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black and white photo of  vampire woman  bites a blind man

CAPÍTULO XXIII

Lesley estaba acurrucada en la cama, sus ojos estaban cerrados, pero su mente estaba completamente despierta. Los brazos de un hombre rodearon su cintura despacio acercándola más a su cuerpo. Ella sonrió al sentir el leve roce de sus dedos y se revolvió buscando la cara de la otra persona. Abrió los ojos para descubrir los verdes ojos de Noah mirándola.
Se acurrucó más contra su cuerpo dejando que sus piernas se entrelazaran. Sus manos se movieron buscando su rostro, el cual palpó como intentando memorizarlo, para después darle un suave beso en los labios. Él se rió mientras se recostaba con el pecho contra el fuerte colchón.
Ella se incorporó apoyándose en un brazo y contempló la ancha espalda de Noah, sus músculos que se marcaban con cada movimiento que él hacía. Se mordió el labio inferior, dando gracias a los Dioses de que sus colmillos no estuvieran extendidos. Lesley se montó a horcajadas sobre él, sentándose con cuidado en la parte baja de su espalda.

– ¿Quieres volver a montarme? – aquella pregunta había salido con un toque de humor característico en él – no me quejaré. Lo prometo.

– Mira que eres bobo – le dijo ella pasando sus manos por la espalda del hombre. Recorrió su columna vertebral con uno de sus dedos, subiendo desde la zona más baja hasta el cuello. Él soltó un pequeño suspiro de placer – ¿Te gusta?

– ¡Qué manos tienes! – exclamó él con deleite – no sé porqué no te has metido a masajista. Ganarías más que como escritora o incluso como contable.

– Me gusta demasiado mi trabajo y también mi hobbie – Lesley se inclinó sobre él rozando con su aliento la nuca de Noah – Aunque podría utilizar mi imaginación para otras cosas…

– Me gustaría probar esas cosas… – Noah giró el rostro para intentar contemplar su cara aunque Lesley estaba segura de que era imposible – ¿Cómo llevas tu futuro libro?

– Viento en popa y a toda vela – dijo ella con rapidez – creo que he encontrado a mi protagonista Morak.

– ¿Los Morak son los que tienen poderes psíquicos? – notó que él tensaba los músculos. Noah se comparaba con ese personaje que ella se había inventado, un personaje que no era tal, los Morak eran muy reales y Noah era la prueba de ello – los que leen la mente, manipulan elementos y demás…

– Sí – susurró ella mientras masajeaba su espalda intentando calmarle – sabes… Tú podrías ser un auténtico Morak – más tensión en él – si esos seres existieran. – acarició sus costados – creo que serían seres muy valientes. No todo el mundo acepta sus poderes tan fácilmente.

– ¿No has pensado que algunos de tus Morak no estarían tan dispuestos a utilizar sus poderes? – él se dio la vuelta y ella se sentó al lado de la cama – quizá simplemente quieran vivir una vida normal…

– Cuando el destino de la Humanidad está en manos de una raza – Lesley le miró a los ojos – nadie debería esconder aquello que puede salvar al resto ¿no crees?

– Supongo que sí – Noah intentó mostrar una sonrisa que no llegó a sus ojos – son seres imaginarios. Nada más.

Le estaba presionando. Lo sabía, pero él merecía saber la verdad, tendría que saberla. Acarició su rostro y dejó que él la besara. Que la tumbara en la cama, que se colocara sobre ella, abriera sus muslos para acomodarse entre ellos y la llevara al séptimo cielo nuevamente. Un cielo que hacía mucho tiempo que no experimentaba.

Se despertó de golpe. Sus ojos se abrieron rápidamente. Un sueño, había soñado un recuerdo. Aquello era imposible. Lesley llevaba siglos sin soñar, desde que había dejado de ser humana, jamás había vuelto a soñar con nada.
Aunque bien es cierto que aquello no podía considerarse un sueño. Simplemente había sido una representación de lo que había ocurrido en la casa de Noah horas antes. Ella le había presionado, había intentado acercar posturas con él, pero se había dado por vencida. Extendió los colmillos al pensar en él, quizá por las ganas de sangre, pero también por la excitación que sentía.

