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black and white photo of  vampire woman  bites a blind man

CAPÍTULO XV

Si alguien le hubiera comentado la mala suerte que tendría no se la habría creído. Se dirigía a su casa después de hablar con Evan cuando su móvil sonó con aquel tono característico que él mismo había puesto para saber cuándo se trataba de temas de trabajo. Tuvo la tentación de no cogerlo, pero al final el deber prevaleció y descolgó para encontrarse con la voz de un asustado Mark.
El chico era un ayudante de prácticas que había entrado la semana anterior al hospital y aún estaba familiarizándose con todo lo nuevo que acarreaba el trabajo que había elegido como profesión. ¿Qué sería ahora? Hacía tres días había notado que el cadáver se movía. Se pegó un buen susto e informó inmediatamente a Noah, y menos mal que fue a él y no a su jefe porque así Noah pudo explicarle algo que sin duda deberían haberle enseñado en la carrera.
Cuando una persona fallece, su cuerpo sigue teniendo determinados tics nerviosos que pueden ocasionar un leve movimiento de las extremidades y Mark se había relajado mucho al escuchar aquella explicación. Pero en esta ocasión no se trataba de ningún susto sino de algo más bien urgente.

Al parecer la abuela de Mark había sido ingresada en el hospital debido a un desvanecimiento que había tenido. El chaval, como era lógico, quería pasar a ver a su abuela y cerciorarse de que ésta se encontraba bien. El problema… que aún tenía que realizar una autopsia, no podía dejar la sala vacía, sin nadie que custodiara los cadáveres que había allí.
¿Cómo le iba a decir al muchacho que no podría ver a su abuela porque él tenía una cita? ¿Qué más daba que Lesley le recogiera en su casa o en la “morgue”? No era el lugar más ideal para empezar una cita, pero no veía otra solución. Le aseguró a Mark que él se encargaría de la autopsia y que le diera sus mejores deseos a su abuela.
Llamó a su jefe para explicarle la situación y él se comprometió a presentarse en el trabajo tan pronto le fuera posible. Después había llamado a Lesley para explicarle todo lo que había pasado, y ella había reaccionado extremadamente bien, así que habían quedado a la misma hora, pero en distinto lugar. Así que ahí estaba quitándose los guantes de látex, tras terminar de realizar la última autopsia, y esperando a que tanto Lesley como su jefe aparecieran. Miró el reloj, era casi la hora, y como si la hubiera invocado las puertas de la morgue se abrieron dejando que Lesley entrara en la sala.

Iba vestida con unos pantalones vaqueros ajustados, muy ajustados, a su parecer combinados con unas botas de tacón que realzaban su figura y sus piernas. Llevaba además una camisa negra de media manga y en el brazo tenía colgada la chaqueta. Miró hacia todos lados y después sonrió cuando su mirada se detuvo en él.
Tapó el cuerpo con una sábana y se acercó a ella. ¡Cuánto la había echado de menos! Y eso que apenas habían pasado tres días desde su discusión, pero se le había hecho eterno. ¿Cómo debía reaccionar? Quiso darle un beso, como los de antes, pero se contuvo. Le tendió la mano, ella se la estrechó con fuerza y entonces Noah tiró de ella y la envolvió entre sus brazos.
Las manos de ella subieron por su espalda hasta entrelazarse en su cuello. No se movieron disfrutando del momento, de la sensación del otro, pero como todos los buenos momentos siempre llega la separación. Se alejó de Lesley para mirarla a los ojos y después estalló en una pequeña carcajada.

– Para serte sincero tenía cierta incomodidad por cómo nos saludaríamos – se pasó la mano por el pelo con gesto descuidado mientras los ojos de ella repasaban su rostro – mi jefe aún no ha llegado así que tendremos que esperar un poquito. ¿Qué tal has estado?

