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CAPÍTULO XXI

La fiesta había comenzado animada, había conocido a muchos amigos de Evan y también compañeros, pero la noche comenzaba a torcerse. Primero habían sido las risas, después los cuchicheos y ahora ellos estaban bailando justo frente a él. Evan, uno de sus mejores amigos y su chica estaban bailando.
Eso no debería afectarle. Él jamás había sido un hombre celoso, pero en aquellos momentos sentía una sensación agobiante en el centro del pecho, máxime cuando veía las manos de Evan intentando bajar más allá de las caderas de su chica. ¿Qué no entendía de que ella era suya? Esto ya no era la universidad.
Cuando eran jóvenes, Evan y él habían compartido novias, habían robado la novia al otro, pero siempre con la máxima deportividad y sin ningún tipo de altercado entre ellos, pero ahora… Las cosas eran diferentes. Ya no eran críos que se divertían jugando al baseball, que babeaban por la primera mujer con curvas que pasaba ante ellos y él debería saberlo.

Apretó los puños al ver que Lesley se removía, pero Evan se agachó y le susurró algo al oído. ¿Qué se creía que estaba haciendo? Lesley no era su maldito regalo de cumpleaños y a la jodida mierda si fastidiaba la puta celebración. Antes de que su cabeza pudiera analizar cualquier otro pensamiento, su cuerpo se estaba moviendo hacia ellos, con pasos rápidos y precisos se plantó ante la pareja.

– Creo que es hora de irnos – espetó Noah poniéndose al lado de ellos. Vio que Lesley giraba el rostro, separándose inmediatamente de Evan que parecía desconcertado – espero que lo hayas pasado muy bien en tu fiesta – el “muy bien” había sido recalcado.

– Venga Noah – Evan se giró hacia él para observar su rostro – estamos bailando, nos lo estamos pasando muy bien… – se acercó a él y puso una mano en su hombro – no estropees el momento.

– No creo ser yo el que se está extralimitando – dijo Noah entrecerrando los ojos y fulminando con la mirada a Evan – he dicho que nos vamos.

– No estaba pasando nada… – susurró Lesley dubitativa entre los dos.

– ¿Desde cuándo te has vuelto tan posesivo? – le preguntó Evan bajando el tono de voz – solo estábamos bailando. Nada más – alzó las manos como si no comprendiera su reacción.

– ¿De verdad estabas bailando, Evan? ¿No intentabas levantarme la novia? – espetó Noah cruzándose de brazos – permite que me ría ante eso – soltó una risa carente de humor y cogió la mano de Lesley entre las suyas.

– Sabes perfectamente cómo soy, cómo me comporto – le recriminó Evan alzando un poco la voz – lo que pasa es que tú ves cosas donde no las hay, amigo.

– Que te jodan – aquellas palabras habían sido pronunciadas en un tono más alto de lo habitual – esto no es la puta universidad, Evan. Deberías darte cuenta de que esa época ya pasó – tiró de Lesley que no se negó a ir con él.

– No necesito que me lo recuerdes – Evan lanzó aquellas palabras cargadas con tintes amargos – en ocasiones yo lo sé mejor que tú.

– ¿Me estás echando algo en cara? – dijo Noah dándose la vuelta y encarándole nuevamente. Sabía que todas las miradas estaban pendientes de ellos, que la gente estaba atenta a la conversación, y lo peor es que estaban dando el espectáculo… ¿A quién le importaba? – sé un hombre por una vez y dímelo a la cara.

Evan mantuvo los ojos fijos en los de Noah, pero después negó con la cabeza. Se llevó las manos a los bolsillos del pantalón y encogió los hombros mientras terminaba diciendo.

– Sí, será mejor que te vayas – se dio la vuelta para encarar al resto de sus invitados. Noah afirmó con la cabeza y se abrió camino hacia la puerta del local. Sintió la mirada de Sarah, también la de Will, pero ambos sabían que era mejor no acercarse a él. Al menos hasta que se hubiera calmado.

Salieron al pasillo, caminó como alma que lleva el diablo hasta que sintió un apretón de manos, se dio la vuelta y enfrentó la mirada de Lesley. Ella desjuntó sus manos, se cruzó de brazos y le miró interrogante.

– ¿Qué es lo que ha pasado ahí dentro? – le replicó ella, pero en su tono no se adivinaba censura sino más bien curiosidad.

– Estoy muy cabreado, estoy que ardo por dentro – le explicó él acercándose – imaginar sus manos bajando más allá de tu cuerpo, tocando tu piel… – se quedó callado e intentó olvidar los pensamientos que asaltaban su mente, pero al ver que no podía pararlos los acabó soltando – me he imaginado cosas que…

– ¿Acaso desconfías de mí? – preguntó ella con tono dolido.

