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CAPÍTULO XXIX

El mismo sueño, siempre el mismo sueño. A diferencia del resto, en esta ocasión él era el niño, estaba dentro de sí mismo viendo todo lo que había pasado. Era igual, pero a la vez diferente de una manera que no lograba entender. Su madre sentada en el asiento del copiloto, su padre conduciendo y confiado de sí mismo. Él con el rompecabezas entre las manos. 

El chirrido de las ruedas le dio la señal de lo que estaba por ocurrir. El coche se precipitaría, rodaría, la carrocería se abollaría… El grito de su madre le hizo cerrar los ojos intentando negar, bien como Noah adulto o como el niño que era allí, la verdad de lo que ocurriría. Apretó el rompecabezas con sus manos, tan fuerte que pensó que lo rompería en pedazos, y todo se volvió negro. 


La oscuridad le había invadido por completo. No podía abrir los ojos, pero escuchaba y sentía lo que pasaba a su alrededor. Sus labios se entreabrieron dejando que alguien vertiera algo de sangre en su boca. ¿Sangre? Imposible. Sin embargo, el pequeño Noah la estaba tragando aunque fuera inconscientemente. 

Se sentía dividido como si dos mitades de una misma persona se hubieran encontrado en circunstancias extrañas en lugares impropios. Y era cierto, el Noah adulto no debería estar allí, no debería estar teniendo esa ilusión, ese recuerdo, esa alucinación. 

El Noah niño abrió los ojos de par en par sintiendo un profundo dolor en la cabeza. El pequeño consiguió incorporarse, pero no se levantó, no se movió del suelo porque la figura que había frente a él le había cautivado. 

Una preciosa mujer se encontraba agachada al lado de donde debía encontrarse su madre. Cuando se alzó, Noah tuvo el instinto, dejándose llevar por el niño pequeño que era, de echarse hacia atrás, huir y esconderse, pero las piernas no parecían dispuestas a obedecer sus órdenes. 

La extraña mujer se volvió y sus ojos azules se clavaron en él con una mirada de tristeza que invadió su cuerpo. Su cabello rubio caía suelto, hondeando al viento, siendo mecido como las plumas cuando caen al suelo. No se fijó en su vestimenta, no se dio cuenta de nada más, sino de su expresión, su rostro. 

La mujer no dijo nada, pero se acercó hacia él como queriendo extender la mano para tocarle, y a pesar de que quería huir le era imposible. Sus labios pronunciaron unas palabras que Noah no consiguió entender y entonces su mente quedó completamente en blanco. 

La mano del policía que le encontró le hizo darse la vuelta. El pequeño Noah dejó que los sanitarios se acercaran a él y le tumbaran en una camilla. Se lo llevaron tan rápido que no tuvo tiempo de echar un último vistazo…

Noah despertó con un grito angustiado. Abrió los ojos mientras todo su cuerpo se estiraba y encogía a un mismo tiempo. Fijó la vista en el techo sintiendo la angustia que recorría cada poro de su corazón, pero también una certeza que hasta aquél momento no había tenido jamás. Aquello no había sido un sueño o quizá sí, pero uno muy real, demasiado para ser una simple recreación en su cerebro.

Noah tardó en darse cuenta dónde se encontraba. La habitación no era la suya, pero por las sábanas azul marino, la decoración e incluso lo espaciosa que era debía tratarse de la casa de Will. No recordaba cómo había llegado hasta allí, tampoco cómo acabó en la cama de su amigo, pero estaba seguro de que él se lo explicaría. Su mente volvió a la terrible experiencia que había presenciado la noche anterior y sintió un pequeño vínculo entre ello y la muerte de sus padres, pero… Esa idea pronto desapareció de su cabeza.

Los padres de Noah habían muerto en un accidente de coche, no había seres sobrenaturales allí, a excepción de la mujer que había conseguido recordar y lo extraño que había sido que un niño pequeño saliera disparado del coche sin un solo rasguño.

– ¿Te encuentras bien? ¿Cómo estás? – sus dos amigos entraron por las puertas con tono y rostro de preocupación.

