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CAPÍTULO XVII

***

Apenas habían pasado dos días de la conversación, pero Noah realmente se estaba tomando sus palabras muy en serio. Cuando la había llamado para comentarle la posibilidad de cenar con sus amigos, se quedó maravillada. No solo por el hecho de que él estuviera cumpliendo con su palabra, sino porque sería la oportunidad perfecta para conocer a sus otros dos amigos “especiales”. Sí, claro que ella sabía ya quienes eran Sarah, Evan y Will. Los dos primeros eran Morak como Noah, pero Will…
Jamás habían hablado de él en las reuniones. Quizá porque no se trataba de uno de ellos, porque solo era un humano más que se veía inmiscuido en una guerra que no era la suya. Pobre ignorante de todo lo que lo rodeaba…
Sin pensárselo dos veces le había dicho que sí a Noah, que le encantaría ver a sus amigos aquella noche, cenar con ellos y él se había puesto el doble de contento. Así que ahora se encontraba sentada a la mesa con Sarah y Will. Al parecer no habían podido localizar a Evan y por lo tanto no había sido invitado.
Se llevó la copa a los labios mientras escuchaba una nueva anécdota de parte de Sarah, que incumbía a los cuatro amigos. Lesley prestaba atención a todas aquellas palabras porque le servían para aprender y conocer más a su protegido, y también a sus amigos, la manera que tendrían de afrontar lo que se les vendría encima una vez fueran “mayores de edad”.

– Te aseguro que fue un momento muy gracioso – dijo Sarah intentando contener la sonrisa que escapaba de sus labios – no me mires así, Noah – Lesley giró el rostro y vio que Noah la estaba mirando con los ojos entrecerrados – fue muy divertido ver cómo Evan y tú os quedabais completamente desnudos en el vestuario…

– A mí no me hizo tanta gracia – espetó Noah volviendo la mirada a su plato.
– No seas bobo – le dijo Lesley dedicándole una pequeña sonrisa a Noah – seguro que fue muy divertido veros correr a Evan y a ti por el campus como vuestra madre os trajo al mundo – soltó una pequeña risita. Tanto Will como Sarah la siguieron.

– Yo acababa de llegar al campus y fui testigo de todo lo que ocurrió – confesó Will llevándose su copa de vino a los labios – ¿Puedes imaginarte cómo acabó la cosa, Lesley?

– No – confesó ella. Se lo estaba pasando muy bien conociendo y sabiendo tantas cosas de él – ¿Cómo sigue?

– Hemos venido aquí a que os conozcáis, no a que me avergoncéis eh – el tono de Noah parecía serio, pero en sus ojos se adivinaba hasta qué punto aquello era una broma para él – en vez de decirle las cosas buenas…

– Eso no tiene gracia – le confesó Sarah poniendo su mejor cara de chica buena – si te acepta con todas tus “vergüenzas”… – se quedó callada y miró a Lesley – entonces es que te quiere de verdad.

– Sí, ya… – Noah movió la cabeza negativamente, pero después no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa.

– ¿Cómo sigue la historia? – preguntó Lesley interesada. Puso la mano sobre la pierna de Noah y vio que él la miraba a ella, pero no le miraría. Centró su vista en sus dos amigos y escuchó con atención.

– Les metí en una clase que estaba completamente vacía y busqué algo para que pudieran ponerse… – Will intentaba parecer serio cuando lo contaba, pero por su tono de voz parecía completamente imposible – ¡Y no había nada! – movió la cabeza negativamente.

– No teníamos nada para que se pusieran hasta que encontramos unas mantas que cubrían antiguos equipos de radiología – las palabras de Sarah quedaron confirmadas por el suspiro de Noah.

La chica procedió a relatar cómo sus dos amigos se habían tapado con las sábanas, habían caminado por el campus hasta el coche de Will y se habían metido dentro para después ir a casa a cambiarse. Lo que podía hacer una mujer despechada con dos hombres… ¡Y todo por una apuesta! Lesley estaba impresionada.
Aquellas cosas no pasaban en su época, pero aquello era simple y llanamente evolución y también muy poca inteligencia por parte de ellos. Noah ya parecía haber asumido que Lesley tendría que conocer todos sus puntos débiles y se unió a la conversación con más animado interés cuando ésta dejó de centrarse en él desnudo por el campus.

