CAPÍTULO XXXVI

Adair estaba sentado frente a los grandes cristales de su ático admirando la ciudad desde la altura. Una amenaza nueva que había sido neutralizada con gran éxito, pero aún tenía demasiadas preocupaciones a las que aferrarse. El Guerrero tomó el vaso de vodka y lo vació de una sola vez. El calor se extendió por su garganta al igual que el sabor del mismo.

Aquella misma noche podría contar con un nuevo soldado entre sus filas o quizá alguien más a quien tener que proteger. Sabía que el joven Noah no se dejaría engañar por los Tywyll, pero Adair dormiría mucho más tranquilo si el Morak aceptaba ser un Anfarwold. Las luchas, las muertes y los enfrentamientos se sucedían día tras día. Sus guerreros caían casi en la misma proporción que los Tywyll. En muchas ocasiones, Adair había pensado que aquella ardua batalla jamás llegaría a su fin…

El Guerrero cerró los ojos descansando la cabeza contra el sillón en el que estaba sentado. La llamada de Owen le desconcertó por un momento. Parecía que se trataba de algo importante, un asunto que requería su atención en aquel mismo momento, sin poder perder ni un segundo. Adair había aprendido hacía años que ser jefe conlleva una responsabilidad que puede llegar a extinguir la esperanza de aquel que tiene que acarrear ese pesado título.

Él se levantó mientras dejaba la copa sobre la mesa y cerraba los ojos sintiendo cómo su cuerpo se convertía en miles de partículas luminosas que se esparcían por la fría noche hasta encontrar el punto exacto donde quería aterrizar. Sus pies, enfundados en unas botas de combate, tocaron el frío suelo de gravilla que había en la entrada a la casa.

Lo primero que vieron sus ojos fue a Aleksei y Eire esperándole en la puerta de entrada. Casi como si se hubieran puesto de acuerdo, Lesley aparcó su coche detrás de él, salió corriendo del vehículo y subió las escaleras a la misma velocidad que él. La vampira no se atrevió a decir nada porque la pregunta recaía sobre los pesados hombros de Adair.

– ¿Qué ha pasado? ¿Qué era tan urgente? – las palabras salían rápidas de sus labios – Owen no supo darme detalles…

– Hemos encontrado a Alex… – consiguió decir Eire con un hilo de voz – está muy mal – los ojos de Eire parecían fríos cuando añadió – no creo que sobreviva a esta noche.

Joder, Alex era el elfo encargado de proteger y guiar a Evan hasta que el Morak cumpliera la mayoría de edad. Hacía una semana, el elfo había desaparecido sin más, sin decir nada y pronto todos se habían unido para buscarle. Alex jamás sería un desertor, no dejaría una misión y la única explicación era el secuestro o la muerte.

– ¿Dónde lo encontraron? – preguntó Lesley robándole la siguiente pregunta que él iba a hacer.

– Dos vampiros lo encontraron tirado en un callejón… – Aleksei abrió las puertas de su casa y les invitó a entrar – al parecer capturaron a Alex y le torturaron repetidamente durante estos días que estuvo desaparecido… – el vampiro le miró directamente – descubrieron su tapadera…

– Pero consiguió escapar – la voz de Eire era concisa como si intentara darle más honor al elfo – a pesar de estar sin fuerzas luchó, pero su cuerpo no aguantó más y cayó fulminado en el callejón con la imposibilidad de moverse…

Todos subieron las escaleras rápidamente. Se dirigieron hacia una de las habitaciones de invitados donde los vampiros habían dejado al herido. Las puertas se abrieron y Adair tuvo que apretar los puños por la visión que tenía ante sí.

Owen se encontraba arrodillado en el lado derecho de la cama mientras paseaba su mano por la figura del elfo dejando que el leve resplandor blanquecino intentara curar las heridas. Sin embargo, todos sabían que solo curaría las heridas más superficiales, pero que las internas desangrarían al elfo y le llevarían a la muerte.