– Ocupada trabajando – le contestó ella despreocupadamente. No podía evitar mirar a un lado y a otro cada cierto tiempo – y por lo que veo tú también – sonrió tímidamente cuando él se dio la vuelta.

– Sí, la noche de ayer fue… – no tenía palabras para describirla, pero al final optó por decir – tremenda – se giró y la escrutó con la mirada – aunque no quiero hablar de ello. Ver tanta gente… los familiares – se dio la vuelta yendo al lavamanos.

– Lo entiendo – la voz de ella se había convertido en un susurro – ¿Estás solo?

– Sí, por eso no nos podemos ir – le explicó él dándose la vuelta mientras se lavaba las manos con un jabón desinfectante – quiero pedirte disculpas por lo que pasó entre nosotros – vio que Lesley abría la boca, pero siguió diciendo – no era mi intención ponerme como me puse… entiendo que quieras ir lento y he entendido que – se aclaró las manos y después se las secó despacio – que tenemos que conocernos más, que nuestra relación no se puede basar únicamente en lo que sentimos, pero… eso no cambia las cosas – no la dejó hablar y se acercó hasta quedar frente a ella – cada vez que te veo no puedo evitar desearte, no puedo pensar en otra cosa que no sea tumbarte en el suelo, ponerte contra la pared y hacerte el amor salvajemente, lentamente, de todas las maneras posibles y… – soltó un suspiro resignado.

– Creo que no es el mejor sitio para hablar de esto ¿no te parece? – dijo Lesley bajando su vista al cadáver que había a su lado – no deberíamos hablar de sexo en presencia de un muerto.

– Cadáver – corrigió Noah seriamente.

– ¿Qué? – preguntó Lesley alzando una ceja y mirándole directamente a los ojos.

– Les gusta que les llamen cadáveres, no muertos… – su voz sonaba seria, pero la sonrisa que se entreveía en sus labios dejaba claro que estaba bromeando – no les gusta que les confundan con los muertos vivientes.

– Muy gracioso… – dijo ella con voz desdeñosa – me niego a hablar de sexo delante de un… – miró la figura sobre la mesa metálica – de un cadáver.

– Te aseguro que no nos va a escuchar – le confesó Noah soltando una pequeña risilla – hablando en serio… Necesito que aclaremos las cosas – la miró.

– ¡Vale, pero nada de sexo delante de ÉL! – Lesley se separó, caminó hacia el otro extremo de la mesa y se quedó parada.

En aquella posición, Noah estaba en un extremo de la mesa metálica y ella en la otra. Lo único que les separaba era el cadáver que estaba aún tapado por la manta que Noah le había puesto hacía unos cuantos minutos.

– ¿ÉL? ¿De verdad le vamos a llamarle así? – preguntó Noah alzando una ceja y viendo cómo Lesley ponía los ojos en blanco – quizá será mejor que le llamemos Roger.

– ¿Roger? – el tono de Lesley era más bajo de lo normal. Miró al muerto con los ojos entrecerrados y después, sin alzar la vista,consiguió pronunciar – ¿Y si se llama así? ¡Me estás haciendo hacer y decir cosas horribles!

– Espera… – Noah como si fuera lo más natural del mundo, y para él lo era: miró la etiqueta que colgaba del dedo gordo del pie – no, se llamaba… – miró bien la etiqueta – Steven Jenkins.

– ¿Se llama así? – se inclinó sobre la mesa, pero Noah dio la vuelta a la etiqueta. Ella se incorporó y le fulminó con la mirada. Después se cruzó de brazos y fijó su vista en él – está bien. Hablemos… – inspiró y a Noah le hubiera encantado poder escuchar sus pensamientos en aquellos momentos – Es halagador que un hombre sienta todas esas “cosas” por mí, y es… excitante, pero – movió la cabeza – apenas conocemos nada del otro. No sé nada de ti, a excepción de que trabajas en la morgue, que tienes una moto y que frivolizas con el tema de la muerte – al ver la sonrisa de Noah añadió – ¿Y tus amigos? ¿Y tu familia?

