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black and white photo of  vampire woman  bites a blind man

CAPÍTULO XXVIII

Will tenía malos días como toda la gente, lo que pasa es que él era hombre de no demostrarlo, de intentar sonreír a la vida para que esta mereciera la pena. La semana había sido dura sobre todo después de recibir la llamada de su primo. Tony había sido detenido por un crimen que “supuestamente” no había cometido.

De todas las personas a las que podía haber recurrido, con aquella única llamada que la policía otorgaba a los presos, había sido en Will en quien había pensado. Tony y él hacía más de siete años que no hablaban, de hecho jamás le habría ayudado si la propia madre de William no le hubiera llamado pidiendo que ayudara a su primo.

Así que él había contratado a un abogado que se encargaba del caso de su “gran primo Tony”. Había intentado contactar con Evan, pero le había sido totalmente imposible y viendo que sería improbable que su amigo respondiera las llamas decidió contratar un abogado por su cuenta.  William no se sorprendía de que la policía le hubiera trincado de nuevo, su historial ya contaba con unos cuantos borrones, y año tras año esa ficha policial se iba haciendo cada vez más extensa. Por suerte, el abogado había conseguido sacarle bajo vigilancia, y aquella mañana le había confirmado a Will que la fiscalía no procesaría a su primo por el asesinato de aquella mujer.

Tony podía ser muchas cosas, pero no era un asesino, y William estaba seguro de ello. Al menos su semana había tenido una noticia buena. Kate se había hecho la resonancia como una buena chica y el médico había recibido los resultados casi de inmediato. El mejor momento del día fue decirle a la madre de la niña que el tumor había sido extirpado casi en su totalidad y que con unas breves sesiones de quimioterapia acabaría destruyéndose.

Para cualquier otra persona no habría sido una noticia feliz. Una madre jamás deseaba que su hijo se enfrentara a un tratamiento tan agresivo, pero cuando era la única posibilidad de salvarla, todos lo aceptaban como si fuera el regalo más preciado que podían darle. Las tres semanas de tratamiento serían duras, pero si todo salía bien, Kate podría gritar a los cuatro vientos que estaba completamente recuperada.

Se pasó la mano por la cabeza, recordando que ahora ya no tenía tanto pelo. Sí, había cumplido su promesa, se había rapado la cabeza porque eso era lo que había acordado con la joven. En realidad sentía que le habían liberado de un enorme peso. Escuchó los golpes insistentes en la puerta y miró el reloj. Eran las doce y media de la noche. ¿Quién le buscaría a esas horas?

Cuando abrió la puerta no dio crédito a lo que veían sus ojos. Noah estaba aporreando la puerta, con una sonrisa estúpida en la cara, y evidentemente en estado de embriaguez. Sorprendido fue incapaz de decir nada hasta que escuchó las primeras palabras de su amigo.

– ¡No sabes lo que he vissssssto! – sin duda su control de la letra “s” no era el mejor en aquellos momentos – te caeríasssss de culo sssi te lo contara.

– ¿Cómo has llegado hasta aquí? – la primera imagen de Noah conduciendo en ese estado le alarmó – Estás como una cuba – no era una pregunta sino más bien una afirmación categórica.

– Ese tipo tan maleducado me quitoooo las llaves y me metió en un… – se apoyó con la espalda en el marco de la puerta mientras llevaba un dedo a su mentón como intentando acordarse de la palabra – ¿Cómo se llama el coche ese amarillo…?

– En un taxi – le respondió Will cogiéndole por el brazo y haciéndole entrar en su casa. Mejor que alzara la voz en su piso y no en el pasillo donde podrían escucharle todos los vecinos – ¿Quién te metió en el taxi?

– Bob, ese amigo cascarrabias que tienes – le espetó Noah dando un traspiés y casi cayendo al suelo.

Así que Noah había ido al bar de Bob y se había emborrachado hasta que el dueño había dicho basta. Era una suerte que Will le conociera desde hacía tanto tiempo y también que supiera de Noah, Sarah y Evan porque eso había salvado la vida de su amigo.

– Noah, vamos es hora de dormir la mona – se puso delante de su amigo y le palmeó la cara.

¡Jodido Cristo, estaba ardiendo! Alcanzó su maletín que estaba recostado en el respaldo de una silla y buscó el puntero de luz que siempre tenía guardado ahí. Cogió con firmeza la cara de Noah entre sus manos, poniendo su dedo pulgar en el párpado y pasando la luz por él. Sus pupilas se habían convertido en dos llamas relampagueantes.