– ¿Qué ha pasado? – consiguió preguntar Noah mientras apoyaba la espalda contra el cabecero de la cama – ¿Cómo narices he acabado en tu cama? – Noah alzó la ceja mirando a Will que había ido a por su maletín.

– Ahora hablaremos de eso – puso la pequeña linterna frente a sus ojos – sigue el haz de luz.

Lo pasó de izquierda a derecha, después le tomó la temperatura con el dorso de la mano, volvió a mirar sus ojos esta vez sin el haz de luz y cuando quedó completamente convencido de que estaba bien se relajó. Sarah se había sentado en el borde de la cama como esperando que él dijera algo.

– ¿Y bien? – preguntó Noah algo exasperado.

– ¿Cuántos años de mala suerte te caen por romper un espejo? – lanzó la pregunta Will sentándose a su lado en la cama y alzando una ceja.

– Siete años o eso dicen – le terminó diciendo Sarah – y serán siete años muyyyy largos.

– ¿Rompí tu espejo? – Noah no recordaba nada de lo que había pasado. Al menos, no desde que se había sentado en el bar para tomarse unas cuantas copas – ¿Cómo cojones rompí tu espejo? ¿Y me lo permitiste?

– Claroooo, te di un martillo para que lo hicieras, no te fastidia – le espetó Will negando con la cabeza – llegaste con una borrachera del quince, pusiste la música, empezaste a saltar, a beberte… – se quedó callado – en fin… ¡Tenías la puta temperatura por los aires! – le miró fijamente – deberías saber a estas alturas que el alcohol no te sienta nada bien.

– Lo he bebido de vez en cuando y nunca me ha pasado nada – dijo Noah sin entender aún qué había pasado.

– Quizá cuando tus poderes no actúan no te pasa nada, pero cuando estos se revolucionan… – Sarah le cogió la mano – puede ser una muerte segura – al ver su rostro añadió – no debes olvidar que el fuego se inflama con el alcohol.

Joder… ¿Cómo no se había dado cuenta de eso? Cuando había ido a beber, no pensaba que sus poderes se dispararían como una maldita alarma de robo, pero parecía que sí que lo había hecho. Miró a Sarah y Will que tenían la expresión seria y preguntó.

– ¿Qué hiciste para bajarla? – la pregunta era estúpida. En una ocasión, en el hospital, Will le había puesto hasta bolsas de gel frío para que bajara su temperatura.

– Te metí en una bañera, pero estabas ardiendo, superabas los cuarenta y cinco grados… – Will soltó un suspiro – comenzaste a convulsionar y después explotaste el espejo. Tuviste que ser tú, tuvieron que ser tus poderes… no encuentro otra explicación.

– Lo siento mucho – dijo Noah con cierto tono de pesar. Sentía de verdad haber causado tantos problemas a sus amigos – prometo que te pagaré los desperfectos o…

– ¡Eso no me interesa! – el tono de William se volvió aún más serio – quiero que nos cuentes que coño te pasó anoche para que acabaras así. Decías cosas muy raras sobre que habías visto cosas que no entenderíamos…

– ¿A qué te referías? – preguntó Sarah con un tono más dulce, pero a la vez preocupado. Al ver que Noah esquivaba la mirada añadió – nunca nos hemos mentido, así que no intentes empezar ahora.

¿Cómo se suponía que iba a contarles “la verdad”? Ni siquiera él había asimilado aún todo lo que había pasado y ahora le pedían que se abriera y les revelara todo lo que estaba metido en su cabeza. Tamborileó con los dedos sobre la cama, intentando encontrar la manera de empezar, pero ninguna le parecía del todo buena.

“Chicos, la novia que me eché era una maldita vampira, pero tranquilos que no quería matarme”, aquellos pensamientos enervaban a Noah que negó con la cabeza. Su vista recayó en Sarah que permanecía paciente a su contestación, pero Will se había levantado y se había apoyado en el gran armario con puerta corredera que tenía detrás de sí mismo.

Era el momento de revelar sus demonios interiores. Por una parte quería hacerlo, sería como quitarse un peso de encima, pero otra parte de sí mismo no quería involucrar a sus amigos en algo que sin duda sería demasiado peligroso. Reorganizó sus ideas, pensó bien cada palabra y estas comenzaron a salir de sus labios despacio.