– No tengo – contestó con rapidez Noah tensando el rostro ante la mención de la palabra “familia”.

– ¿No tienes amigos? – Lesley alzó una ceja incapaz de creer que un hombre como él no tuviera amigos con los que compartir su vida.

– Familia… – su voz apenas fue un susurro, pero ella lo escuchó a la perfección. Sin embargo aquello no era cierto y rectificó enseguida – mis padres fallecieron cuando yo era pequeño… – el nudo de su garganta, ese que siempre aparecía cuando les recordaba, volvió a él – aunque en realidad sí que tengo familia. Mis tíos son como mis padres.

– Lo siento – Lesley parecía realmente afectada por la noticia, pero él se había acostumbrado – esas son las cosas que yo quiero conocer de ti, las cosas que me parecen más importantes que una noche de sexo desenfrenado – al ver lo que acababa de decir, se mordió el labio y puso los ojos en blanco.

Al principio había dolido. La pérdida de sus padres había sido el momento más duro de su vida, pero por suerte sus tíos le habían brindado un hogar que más de un niño hubiera deseado. Al cabo del tiempo uno se recupera de las heridas de la pérdida, el dolor continúa, pero solo en el interior. Cuando alguien le daba el pésame, al saber que había quedado huérfano, él se limitaba a decir que no importaba, que había pasado mucho tiempo…
Y era cierto. Ya no le dolía hasta el punto de querer gritar, increpar y sobre todo llorar por lo que había perdido. Ellos estaban en su interior, los llevaba en el corazón y los recordaba en los momentos más importantes, en cada momento especial que le hubiera gustado vivir con ellos. Eso era suficiente para él.

– Ahora ya lo sabes – la voz de Noah seguía siendo calmada y relajada – cuando mis padres murieron – no pudo evitar bajar la vista hacia el cadáver – mis tíos me acogieron y cuidaron de mí. En cuanto a mis amigos… Quiero que los conozcas.

– ¿En serio? – Lesley parecía sorprendida por la sugerencia que había hecho – a mí también me encantaría conocerlos, saber quiénes son y cómo se llevan contigo – apoyó una de sus manos sobre la camilla metálica – ¿Prometes que nos conoceremos más? ¿Al menos que lo intentaremos?

– Podemos hacer las dos cosas a la vez – susurró él inclinándose sobre la mesa y apoyando las dos manos en la superficie fría – podemos disfrutar y conocernos a un mismo tiempo – sonrió malévolamente – Te deseo, Lesley. Eso no va a cambiar ni ahora, ni en cinco minutos. Quiero que lo tengas claro, quiero que sepas que no dejaré de intentarlo decidamos los que decidamos ahora.

– Eres incorregible, eres tremendamente testarudo, tenaz e insistente – dijo ella susurrando con rapidez e inclinándose también hacia adelante, apoyando las dos manos de la misma manera que Noah – Yo…

– Atrévete a decirme que no sientes lo mismo – el brillo pícaro en sus ojos le confirmó lo que él ya sospechaba. Lesley lo deseaba tanto como él a ella. Pero algo la retenía, quizá una actitud conservadora o… – dime a la cara, mirándome a los ojos, que no te mueres por mis besos, por mis manos acariciando tu cuerpo, tu piel… – sus labios estaban a escasos centímetros de los de ella.

– Noah… – ronco, el tono de su voz había sonado ronco. Había acercado más sus labios, pero no le miraba a la cara – ¿Y si lo dijera? ¿Cambiarías de idea? ¿Dejarías de seducirme?

– ¿Dejaría un mendigo de tomar una rebanada de pan si se la ofrecen? ¿Dejarías de beber si alguien te tendiera un vaso de agua? – sus preguntas eran retóricas, pero expresaban acertadamente lo que pensaba al respecto – claro que no. Insistiré, te conquistaré, te seduciré hasta que no tengas más remedio que rendirte a mí.