Amras se encontraba al otro lado de Alex con sus manos entrelazadas con las del elfo Beren mientras le susurraba unas palabras en élfico que nadie de los presentes pudo entender. Alex intentaba repetir las palabras con un hilo de voz que apenas podía escucharse mientras sus ojos vidriosos estaban clavados en Amras.

Quizá fue el sonido de la puerta o la cantidad de personas que habían entrado en la habitación, pero Alex volvió la vista hacia Adair y sus ojos llamearon con fervor. El Guerrero pudo ver cómo el elfo le decía algo a Amras y éste se acercaba a Adair para decirle.

– Alex tiene algo importante que deciros – las palabras de Amras eran apenas un susurro – tú también deberías escucharlo – aquellas palabras habían ido dirigidas a Lesley que se encontraba a su derecha.

Adair se acercó con pasos enérgicos a la cama colocándose en el espacio que había ocupado Amras. Lesley se situó detrás de él, callada, pero sufriendo por lo que estaba contemplando. El elfo extendió la mano temblorosa para que él se la tomara y eso hizo. Adair entrelazó los dedos con el elfo Beren y apretó suavemente para que se cerciorara de que estaba allí.

– Tranquilo… – con aquellas palabras esperaba reconfortarle un poco – no te esfuerces demasiado…

– Lo intenté – consiguió decir Alex con la voz entrecortada. Parecía como si el elfo hubiera sacado fuerzas de la flaqueza para hablar – guié a Evan lo mejor que supe, pero… – se pasó la lengua por los labios resecos – él cayó.

Era imposible que Evan, el amigo de Noah, hubiera muerto. Él se habría enterado, así que se refería a otra cosa. Adair contempló el rostro blanquecino del elfo. No duraría mucho, su final estaba cerca y el dolor que estaría sintiendo en aquel momento debía de ser insoportable.

– ¿Evan se ha unido a los Tywyll? – la pregunta de Adair consiguió el efecto esperado. Todos aguantaron la respiración.

Alex asintió con la cabeza mientras sus ojos se llenaban de temor, pero también de un dolor que no podía infligir ninguna herida sino que era fruto de la decepción. El elfo se incorporó un poco sobre la cama ayudándose de la mano que aún sujetaba Adair para susurrar.

– Él es un buen chico pero le puede el poder… – sus susurros eran cada vez más ahogados. Podía sentir el nerviosismo de Lesley detrás de su espalda – he fallado. Lo siento…

– ¡No has fallado en nada! – Adair lo dijo seguro de sí mismo. Aquel elfo había dado su vida por una causa justa… No tenía que arrepentirse de nada – has hecho un gran trabajo, amigo mío… que Dirwest cuide de ti ahora.

Parecieron ser las palabras que liberaran el alma del Anfarwold. Sus ojos se cerraron, su mano perdió la fuerza y cayó inerte en la cama cuando Adair la soltó. La muerte de cualquier Anfawold era un gran dolor para todos ellos. Alex había dejado el mundo terrenal para pasar a vivir una vida espiritual junto a los dioses en una parte recóndita del Dom donde ni siquiera los Guerreros de la Luz tenían permiso para entrar hasta que fallecieran.

Adair se levantó con pesadez sintiendo una muerte más sobre sus hombros. Ahora que lo pensaba, jamás le había preguntado al elfo porqué se había cambiado su nombre élfico por el sobrenombre de “Alex”. Siempre pensó que se debía a sus misiones en la Tierra, pero ahora que él ya no estaba, intuía que tenía otra finalidad que él no había sido capaz de preguntar.

El Guerrero se dio la vuelta para encontrarse con la mirada temerosa de Lesley, una mirada que en pocas ocasiones había visto y que no presagiaba nada bueno. Sin duda, la revelación era bastante inquietante, que el mejor amigo de Noah hubiera caído en las garras del mal auguraba demasiados problemas para ellos.

– Noah ha ido a reunirse con Evan junto con Sarah y Will – las palabras de Lesley tardaron en llegar a su cerebro pero consiguieron encender su mente a la velocidad de la luz – Es una trampa. Si él es maligno ahora… intentará acabar con todo lo que le queda de humanidad.