Noah no escatimó en detalles. Si iba a contar todo, si iba a tenerles al corriente de lo que estaba pasando, lo haría de la manera más concisa que pudiera encontrar. La sorpresa de sus amigos ante la idea de que Lesley fuera vampira le hizo sentir mucho mejor. No había sido el único estúpido que no se había dado cuenta de lo que ella era.

Omitió algunas de las palabras que le había dirigido a la vampiresa, pero dejó claro que no estaba por la labor de volver a verla, a pesar de que ella se había presentado de nuevo. Explicar lo que había visto la noche anterior fue un verdadero objetivo que debía cumplir. Les contó la llegada de Lesley, intentó centrarse en los temas prácticos, pero sobre todo se detuvo en los seres que había visto aquella noche.

Noah no había pensado con claridad a aquellas horas. Cuando vio a aquellas personas, sintió un frío repentino en su interior, no solo por el arma que sostenían sino también por su rostro. Él no se había percatado a primera vista, pero ahora que recordaba cada mirada, cada gesto, cada acción se dio cuenta de que aquellos tipos parecían mucho más peligrosos de lo que había supuesto.

Cuando Noah fijó sus ojos en los de ellos no había encontrado nada. No había emociones, ni luz, tampoco había encontrado rastros de sentimientos, simplemente había visto un vacío oscuro que caía como si de un pozo se tratara. Aquellos ojos no destilaban vida como había pasado con los de Lesley. Seres sobrenaturales, pero tan distintos que no podían ser encuadrados en una misma sección porque en el fondo eran diferentes.

Cuando terminó de contarlo sintió como si un peso se hubiera liberado de su pecho. Se acomodó en la cama y esperó a que sus amigos le dieran alguna muestra de lo que estaban pensando. Ambos se habían quedado callados, sin moverse de sus posiciones, sin atreverse a interrumpir su relato. Una historia tétrica, fantasiosa, que cualquier otra persona no creería, pero que ellos sí que entenderían.

– ¡Flipante! – fueron las palabras de Sarah. Parca en palabras, pero su tono de voz dejaba claro lo sorprendida que se encontraba.

– Lesley una vampira… – comenzó a decir Will con los brazos cruzados y una mirada pensativa – ¿y dices que esos tipos no parecían humanos?

– En su forma física sí, pero en su interior… – Noah miró a sus amigos mientras intentaba encontrar las palabras – no me daban buena espina.

– ¿Te dijo ella qué somos? – preguntó Sarah con cierta esperanza en sus ojos – porque podríamos entender mucho más de nosotros mismos si supiéramos…

– ¿De verdad te estás planteando saber más de todo esto? – las palabras de Noah salieron con ironía.

– ¿Tú no querrías saber qué eres y de dónde vienes para poder controlar mejor tus poderes? – el tono acusatorio de Sarah no se lo esperó en ningún momento – quizá tú hayas decidido no creer en lo que somos e intentar ocultarlo, pero… – se quedó callada mientras sus miradas se retaban ante la atenta mirada de Will – yo sí quiero saber lo que soy. Cómo puedo controlar estos poderes que tengo.

– Pensaba que estabas resignada a la vida que llevábamos – dijo Noah sintiendo el impulso de acariciar la mejilla de Sarah. Su amiga era frágil, pero a la vez podía convertirse en una auténtica furia cuando se trataba de temas que la concernían.

– ¡Lo estaba hasta ahora! – respondió ella poniéndose en pie – no me tranquiliza que haya “seres” por ahí que matan a gente, que disparan a un par de personas que están hablando en la calle – le miró a los ojos entrecerrándolos – ella dijo que estaba protegiéndote… ¿Protegiéndote de qué?¿De ellos? – alzó las manos – ¿Acaso no lo ves Noah?

– ¡Qué no veo! – Se levantó de un salto como si fuera un resorte para responderla – ella me mintió, me engañó y manipuló.