Aquello se estaba descontrolando, la misión duraba demasiado, las cosas iban demasiado despacio. Y sin embargo, eso no era lo que le preocupaba. No podía seguir mintiendo, no podía seguir sosteniendo una vida que no era real, no pensaba representar más el papel de humana indefensa. Noah necesitaba que le dijeran la verdad a la cara, que se enterara de la guerra que le rodeaba, que entendiera que él era una parte importante.
En algún momento él tendría que saberlo todo, tendría que decidir de qué parte estaba, o si quería permanecer imparcial. Y quizá ese momento había llegado. Por desgracia, esa decisión no estaba en sus manos. ¿Qué pensaría Noah de ella cuando se enterara? Sabía de su reticencia a sus poderes, pero si conseguía explicárselo, hacerle entender porqué lo había hecho, él no se lo tomaría tan mal.

Cogió el móvil que tenía sobre la mesilla, marcó el número de Adair y esperó a que él contestara. Sus palabras fueron concisas. Necesitaba verle, hablar con él, explicarle cómo estaban las cosas… No, no le explicaría todo. Omitiría ciertos aspectos que jamás deberían haber ocurrido, porque Lesley sabía que Noah y ella no deberían haberse acostado, así que pasaría de largo sobre ello.
Veinte minutos después, bajó al salón donde Adair la esperaba. Traspasó las puertas, observó al Guerrero y vio que él se daba la vuelta enfrentando la mirada de la vampira. Tuvo un recuerdo vago de una misma escena ocurrida hacía meses atrás cuando le había comentado su nueva misión.
Adair era el jefe de todos los Anfarwold, todas las decisiones, o al menos la gran mayoría pasaban por su cabeza. A Lesley no le importaba dar explicaciones a alguien como él, le prefería a muchos otros Guerreros que no tenían ni siquiera dos dedos de frente, pero reconocía que el Jefe de los Guerreros podía ser implacable con aquellos que no acataban todas sus órdenes.

– ¿Qué era tan urgente? – preguntó él alzando una ceja y cruzándose de brazos mientras paseaba la mirada por el salón – he tenido que dejar un entrenamiento, dos reuniones programadas y otras tantas cosas…

– Creo que nos estamos equivocando – lo planteó rápidamente. Lesley no podía ni imaginarse la cantidad de responsabilidades que aguantaban los hombros de Adair, pero entendía que muchas de las batallas libradas no habrían acabado con éxito si él no hubiera estado – considero que ha llegado el momento de decirle la verdad a Noah.

– ¿Crees que él está preparado para saber la verdad? – espetó Adair manteniendo su posición inamovible, pero mirándola con aquellos profundos ojos grises – te recuerdo que es bastante reacio a sus poderes.

– Sí, por esa razón nos estamos equivocando – le contestó Lesley caminando hacia él – Noah no necesita más mentiras en su vida, necesita claridad, necesita que le traten como una persona normal – se quedó callada y al final terminó diciendo – ¡Y es justamente lo que no estamos haciendo!

– Si nos precipitamos y él se pasa al otro bando… – aquella posibilidad era muy factible y era normal que el Guerrero la recalcara.

– He llegado a conocerle – lo dijo con la boca pequeña – si tuviera que ponerse de parte de alguien, lo haría del nuestro, pero esa no es la cuestión.

– Entonces dime cuál es – las palabras de Adair sonaron tensas mientras adelantaba una posición más y se acercaba a Lesley – ¿Qué es lo que temes?

– ¡A mentir! – confesó la vampira protegiéndose con los brazos – si descubre nuestras mentiras, si por una extraña casualidad yo misma me descubriera… – desvió la mirada – todo se iría al traste – sin querer mirar aún los ojos de su jefe comentó – y sabes que estoy harta de fingir ser una mujer en apuros.

– ¿Es eso lo único que reconcome tu… conciencia? – Adair había vacilado en las últimas palabras. Ella, aunque muchos no lo pensaran, tenía conciencia al igual que el resto de vampiros – te di plena libertad para la misión – la miró a los ojos – no voy a quitártela ahora, pero si te equivocas…

– Será bajo mi propia responsabilidad – terminó diciendo Lesley – lo sé. Cuento con ello.

– Tienes mi permiso para hacerlo – dijo el Guerrero dándose la vuelta y caminando hacia un cuadro del salón.

Lesley sabía que el cerebro de Adair, cada engranaje de su cabeza estaba pensando en los pros y contras que podía traerle aquella decisión, pero creería en ella. Le estaba dando una oportunidad porque Adair era de los Anfarwold que consideraba que los vampiros verdaderamente se habían redimido.
Ella caminó hasta que se situó al lado del Guerrero. Habían pasado muchos siglos para conocerse. En el fondo, Lesley sabía que Adair intuía lo que estaba ocurriendo entre Noah y ella, pero como buen caballero no lo mencionaría. Y no lo haría siempre y cuando no afectara a la misión que tenían entre manos.