Le gustaba el ambiente agradable que se había formado en la mesa, debía reconocer que al principio estaba un poco nerviosa, pero después… se había relajado completamente. Sarah era una chica simpática y por lo que podía ver muy sensible y animada. Will tendía a ser más reservado en un principio, pero una vez que conseguía soltarse, podía ser un gran conversador.
Se disculpó ante todos alegando que tenía que ir al baño. Había notado la vibración de su móvil y estaba segura de que Eire quería un pequeño informe sobre cómo estaba él. Quizá no pudiera acercarse a Noah, pero a pesar de los años transcurridos, ella siempre había velado por el joven. Se levantó de la mesa y se dirigió al baño. Justo como había pensado tenía un mensaje que contestó con las sencillas palabras: “él está perfectamente, disfrutando de la velada; y no, no me he vestido de putón”.
Su vista se dirigió a la imagen que le devolvía la mirada al otro lado del espejo. Su cabello estaba suelto, los rizos caían rebeldes por su espalda tapando algunas partes de sus hombros. Se había puesto un vestido azul que resaltaba el color de sus ojos, se ceñía a su cintura y dejaba a la vista un generoso escote, pero sin ser demasiado provocativo.

No escuchó el sonido de la puerta al abrirse y quizá por eso la sorprendió tanto la imagen que se reflejó en el espejo. Noah estaba tras ella, con una mano posesivamente alrededor de su cintura y acercándola a su cuerpo. Lesley abrió los ojos, pero se dejó llevar cuando los labios de él tocaron la suave piel de su cuello.
Sintió que era arrastrada hacia atrás, sus pies apenas obedecían sus pensamientos y se dejaban guiar por las fuertes manos que la llevaban hacia uno de los cubículos del cuarto de baño. Abrió los ojos cuando el frío mármol chocó contra sus hombros desnudos. Le miró a los ojos y entreabrió los labios para replicar algo, pero no pudo.
Los labios de Noah se apoderaron de los suyos, saqueando su boca, deseando todo lo que ella podía ofrecerle en un único beso… Sus lenguas danzaron juntas, exploraron la boca del otro y las manos de Lesley cobraron vida. Acariciaron la nuca de Noah acercándole aún más a ella, deseando que se fundiera, pero… Paró en seco. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué estaban haciendo?

– No deberías estar aquí – le dijo cuando consiguió separarse de él y lo susurró tan bajito que temió que él no lo hubiera escuchado – este es el baño de señoras y tus amigos…

– Mis amigos no se darán cuenta de mi ausencia – las palabras de Noah se perdieron cuando sus labios bajaron por el cuello de Lesley. Impulsivamente ella echó la cabeza hacia atrás dejándole un mejor acceso a su cuello – te dije que no iba a rendirme tan fácilmente…

– Noah… – susurró Lesley aunque no supo si aquello era una reprimenda o más bien un aliciente para que continuara – si sigues así… – puso sus manos sobre el pecho del hombre, pero apenas hizo esfuerzos para separarle – alguien podría escucharnos…

– Entonces tendremos que ser muy sigilosos – le confesó él bajando su mano por el cuerpo de Lesley y deteniéndose firmemente a la altura de sus caderas – y créeme… puedo serlo – una sonrisa se dibujó en su rostro.

– Eres incorregible… – Lesley se mordió el labio al sentir cómo las hábiles manos de Noah bajaban por sus piernas hasta llegar al dobladillo del vestido y se lo subía a la altura de las caderas – no me extraña que aquella chica os dejara… – tragó saliva al sentir los dedos de él recorriendo la cara interna de su muslo – os dejara como vuestra madre os trajo al mundo.

– Jajaja – rió Noah con una facilidad pasmosa mientras sus manos seguían aquel camino que ambos sabían dónde se detendría – a mí no me importaría que tú me dejaras en cueros… – bajó el rostro para lamer la piel expuesta de su cuello, de sus pechos.