– ¡Para protegerte! – le espetó Sarah sin alzar la voz – no debió hacerlo, pero solo intentaba ayudarte, quizá sus métodos no sean los adecuados, pero sus razones son justificables.

– Sarah tiene razón – Will se impuso como la voz de la razón entre ellos – no se puede vivir en la ignorancia para siempre. ¿Qué pasará cuando esos seres os ataquen? – Noah negó con la cabeza, pero Will le acalló con una mano – quizá a Sarah no la hayan visto, pero a ti sí. Te seguirán y si son tan poderosos como parece que eran anoche, sabrán cómo encontrarte y también a ellos – refiriéndose a Evan y Sarah – yo soy mortal, Noah – suspiró – no puedo entender por lo que estás pasando, pero…

Will se separó del armario y caminó hasta colocarse frente a su amigo. Le cogió de la nuca y Noah sintió el agarre fuerte, pero a la vez suave de las manos del médico. Se obligó a sostener su mirada mientras las palabras de Will se clavaban en su ser haciendo que sucumbiera a cada una de ellas.

– No quiero veros morir a  ninguno de los tres – confesó el médico con emoción – no sabes lo duro que es mantenerte en tus peores momentos, sabes que lo hago gustoso, pero no soy ellos. No podré mantenerte vivo para siempre… – dio un apretón en su cuello – no me obligues a ver morir a un amigo…

Noah se separó a regañadientes de él desviando la vista de Sarah a Will y viceversa. Joder, ellos tenían razón. Si eres ignorante es fácil que te maten… Él había pensado únicamente en sí mismo y jamás se había preocupado por lo que pudieran pensar o sentir los demás. No solo se trataba de él y estaba siendo un egoísta de tomo y lomo.

Era hora de enfrentar sus propios demonios, de derrotarlos y vencer como un verdadero campeón. No hay mejor triunfador que aquél que se enfrenta a su destino desafiándolo y dejando claro que ha venido para vencer. Noah asintió a sus dos amigos y preguntó.

– ¿Dónde está mi ropa?

– Aquí – Will la sacó del armario y se la tendió – pero prométeme que no volverás a desnudarte en mi casa… – le tendió la ropa con gesto serio, pero mirada divertida – he tenido suficiente para diez años de mi vida.

– Prometido – dijo Noah esbozando una sonrisa. Sacó la tarjeta con los datos de Lesley – llamaré a… – rectificó para no decir su nombre – la llamaré para quedar con ella.

– ¡Te acompañaremos! – se ofreció Sarah cuando las palabras de Noah murieron en sus labios.

– ¡No! – la voz de William volvió a resonar y ante la mirada interrogativa de la mujer añadió – aunque es un asunto que os concierne a todos… – se acercó – es Noah quien debe dar el primer paso y mostrar su predisposición solo.

– ¿Vamos a dejarle ir solo? – las palabras escépticas de Sarah hicieron mella en ambos hombres.

– Como tú dijiste, ellos no le harán daño, Lesley quería protegerle así que no le matará – Will se dejó caer en la cama.

– Estás demasiado seguro de eso – espetó Noah cogiendo el teléfono que había sobre una de esas mesillas – como te equivoques…

– Algo me dice que no me equivocaré.

Noah no dijo nada más. Marcó el número de teléfono. Una parte de sí mismo deseó que no lo cogiera, pero la otra mitad lo deseaba fervientemente. Cuando escuchó la voz al otro lado se quedó callado sin saber exactamente qué decir. Por una extraña razón, cuando las palabras comenzaron a salir de sus labios, no le resultó tan difícil acordar una hora. Aquella misma noche se verían.

***

Las persianas de su despacho estaban bajadas completamente. La terrible jaqueca que sufría en aquellos momentos era mucho mayor que cualquiera que hubiera experimentado en toda su vida. Parecía como si su cráneo se estuviera rompiendo en dos mientras botaba contra el suelo del despacho. Cerró los ojos con fuerza e intentó contener los casos, los pensamientos y todo lo relacionado con el trabajo y tirarlo a un rincón de su mente.

