CAPÍTULO XXXV

Los vampiros jamás se ponían nerviosos o al menos eso es lo que querían aparentar siempre. Y sin embargo, su cuerpo era un manojo de nervios cuando se plantó ante la puerta del piso de Noah. Escuchaba la música de fondo, las palabras parecían filtrarse por la puerta, haciendo que ella escuchara con atención cada letra de la canción.

Lesley no era muy dada a los grupos actuales, en muchas ocasiones había dejado patente que se había quedado estancada en los años ochenta. Sin embargo, reconoció “Trying not to love you” de Nickelback. Uno de los grupos favoritos de Noah.

La vampira se armó de valor y tocó el timbre de la puerta. Cerró los ojos mientras escuchaba la letra de la canción. Dios, dejaba claro los sentimientos que ella experimentaba por él… Cuando escuchó ese “porque intentar no amarte  está muy lejos… intentar no necesitarte me está destrozando”. Sí, así era como se sentía ella. Destrozada mientras intentaba aparentar que no necesitaba a Noah. ¿Sentiría él lo mismo?

La puerta se abrió dejando que ella contemplara el semblante del Morak. Parecía mucho más animado, menos siniestro e incluso podía ser que alegre. Su expresión no cambió a la ira cuando la vio. Algo que le dio valor para entrar cuando él se hizo a un lado. Lesley tomó la decisión en aquel momento: no volvería a fingir que no le necesitaba. Si quería que las cosas entre los dos salieran bien tendría que ser sincera, tendría que jugarse todo a aquella visita, y no se refería solo a la pertenencia de él a los Anfarwold sino también a lo que había nacido entre ellos.

– ¿Qué es lo que quieres? – su tono cortante la hizo retraerse – la ropa está…

– No me importa la ropa – espetó ella sin darse la vuelta por temor a encontrar una mirada reprobadora – te fuiste sin decir nada…

– Lesley… – su voz sonó como si estuviera atormentado – te debo una disculpa… – la vampira continuó sin mirarle a la cara dándole la espalda esperando que él dijera algo más – no debí aprovecharme de ti, no debí dejar que mi rabia actuara y no me dejara pensar con claridad. Yo…

– ¡Ni se te ocurra decir que lo sientes! – Lesley se dio la vuelta rápidamente clavando sus ojos en los de él – me da igual que lo pienses, pero no te atrevas a decirlo.

– Lesley, yo… – Noah dio un paso hacia ella mientras se pasaba la mano por la nuca como si intentara decir algo que le costara mucho esfuerzo – te he perdonado. Entiendo que tuvieras que mentirme, quizá yo habría hecho lo mismo si hubiera estado en tu lugar… – se quedó a unos cuantos centímetros de ella – eso está solucionado…

– Pero… – ella sabía que había un pero.

– Apenas nos conocemos – dijo Noah con un tono ahogado – no sé nada de ti. Todo fueron mentiras… – la miró pero no había reproche en su voz ni tampoco en sus ojos – ni siquiera sé si te llamas Lesley.

– Es mi verdadero nombre – le confirmó ella asintiendo con la cabeza – tú me has contado todo de ti pero yo no he dejado ver nada de mí.

– Si queremos intentar algo entre nosotros necesito que seas sincera – él se acercó un poco más casi apunto de rodear su cintura con los brazos. Algo que no hizo – necesito que seas sincera conmigo, conocer más de ti, conocerte…

– ¿Qué quieres saber? – Lesley sabía que aquello podría ser muy peligroso. Jamás se había expuesto tanto a nadie, pero si quería que hubiera un futuro con aquel hombre tendría que ceder – ¿Qué es lo que necesitas saber?

– ¿De dónde eres? ¿Quién eres? ¿Cómo te convirtieron? ¿Por qué elegiste esa maldita vida? – las preguntas parecían agolparse en la garganta de Noah mientras salían a borbotones – necesito saberlo todo…

– Bien… por donde empezar – pasó las manos por los vaqueros que llevaba puestos – nací en Escocia. Era hija del Leader del clan McDonald de Glencoe – no alzó los ojos para mirarle sino que continuó contando su vida – viví una vida feliz junto a mi familia… – sonrió al recordar a su padre, su madre, su hermano mayor y sus dos hermanas pequeñas – cuando tenía dieciocho años me casé con el hijo del mejor amigo de mi padre – evaluó la reacción de Noah y pudo ver como apretaba los puños y después los relajaba – mi vida era feliz, Noah. Aunque era un poco testaruda, siempre fui la hija más rebelde, me encantaba vivir esa vida. Siempre pensé que formaría una familia, que tendría hijos y…

Las palabras se atragantaron en su garganta. Recordar todo lo que había tenido le dolía mucho más que cualquier otra cosa. Era fácil cuando no pensabas en ello pero ahora todos los sentimientos parecían arremolinarse en el centro de su pecho creando un agujero negro que engullía todos los recuerdos felices que ella intentaba imaginar de nuevo.