– Tengo algo que comentarte – no se giró para enfrentarla – hemos descubierto nuevos asesinatos en Kansas y California – ella se giró para mirar su perfil duro y firme – debo suponer que nuestros dos Tywyll, el de Canadá y el de Nueva York, han instado a sus compañeros a seguirlos.

– Joder, eso nos puede causar un daño demasiado grave – Lesley conocía gracias a Jace lo que podía ocurrir si la oleada de violencia continuaba extendiéndose – viajaré a Kansas lo antes posible.

– No – fue una negativa rotunda – también me han llegado dos informes de México. Al parecer se han encontrado a dos prostitutas muertas algo que no es raro en ese país – se giró para mirarla – ya he mandado gente a Kansas, California y México.

– ¿Qué es lo que quieres que haga? – preguntó Lesley mirando hacia el cuadro que estaba colgado en la pared – Sé que el sol no me sienta nada bien, pero…

– Tú ya tienes bastante trabajo aquí – la cortó Adair – quiero que llames a Aleksei, necesitamos a tu creador.

Aleksei… Hacía por lo menos doscientos años que no le veía. Todavía recordaba lo que habían vivido juntos. Él había sido un padre para ella, un amigo, e incluso un confidente. No es que no quisieran verse, pero ambos habían tomado posiciones distintas, él estaba demasiado ocupado solucionando o al menos intentando solucionar los problemas en Rusia y ella vivía en Nueva York.
Echaba de menos a su creador, a su maestro. Enfocó la última imagen que tuvo de él. Su cabello rubio con hebras plateadas estaba cortado pulcramente y peinado hacia atrás. Sus ojos verdes relucían como dos llamaradas e iba vestido con un elegante traje de Gucci. Esbozó una sonrisa y volvió al presente.

– ¿No puedes llamarle tú? ¿Acaso habéis vuelto a discrepar? – no sería la primera vez que eso ocurría entre los dos Anfarwold.

– Estoy seguro de que te hará mucho más caso a ti que a mí – espetó Adair cruzándose de brazos – si las cosas se descontrolan y tengo que partir hacia estos lugares – refiriéndose a los sitios que había mencionado antes – quiero que algún jefe de las razas se quede controlando esta zona.

– ¿No confías en tus Guerreros? – Lesley alzó las cejas.

– En ellos confío siempre, vampira – aquellas palabras habían sonado letales – pero ellos no estarán aquí. Si tengo que poner Nueva York en manos de alguien, al igual que las entradas a los mundos y los entrenamientos de los más jóvenes… – miró el cuadro de nuevo – lo haré en alguien en quien confíe y que tenga al menos la mitad de años que yo.

– Valiente decisión la tuya – confesó Lesley girándose e intentando no esbozar la sonrisa que amenazaba con aflorar a sus labios – le llamaré ahora mismo.

– Perfecto – Adair se dio la vuelta y la miró una última vez – ¿Cuándo se lo dirás?

– Esta noche he quedado con él – comentó la vampira sin darle importancia – intentaré decírselo hoy o a más tardar pasado mañana.

– Bien – no dijo nada más.

Vino tan rápido como había aparecido. Lesley se sentó en el sofá, cogió el teléfono de casa y pensó en la hora que sería en Rusia. Seguro que era de noche porque aquí era de día así que marcó el número. Esperaba no interrumpir ninguna reunión importante…

***

Noah era hombre de cumplir las promesas, más si la había realizado con otro amigo, y eso era justamente lo que unía aquellas tardes a Will y él. Por suerte, cerca de su casa había unas canchas de baloncesto que podías alquilar por unas horas para jugar. Bajó con la bolsa y la pelota preparada, pero como siempre, su viejo amigo y compañero de trabajo ya estaba allí esperándole.
La cancha estaba dividida en dos mitades. Él había alquilado la mitad porque siendo únicamente dos personas no necesitan el campo entero, así que contempló a las personas que estaban jugando, parecía que lo pasaban bien.
Noah dejó la bolsa en los bancos que había alrededor de la cancha y tendió la mano a Will que se la apretó con fuerza. Daba igual el día que hiciera, las cosas que ocurrieran, su amigo siempre tenía aquella sonrisa permanente en su rostro.