Evan no había tenido buenos días últimamente. Solicitó a la policía de Nueva York una reunión con el “presunto asesino” puesto que quería interrogarlo para intentar ponerle contra las cuerdas. ¡Y aún estaba a la espera! Los casos se le amontonaban aunque bien era cierto que Jessica le había estado ayudando muchísimo en la última semana, librándole de casos que eran ridículos comparados con el que llevaba ahora mismo.

Y el peor punto de todos. Aquel que le levantaba mayor dolor de cabeza. Aún no había tenido el valor de llamar a ninguno de sus amigos, pero sobre todo no había sido capaz de descolgar el teléfono y decirle a Will que estaba apunto de meter a su primo entre rejas. Porque… ¿Cómo se tomaría su amigo lo que estaba apunto de hacer? Es posible que la familia le volviera loco, pero la misma sangre corría por sus venas, y eso era mucho más importante.

Sus ojos se abrieron, pero lo único que contempló fue la pura oscuridad de la habitación, no podía ver nada. Así era como se encontraba en la vida real, ciego e indefenso, como si no tuviera claro exactamente lo que debería hacer. Progresar o traicionar.

“Quién dice que ellos no te traicionarán a las primeras de cambio”, aquella voz se había colado en su cabeza. ¿Quién había pensado eso? Evan estaba seguro de que se encontraba solo en la planta puesto que todos sus compañeros se habían marchado hacía rato a sus casas.

Estaba solo.

Y aún así había sido capaz de escuchar una voz muy diferente a la suya, pero a la vez demasiado conocida como para pasarla por alto. Quizá sus poderes se estuvieran expandiendo o quizá sería su conciencia adoptando una forma distinta de decirle las cosas. “No pierdas el tiempo en cavilaciones que no llevan a nada… simplemente hazlo. Toma la decisión acertada”.

Otra vez aquella voz que se colaba en su cabeza e impregnaba cada uno de sus pensamientos. “Decisión acertada”, sabía a qué se refería. Aceptar el caso definitivamente o por el contrario dejarlo, marcharse de allí y empezar de cero en cualquier otro bufete. Porque si algo tenía claro, es que si rechazaba el caso no habría un sitio para él allí.

“Los amigos son pasajeros, el éxito es infinito y te acompaña allí donde vas”. En eso tenía que darle la razón. Evan había tenido muchos amigos y todos habían acabado marchándose a excepción de Sarah,William y Noah y aún así sentía que los estaba perdiendo poco a poco. Sin embargo, sabía que el éxito siempre le acompañaría. Lo supo la primera vez que ganó un caso y desde entonces jamás se había separado.

Su teléfono comenzó a sonar rompiendo el silencio que se había creado en aquella estancia. Observó el nombre de la pantalla y maldijo para sus adentros. El nombre de “Will” relucía como si se tratara de un maldito cartel de anuncios en cualquier valla publicitaria. Dudó unos minutos, pero finalmente descolgó el teléfono y respondió.

– ¿Sí? – incluso él pensó que aquella no era su voz más normal.

– Dichosos los oídos que te escuchan – dijo Will al otro lado de la línea – llevo varios días llamándote sin conseguir nada por tu parte.

– He estado muy ocupado – respondió él evasivamente – ¿Qué es lo que necesitas?

– Lo primero saber cómo estás – le confesó Will cambiando el tono de gracioso a más preocupado – hace mucho tiempo que no te vemos ninguno… – se quedó callado – sabemos que el trabajo es muy importante, pero…

– Estoy bien – la respuesta fue cortante. No sabía exactamente porqué había sido así, no es que tuviera nada contra Will, pero ahora mismo no le apetecía demasiado ser simpático – ¿por qué no me dices exactamente lo que quieres?

– Está visto que hoy no estás de buen humor – confesó el médico soltando un suspiro que se escuchó a través del teléfono – necesito tu ayuda. Intenté contactar contigo cuando ocurrió, pero al ser imposible, tuve que recurrir a un abogado que no conozco.

– Soy el chico de las leyes ¿no? – replicó Evan con un tono airado.

– Sabes que no te veo así – le cortó Will poniéndose serio – pero se trata de un tema familiar. No confío en nadie más para llevarlo y sé que el bufete en el que trabajas es bueno…

– Y también caro – aquellas palabras estaban cargadas de significado. Quería dejarle claro a Will que no podría pagar los precios que le impondrían por muy amigo que fuera.