A la mierda. Colocó la mano contra la frente de Noah para comprobar que no se estaba equivocado. Will llevaba años tratando de controlar la temperatura de su amigo, puesto que debido a sus poderes, sufría terribles cambios de temperatura extremos. Ponerle el termómetro sería una auténtica locura y Will podía asegurar que debía rozar más de los 45º, algo que sería impensable en un humano normal, pero que el cuerpo de Noah parecía soportar.

– Vale, vamos a darte una buena ducha fría – le dijo Will quitándole la chaqueta. Quizá su cuerpo lo soportara ahora mismo, pero si la temperatura seguía ascendiendo su cerebro podría sufrir daños irreversibles. Era mejor intentar bajar su temperatura a comprobar lo que podría pasar.

– Uffff, sí hace demasiado calor – la voz de Noah era pastosa y apenas podía entenderle – ¡debo estar como una motooooo!

Will se marchó corriendo al baño. Abrió el grifo y dejó que la bañera comenzara a llenarse. De nada le serviría tumbar a Noah en una cama y ponerle paños húmedos en la frente; si quería bajarle la temperatura rápidamente tendría que sumergirle en una bañera con el agua helada. Corrió hacia la cocina, abrió el congelador y sacó todas las bolsas de hielo que tenía. Por desgracia, solo contaba con dos bolsas llenas y aquello no sería suficiente.

– No te voy a robar nada plantita – escuchó la voz de Noah en el salón – es que hace mucho calor…

¿Qué se suponía que estaba haciendo? Cuando salió al salón, pudo ver que Noah se estaba… ¡Bebiendo el agua de las macetas que le había traído su madre! ¡Por el amor de Dios! Estaba mucho peor de lo que pensaba. Además, su amigo había aprovechado para quitarse toda la ropa y quedarse completamente desnudo, como su madre le había traído al mundo, y sin ningún rastro de pudor.

– ¡Noah! El agua de las plantas no se bebe – le espetó Will como si hablara con un niño pequeño – y veo que te has puesto cómodo – evitó echar un vistazo al cuerpo de su amigo diciéndose a sí mismo que no necesitaba verlo desnudo.

– Essss que tengo muuucha sed – se quejó Noah poniendo morritos como si le hubieran negado su deseo más esperado – ¡Ella no la va a necesitar!

– El día que tú hagas la fotosíntesis – le dijo Will cogiéndole por los hombros y sentándole en el sofá – entonces podrás beberte su agua.

– ¡Eso se lo dirás a todos! – Noah entrecerró los ojos y le apuntó con un dedo.

William negó con la cabeza y marcó el número de Sarah. Si necesitaba a alguien en aquel momento era a su amiga. Rezó para que no se hubiera ido a la cama y casi dio un brinco cuando escuchó su voz al otro lado.

– S.O.S, necesito tu ayuda – le dijo Will caminando por el pasillo y llegando al baño donde echó todos los cubitos de hielo que tenía – Noah no está nada bien – la voz de su amiga sonó alarmada – tranquilízate. Ahora mismo le tengo bajo control, pero… ¿sabes lo que le pasa a un fuego cuando le echas alcohol? – al escuchar la respuesta de su amiga terminó diciendo – pues ahora Noah es una gran fogata a punto de explotar. Necesito que vengas y traigas hielo.

No necesitó decirle nada más. Colgó el teléfono, sabiendo que Sarah vendría rápidamente con lo que le había pedido y volvió al salón donde se escuchaba una canción muy conocida para él. En aquellos momentos sonaba “I Get Round” de Papa Doo Run Run y la escena lo dejó impactado. Noah había empezado a saltar y correr por todo su maldito piso al son de la dichosa canción. Aquello era el colmo de las borracheras. Cogió a Noah del brazo y tiró de él hasta que consiguió meterle en el cuarto de baño.

– ¿Me vas a duchar como ssssssi fuera tu hijo? – preguntó Noah alzando las cejas sorprendido – no estoy tan borracho sabes… – se quedó callado y después añadió – pero me la merezco – hipó – después de lo que he visto…

– Vale, vamos a meternos poco a poco en la bañera Noah – le instó Will con calma – ya verás como el calor irá desapareciendo.

Su amigo hizo lo que Will le dijo. Primero metió los pies y maldijo al sentir el agua tan fría, pero después fue relajándose un poco mientras Will vertía agua en la espalda de Noah con su mano. Apenas pudo creerse que su amigo se sentara en la bañera y se quedara con los brazos extendidos en el borde de la gran bañera.