– ¿Por qué te convertiste en vampira? ¿No era suficiente lo que tenías? – aunque sus palabras podían sonar duras, ella sabía que no las decía con ánimo de herir.

– Fue decisión mía… – Lesley inspiró profundamente – la vida en mi época no era como ahora. Aunque se alardea de los caballeros… – un tono sombrío se adueñó de su expresión – no existen en las Highlands.

Lesley cerró los ojos intentando recordar aquel fatídico día en el que sus sueños, su familia y sus esperanzas fueron aniquiladas. Las imágenes se agolpaban en su mente como recuerdos imborrables que jamás desaparecerían de ella. La vampira comenzó a narrar su propia historia casi como si estuviera viviéndola en aquel mismo momento.

Era el 10 de febrero de 1692 cuando me dispuse a volver a mi casa después de estar separada de los míos más de dos meses. Mi marido en principio no quiso separarse de mí y habría venido conmigo si yo no hubiera insistido en que debía quedarse para ayudar a mi padre y hermano con el clan. Mi misión era sencilla, para nada complicada. Sin embargo, mi padre insistió en que dos guerreros del clan me acompañaran en mi viaje hasta que volviera a sus brazos y estuviera a salvo. 

Los caminos de las Highlands suelen estar plagados de mercenarios, gente sin escrúpulos o guerreros dispuestos a matar a cualquiera que se atraviese en su camino. Los caminos no son seguros, mucho menos para una mujer que luce los colores típicos del clan McDonald. Las ganas que tenía de llegar a mi hogar se vieron frustradas cuando en nuestro camino encontramos a un grupo bastante grande del clan Mackenzie. 

Los guerreros que me acompañaban dieron su vida por intentar protegerme. Corrí por las laderas del camino intentando escapar de aquellos ojos llenos de odio, lujuria y muerte que me perseguían. Apenas pude correr unos cuantos metros cuando sentí que unas manos me agarraban y me tiraban al suelo con fuerza. 



Al darme la vuelta contemplé el rostro del líder de aquel grupo de hombres. Sabía lo que me pasaría en aquel momento, toda mujer que nace en esa época sabe a lo que se enfrenta cuando es capturada por hombres sin alma y sin honor. Me debatí con ellos mientras sentía sus pegajosas manos por mi cuerpo disfrutando de la humillación a la que me estaban sometiendo. 

La crueldad corre por las venas de los hombres. No les bastaba con humillarme y ver cómo me retorcía por intentar evitar sus manos, sus caricias y besos sino que también querían infligirme dolor. Los cortes en mis muñecas, en mis muslos y mi rostro hacían que la sangre escapara de mi cuerpo mientras el gran líder me tomaba contra la hierba. 

Llegó un momento en el que dejé de sentir cualquier dolor que pudieran infligirle a mi cuerpo. Apenas me di cuenta cuando atravesaron mi estómago con una de sus espadas dejándome tirada en el suelo mientras mi sangre manchaba la verde hierba que me servía de lecho…



Lesley volvió a la realidad mientras sentía cómo dos lágrimas caían por su rostro, pero pronto las limpió. Noah había permanecido quieto, su expresión era de completo horror, algo que ella esperaba ver. Sí, la habían violado, habían jugado con ella y después la habían abandonado mientras se desangraba. Tenía suerte de que no  hubieran quemado su cuerpo como el de muchas otras mujeres.

– Estaba tan desesperada… – su voz apenas era audible – lo único que quería es que el tormento acabara – miró a Noah que se acercó a ella indeciso de si debía tocarla o no – escuché el sonido de unas pisadas con temor de que fuera otro de ellos…

Noah permaneció en silencio. No quería interrumpir su relato y ella se lo agradecía porque estar sincerándose con él era algo que le costaba demasiado.

– No podía moverme, apenas podía articular palabra. Cuando sentí unas manos que sujetaban mi cabeza y la apoyaban contra unas piernas firmes – se sentó en uno de los sillones – los ojos de Aleksei se fijaron en los míos, llenos de compasión…

Los recuerdos volvieron a inundarla y ella se dejó arrastrar. Las imágenes de su “muerte” aún permanecían frescas en su memoria.