Lesley entreabrió los ojos, respiró con dificultad, intentó pensar con claridad pero no pudo y menos cuando los dedos de él rozaron su sexo por encima de la ropa interior. Sintió que el deseo recorría cada poro de su piel, como si miles de pequeños fuegos se hubieran encendido a su alrededor y calentaran cada parte de su ser.
Aquellas emociones se estaban arremolinando alrededor de su cuerpo apoderándose de ella, adueñándose de su sentido, de su razón y cordura. Se dejó llevar por él, enlazó una de sus piernas a la cintura de Noah y balanceó las caderas contra su mano que acariciaba su sexo repetidamente, provocándole un placer que jamás podría haber imaginado.
Intentó reprimir los gemidos de placer que escapaban de sus labios entreabiertos. Fijó sus ojos en los de él y se apoderó de sus labios, reclamándolos como suyos, dejando bien claro que solo ella podía besarlos. Sus manos bajaron por el pecho de Noah deleitándose con cada una de sus formas hasta que llegó a la cinturilla de sus pantalones y…
Él la penetró con un dedo. Se sintió llena, movió las caderas buscando una mayor fricción, deseando que él la penetrara con dos dedos, que se adueñara de su cuerpo hasta el final, hasta que su miembro se hundiera en ella… Gimió de placer sin poder evitarlo, pero él le tapó la boca con su mano libre y después la reemplazó por su boca. La besó, la estimuló con sus dedos, entrando y saliendo lentamente en una danza que a ella le pareció exasperante.

– Estás sumamente apretada, mojada y lista para mí – aquellas palabras consiguieron estremecerla de los pies a la cabeza – ¿de verdad quieres perderte esto? – Lesley le miró a los ojos y casi juraría que había visto unas llamas titilar en sus pupilas – piensa en lo que podríamos hacer… – la penetró con dos dedos y Lesley entreabrió los labios, pero sin emitir ningún gemido – lo fuerte y duro que podría penetrarte…

– Oh, Noah… – apenas le salían las palabras, su respiración era agitada y sus caderas se movían al compás de su mano demandando mucho más de él – por favor…

– ¿Por favor qué? – preguntó él con una sonrisa – ¿Por favor más o por favor para?

– Más… por favor más – consiguió articular Lesley pasándose la lengua por el labio inferior.

La complació, la tentó con cada una de sus caricias, con sus besos, con sus palabras, dejó su propio placer a un lado y se centró solo en ella. La preparó, la embistió con sus dedos y dejó que ella se moviera contra él, que le acariciara y le besara tantas veces como quisiera. Se dejó llevar y cuando creyó que podría morir de placer, cuando la cúspide del placer se encontraba tan cerca que podía tocarla con los dedos, se corrió gritando, pero un grito que fue acallado por los labios de Noah.
Su cuerpo se quedó laxo, se quedó completamente relajado entre sus manos, pero él siguió acariciándola, sujetándola con sus fuertes brazos, dejándole pequeños besos hasta que Lesley volvió a ser la misma. Cogió su mentón con sus dedos y le alzó el rostro para mirarla…

– Quiero que seas mía, quiero que esto no quede aquí… – sus palabras iban cargadas de promesas que él podría cumplir si ella le dejara – lo quiero todo de ti. Y no pararé hasta conseguirlo.

– Noah… – bajó la mirada y no pudo evitar fijarse en la protuberancia de sus pantalones – pero tú te has…

– Shhhhh… – le susurró él al oído – no pasa nada, nena. Yo puedo esperar, pero quería que supieras lo que te estás perdiendo – le mordió el labio con delicadeza encendiéndola aún más – aún me debes el dejarme sin ropa. Prometo dejarme…

Le dio un último beso y salió del cubículo del baño. Lesley se quedó apoyada contra la pared, intentando regular su respiración, calmar sus emociones, buscando la cordura que había perdido en aquellos benditos minutos que había estado con él.
Cuando salió al exterior, Noah ya no estaba. Se fijó de nuevo en su reflejo en el espejo y… ¡Qué distinta se veía! Su pelo estaba revuelto, sus ropas desarregladas, su rostro estaba sonrojado y sus ojos… sus ojos brillaban como el fuego, como si la llama hubiera prendido en ella. Era la imagen de una mujer deseada, una mujer que había experimentado el mayor placer inimaginable con el hombre apropiado… Desechó esa idea de su mente. Ella no podía sentirse así, no debía sentirse así… no sucumbiría tan fácilmente a los encantos de Noah aunque si tenía que apostar… no lo haría por ella.

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