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CAPÍTULO XXXI

No se había vuelto loco. Tampoco había sufrido una conmoción en la cabeza, pero en aquel momento, él necesitaba olvidar todo lo que había a su alrededor. Las emociones le sobrepasaban, sentía su piel hipersensibilizada y un montón de anhelos se entretejían en su interior. Presionó con los puños en la pared detrás del cuerpo de la vampira, aprisionándola entre sus brazos, dejándola atrapada entre él y la pared.

¿Qué le hacía aquella vampira para desearla tanto? No iba a ser un mentiroso, no a esas alturas… Lo que estaba sintiendo por ella era deseo insatisfecho mezclado con el dolor de la verdad. ¿No le importaría perderse en su cuerpo aún sabiendo que ella no le amaba? Era un completo gilipollas. Aquí estaba, babeando por una mujer, que seguramente le daría la patada en cuanto tuviera la oportunidad.

Noah no esperó a que ella dijera una palabra más. Se abalanzó sobre sus labios, tomando posesión de ellos, obligándola a entreabrirlos para que su lengua jugueteara con la de ella. Si pensaba que ella pondría resistencia había estado muy equivocado. El beso se hizo cada vez más fuerte, más intenso mientras sentía que Lesley se removía contra él, quizá intentando buscar más de él o escapar de Noah. No estaba seguro… En aquellas circunstancias, no estaba seguro de nada.

Las manos de Noah bajaron hasta colocarse a la altura de su cintura para después comenzar a ascender por sus costados. Apretó con firmeza su cuerpo por encima de la camiseta, sintiendo que ésta se tensaba y apretaba más sus senos no descubiertos. Noah maldijo para sus adentros al bajar los ojos y ver cómo sus pechos se elevaban ante su respiración entrecortada.

– ¿Tienes miedo? – preguntó él con un susurro bajo y ronco – ¿Me tienes miedo? – Le importaba demasiado que ella le tuviera miedo.

– ¿Debería tenertelo? – preguntó la vampira alzando la mirada y fijándola en la de él – ¿Serías capaz de hacerme daño? ¿Tanto me…?

No dejó que Lesley terminara la frase. No soportaría escuchar la palabra “odio” saliendo de sus labios. Sus manos corrían más veloces que sus pensamientos e incluso que sus palabras. Ya le estaba subiendo la camiseta dejando sus pechos a su completo escrutinio cuando le contestó.

– Yo no, pero lo que soy… – sus palabras se perdieron al imaginar lo que podría hacerle.

– Shhhh, no pienses en ello – Lesley se apoderó de sus labios cortando toda posible discusión entre ellos.

Noah bajó la vista para contemplar aquellos pechos perfectos que tanto había echado de menos. El sujetador negro de encaje ocultaba aquellos pezones que se moría por pellizcar, besar, lamer y devorar con sus labios y torturar con sus manos. Un gruñido de satisfacción salió de su garganta cuando Lesley se arqueó exponiendo deliberadamente sus pechos ante él.

Querría bajarle los tirantes lentamente, con delicadeza hasta dejarla expuesta a él, pero no se sentía con tanto auto-control. Liberó sus senos del opresivo sujetador tirando de él, rompiéndolo y dejándolo caer al suelo. A los pies de ambos. Sus manos vagaron por el cuerpo de ella, acariciando sus costados, su piel blanca y satinada, tan distinta de la suya propia. Sus labios descansaron en su cuello dejando un reguero de besos que describía un sendero hasta el valle de sus senos. Se apoderó del primer pezón rosado con sus labios, dejando que su lengua lo rodeara para después pasar los dientes y hacer que ella emitiera un gemido, no tanto de protesta sino más bien de placer terrenal.

Acarició el otro pecho con brusquedad, casi como si quisiera marcar sobre su piel el calor que él mismo sentía en aquellos momentos, dejando que sus dedos pellizcaran el pezón haciéndola arquearse y frotarse contra su cuerpo. Joder, le encantaba sentir las caderas de Lesley moviéndose al compás contra su más que dura erección. Sí, esa erección que estaba a plena vista y se moría por enterrarse entre sus piernas.