– ¡Mierda! – la maldición salió de sus labios como si fuera algo inherente en su carácter.

El Guerrero miró a las personas que estaban concentradas allí y supo que era la hora de ladrar órdenes y planificar su propia estrategia si quería que las cosas funcionaran bien.

– Owen, quiero que informes a todos los Guerreros de la Luz para que estén atentos a mi llamada – el Guerrero asintió y se desvaneció mucho más rápido de lo que podría alcanzar la vista de cualquier mortal – Aleksei, quiero que te quedes aquí y prepares las celdas por si tenemos “invitados” no deseados.

El vampiro asintió para después salir de la habitación con paso rápido. Adair se volvió hacia Amras que había tapado el cuerpo de Alex con las sábanas de la cama. Él carraspeó llamando la atención del elfo que se volvió para mirarlo.

– Supongo que su familia querrá tener el cuerpo para prepararlo – un silencio se instaló entre ellos – si fueras tan amable de llevarlo al Reino Élfico…

– No hay problema – la voz de Amras salía con un toque de dolor – yo me encargaré de llevarlo y velarlo junto a su familia.

Amaba a ese elfo, no en el sentido estricto de amor, pero le solucionaba mucho la vida en momentos tan complicados como estos. Después se volvió hacia Eire, que esperaba instrucciones como si fuera un soldado listo para la batalla, y eso era justamente.

– ¿Dónde dijiste que se reunían? – preguntó a Lesley que se retorcía las manos inquieta por lo que pudiera estar pasando.

– En el East River Park – las palabras de Lesley salieron atropelladas. Consultó el reloj y después consiguió decir – Llevaran quince minutos juntos…

Adair rogaba a los dioses que no fuera demasiado tarde. Apremió a las dos guerreras para que se prepararan. Adair tomó la mano de Lesley, la única que no podía transportarse, y dejó que su cuerpo y el de la vampira se diluyera en el aire al igual que el de Eire para trasladarse hasta el East River Park.

***

Nikolai Smirnov había vivido muchísimos años. Quizá no tantos como la mujer que tenía sentada ante sí pero los suficientes como para saber jugar al mismo juego. Cuando Owen le pidió que protegiera a Steven aceptó sin ninguna duda sobre todo cuando Sarabi pasó a ser la persona que cubriera su espalda en aquella misión.

La primera vez que vio a la Guerrera de la Luz apenas tenía setenta años sobre sus huesos. Aún recordaba cómo ella había bajado desde los cielos como si fuera una gran aparición dejando que Nikolai contemplara aquellos rasgos femeninos tan perfectos. Jamás había visto a ninguno de sus dioses, pero sin duda tanto Cyfiawnder como Dirwest debían tener envidia de la belleza que esa mujer reflejaba en cada parte de su cuerpo.

No es que las guerreras no fueran hermosas, pero aquella joven era especial, el tono de su piel, el color de sus ojos, su pelo suelto creando un aspecto salvaje a toda su apariencia. Quedó prendado de ella desde el primer momento que la conoció, algo que jamás le había pasado… Ni siquiera cuando había sido humano.

No tardó en comprender porqué reaccionaba así ante la Guerrera. Sarabi poseía unos encantos innatos que dejaban a los hombres prendados nada más verla. Muchos rusos de su época la consideraría una “devora hombres” y es posible que para las mujeres fuera una “zorra lasciva y sin escrúpulos”. Un mote que Nikolai creía que era inmerecido para aquella mujer.

Quizá él no era como todos los hombres, quizá veía más allá o era un estúpido inconsciente, pero cada vez que fijaba sus ojos en la Guerrera sentía que ella no exudaba su encanto porque quisiera sino porque era algo que nacía de sí misma. Es cierto que en muchas ocasiones lo utilizaba para sonsacar información de sus “presas”, pero no era algo que ella hiciera por gusto o por herir como creía erróneamente el resto de la gente.