– ¡No! Claro que no – dijo él cogiéndola de la cintura y pegándola a él – pero no puedo imaginarte con otro hombre, no quiero que nadie te toque salvo yo…

– Noah… – el susurro que Lesley dejó escapar le llenó los sentidos, le hizo más atrevido. Caminó un par de pasos con sus cuerpos pegados hasta que pudo apoyarla contra una de las paredes. Enterró su rostro en el cuello de ella y aspiró su aroma.

– Te necesito. Sé que te prometí tiempo, pero… – besó su cuello, lamió su piel y ella no le apartó en ningún momento – lo necesito todo de ti. Te quiero de todas las formas, quiero entregarme a ti de todas las maneras posibles… – la miró a los ojos.

¿Le rechazaría? Eso sería un duro golpe, algo de lo que posiblemente su relación no se recuperara, pero no iba a presionarla. Esperó pacientemente, sus manos afianzadas en sus caderas, su rostro a escasos centímetros del de ella.

– ¿A qué esperas Cooper? – Lesley alzó una ceja incitándole a que hiciera con ella lo que quisiera – ¿me vas a tener aquí esperando? – sonrió y besó sus labios despacio.

– Joder… – consiguió decir él cuando se separó de ella, cuando sus labios dejaron de buscarse – ven…

La llevó escaleras abajo, no se molestó en esperar al ascensor. Quería llevarla a su casa, quería estar con ella en aquel momento. Cogieron el pequeño escarabajo que ella había traído, se montaron, metió la llave y arrancó el coche. Él sería quien condujera. Tomó la carretera más rápida, pero su deseo por ella iba más allá y no podía esperar para llegar a casa. Por suerte conocía un lugar que siempre había querido enseñarle.
Aparcó el coche en un descampado a las afueras de Nueva York. No le importaba estar alejado de su casa. La tenía allí, con él, deseosa de probar y descubrir todo lo que tenían para ofrecer el uno del otro. Se volvió en el asiento y la miró a los ojos.

– ¿Estás segura? – tenía que preguntárselo porque no quería que ella se arrepintiera después.

Aquél gesto de asentimiento con la cabeza le dejó sin aliento. Se inclinó sobre ella y besó sus labios. Se apoderó de ellos con toda la pasión que tenía retenida desde hacía tanto tiempo. Dejó que su lengua penetrara en su boca, rebuscando la de ella, encontrándola y danzando al mismo ritmo los dos. Gimió cuando Lesley se separó, pero volvió a apoderarse de sus labios mientras intentaba inclinarse más para sentir su cuerpo contra el suyo.
Aquel coche era endiabladamente pequeño, era demasiado estrecho para los dos. Maldijo por lo bajo, se separó de Lesley y vio su sonrisa provocativa.

– Tienes que comprarte otro trasto porque este irá al desguace – le espetó él bajándose. Dio la vuelta, abrió la puerta del copiloto y entró en el coche de nuevo. Apretó la palanca y el asiento se echó completamente hacia atrás. Sonrió – así está mucho mejor.

– ¿Vas a quedarte hablando de mi coche? – susurró ella mientras se mordía el labio inferior – porque si es así…

– Tengo intención de no quedarme hablando, nena – le espetó él cerniéndose sobre ella, inclinándose y dejando que su cuerpo se acomodara sobre el de ella tapándola como si fuera una manta.

– Mmmmm, eso está mucho mejor – Lesley aprovechó para bajar sus manos por la espalda de Noah que aún estaba cubierta por la camisa que llevaba – creo que llevas demasiada ropa…

– La tuya es fácil de quitar… – fue un sonido ronco. Las manos de Noah acariciaban sus muslos hacia arriba mientras iba subiendo su vestido por las piernas dejando al descubierto la piel de sus muslos – me encanta sentir el tacto de tu piel…

Se apoderó de sus labios, los reclamó como suyos y se fundió en ellos. Trazó un camino de besos descendente, fue bajando por su cuello, lamiendo la piel que quedaba expuesta, disfrutando de cada recoveco de ella. Dio un pequeño mordisco en su clavícula lo que hizo que Lesley diera un saltito y un pequeño suspiro saliera de sus labios.
Le encantaba recorrer su cuello, perderse en él, bajar más allá y encontrar el valle de sus senos. Siguió dejando pequeños besos mientras sus manos se perdían por sus muslos. Primero subiendo por la parte exterior de ellos, pero acariciando minutos después la cara interna. Sentía su sexo demasiado cerca, casi podía tocarlo, pero la excitaría aún más. Quería disfrutar de ella, quería darle todo, aunque fuera en aquellas circunstancias.
A regañadientes subió una de sus manos apartándola de sus deliciosos muslos y la posó sobre uno de sus pechos. Subió los dedos con lentitud por su pecho arrancándole pequeños suspiros de placer hasta que llegó a su tirante. Lo deslizó con cuidado dejándolo caer por el hombro, lo bajó aún más hasta que su pecho quedó al descubierto y después se apoderó de él con la boca. Chupó y succionó el pezón que se alzaba erguido, duro e imponente pidiendo a gritos que sus labios los cubrieran, que su lengua lo lamiera.