– Me gustará ver esa conquista… – susurró ella provocadoramente.

No esperó. No necesitaba ningún aliciente más para convencerse de lo que quería hacer desde que la había visto entrar en la estancia. Capturó los labios de ella entre los suyos y los besó despacio, con pausa, disfrutando de la sensación de aquellos labios exquisitos devolviéndole el beso. Le hubiera gustado extender la mano, poder tocarla, pero aquello sí que era imposible.
Sintió la lengua de ella invadiendo su boca, explorando, buscando en lo más recóndito de su ser, y encontrando todo lo que él tenía para darle. El beso se volvió abrasivo, fuego en estado puro, sus respiraciones eran ya desacompasadas cuando se separaron. Cerró los ojos al igual que ella mientras la respiración de ambos se controlaba, pero al cabo de unos instantes escuchó.

– ¡No me creo que hayamos hecho esto delante de Roger! – Lesley se había apartado de la camilla y miraba el cuerpo tapado por la manta con expresión de culpabilidad – eres…

– Te aseguro que él ha disfrutado mucho más que nosotros – al ver que ella no sonreía, dio la vuelta a la camilla y se acercó a Lesley, la cogió por las caderas y la estrechó contra él – no volveremos a hacerlo. ¿Mejor?

– Sí, mucho mejor – dijo Lesley dejando que él la reconfortara con su cuerpo.

– ¡Ya estoy aquí, señor Cooper! – la voz de su jefe resonó en la estancia – aunque veo que está bien acompañado… – las últimas palabras habían sonado sugerentes, pero también algo irritadas.

Apenas tuvo tiempo de darse la vuelta para presentarle a Lesley. Se había metido en su despacho sin opción a nada más. Lesley le dijo que sería mejor que le esperara fuera, y se marchó tan rápido como había venido. Se acercó al despacho de Robert y llamó a la puerta. Él se volvió, pero al contrario de la actitud enfadada que esperaba, encontró un rostro carente de expresión.

– Váyase con su buena compañía, señor Cooper – le espetó su jefe sin mirarle – bastante trabajo acumula hoy y eso que era su día libre… – colocó los papeles – disfrute.

– Gracias – Noah no dijo nada más. Creía que no eran necesarias más explicaciones.

Salió a la calle, el aire cálido de la noche llenó sus pulmones y su vista recayó en ella. Apoyada contra su coche, aquel horrible escarabajo azul, estaba preciosa bañada por la luz de la luna. Era como una aparición, un ser místico que irradiaba una luz propia, interior, como una mujer de ensueño. Apretó los puños, intentó calmar las emociones que fluían por su cuerpo, por su mente… Nada le estropearía aquella noche. Caminó hasta ella y cuando se acercó, la arrinconó contra el coche y susurró.

– Lesley… – sus labios se perdieron por su cuello – es un nombre celta… ¿Por qué te lo pusieron tus padres?

– Ellos eran aficionados a la mitología celta así que… – su respiración se había desacompasado – me pusieron ese nombre.

– Muy original – confesó él posando sus labios en la piel de su cuello y después subiendo hacia el lóbulo de su oreja – a mí también me encanta la mitología, ya lo sabes. ¿Por eso escribes sobre seres sobrenaturales?

– Quizá – confesó ella, y con sus manos intentó apartarlo, y lo más increíble es que lo consiguió – pero podré contestarte a todo eso… – se acercó y le dio un beso en los labios – mientras cenamos.

Noah chasqueó la lengua, pero sonrió casi al instante. No la presionaría, pero tampoco dejaría de cortejarla, de hacerle ver lo que ella sentía y él también. Dio la vuelta, se montó en el pequeño coche y dejó que ella condujera hacia el restaurante. Estaba feliz por haber arreglado las cosas y más decidido que nunca a luchar por Lesley y por lo que había nacido entre ellos.

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