La relación entre ambos había sido cordial desde el principio. Ella era un poco esquiva, reacia, bastante segura de sí misma, algo que él admiraba en una mujer. Hasta que Nikolai la jodió definitivamente. Él había causado que las cosas entre los dos estuvieran de esa manera. Jamás olvidaría aquel día y desde que “eso”ocurrió… Entre ellos se volvió a instalar un ambiente de pullas que los dos mantenían.

Nikolai respondía sus desplantes con la misma moneda, con la esperanza de que la furia de la Guerrera se apaciguara y recapacitara sobre lo que él le había pedido y después exigido aquel día. En ocasiones no podemos forzar las cosas, simplemente podemos actuar y esperar hasta que éstas recuperan el ritmo que deberían haber seguido.

El vampiro se pasó una mano por la nuca para después tirar el as de corazones que había estado guardando durante toda la mano. Sarabi frunció el ceño pero al instante giró el rostro para comprobar en el monitor que Steven seguía durmiendo y nada le perturbaba.

– Con esa mano consigo llevarme el juego – dijo Nikolai con un tono triunfante – creo que estoy hecho un ganador, Guerrera.

– Los bichos no pueden ganar a las cartas – espetó ella lanzando un comodín que lo dejó pasmado – recuerda que estoy por encima de ti en la escala evolutiva… – se quedó pensativa – más bien en cualquier escala, chupasangres.

– ¡Oh, hemos vuelto al chupasangres! – dijo él inclinándose sobre la mesa – eso me recuerda que tengo mucha hambre – su voz fue cambiando de tono a uno mucho más sensual – quizá podrías dejarme probar tu cuello…

– El viaje debió de dejarte más idiota de lo que ya estabas – la Guerrera entrecerró los ojos para después murmurar – tendría que haber dejado que te achicharraras al llegar aquí.

– Admítelo. En el fondo te daría lástima que eso ocurriera – dijo Nikolai mientras dejaba las cartas sobre la mesa y clavaba su mirada en la mujer – ¿cuántos años piensas seguir así?

Fue tan rápido que apenas tuvo tiempo de darse cuenta. La Guerrera ya no le estaba escuchando, sus ojos se habían vuelto blancos, sus manos se habían agarrado al borde del sofá pero su respiración era tranquila. La preocupación se abrió en su pecho y fue corriendo hasta ella palmeando sus mejillas con las manos.

Nada de lo que hizo sirvió para que ella volviera a la realidad. ¿Qué coño le estaba pasando? ¿Acaso era algún rollo de Guerrero? En aquel momento maldijo por ser un vampiro y no haber muerto cuando era un bebé. Al menos así sería uno de ellos y podría comprender qué era lo que le estaba pasando…

Al instante, tan rápido como había comenzado, Sarabi recuperó el control de sus ojos que volvieron a ser de un color chocolate. Tuvo el impulso de estrecharla entre sus brazos mientras le preguntaba si estaba bien. Sin embargo, le dio espacio, dejó que ella volviera a la normalidad hasta que su mirada lo reconoció.

– Tengo que irme ahora mismo – dijo Sarabi incorporándose con mucha rapidez – tendrás que quedarte unas horas solo con Steven…

– ¿Qué? ¿Por qué? – preguntó Nikolai con curiosidad y preocupación – joder, tus ojos se acaban de poner blancos… ¡Eso no puede ser normal!

– Para ti no, pero para los míos sí – dijo ella haciéndole un recordatorio de que no pertenecían a la misma especie – es algo urgente…

– ¿De qué se trata? – preguntó Nikolai. Al ver que no iba a contarle, nada la agarró por el brazo e hizo que se diera la vuelta – tengo tanto derecho como tú a saber qué ocurre en esta guerra.

– Varios Morak están en peligro – dijo Sarabi con un hilo de voz – Owen nos ha informado a todos los Guerreros de la Luz que tenemos que estar atentos de las órdenes de Adair y mover nuestro culo hasta Nueva York.

– ¿A todos? – Nikolai parecía intentar entender todo lo que estaba diciendo la Guerrera – debe ser algo muy gordo.