– ¿Me has deseado en todos estos días? – quería ponerla a prueba. Quizá estaba siendo cruel, pero en estos momento necesitaba llevar las riendas de la situación.

– ¿Me creerías si te dijera que sí? – preguntó ella obligándole con una mano a que alzara el rostro y la enfrentara – ¿lo harías?

– Ni por asomo – confesó él mientras sus manos bajaban por el abdomen de la mujer – me has demostrado lo fácil que es mentir…

– Y aún así me buscas… – susurró ella provocándole – quizá porque te gusta lo que ves o porque eres tú quien me ha deseado en silencio todos estos días…

Lesley había dado en el clavo de nuevo. La dio la vuelta dejando que sus pechos se pegaran contra la pared, poniéndola de espaldas a Noah, dejándola completamente a su merced. Pegó sus caderas al trasero de ella dejando que notara la tremenda erección que tenía en ese momento. Sus manos bajaron los pantalones de Lesley hasta el suelo para después hacer lo mismo con las braguitas de encaje negro que llevaba puestas.

– Te deseo… – susurró él pegando su pecho a la espalda de la vampira – igual que tú a mí pero no siento nada más por ti – menuda mentira acababa de decir – Es la respuesta de nuestros cuerpos, nada más.

– Miéntete todo lo que quieras – espetó ella volteando el rostro para poder mirarle de reojo – ambos sabemos que no es verdad.

El deseo podía más que la rabia de no poder ocultar sus sentimientos. Las manos de Noah se aventuraron bajando por su columna vertebral dejando caricias rudas y bruscas por su piel hasta que llegó a sus nalgas. Las acarició con fuerza, con destreza haciendo que ella separara los muslos y él pudiera colar las manos entre sus nalgas. Noah se adentró entre sus piernas con las manos explorando su más que hinchado y mojado sexo.

Lesley exudaba sexo por cada poro de su cuerpo, sus movimientos indicaban lo que necesitaba, pero el calor entre sus piernas era la verdad más inminente que podía encontrar. Acarició los labios de su sexo, tentándola, torturándola con cada uno de sus dedos, dejando que ella gimiera cada vez que él se aproximaba a su entrada, pero sin penetrarla.

Necesitaba torturarla, sentir que tenía el control por un momento y la llevó al límite sabiendo que ella necesitaba sus caricias y estaba deseosa de ellas. De hecho, él mismo sentía que explotaría si no se liberaba y dejaba que su erección penetrara en la tierna intimidad de la vampira, pero no lo haría. No aún. La temperatura de Noah se estaba elevando, la sangre corría rauda por sus venas, como si fuera un río embravecido.

Noah la penetró con dos dedos a la vez sintiendo lo apretada que ella estaba. El gemido de Lesley se fundió con el gruñido que él dejó escapar de sus labios. Quizá no fuera un animal pero en aquellos momentos se sentía como uno. Fue dejándole pequeños besos por su espalda, aquí y allá, mientras los dedos de Noah se perdían en aquel calor abrasador que provocaba un torbellino en sus sentidos. Movía los dedos más deprisa mientras Lesley intentaba acompasar sus caderas a las carcias de él, al menos hasta que Noah aprisionó sus caderas contra la pared obligándola a que no se moviera.

Él tenía el control. La torturó hasta que sintió que los músculos internos de su sexo se contraían por el orgasmo que le había proporcionado. Noah agachó el rostro y mordió su nalga para dejarle un beso en la misma zona mientras sus dedos aún continuaban en el interior de la vampira.

Noah se apartó de ella con la respiración entrecortada. La miró, aún de espaldas a él, con la piel ruborizada. Lesley se dio la vuelta poco a poco temblorosa para fijar sus preciosos ojos azules en él. Noah apretó los puños desafiante, dispuesto a no moverse para saber qué haría ella a continuación, y saber si le sorprendería.

– ¿Te has quedado satisfecho? – preguntó ella alzando una ceja y provocándolo.

– Ni por asomo – respondió él invitándola a que se acercara.