– Cierra los ojos y relájate – Will se puso al lado de la bañera y vio que Noah cerraba los ojos – eso es… ¿A que te sientes mejor?

Casi como si sus palabras fueran cargadas de veneno, Noah se retorció en un grito agónico, comenzando a convulsionar en la bañera. Will maldijo entre dientes, se acercó a su amigo, dándose cuenta de que tenía los ojos firmemente apretados, la boca también y sus manos se aferraban al borde de la bañera como si temiera soltarse. Puso dos dedos en el cuello de Noah buscando su pulso, el cual era irregular, errático y desacompasado.

Pasó la mano por la frente de Noah con el agua. No podía sacarle de ahí ahora porque sería incluso peor. Su amigo tendría que superar el ataque, pero no tendría que hacerlo solo. Will consiguió separar la mano de Noah de uno de los bordes y la enlazó con la suya. Su amigo apretó su mano con tanta fuerza que pensó que iba a romperle cada hueso, pero no fue su mano la que se fracturó.

Noah arqueó su cuerpo mientras un grito agónico salía de su interior. Casi al instante, el gran espejo del baño se partió en miles de pedazos. Will se protegió la cara con los brazos, pero pudo sentir los esquirlas que se clavaban en su espalda, dejándole algunas heridas. Sin apartar la mano de Noah, giró el rostro y contempló que el suelo estaba plagado de trozos de cristal roto.

– Aquí estoy, amigo – dijo Will en un susurro cuando todo se calmó – no voy a dejarte.

Noah apretó su mano, casi como si pudiera entenderle, y Will respiró tranquilo. Hizo a un lado los cristales que había a su alrededor y se sentó en el suelo con la mano de Noah entrelazada en la suya. Su amigo permanecía con los ojos cerrados, pero las convulsiones habían cesado, y cuando se atrevió a poner su mano en la frente de él comprobó que su temperatura corporal estaba disminuyendo.

***

Iba a matar a aquella puta vampira. La agarraría del cuello mientras hacía profundos surcos en su piel dejando que la sangre se derramara por su cuerpo. Así sentiría el dolor que Noah sentía en aquellos momentos y por ende también ella. No era extraño que Eire pudiera sentir las emociones de Noah. Es cierto que entre ellos no existía un vínculo Rhed, pero sí había existido entre la madre de Noah y ella, algo que se había traspasado a su hijo o más bien ella había traspasado.

La Guerrera podía recordar con exactitud el día del accidente. Antes de que el coche se estrellara había paralizado el tiempo. Uno de sus dones era suspender el tiempo, pero apenas podía mantenerlo unos cuántos minutos. Su misión era proteger a la madre de Noah, ambas habían compartido el Rhed durante más de diez años y éste era muy fuerte en aquella época.

Su misión como Guerrera había sido sacar a la Morak con vida y dejar que las circunstancias transcurrieran como se esperaba de ellas. Pero Elisa se había negado a ser sacada del coche, pidiendo que fuera su hijo quien se salvara de aquello. “Él es como yo”, aquellas palabras le dieron a Eire las nociones básicas que necesitaba.

El pequeño Noah era un Morak. Ellos aún no sabían de sus habilidades porque habían sido recién descubiertas por sus padres y aquello cambiaba todo el panorama. Con un profundo dolor en el corazón, Eire sacó en aquél lapso de tiempo al pequeño del coche, dejándolo tumbado en el suelo mientras escuchaba el estruendo del accidente.

Eire jamás olvidaría los gritos de los padres de Noah, tampoco el dolor que sintió en el pecho cuando Elisa falleció, creando un vacío inmenso en su corazón. Cada vez que un Morak moría, el Guerrero encargado de protegerlo sentía el mismo dolor agónico.

La Guerrera aterrizó como un rayo en la habitación de la vampira recordando todo a la vez. Ella se había saltado las normas, había transferido el Rhed de Elisa a su propio hijo, vinculándole con ella. Desde entonces había podido notar las emociones de Noah, en mayor o menor medida, y también el dolor que experimentaba.

Eire no sabía qué había sucedido aquella noche, pero el dolor desgarrador que se había apoderado de ella instantes después le dijo que Noah estaba sufriendo más que en toda su vida. Y Lesley debía ser la única culpable de un dolor semejante.

