evan había firmado tres días atrás. Aquel contrato le ataba a los Tywyll y a su bufete durante más o menos un año, tiempo suficiente para iniciarle, prepararle y convertirle en uno de ellos.

– Perfecto – Anobaith tomó entre sus manos el contrato que él le tendía y se lo guardó bajo los ropajes de su túnica – sabes… me recuerdas mucho a él – aquellos ojos rojos se volvieron hacia su rostro – pero a diferencia de ti, él tiene poderes propios.

– Entiendo que se encuentra en una escala superior a mí – aquellas palabras no habían sido pronunciadas con alegría, pero debía reconocer la evidencia – soy consciente de lo que soy y de cómo soy.

– Sí… – confesó Anobaith.

Ilias no era nada, no era nadie cuando se había formado como Tywyll. No dominaba los poderes mentales, su cuerpo no estaba hecho para matar a sangre fría como algunos de sus compañeros, pero a diferencia del resto… Él era astuto, ambicioso, sabía encontrar los deseos y anhelos de las personas y explotarlos hasta que se rendían ante él. Cualidad que Anobaith había valorado en él y le había hecho escalar posiciones hasta situarse como su mano derecha.

– No obstante – el Dios desvió la mirada – no debes subestimarte. Todo el mundo cree que la fuerza bruta, un buen nivel mental, es lo mejor que puede tener un ser como tú – hizo un gesto de desprecio – sin embargo yo soy de la creencia de que los anhelos y experiencias de las personas nos hacen más fuertes. Las batallas se juegan sobre un tablero y la inteligencia, la capacidad de atrapar a las personas, de ponerlas de tu parte, es la capacidad más valiosa para ganar esta partida.

– Sí, señor – Ilias afirmó con la cabeza asimilando las palabras del Dios de la desesperación.

– Gran trabajo, Ilias – no se giró para mirarle – mantenme al tanto de cualquier progreso.

Él solo pudo asentir con la cabeza y antes de que añadiera nada más, Anobaith había alzado el vuelo convirtiéndose nuevamente en un cuervo que se precipitaba hacia las frías aguas del río. Poco a poco y sabiéndose solo, esbozó una amplia sonrisa. Los ganadores son los que juegan una partida hasta el final y él estaba utilizando sus piezas y albergando aún más en su poder. Hasta convertirse en el amo supremo, alzándose sobre sus “compañeros” y sumiendo aquel putrefacto mundo en el horror.

***

Cuando había recibido la llamada de Lesley se encontraba en su puesto de trabajo y aunque sabía que terminaría una hora antes de su cita con ella, no le daría tiempo a llegar a casa, cambiarse y prepararse para su cita con ella. Así que amablemente había llamado a su amigo Will a sabiendas de que él podría pasar por su casa y traerle su ropa al hospital antes de que él empezara su ronda nocturna.
Al principio su amigo había remoloneado diciéndole que no estaba dispuesto a ser su niñera y le había sugerido que empezaría a cobrar por ser su despertador y su criada. Noah no había podido más que reírse ante aquellas palabras y después agradecerle a su amigo que le trajera las cosas. Antes de que Will subiera a la zona de urgencias, le había parado en seco y le había preguntado por el estado de Jimmy Smith.

El policía seguía en coma, había sido trasladado a planta y su mujer se recuperaba en la misma habitación que él. Ella misma había insistido en que se la diera el alta y tuviera la oportunidad de quedarse con su esposo, a pesar de que su hijo estaba allí también. No quiso preguntarle por el teniente Hoffman, aunque auguraba que tendría noticias suyas en breve.
Era por él por lo que Noah no había subido a la habitación para saber cómo se encontraba. Aunque Hoffman no tenía motivos para impedirle el paso, quizá le sonara raro que un forense se preocupara tanto por su jefe y Noah sabía que entre el teniente y él no fluía una buena relación.
Frente al espejo del baño privado de los médicos del hospital terminó de repasar su aspecto. Se había dado una pequeña ducha, por suerte aquel hospital contaba con todo, se había arreglado y estaba listo. Iba vestido con unos pantalones vaqueros, una camisa negra con dos botones desabrochados y su cabello estaba peinado justo como le gustaba a él. Tenía ganas de ver a Lesley. Después de cortar su conversación con ella había tenido mucho tiempo para pensar, para reflexionar. No iba a ser un hipócrita con ella… Le diría las cosas tal y como las pensaba y esperaba que Lesley las aceptara o al menos las comprendiera.