– Me estás matando, Noah… – aquellas palabras eran roncas, puramente sexuales.

Sonrió contra su cuerpo, lamió de nuevo su pezón para después repetir lo mismo con el otro. Lesley echó la cabeza hacia atrás, él sintió las manos de ella agarrando su cabello, tirando de él pero a la vez acercándolo más a su piel. Disfrutó de su sabor, dejó que sus dientes rozaran la fina piel que tenía ante él.
Tuvo que apartarse cuando sintió las manos de ella desabrochando la camisa que llevaba. La miró a los ojos y tuvo que decírselo a sí mismo. Era hermosa, estaba excitada y era suya. Fue una tortura esperar a que ella deslizara la camisa por sus hombros, pero cuando lo hizo fue como una liberación.
Y aquello no había terminado. ¿De verdad quería torturarlo de aquella manera? Las manos de Lesley se deslizaron por su abdomen acariciando la piel hasta que llegó al borde de sus pantalones. Desabrochó el botón, bajó la cremallera e introdujo su mano en el interior agarrando su miembro con fuerza, pero también delicadeza.

– ¡Por todo lo…! – no pudo terminar la frase, no pudo pensar nada coherente. No mientras las manos de ella acariciaban su miembro por encima de la ropa interior. Se mordió los labios, intentó controlar sus impulsos y se inclinó sobre ella.

– Estoy descubriendo cosas de ti… – su respiración era agitada. Más cuando la muy bruja metió su mano en el interior de sus boxer y tocó su miembro que se encontraba duro y preparado para ella – Joder…

– ¿Sí? – su voz había salido como un suspiro ahogado.

– Me gustaría descubrir más cosas… – Noah se agarró a los últimos rastros de cordura.

Bajó la mano por sus muslos y después ascendió hasta que sus dedos tocaron la fina tela de su ropa interior. La apartó a un lado, necesitaba sentirla, que sus dedos tocaran la carne suave, palpitante. Acarició con sus dedos los labios de su sexo, la escuchó gemir muy cerca de su oído mientras ella subía y bajaba su mano a lo largo de su tremenda erección.
Casi soltó un juramento cuando uno de sus dedos penetró en su interior. Ella se arqueó, movió las caderas para permitirle profundizar aún más, pero él apartó el dedo y lo sacó completamente de ella. Se acercó a sus labios y los besó mientras la volvía a penetrar de una vez. Recogió en sus labios el gemido que ella dejó escapar de los suyos.
Se apartó para mirar aquellos ojos azules como el mar que en aquella ocasión parecían refulgir como él mismo estaba ardiendo por dentro. Las manos de ella en él, dos de sus dedos hundidos en el sexo de Lesley… Si aquello no era el paraíso, no podía comprender qué podía serlo.

– Eso es, mi pequeña celta… – había sido un apelativo que había estado rondando desde que supo de dónde provenía su nombre.

***

La reacción de Noah la había dejado sin palabras. ¿De verdad él estaba tan encaprichado de ella? ¿Las cosas se estaban poniendo tan serias? Había pensado en negarse, sabía que era lo que se esperaba de ella, pero cuando había sentido sus manos sobre las caderas, apretándola más junto a él no pudo resistirse.
¿Qué más daba un hombre más? ¿Qué consecuencias podría tener? Para su corazón ningún, pero quizá para su trabajo sí. Y aún así se había arriesgado. No sabía porqué, pero sentía que era lo correcto y cuando él había parado el coche, la había mirado… Saltó la pasión. Sentir sus manos, sentirle piel contra piel era maravilloso.
Y entonces escuchó lo que Noah la había llamado. “Celta”. Aquél apelativo le traía tantos recuerdos que había intentado enterrar con el tiempo sin conseguirlo verdaderamente. Sin embargo, aquella palabra pronunciada por sus labios, susurrada en aquellos momentos parecía verdaderamente erótica, juguetona.

– Quiero estar sobre ti – le susurró ella en el oído. Quería sentirle debajo, quería cabalgarle en aquel mismo momento – ahora…

No hubo más palabras que esas. Noah sonrió ladinamente y dejó que ella tomara el control. Le recostó sobre el asiento del coche, bajó sus pantalones hasta sus rodillas y se sentó sobre él. Su vestido se había arrugado hasta la altura de su cintura dejando sus muslos al descubierto.
Balanceó las caderas sobre él mientras sentía las manos de Noah por todo el cuerpo. Bajando por sus costados, subiendo por su espalda, enredándose en su cabello, tirando de él, pero también reclamando sus labios. Se sorprendió cuando él bajó las manos y rasgó las bragas dejándolas completamente inservibles. ¿De verdad él tenía tanta fuerza?
Aquello la puso a cien, se inclinó sobre él, besó su cuello, bajó por su cuerpo mientras sus manos acariciaban su torso, su abdomen, y sus manos bajaban más y más entre sus cuerpos hasta que agarró su virilidad con una de las manos. Pasó el pulgar por el glande y notó una gota preseminal que amenazaba con escapar de su miembro. Quiso morderse los labios, pero se lo impidió su propio instinto.