La encontró  en el baño. La vampira estaba inclinada sobre la encimera de mármol, contemplando su rostro magullado y las heridas que tenía en el cuello. La ira invadió cada parte del cuerpo de la Guerrera que se abalanzó hacia la vampira, cogiéndola por uno de los hombros y girándola para que la mirara.

– ¿Qué le has hecho? – gritó Eire como si estuviera completamente loca. No dejó que la vampira contestara sino que le dio un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas – jamás deberías haberte acercado a él. Destruyes todo lo que tocas.

La vampira se puso en pie después de recuperarse del golpe y la miró como si no entendiera nada de lo que estaba ocurriendo. Eire inspiró hondo tratando de serenarse.

– ¿Acaso te has vuelto loca? – le espetó Lesley mirándola sin comprender – Te presentas en mi casa sin mi permiso… ¡Para pegarme!
– Noah está sufriendo por tu culpa – le recriminó la Guerrera.

Se abalanzó sobre ella, pero Lesley consiguió esquivar su ataque, saliendo del cuarto de baño y posicionándose para el ataque en su dormitorio. Eire zigzagueó hasta que agarró a la vampira de un brazo y la lanzó contra la pared que tenía a su espalda. Lesley chocó contra la pared con un ruido sordo y seco.

***

Lesley apenas podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo. ¿Acaso la Guerrera se había vuelto loca por fin? Siempre había pensado que estaba mal de la cabeza, pero aquello era el colmo, además… ¿a qué se refería con que Noah estaba sufriendo…?

Se abalanzó sobre ella, cogiéndola del cabello que estaba suelto y retorciéndoselo mientras la doblegaba. Le pegó una patada en el estómago haciendo que ella intentara doblarse. Demasiado segura de sí misma, no pudo ver la patada que Eire había soltado hacia atrás, dándole en la espinilla y haciendo que soltara el cabello de la mujer.

– Eres escoria, Lesley – le espetó la Guerrera con la respiración agitada frente a ella – jamás debieron permitir que te acercaras a él – sus palabras iban cargadas de rabia – jodes todo lo que está a tu alrededor.

– ¿Tú lo habrías hecho mejor? – Lesley no iba a callarse – ¿Cómo es que puedes sentir lo que Noah siente?

– Eso no es asunto tuyo – contestó la Guerrera difuminándose en el aire como una simple luz.

Se situó a la espalda de Lesley, pero ella tuvo tiempo de darse la vuelta y darle una patada, pero la Guerrera la paró. El tobillo de Lesley quedó atrapado entre las manos de Eire y la mujer aprovechó para lanzarla de nuevo contra la pared. En aquella ocasión, la vampira aprovechó el impulso y tocó con su otro pie la pared para después caer al suelo.

Su apoyo con el pie había causado un gran boquete en la pared, pero Lesley estaba más ocupada repeliendo los ataques de la otra mujer, mientras las dos chillaban y se recriminaban por encima del estruendo. Ni siquiera en los mejores entrenamientos ellas dos habían peleado de aquella manera, como si fueran realmente verdaderas enemigas. Lesley sabía que nunca se habían hecho muy amigas, pero jamás pensó que llegarían a semejantes extremos.

Ambas mujeres escucharon la puerta abrirse. Amras entró corriendo con una expresión sorprendida, mientras un rayo de luz caía potentemente en la habitación y la silueta de Adair comenzaba a discernirse.

No tuvieron tiempo de volver a pelear. Amras agarró a Lesley antes de que se echara encima de la Guerrera y Adair inmovilizó a Eire poniendo sus manos detrás de la espalda y sujetándola con fuerza.

– ¡Queréis dejar de pelear! – gritó el jefe de los Anfarwold – ¡Maldita sea! ¿Sois guerreras o animales?

– En mi caso podría ser las dos cosas – le espetó Lesley intentando soltarse del elfo – ¡suéltame, maldita seas!

– Déjame matarla. Un vampiro menos no importará – le recriminó Eire con los ojos brillantes de luz.

– Los vampiros son nuestros aliados y amigos – el tono de Adair fue duro – no lo olvides, Eire.

– Seguro que ella es de las que piensa todo lo contrario – contestó Lesley comenzando a calmarse y dejando de forcejear – y luego me preguntas porqué creo que no existe cohesión entre nosotros – aquella frase la dijo mirando a Adair.

– No odio a los vampiros sino a ti – le espetó la rubia dejando también de forcejear – jamás perdonaré el daño y el dolor que le has ocasionado a él.