Salió del baño con la mochila colgada al hombro. La metería en su taquilla en la sala del vestuario y se la llevaría mañana cuando saliera del trabajo. Caminó por el pasillo y se acercó a la sala de autopsias para avisarle a su jefe de que ya se marchaba. Quizá habría tenido que darse cuenta de que las cosas no iban demasiado bien cuando dos enfermeros corrían empujando una camilla por el pasillo en dirección a uno de los box más cercanos.
¿Qué habría pasado? Al cabo de cinco minutos, dos doctores corrían hacia el mismo box donde se habían llevado al nuevo paciente. Noah se quedó mirando extrañado, pero continuó su camino. Llegó hasta las puertas de su lugar de trabajo, aquel que era un bálsamo para su cabeza, para su cordura mental.
No tuvo tiempo de decir nada porque su jefe salió de la sala y le cogió del brazo. Casi le estampó contra la pared que había detrás de él y le miró a los ojos. Estaba perfectamente vestido, su cabello rubio peinado hacia atrás y sus ojos azules despedían un brillo que Noah no supo catalogar en aquel momento.

– Lo siento muchacho, pero tendrás que quedarte trabajando esta noche – esas fueron las simples palabras que su jefe había pronunciado y habían dejado su cerebro fuera de combate por unos instantes – me temo que es algo de máxima urgencia.

– ¿Qué ocurre? Es mi hora de salida, señor – le espetó Noah sintiendo que Robert aflojaba su agarre, separándose de Noah, e intentando no intimidarle – Pensaba irme ahora mismo. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué me necesita?

– Parece que un edificio ha estallado en llamas a dos calles de aquí – le contestó su jefe mirándole a los ojos – se ha avisado a los hospitales de la zona y todos nos estamos preparando para atender a los enfermos – Noah entendía la necesidad de los médicos, pero…

– ¿Por qué necesitan a más forenses, señor? – espetó Noah alzando una ceja – la gente necesitará médicos especializados y no gente como nosotros.

– Me temo señor Cooper que no ha sobrevivido mucha gente – las palabras de su jefe tronaron en los oídos de Noah como el aviso de una catástrofe – de hecho hay pocos supervivientes y nos necesitan para identificar lo que podamos de los cadáveres…

– Entiendo… – Noah intentaba asimilar lo que Robert le estaba diciendo – ¿Cuántas personas…? – no acabó la frase al ver la chispa de ¿satisfacción? ¿Era lo que había visto en sus ojos?

– No lo sabremos hasta que lleguen… ¿No le parece? – le dijo su jefe con un tono cortante, pero que no conseguía ocultar el brillo de su mirada – quiero que vaya contactando con la base central para recibir los historiales dentales cuanto antes – soltó un suspiro cansado – dudo mucho que podamos identificarlos por sus rostros…

– Ahora mismo, señor… – Noah se separó de la pared y cogió su teléfono móvil. Necesitaba avisar a Lesley para que supiera que tendrían que suspender su cita, que ella no pensara que la había dejado colgada – necesito hacer una llamada…

– Lo siento, señor Cooper – le espetó Robert poniendo una mano encima del móvil – esas personas son más importantes que su cita… – le miró severamente y alzó una ceja – ¿o no lo cree usted así? – sus ojos se achicaron esperando su contestación.

– Sí, señor – confesó Noah a regañadientes. Se guardó el móvil en el bolsillo.
– Ella lo entenderá muchacho – le espetó el hombre dándose la vuelta en aquel instante.

Las puertas se abrieron de golpe y el primer cuerpo entró por ellas. Noah cerró los ojos, respiró hondo y deseó que Lesley no pensara que la había dejado colgada, aunque seguramente sería lo que pensaría en un principio. Cuando se terminara su trabajo, se prometió llamarla y disculparse por el desplante.
Aquel sería el primer cuerpo de muchos de los que entrarían aquella noche. El horror que Noah estaba viviendo en ese momento no se podía comparar a ninguno que hubiera visto antes. Era difícil, casi imposible identificar a todas las personas. Su trabajo era algo que le agradaba por la tranquilidad, pero en aquellos momentos, lo sentía como una tremenda carga sobre sus hombros.