***

La intensidad de las emociones que estaba sintiendo en aquellos momentos podría abrumarla, pero tener frente a ella el cuerpo de Noah más que dispuesto a ser satisfecho era algo que no podría dejar atrás. No sabía cuántos días había soñado con algo así y ahora estaba ante ella, esperando sus caricias, dejando que un “ser” como ella le tocara. No le culpaba por los sentimientos que experimentaba y mucho menos después del orgasmo que le había proporcionado.

Lesley se acercó con pasos lentos hasta que se pegó a él. Dejó que sus brazos rodearan primero el cuello, dejando que él sintiera sus pechos contra el torso, mientras sus manos bajaban por su espalda y esculpían cada músculo que acariciaba. La respiración entrecortada de Noah le daba a entender claramente que lo estaba haciendo realmente bien.

Verle completamente desnudo era una visión que atesoraría para sus recuerdos. Daba gracias  por aquel ataque de ira que le había dejado completamente en cueros. Acarició con sus manos las caderas de Noah, pero aunque él pensara que ella bajaría más allá, no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente ante él.

Lesley subió sus manos por el amplio pecho del Morak dejando que sus dedos recorrieran sus músculos, deteniéndose en sus pezones, y pellizcándolos mientras él soltaba una maldición entre dientes. Aquel era un pulso que ninguno de los dos podría ganar. Lesley notó el tirón de la mano de Noah sobre su cabello apartando su boca del pezón del hombre antes de que consiguiera probarlo.

– Pensé que me dejarías hacer… – confesó ella mirándola con lascivia – querías olvidar… – él fue aflojando la mano mientras Lesley buscaba su cuello con los labios hasta que subió a su oído – déjame ayudarte por una vez…

No hubo más palabras. Noah dejó que Lesley bajara por su cuello con besos lánguidos, abrasadores, pero a la vez provocativos. Rodeó sus pezones con la lengua, dejando que sus manos vagaran por su piel, aventurándose más allá de sus caderas y rozando casi deliberadamente su tremenda erección.

Sus labios crearon un camino de caricias y besos por su abdomen hasta que quedó arrodillada ante él con su erección frente a sí misma. La contempló asombrada. Noah no tenía nada que envidiarle a ningún protagonista de libros eróticos, a los Dioses e incluso a los guerreros más bien formados. Su erección era tremenda, del glande sobresalía una gotita de líquido preseminal que ella recogió con uno de sus dedos, para después saborearla entre sus labios.

Lesley agarró con firmeza la erección de Noah con sus manos sintiendo cómo los músculos del Morak se tensaban ante las caricias que le estaba proporcionando. Verle echar la cabeza hacia atrás mientras los músculos de su cuerpo se tensaban era la visión más perfecta que jamás verían sus ojos. Noah era perfecto pero no para cualquiera sino para ella. Mataría a cualquier mujer que intentara apoderarse de él.

Aunque Noah la odiara, ella sentía que él era suyo y eso no iba a cambiar ni ahora ni nunca. Se llevó su sexo a los labios apoderándose de él con la boca, dejando que su lengua recorriera el glande para después deslizarse por su tallo de arriba abajo. Noah emitió un gemido entrecortado que a ella la excitó aún más de lo que ya estaba.

Las manos de Noah se enredaron en sus cabellos para controlarla. Guiándola en sus caricias, en sus movimientos y Lesley se sorprendió cuando él embistió contra su boca haciendo que su erección profundizara aún más entre sus labios. Se sentía erótica, pagana, muy sensual. Dejó que él buscara su mayor placer y estaba segura de que eyacularía en sus labios. Algo que ella habría disfrutado donde otras no habrían encontrado posible placer, pero él se apartó de ella, haciendo que se pusiera en pie.

– Tu boca es la provocación en sí misma – le confesó él con la voz completamente ronca.

– Aún no has conocido la provocación en estado puro – susurró ella en su oído.

Lesley apenas tuvo tiempo de decir nada más. Noah la tumbó sobre la cama sin delicadeza  dejando que el colchón pegara contra su espalda. Cerró las piernas para provocarle. Estaba aprendiendo que con Noah era mejor un poco de resistencia a una rendición inmediata o al menos en el momento en el que él se encontraba.