– ¿Cómo es posible que sientas lo mismo que Noah? – preguntó Lesley sintiendo que Amras la soltaba y también miraba a la Guerrera intrigado – no es tu Morak. No tienes un vínculo Rhed con él o lo que sea que tengáis con ellos…

Los dos Guerreros se quedaron callados. Adair soltó a Eire, que cruzó los brazos sobre el pecho intentando evitar así atacarla a ella. Lesley miró primero a uno y después al otro. Aquellos dos escondían algo y ya era hora de que saliera a la luz.

– Si vamos a ser sinceros entre nosotros – comenzó a decir Amras – me veo en la obligación de solicitar esa respuesta.

– ¡Incumplí las normas! – gritó Eire mirando a los ojos a Lesley – ¡Ya estás contenta!

La impresión impidió que la vampira pudiera articular palabra. ¿Desde cuando la hermosa Guerrera se saltaba una norma? Arqueó las cejas, como si no pudiera creer las palabras que habían salido de sus labios, así que miró a Adair en busca de una confirmación.

– Hace mucho tiempo… – comenzó a decir Adair alejándose un poco de Eire, pero manteniendo un ojo sobre ella – cuando los padres de Noah tuvieron el accidente. Eire traspasó el vínculo Rhed al pequeño.

– ¡Eso es imposible! – gritó Lesley sorprendida – me dijiste que se necesitaba sangre de esa persona para llevarlo a cabo.

– El pequeño tiene parte del ADN de su madre – confirmó Amras cavilando – por lo tanto el traspaso funcionó, pero no fue completo… ¿Estoy en lo cierto?

Eire simplemente asintió con la cabeza.

– Eres una verdadera hija de puta – dijo Lesley mirando a la Guerrera con los ojos entrecerrados – pero entonces… ¿Por qué no fue ella la encargada de atraer a Noah hacia nosotros? – dirigió su vista a Adair.

– Eire asumió su castigo –  contestó el jefe restregándose los ojos – no puede acercarse a Noah hasta que él venga a nosotros.

– Eso es lo que más me crispa – confesó Eire alzando el rostro y clavando sus ojos en Lesley – si no hubiera incumplido las normas, hubiera sido yo la encargada de traer a Noah y no tú. Yo no le habría hecho tanto daño.

– Eso lo dudo – le recriminó la vampira enseñando los colmillos.

– ¡Basta las dos! – gritó Adair poniéndose entre ellas – tú – dirigiéndose a Eire – subirás al DOM donde tendremos algunas palabras – Eire asintió con la cabeza y Adair se volvió hacia ella – y tú no te acercarás a Noah hasta nueva orden.

– Pero… – comenzó a decir Lesley.

– No hay peros que valgan – el Guerrero parecía cabreado – me aseguraré de que el muchacho esté bien – lo dijo para calmarlas a ambas – pero ninguna de las dos se acercara a él bajo ningún concepto. Noah ya sabe lo que somos y debe ser él quien decida qué quiere hacer con su vida.

Aquellas simples palabras zanjaron la discusión. No había nada más que decirle, tampoco más peros, ni reprimendas. Eire miró por última vez a su jefe y se elevó a los cielos como si fuera una luz incandescente. Adair les lanzó una última mirada, se despidió y se marchó siguiendo a la hermosa Guerrera.

Lesley observó su dormitorio. Los dos Guerreros habían dejado sendos círculos negros en el suelo, evidenciando el poder que contenían, y eso la molestó más que el resto del estropicio. La pared estaba bastante maltrecha, pero seguro que mejor que ella misma. Se dio la vuelta para mirar a Amras.

– Noah vio a los Tywyll… – le explicó la vampira – intentaron atacarle. No pude hacer nada…

– Ve a curarte esas heridas – le contestó Amras limpiando el hilo de sangre que se deslizaba por la comisura de sus labios – hablaré con Adair sobre ese hecho después. Ahora mismo no está en condiciones de soportaros a ninguna de las dos.

Lesley simplemente asintió. El elfo salió de su habitación y ella caminó hasta el cuarto de baño. Observó su cara; si antes ya estaba magullada, ahora parecía un maldito cuadro de Picasso. Abrió el grifo, se quitó la ropa manchada de sangre, notando el hedor de la muerte y se metió bajo el chorro de agua. Pensó que la ducha la reconfortaría, pero no fue así y lo único que consiguió fue sentir mayor temor por lo que deparaba el futuro.

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