– Solo a los de más confianza – le confió ella – ¡no me entretengas más! Dentro de dos horas vendrá un elfo Lólindir para ayudarte a proteger a Steven, mientras tanto… – por un momento pareció que la preocupación se reflejaba en los rasgos de Sarabi – tendrás que apañártelas solo.

– Puedo con eso y mucho más – espetó él viendo como ella tecleaba algo en el ordenador – no te preocupes. Es mejor que vayas con la cabeza despejada si vas a entrar en batalla.

– No es algo seguro – terminó de decir la Guerrera – pero es bastante fácil que acabemos enfrentándonos.

– En ese caso exijo que vuelvas de una maldita pieza – dijo Nikolaí mientras se ponía ante ella – ¿Quién sino me insultará y hará trampas cuando jugamos?

– Yo no hago… – Sarabi cerró la boca en una sonrisa tímida.

– Ten mucho cuidado, Sarabi – el vampiro no pudo evitar acariciar la mano de ella mientras sentía el resplandor que evidenciaba que ella se iría en menos de dos segundos – te esperaré aquí.

– Adiós, ratón – el susurro de Sarabi le llegó como si fuera un eco lejano.

Nikolai sonrió ante sus últimas palabras. Para cualquier otra persona, aquella palabra podría haber sido ofensiva, pero para él no. Cada vez que él evolucionaba era como subir en la escala de valores de Sarabi, algo que le reconfortaba porque quería decir que estaba mucho más cerca de ella y de conseguir su objetivo final.

***

A Noah siempre le había gustado pasear por los parques en plena noche, con las farolas iluminando el camino y la hierba confundiéndose con la negrura. El East River Park era precioso tanto de día como de noche. Aquel día, el viento soplaba fuerte haciendo que sus cuerpos se estremecieran con cada brisa que les llegaba.

Noah había quedado con sus amigos en el parque y tanto Will como Sarah habían venido juntos en un mismo coche. Los tres habían sido puntuales y ahora esperaban a que Evan hiciera su aparición para que por fin el asunto quedara zanjado.

Will tenía una expresión tensa en el rostro como si aún no confiara en que Evan fuera a dejar el tema zanjado. Sarah parecía la más calmada de los tres y animaba a Will mientras le decía la cantidad de veces que Evan había sido un capullo y se había redimido. Y aunque Noah quería creerla mientras la escuchaba, algo en su interior le decía que todo aquello no estaba bien.

Siempre se había considerado una persona paciente, pero en aquellos momentos sentía que los nervios acabarían por vencerle. ¿Qué pasaba si Evan no aparecía? ¿Y si le había ocurrido algo por el camino? ¿Y por qué coño siempre estaba pensando en las cosas negativas? A la mierda. Evan era su amigo, confiaría en él hasta el final.

No tuvo que lamentarlo; cuando alzó la vista y distinguió la figura del abogado acercándose a ellos Noah sacó las manos de los bolsillos y dio un paso al frente mientras Will y Sarah se ponían a ambos lados de él. La distancia que les separaba se le hizo eterna mientras Evan la recorría con pasos lentos como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Noah no podía parar de mirar a todos lados. Ahora que sabía de la existencia de aquellos “Tywyll” o asesinos no podía estar tranquilo en casi ninguna parte. Si atacaran ahora era muy posible que acabaran con ellos o que quizá les secuestraran para que se acabaran aliando con ellos…

– ¿Acaso tienes prisa, Noah? – preguntó Evan cuando llegó hasta ellos poniéndose frente a Noah y sus otros dos amigos.

Casi parecía como si una fina línea invisible les separara. Era como una división que en el fondo Noah no quería contemplar. Simplemente quería que hablaran sobre ello y lo dejaran zanjado. Él negó con la cabeza ante las palabras de su amigo.

– ¿Vas a dejarlo estar? – las palabras de Will resonaron como si fuera el tañido de una campana – Noah ha dicho…

– Sé lo que os habrá dicho Noah y sé lo que yo he decidido – dijo Evan con cierta chulería en su carácter – en un principio había pensado dejarlo. Al fin y al cabo eres mi amigo – Evan miró a Will a los ojos y después chasqueó la lengua – sin embargo, al venir aquí me lo he pensado mucho mejor.