El brillo de sus ojos la dejó impactada. El fuego brillaba en sus pupilas. Noah cayó sobre ella haciendo que separara las piernas con sus rodillas mientras sus manos subían por su cuerpo abrasándola literalmente. Lesley solía tener la piel fría, un síntoma muy característico de los vampiros, pero él estaba ardiendo literalmente. Sentía el calor que emanaba de su cuerpo y aunque pareciese extraño la estaba reconfortando. Eliminaba la frialdad que su piel siempre mantenía dejándola caliente y jadeante.

La embistió de una vez, clavándose en su interior, poseyéndola con pasión. A pesar de que podía haber sido rudo no lo había hecho. Se quedó completamente quieto hasta que ella comenzó a mover sus caderas dejándole bien claro que la partida aún no había acabado. Lesley sentía las caricias del Morak tan cálidas que por un momento pensó que aquel sexo que estaban teniendo era por amor y no una simple ilusión de su corazón que se negaba a creer que Noah ya no la amara.

Las caderas de él comenzaron a moverse al son de las suyas, penetrándola al principio lentamente, pero después tomando su propio ritmo. Se hundía en ella una y otra vez mientras las caricias se extendían entre ellos, los besos y las miradas. A pesar de todo lo que había pasado aún sentía ese sentimiento abrasador de que eran el uno para el otro.

Se apoderó de sus labios mientras una de sus manos se agarraba a la nuca de Noah e impedía que él se apartara. Quería besarle sin descanso. Él se movía cada vez más rápidamente mientras ella restregaba aún más su cuerpo contra el suyo. Estaban ambos tan cerca… Le miró a los ojos y le dio un vuelco el corazón cuando aquellos ojos verdes se clavaron en ella.

Le besó antes de que pudiera apartarse mientras ambos llegaban al orgasmo y estallaban. Su cuerpo lo acogió plenamente, aprisionándolo con sus paredes internas, haciéndole sentir el orgasmo que ella misma estaba sintiendo mientras Noah eyaculaba dentro de ella una y otra vez. Separaron sus labios cuando el aire se hizo necesario para ambos y jadeante Noah rodó sobre la cama y la colocó sobre él para seguramente no aplastarla.

Cuando él salió de su interior sintió como si algo se hubiera perdido en ella. Quizá ambos habían llegado a un acuerdo sin palabras, pero ninguno dijo nada al respecto, sino que se limitaron a abrazarse mientras permanecían tumbados en la cama. No había gestos cariñosos, tampoco caricias o palabras de regocijo. Lesley comprendió que él se había dormido cuando escuchó su respiración regular y no pudo culparle por ello.

En realidad, ella no había esperado que pasara eso. Y aún así lo había disfrutado. No podía ser egoísta y pedir más de lo que no se merecía. Cerró los ojos, aliviada al sentir el calor de Noah que la envolvía, pero sobre todo sus brazos alrededor de su cuerpo. Se quedó dormida mucho antes de lo que realmente pensaba.

***

En ocasiones parece que la vida te pone a prueba y tienes que ser fuerte para superar cada uno de los baches que te pone en el camino. William siempre había sido un chico sensato, cabal, dedicado a sus estudios, todo lo contrario de lo que habían acabado siendo sus primos más mayores.  Sus padres, sus tíos e incluso los profesores le habían calificado como la oveja blanca de la familia puesto que era el que más destacaba de todos los demás críos.

Sus padres le habían recomendado hacía mucho tiempo que intentara juntarse lo menos posible con sus primos, puesto que ellos estaban metidos en asuntos de bandas, y aquello no ayudaría a Will en absoluto. Por eso, la llamada de su madre le había pillado desprevenido. Llevaba siete años sin ver a Tony, desde la última vez que había salido de la cárcel, justo en el momento en que se cortó toda relación entre ellos.

Sabía que la intención de su madre era buena. Además, también estaba pensando en su tía cuando había contratado al abogado y después había recurrido a Evan. ¿Cómo negar los lazos de sangre? Los problemas familiares pueden ignorarse, pero jamás olvidarse. Ellos siempre vuelven a ti una y otra vez.