– Pobre niña… – la voz con aquel acento me sobresaltó – bastardos…



Apenas podía moverme, ni siquiera mis manos me respondían, así que abrí y cerré los ojos como implorándole que me ayudara… Sentía las manos de aquel hombre acariciando mi cabello mientras evaluaba cada una de mis heridas. La noche había caído hacía tiempo y el frío se colaba en cada uno de mis huesos. 



– ¿Quieres vivir? – aquella simple pregunta me desconcertó. 



¿Cómo se suponía que iba a vivir? Me estaba desangrando, el frío se había adueñado de mi cuerpo, y casi podía sentir las manos de la muerte cerniéndose alrededor de mi cuello y reclamándome. Y sin embargo, contesté con un “sí” que sonó enérgico. 



– El dolor pasará pequeña – las manos de aquel hombre eran relajantes – confía en mí. 



El pinchazo de unos colmillos en mi cuerpo hizo que abriera la boca pero no hubo gemidos que escaparan de mis labios. Cerré los ojos con fuerza sintiendo cómo la vida se escapaba de  mi cuerpo, cómo dejaba atrás todo lo que era y me convertía en alguien totalmente distinto. La oscuridad se cernió sobre mí sumiéndome en un silencio absoluto.  

– Te estabas muriendo…

Las palabras de Noah consiguieron sacarla de aquel nido de recuerdos que se había instalado en su mente. Lesley giró el rostro para contemplar la tristeza en la mirada del hombre que tenía ante ella. La muerte siempre conseguía entristecer a las personas creando nuevos sentimientos dentro de sí mismos. La vampira asintió despacio mientras intentaba reprimir el resto de lágrimas que quería derramar.

– No acepté porque quisiera una vida inmortal – sus palabras salían raudas. Era como si al decirlo más rápido el dolor fuera menos intenso – no me importaba vivir más tiempo, tampoco pensé que eso podría ocurrir, lo único que quería era vivir – Lesley se pasó una mano por el pecho mientras apartaba la mirada de Noah – quería volver a ver a mi familia, abrazar a mi padre, besar a mi esposo, bromear con mi hermano y chinchar a mis hermanas e incluso tejer con mi madre – a esas alturas sus ojos debían de estar cristalinos por las lágrimas sin derramar – quería estar con ellos…

– Joder, lo comprendo perfectamente – Noah le puso una mano entre las suyas entrelazándola – ¿Qué pasó después? ¿Despertaste siendo vampira?

– Sí, cuando abrí los ojos me había convertido en un ser de la noche – inspiró con fuerza – al principio tenía mucha sed, pero Aleksei me trató bien. Me enseñó a controlar mis instintos, a tener paciencia, a no exigir más de lo que podían darme… – Lesley sentía la piel cálida contra la suya.

– ¿Y tu familia? – Noah pasó el pulgar por su piel como si con ese simple gesto intentara calmarla – Si no recuerdo mal aquella época fue convulsa en las Highlandas.

– Dime una época que no fuera convulsa entre los highlanders… – Lesley no pudo esconder el tono irónico de sus palabras – cinco días después de mi ataque le pedí a Aleksei que me llevara a mi aldea, que necesitaba ver por última vez a los míos, despedirme de ellos…

La vampira dejó de ver la habitación. Sus recuerdos se adueñaron de ella mientras le contaba a Noah lo que había pasado cuando su “creador” la llevó hasta su familia. El 13 de febrero se produjo la masacre de Glencoe donde murieron más de treinta y ocho MacDonald sin contar los más de cuarenta que murieron intentando escapar por las montañas.

Viajar de noche había sido uno de los mayores inconvenientes. Por suerte, su muerte se había producido bastante cerca de casa, algo que jugaba a su favor. Lesley esperaba encontrar a su familia y verles aunque fuera por última vez iluminados por la luz de la luna. ¿Qué diría su padre si la viera? ¿La seguiría amando su marido?

Todas aquellas preguntas bullían en la cabeza de Lesley mientras cabalgaba al lado del que ahora era su “creador”. Aleksei era un hombre amable, bastante reservado, pero que la trataba con dulzura. 