– Jamás he entendido que tiene la vida de divertida para ti – dijo Noah cogiendo la pelota y botándola en el suelo – ¡no cambias la expresión aunque esté lloviendo!

– ¿Para que voy a estar serio cuando me puedo tomar la vida con humor y alegría? – le espetó Will haciendo un amago de quitarle la pelota – ¿Al mejor de cien?

– Que sean mejor doscientos – contestó Noah esquivándole y lanzando la primera canasta que se colaba por el aro hasta dejar un bote en el suelo – necesito despejarme un poco.

– No me extraña después de lo de anoche – soltó Will sin asomo de preocupación.

Noah alzó la vista para clavarla en su compañero y amigo. Si Will tenía una cualidad era esa, jamás se dejaba amedrentar por un tema, no iba con pies de plomo. Él te decía las cosas como las pensaba con todas las consecuencias que podía acarrear. No era como Sarah que buscaba la mejor manera de decirlo sin herir o alterar a la otra persona y mucho menos se parecía a Evan…
Evan. Se había repetido durante toda la mañana, mientras examinaba los cuerpos en el depósito, que se había equivocado al joderle la fiesta. Había sido egoísta, pero aunque una parte de él podía llegar a pensar así, su otra mitad discrepaba. No había sido Noah quien había intentado ligarse a la novia de su amigo.

“Sabes perfectamente cómo es Evan”, le dijo una voz en su interior. Sí, él sabía que su amigo era muy cariñoso con todas las mujeres, halagador y en extremo atento. Sin embargo, Noah sabía que no se había equivocado. Le había dejado las cosas claras, ya no estaban en la universidad, no era tiempo de comportarse como antes.
Todos habían madurado y Evan tendría que aprender a hacerlo. Si ambos querían que esa relación funcionara, que la amistad no se rompiera, ambos tendrían que poner de su parte. Su amigo tendría que dejar sus zalamerías con Lesley, tendría que pedirle perdón y entonces Noah se plantearía pedirle disculpas por lo que había ocurrido, pero sino…

– Tierra llamando a Noah – enfocó la vista en Will que había puesto las manos alrededor de su boca formando un megáfono repitiéndole una y otra vez la misma frase – creo que le estamos perdiendo, señor.

– Mira que eres payaso – le espetó Noah quitándole la pelota, pero riéndose al mismo tiempo – lo que aún no sabes es que yo no pertenezco a la Tierra, habitante humano – simuló la voz de un ser del espacio.

– Ayer no te habría calificado de extraterrestre sino más bien de cromañón – le quitó la pelota, dio un par de pasos y lanzó metiéndola directamente en la canasta. Al ver la expresión interrogante de Noah añadió – tío, te faltó decir yo ser hombre, tú ser mujer – simuló las voces, pero para darle mayor realismo, se señaló primero a él para dejar patente que era el hombre y después señaló a Noah como si fuera la mujer – pensé que te la echarías al hombro y saldrías con ella mientras Lesley pataleaba.

– ¿En serio me puse tan protector? – preguntó Noah tomando conciencia por primera vez de todo lo que había pasado – en ese momento, no me importaba cómo me veían los demás, solo…

– Los dos sabemos en lo que estabas pensando – argumentó Will pasándole la pelota – creí que ibas a protagonizar alguna escena de “En busca del fuego”.

Noah estalló en una carcajada. Todavía recordaba la primera vez que habían visto juntos aquella película. Sin duda, era la mejor manera de documentarse sobre la era Prehistórica, pero nadie les había preparado para determinadas escenas entre los homínidos. Los cuatro se quedaron impresionados con aquella escena de sexo, e incluso habían pensado lo mismo porque tres manos habían tapado los ojos de Sarah, pero ella las había apartado a manotazos alegando que no era una cría de la que debían cuidar.

– Sabes que soy demasiado vergonzoso para hacer eso – dijo Noah refiriéndose al hecho de “protagonizar”, como lo llamaba su amigo, aquellas escenas de la película – pero creo que fui consecuente – miró a Will con determinación – Evan se estaba comportando…

– Como es Evan – le cortó Will. Su amigo le robó la pelota y encestó a la primera – él es un libertino, es un hombre que no tiene ataduras, que le encantan las mujeres… – le tiró la pelota de nuevo y Noah la cazó al vuelo – como yo.

– Sí, parece que los dos sois muy parecidos – espetó Noah haciéndole un recorte a su compañero y encestando rápidamente – pero eso no quita que Lesley es… – se quedó callado encontrando las palabras – es mi chica.