Will tocó el timbre del apartamento de su primo. A Tony aún no le habían detenido nuevamente, pero no dudaba que Evan ejercería todo el peso de la ley para intentar arrestarle y meterle en la cárcel. La puerta se abrió haciendo que se encontrara con su primo.

A decir verdad, Will nunca se había considerado uno de ellos, puesto que sus primos eran mucho más bajos que él. Sin embargo, las diferencias no se detenían en la altura sino que el color de piel de ambos primos era muy diferente. Tony era un hombre bajo, más bien regordete y su piel era negra como el carbón mientras que Will era alto, musculoso y su piel tenía el tono del chocolate mezclado con una pizca de leche.

A decir verdad eran como el día y la noche. No solo en el aspecto físico sino también en la personalidad. Tony se echó a un lado para dejarle pasar. William contempló el apartamento que estaba completamente desordenado. Las latas de cerveza se esparcían por el suelo, los boles de palomitas estaban apilados en la mesa y la persiana estaba completamente bajada para que apenas entrara la luz del sol.

– ¿Te ha enviado tu madre? – preguntó Tony con un tono de voz brusco. Le vio caminar por el apartamento esquivando ropa, zapatillas y algún que otro trozo de pizza – supongo que te habrás enterado de esa acusación…

– Sí – contestó Will caminando con cuidado por el apartamento – Joder, Tony… ¡Vives en una puta pocilga! – su primo se giró para enfrentarle.

– ¿Has venido para echarme un sermón? – preguntó Tony  mirándole con el cejo fruncido – Para los sermones ya estaba la parroquia cuando éramos pequeños… pensaba que estabas aquí por lo otro.

– ¡Y lo estoy! – el médico esquivó un trozo de comida y se sentó en una silla que parecía limpia – tenemos que hablar sobre esa acusación particular… – vio que su primo paseaba de un lado al otro – ¿entiendes lo que significa?

– Sí, que me van a enchironar – contestó el hombre sentándose en la silla frente a él – era extraño que el puto fiscal no actuara…

– El fiscal desestimó el caso por falta de pruebas – le corrigió Will – pero esto es totalmente diferente. La familia te acusa del asesinato de su hija.

– Sí, me llegó esta maldita carta al respecto – le entregó un papel que estaba manchado con lo que parecía tomate – ¡Siempre pasa lo mismo! Parece que les mola que esté en la cárcel para que puedan jugar conmigo.

– Las otras veces te lo mereciste – le replicó Will mordazmente. Al ver el rostro de Tony añadió – posesión de drogas, agresión, perteneciente a las bandas… – se fijó en el tatuaje que su primo llevaba en el bíceps – no se puede decir que seas un santo.

– ¿Crees que la maté? – preguntó Tony alzando una ceja incrédulo – joder, hasta mi familia me cree culpable.

– No estoy aquí para juzgarte y nadie te cree capaz de matar a una mujer – las palabras de Will salieron rápidas – pero no te voy a mentir – alzó la mirada para clavarla en los ojos negros de su primo – lo tienes muy difícil.

Ambos se quedaron en silencio tras aquella declaración. William conocía lo tenaz que podía ser Evan y si estaba determinado a meter en la cárcel a su primo… Lo conseguiría. Sin contar con la cantidad de medios que tenía a su disposición. Se pasó las manos por la cabeza intentando destensar los músculos mientras su primo se levantaba e iba a por dos cervezas.

– Necesito saber la verdad – Will aceptó la bebida que le tendía y la abrió con un “clic” – ¿Qué hacías con una joven rubia, rica y de familia acomodada? – negó con la cabeza – no suelen ser tu tipo… – inspiró y soltó antes de que él pudiera replicar – te gustan más las mojigatas a las que puedes engañar.

– Jenyffer era distinta – replicó Tony dando un trago a su cerveza – joder, le iba la marcha… – miró a Will y al ver que él no entendía añadió – estaba en la misma honda que yo. Le gustaba el rap, las discotecas, tenía dinero y me estaba ayudando…

– ¿Ayudando a qué? – preguntó el médico dando también un sorbo a la cerveza.