– Me haré cargo de pagar la factura como sea – espetó el hombre poniéndose a la defensiva – oye, mi primo ha sido acusado por un asesinato que él no ha cometido… – se escuchó el sonido de unos papeles – al parecer la fiscalía desestimó el caso, pero la familia de la fallecida ha presentado una acusación particular, y si te soy sincero estoy empezando a temer que no ganaremos el caso tan fácilmente.

– ¿De verdad crees que tu primo no tuvo nada que ver? – la pregunta fue por curiosidad. Se levantó del asiento y subió las persianas dejando que las luces de la ciudad entraran iluminando tenuemente el despacho – muchas veces has dejado claro cómo es tu primo.

– ¡Mira, Tony puede ser muchas cosas, pero no es un asesino! – exclamó su amigo sin alzar la voz pero denotando en su tono el enfado que sentía.

– Posesión de drogas, agresión… – Evan enumeró cada una de las veces que habían detenido a Tony – no se puede decir que sea un santo.

– Se ha equivocado, pero jamás mataría a nadie – Will parecía decidido a creerlo así – pondría la mano en el fuego por él.

El silencio se instaló entre ellos. Lo único que se escuchaba era la respiración del otro, algún que otro carraspeo, pero nada más. Evan se apoyó contra el marco de la ventana y contempló los altos edificios que daban vida a la ciudad que nunca duerme.

– ¿Sabes quién lleva la acusación particular? – preguntó Evan con los ojos entrecerrados. Era una pequeña prueba de lealtad…

– No, aún no sé el nombre – contestó Will rápidamente – pero eso no me importa. Te necesito.

Evan se encontraba dividido. Tenía que tomar una decisión y no podía demorarla más. “Te ha llamado porque le interesa… Eso no es un amigo”. Se dejó llevar por aquella voz tan sabia y apretó el puño contra el marco de la ventana. Evan cerró los ojos y contestó amargamente.

– No puedo ayudarte…

– ¿Por qué? – preguntó Will desconcertado – sé que tienes mucho trabajo, pero somos amigos Evan, estamos para apoyarnos…

– No voy a encargarme del caso de tu primo – le espetó el abogado apretando con demasiada fuerza el móvil en su mano – un no es un no.

– ¿Acaso crees que no puedo pagarte? – le recriminó su amigo – ¡joder, te pagaré cada puto centavo que te deba!

– ¡No es eso! – la voz de Evan se había descontrolado y había sonado más alta de lo que él esperaba.

– Entonces… ¿Qué es? – Will jamás había sido tan cortante con él.

– Yo soy el que lleva la acusación particular contra tu primo – le confesó el abogado.

El silencio se apoderó del ambiente. Lo único que se escuchaba al otro lado era la respiración acompasada del médico. Abrió los labios para decir algo, lo que fuera, pero ninguna palabra salió de su boca. El pitido que finalizaba la llamada lo dejó desconcertado. William le había cortado, en todos sus años de amistad, ellos dos jamás se habían colgado el teléfono…

Evan observó el móvil donde no encontró ni rastro de la llamada. Apretó el teléfono con fuerza sintiendo que la rabia se apoderaba de él. Will solo le quería cuando le convenía, pero no había sabido aceptar su decisión, no había sido capaz de asumir que su amigo no siempre bailaría al son que él tocara.

“La gente es muy interesada y él te lo acaba de demostrar…”, aquella estúpida voz tenía razón. Lanzó el móvil con tanta fuerza que acabó estrellado contra la pared de su despacho. Se apoyó contra la pared, cerrando los ojos y sintiendo que el poder corría por sus venas como si fuera fuego puro.

El ruido de los objetos metálicos al doblarse y doblegarse a su poder le hicieron sentir mucho mejor. Por un momento, pensó que todo podría arreglarse así, que no necesitaba a nadie. Sus poderes eran lo único que importaba, eso y su trabajo. ¿Quién necesitaba amigos cuando estos no querían saber nada de ti?

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