Nada la habría preparado para lo que vieron sus ojos cuando entró en los dominios de su clan. El humo del fuego aún permanecía elevándose como columnas inmensas y negras. El hedor de la muerte inundaba sus fosas nasales haciendo que se tapara la nariz con la mano. Aquello no presagiaba nada bueno, ella lo sabía y aún así había sido tan necia como para pensar que aún habría esperanza. 



Su corazón quedó paralizado cuando encontró los cuerpos de su padre, su hermano, su esposo y otros tres hombres del clan colgados en un árbol mientras sus cuerpos se mecían al son del viento. Gritó, un grito de angustia que desgarró su interior, como si la hubieran apuñalado de nuevo. Lesley bajó del caballo a toda prisa corriendo por la hierba sin importar nada ni nadie. 

Ella se arrodilló ante los cuerpos de los hombres que tenía ante sí. Estaban muertos. Les habían desangrado, colgado e incluso sus rostros expresaban el dolor que habían sufrido. Tuvo ganas de vomitar al ver el rostro de su esposo lleno de moratones, heridas, viendo las rajas que tenía en los brazos, en los muslos y en los pies. No volvería a ver esos ojos que la miraban con tanto amor… 

Lesley agradeció que Aleksei no se acercara a ella para consolarla. Nadie podría hacerlo en aquel momento. Caminó por las ruinas de lo que había sido su hogar viendo los cuerpos esparcidos de los miembros del clan en el suelo. Encontrar a su madre y su hermana muertas fue un dolor terrible para ella. Los ojos de su hermana aún seguían abiertos y ella misma se encargó de cerrarlos… 

¿Quién había hecho eso? ¿Habría sobrevivido alguien? Maldijo para sus adentros a todos aquellos que la habían hecho daño a ella y a su clan. 

– Cuando volví – Lesley comenzaba a volver al presente – Aleksei había bajado los cuerpos de los hombres – negó con la cabeza despacio – escavamos varias zanjas para darles una sepultura digna…

– No puedo imaginar lo terrible que debió de ser para ti… – Noah apretó su mano con fuerza como intentando darle apoyo en momentos tan difíciles – dijiste que tenías dos hermanas… ¿Qué pasó con la otra?

– ¡Por fin una noticia buena! – Lesley se limpió una lágrima que rodaba rebelde por su mejilla – varios del clan consiguieron huir a las montañas. Muchos murieron allí, pero mi hermana sobrevivió gracias a tres valientes hombres del clan. ¡Ella se salvó, Noah!

La alegría que había experimentado en aquel momento también la invadía ahora. Lesley le contó cómo encontró a su hermana, cómo había seguido su vida de lejos, siempre en las sombras y cómo había cuidado de su familia hasta que el último descendiente de su hermana pereció. Ahora era la última MacDonald que quedaba. La única.

Las horas pasaron mucho más rápidas de lo que esperaba. Lesley le contó cómo había sido su vida como vampira, las andanzas que había tenido, las personas a las que había conocido. Las lágrimas dieron paso a las sonrisas y cada vez que escuchaba las carcajadas de Noah sentía que su corazón volvía a latir por un segundo. La emoción les había embargado pero se desvaneció cuando él le dijo.

– Es hora de irme – Noah se levantó del sofá – hemos quedado con Evan para resolver un problema que tenemos.

Ella se levantó del sofá y recogió la chaqueta que había traído. Juntos salieron del apartamento mientras Noah le contaba qué había pasado con su amigo “el abogado”. Cuando salieron a la calle, Lesley metió las manos en sus bolsillos.

– Mañana es mi cumpleaños – dijo Noah como si tal cosa – sé que tengo que tomar una decisión y serás la primera en saber cuál es…

– Ni siquiera me había acordado – reconoció ella. Era verdad, apenas había pensado en ellos mientras ambos hablaban de todo un poco – no tienes que hacer nada que no quieras… Lo sabes ¿no?

– Lo sé… – dijo Noah acercándose a ella y haciendo que el cuerpo de Lesley se calentara al instante por la proximidad que sentía – por una vez… creo que las cosas entre nosotros pueden funcionar.

Y se quedó sin palabras. Simplemente no supo que decirle, quizá abrazarle y que sus gestos dijeran lo que no podía expresar con palabras… Pero Noah era hombre de entender a las mujeres, así que le dio un beso en la comisura de los labios para después separarse y dirigirse hacia su moto.

Lesley le vio subirse a la moto, ponerse el casco y lanzar una última mirada en su dirección. Se sintió extrañamente feliz por ello y sonrió cuando le vio alejarse con la moto a gran velocidad.

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