– Yo le enseñaba mi mundo y ella evitaba que me metiera en demasiados líos… – comentó Tony despreocupadamente – no le importaba que fuera de una banda – se señaló el tatuaje – ni que pasara drogas… siempre que yo no la consumiese.

– ¿Me estás diciendo que te estaba haciendo mejor persona? – ironizó Will sin poder creerlo.

– ¡Sí! ¿Tan difícil es pensarlo? – Tony se levantó muy enfadado. Caminó por el piso con pasos rápidos  describiendo círculos – ¡Yo la quería!

La confesión de su primo lo dejó de piedra. En todo el tiempo que habían pasado juntos jamás le había escuchado declarar el amor por una mujer. Dos certezas más. Tony jamás mataría a una mujer y menos a una que amase.

– ¿Qué pasó esa noche? – preguntó Will mientras observaba los movimientos de su pariente.

– Vinimos de fiesta… – comenzó a relatar el hombre – tuvimos sexo como cada noche y después nos dormimos – su primo movió la cabeza intentando recordar – lo siguiente que recuerdo fue despertar y ver el cuerpo de Jenyffer ensangrentado en la cama – un gemido de dolor escapó de sus labios – ¿De verdad crees que si la hubiera matado yo habría llamado a la policía?

– Quizá no estabas dentro de tus cabales – susurró Will mirándole a los ojos.

– ¡Yo no la maté! – Tony plantó las manos sobre la mesa mirando agresivamente a su primo aunque después suavizó su expresión – tienes que creerme.

– Lo hago – susurró Will poniendo una mano en su hombro – No irás a la cárcel. Te prometo que haré lo que esté en mi mano para ello – se levantó de la silla dispuesto a irse.

– ¿Va a ayudarme tu amigo? – preguntó Tony intentando esconder el temor que sentía en su interior – ese amigo abogado que tenías…

– No, está… – se obligó a mentir – está muy ocupado – por suerte Tony no conocía a Evan y tampoco sabía su nombre así que él no se lo diría – seguiremos con el abogado que contraté.

– Parecía bueno – dijo su primo dudoso mientras lo acompañaba a la puerta.

William asintió mientras abría la puerta del apartamento y salía al rellano. Antes de que pudiera darse la vuelta escuchó unas palabras que hacía más de veinte años que no oía.

– Gracias, primo – Tony no se acercó a abrazarle sino que le tendió la mano para que la estrechara.

– Dame las gracias cuando estés libre de todo esto… – le estrechó la mano y después mirándole a los ojos añadió – Ve a ver a tus padres, Tony. Lo necesitáis.

Irse de allí le resultó más difícil que en otras ocasiones. El médico salió al exterior y buscó la figura de Sarah encontrándola cerca de una parada del autobús con el teléfono pegado a la oreja. Se acercó a ella para terminar de escuchar lo que estaba murmurando.

– ¿Quieres cogerme el teléfono de una vez? – susurró de nuevo la mujer. Al final colgó dándose por vencida.

– ¿Noah no te coge el móvil? – preguntó Will caminando a su lado.

– No – contestó la mujer guardándose el teléfono en el bolsillo del pantalón – y Evan tampoco parece por la labor de cogerlo.

– No conseguirás nada – confesó Will intentando controlar la rabia que sentía al pensar en lo que su amigo estaba haciendo – no va a cambiar de opinión.

– ¡Somos sus amigos! – espetó Sarah encarándole – quizá entre los tres consigamos que recapacite… – negó con la cabeza – siempre dije que ese bufete le estaba comiendo el cerebro… – cambió de tema preguntándole – ¿Cómo has visto a tu primo?

– Abatido – contestó Will abriendo automáticamente su coche y subiéndose en el asiento del conductor mientras Sarah se sentaba en el del copiloto.

– ¿Crees que fue él? – preguntó la joven en un susurro.

– Ahora más que nunca estoy convencido de que no fue él – dijo Will con convicción.

Tony no había matado a esa muchacha y haría lo que fuera necesario para demostrar su inocencia. Arrancó y se incorporó al tráfico de la mañana mientras pensaba en su conversación con su primo, en Evan y también en la “desaparición” de Noah.

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