– ¡Vaya por un momento pensé que dirías MÍA! – Will alzó la voz lo suficiente para darle un toque dramático – oye, yo no puedo comprender ahora mismo lo que te pasa con ella – se llevó la mano a la nuca mientras se acercaba a Noah – sabes que desde hace diez años solo tengo relaciones esporádicas…

– Una vez tuviste una relación más estable, más duradera, así que deberías comprender lo que siento en estos momentos – al ver cómo cambiaba la expresión de su amigo se dio cuenta de que quizá había ido demasiado lejos – quiero decir que…

– Mi situación y la tuya son completamente distintas – a pesar de todo Will se acercó a él poniéndole una mano en el hombro – en otro momento de mi vida, habría hecho lo mismo que tú – sonrió y añadió – bueno quizá no me la hubiera llevado a rastras, pero…

– ¡No me la llevé a rastras! – dijo Noah exasperado – nos fuimos los dos por propia voluntad.

– Sí, tú claro que te fuiste por propia voluntad – se rió Will dejando sus dientes completamente blancos al descubierto – pero no sé si Lesley podía pensar lo mismo – al ver que Noah iba a lanzarle la pelota, alzó las manos, y añadió – dejando las bromas a un lado… ¿Lo pasasteis bien? – le hizo un guiño significativo.

– ¿Ahora vamos a parecer mujeres? – preguntó Noah alzando una ceja – porque si es así tendremos que dejar nuestras partidas de baloncesto…

– ¡Oh, no seas aguafiestas! – le dijo Will intentando quitarle la pelota – me gusta ser una maruja. Más cuando se trata de momentos íntimos – se paró en seco, aclaró la voz, y fingió ser una chica – ¿habéis sido uno?

– ¿Que si hemos sido uno? – Noah intentó aguantar la carcajada que pugnaba por salir de sus labios – más que una maruja, pareces una abuela, amigo mío.

– Me partes el corazón – le replicó Will dejando caer la mano como si fuera a desmayarse – cuéntale a la abuela…

– Abuela, fuimos uno – soltó Noah con una risita – y será lo único que oirán tus castos oídos.

Will se acercó y le agarró del cuello con algo de fuerza. Los dos comenzaron a reírse a carcajada limpia. Jamás habían sido hombres de contarse las hazañas en la cama de las mujeres, era algo que habían dejado claro, casi desde el minuto uno. Aquello era una simple broma, algo que Noah necesitaba por todos los medios.

– ¿Qué tal te va con tu última… – buscó el término adecuado y añadió – amiga íntima?

– Iba muy bien, pero lo hemos dejado – contestó Will como quien decía que estaba lloviendo – parece que se ha enamorado y a su novio no le hace demasiada gracia que nos sigamos viendo así que…

– Ouch – Noah simuló el sonido – te han dado calabazas.

– Qué va – espetó Will – ya le he echado el ojo a cierta camarera de la cafetería… – esbozó una sonrisa – creo que le gusto y si acepta que seamos amigos… íntimos, mejor.

Solo había conocido una relación estable de Will. Una que no había acabado del todo bien, pero desde aquel momento, su amigo había vivido una vida totalmente diferente. Había roto todo esquema que pudiera tener antes y se limitaba a vivir el presente. Aún así, cuando fijaba su vista en él, veía que le faltaba algo.
Will siempre había sido el hombre más familiar de todos, antes de que ocurriera “eso”, con su pareja. Muchas veces habían bromeado, diciendo que en el grupo había dos hombres, Noah y Evan y dos mujeres, Sarah y Will.
Aunque Will simulaba estar perfectamente, sabía que no había dejado de lado uno de sus mayores sueños, que era convertirse en padre y esposo. Esperaba que entre alguna de aquellas “amigas íntimas” pudiera encontrarla.

– Pobre chica – dijo Noah volviendo al presente. Le quitó la pelota y encestó – ¿Hemos venido a jugar o a cotorrear? – le lanzó la bola rápidamente.

La siguiente media hora la pasaron jugando. Aquel ejercicio le ayudaba a relajarse, le serenaba, no solo su cabeza sino también sus instintos, sus poderes. Cuando terminaron se despidió de su amigo y subió corriendo a su casa para darse una ducha y cambiarse de ropa. Había quedado con Lesley en tres horas, así que tenía tiempo suficiente para prepararse, revisar dos informes y pasar a recogerla.

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