***

Llevaba esperando más de media hora. Él no solía ser impuntual, algo que ella admiraba en un hombre como Noah, y por eso le extrañaba que él no hubiera llegado aún. Miró el reloj de nuevo y comprobó su móvil. El primer pensamiento que pasó por su cabeza era que la había dejado plantada. Después de aquella conversación, Lesley estaba deseosa de encontrarse con él, de arreglar las cosas y saber que su misión seguiría adelante, pero… ¿Y si él lo había pensado mejor? ¿Y si pensaba que el esfuerzo no valía la pena?
No, él no era ese tipo de hombre. A pesar de la conducta que tuvo aquella noche, Noah había demostrado que era un hombre consecuente con lo que pensaba, decía y ejercía como para dejarla allí esperando. Era impropio de él, además ella había notado en su voz las ganas que tenía de verla, casi las mismas que ella sentía.

Otra idea se fue formando en su cabeza. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si algún Tywyll le había atacado o otra cosa peor? Los Tywyll no debían atacar a los Morak hasta que cumplieran los treinta años, pero una cosa era el deber y otra lo que realmente podían llegar a hacer. Joder… ¿Y si él…? Tenía aún muy reciente todo lo que había pasado con Kimberly y quizá le estaba nublando el entendimiento ¿cierto?
¿Por qué estaba pensando en todo esto si podía llamarle? Cogió su móvil, marcó su número y dejó que los tonos sonaran hasta que el buzón de voz le dio la bienvenida. La voz de Noah se materializó recordándole que en esos momentos estaba ocupado y que se encargaría de llamarla en cuento pudiese. ¡Mierda y más mierda!

Negó con la cabeza sentándose en el borde de la fuente y contemplando su reflejo en el agua cristalina que caía una y otra vez. Era un ciclo permanente, inmutable e inmortal como su vida. Él no la había dejado plantada, estaba segura. Su móvil comenzó a sonar, lo miró esperanzada al pensar que sería Noah llamándola para decirle que sentía el retraso y que se encontraba de camino. Sin embargo no era él sino Amras, su más leal y fiel amigo.

– ¿Pensabas que era otra persona? – dijo la voz del elfo justo cuando ella descolgó – me temo tener que ser portador de malas noticias, pero no creo que veas al Morak esta noche.

– ¿Sabes dónde está? – preguntó Lesley con rapidez, queriendo saberlo. Se estaba comportando como una verdadera novia cuando él simplemente era una misión para ella – ¿Qué pasa? – intentó aparentar un tono frío.

– Ha habido un incendio en la calle 78 justo en el corte con la avenida Madison – le contestó Amras y antes de que ella pudiera decir algo, terminó diciendo – ha sido provocado. Owen, Nikolai y yo ya estamos allí.

– Entiendo. Iré ahora mismo, pero antes me pasaré por… – el elfo no la dejó terminar.

– Noah está en el hospital y según tengo entendido le toca identificar a las personas que han fallecido aquí – la voz del elfo sonaba dura – deja de preocuparte y ven a echarnos una mano. Tendrías que ver la cantidad de Tywylls que se han acercado hasta aquí para absorber el dolor de las personas – soltó un suspiro – e intentar matar a todo aquel que se cruce en su camino. Y si somos nosotros, mejor.

– ¿Estás seguro de que él está bien? – preguntó Lesley sin poder evitarlo.

– Sí, pero si te quedas más tranquila, podríamos mandar a alguien que le vigile… – el tono de Amras dejaba claro que aunque Noah era importante, no le pasaría nada al menos hasta que cumpliera “la mayoría de edad”.

– No, no hace falta – dijo ella negando con la cabeza – estaré allí en menos de… – miró su reloj – en diez minutos.

– Perfecto – Amras cortó la comunicación.

Se guardó el móvil en la chaqueta vaquera que se había puesto aquella noche y caminó hacia su coche. ¡Menos mal que lo había traído! Aunque hubiera preferido traerse uno más rápido y no esa tortuga andante que estaba utilizando en las últimas semanas. Pero si quería engañar a Noah tendría que hacerlo lo mejor posible.
Se montó en el coche, arrancó y condujo por las calles hacia el sitio donde los otros Anfarwold la esperaban. Se sentía más aliviada, mucho más feliz interiormente y por desgracia no era solo porque él estuviera bien sino porque tampoco la había dejado plantada.

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