– Pensé que querías cabalgarme, fierecilla – el tono había salido divertido, pero cargado de pasión. Las manos de él apretaron su culo, acariciaron sus nalgas, la meció más y más creando mayor fricción entre ellos.

Debería haber sentido el frío en la piel, ella misma debería sentirse fría por dentro, por fuera, pero no era así. Él estaba increíblemente caliente, como enfebrecido, y cuando alzó sus ojos para mirar las dos esmeraldas que Noah tenía por ojos descubrió que estos brillaban como si fueran dos hogueras recién encendidas.
Buscó con sus labios su boca, se apoderó de ella y capturó su lengua en el beso que se estaban dando. Sus manos agarraron con fuerza su miembro y lo guió hacia la entrada de su cuerpo. Sentía el glande apunto de traspasar todas sus barreras, todo lo que era. Instintivamente, se sentó sobre él hundiéndole por completo en su cuerpo, acogiéndole por entero, apretando sus músculos internos…
Noah gimió de placer, murmuró palabras en su oído y después bajó sus labios hasta que encontró sus pezones. Capturó uno, torturó al otro, pero si pensaba que aquello sería suficiente para él se había equivocado. Cuando su boca terminó, sus manos tomaron el relevo. Apretó sus pechos, los acarició, tiró de las pequeñas puntas rosadas que se erguían frente a él.

– Muévete para mí – le había susurrado en aquellos instantes.

La danza comenzó lenta, ella se mecía, movía sus caderas haciendo que él saliera y entrara en su interior una y otra vez. Sintió una de sus manos en la cadera guiando sus movimientos. Le introdujo de nuevo en ella, apoyó sus manos sobre los hombros de Noah y gimió de desesperación al ver que él volvía a salir de su cuerpo. Era tan bueno sentirlo dentro, se sentía tan bien cuando la llenaba, que daría cualquier cosa por dejarlo enterrado en ella para siempre.
Se movió más rápido, acarició su piel, buscó sus labios, pero nada parecía suficiente para calmar el momento, para que ambos encontrasen aquella liberación que habían estado buscando. Se inclinó sobre él y entonces sintió que Noah rodeaba su cintura con un brazo. Lo apretó firmemente, la dejó clavada en el sitio y justo cuando ella bajaba las caderas para enterrarlo nuevamente en sí misma, él se movió y hundió su poderoso miembro hasta el fondo.

– Ahhhhh, Noah… – locura, sensaciones, pasión, desenfreno. Todo eran sentimientos dentro de ella, sentimientos que no experimentaba desde hacía… Demasiado tiempo.

– Sí, nena… – parecía no poder decir otra cosa.

Se movieron juntos, él manteniéndola sujeta contra su cuerpo, ella moviendo sus caderas, penetrando y siendo penetrada por él. Cerró los ojos y escondió su cabeza en el hueco de su cuello y aquello fue muy mala idea. Percibió el olor de su sangre, sus colmillos se extendieron buscando su sangre, pero se reprimió. No bebería de él, no lo haría… Se replegaron tan rápido como habían aparecido. Él la penetró de nuevo, se movió más rápido, la acarició por todas partes.
No había vuelta atrás. Una descarga recorrió su cuerpo desde su vientre hasta cada célula de su ser. Sintió cómo los músculos de Noah se tensaban, ambos gritaron, sus alientos, sus gemidos se entremezclaron en el aire cuando los dos se corrieron a la vez. Ella cayó sobre su cuerpo, agotada, exhausta, cansada. Él acarició su espalda, apartó su cabello a un lado y le dejó un beso en el cuello.
Los dos se quedaron así, uno encima del otro, sin querer moverse. Había sido una experiencia magnífica, mucho mejor que cualquier otra experiencia que hubiera tenido, y todo se lo debía a él. Cuando tuvo fuerzas para incorporarse, le miró a los ojos, besó sus labios.

– No pienses que he terminado contigo – susurró él antes de salirse con cuidado de su interior.

No era virgen, pero él la trataba como si lo fuera. Con delicadeza, como si fuera algo valioso, como si fuera su primera vez. Aquello hizo que se emocionara porque pocos hombres actuaban como Noah Cooper. No había ningún hombre que se pareciera a él y eso la asustaba porque si se descuidaba… caería en sus redes sin darse cuenta.

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