– ¿Qué quieres decir con eso? – las palabras de Noah salieron rápidas e incrédulas.

– No estarás hablando en serio – comentó Sarah con una voz temblorosa.

– No veo ninguna razón para ayudaros – comentó Evan encogiéndose de hombros – la amistad no es suficiente razón como para sacrificar mi trabajo.

– No puedes estar hablando en serio – respondió Sarah con palabras que evidenciaban el dolor que estaba sintiendo al escuchar a su amigo – ¿Qué otra razón quieres?

– Mi empresa me ofrece mucho más que vosotros – espetó Evan mirándoles con desdén – la amistad no se puede comparar con el poder…

– Te estás volviendo loco – Noah le escrutó con la mirada y casi al instante supo lo que estaba ocurriendo – te has unido a ellos…

No era una pregunta sino una puñetera afirmación. ¿Cómo no lo había visto antes? A Evan jamás le habían importado sino no estaría decidido a venderlos al mejor postor. Noah había llevado a sus amigos a una trampa mortal sin que se hubiera dado cuenta. Joder, estaban realmente jodidos.

– Verás, ellos me ofrecen mucho más que tú y esta panda de llorones – las palabras crueles de Evan hirieron a los tres amigos por igual – dadle la bienvenida a mis nuevos amigos.

Aparecieron dos hombres a cada lado de Evan pero casi al instante siete hombres se posicionaron detrás de todos ellos. Los Tywyll sostenían entre sus manos dos espadas hechas para matar. Noah se fijó en el primer hombre que aparecía y al cual no conocía pero el segundo… Aquel pelo rubio, sus ojos, su sonrisa… ¡Era su jefe! Robert era un Tywyll y él jamás se había dado cuenta.

¿Cómo había sido tan estúpido? ¿Cómo había podido dudar de la palabra de Lesley después de todo lo que había visto? Echó un vistazo a sus dos amigos que parecían nerviosos pero para nada paralizados. Agradecía que aquello no estuviera pasando porque tendrían que salir de esa situación  solos.

Si pudiera utilizar sus poderes, crear una llamarada como en la casa de la vampira, pero hasta él sabía que sus poderes no eran tan fáciles de convocar. No necesitaba mirar el reloj para saber que faltaban cinco minutos para que fuera su cumpleaños, el momento justo en el que sus poderes se desatarían por completo, o eso era lo que le habían dicho.

Noah no tenía tiempo que perder. Tendría que jugársela y confiar en que por una vez sería capaz de dominar los poderes que tenía. Lo que más los activaba era el dolor, la rabia, la ira pero también la frustración. Creó un combinado de todas esas emociones y dejó que circularan por su cuerpo hasta que una gran llamarada se extendió frente a él separando a los Tywyll de ellos.

– ¡Corred! – les gritó a sus amigos con todas sus fuerzas.

Los tres salieron corriendo como alma que lleva el diablo mientras los asesinos intentaban pasar entre las llamas sufriendo algunos grandes quemaduras. Noah corrió por el bosque echando la vista atrás y comprobando que el fuego se había extinguido como si jamás hubiera existido. Maldijo por no ser más fuerte y miró hacia su derecha pero no encontró rastro de sus amigos.

¿Habrían conseguido escapar juntos? ¿Estarían detrás de un árbol intentando esquivar a los Tywyll? En su fuero interno rezaba porque así fuera. No podría vivir sabiendo que les había enviado a una trampa mortal. Sus piernas dejaron de correr con tanta rapidez quejándose por el sobre esfuerzo que estaba haciendo y al que no estaba acostumbrado.

El Morak se escondió detrás de un árbol apoyando la cabeza contra la fría corteza del tronco y respirando rápidamente intentando que el aire llegara a sus pulmones. Le hubiera gustado cerrar los ojos pero en aquel momento era imposible. Él no era militar, jamás había luchado, pero entendía una regla básica: jamás cierres los ojos ante tu enemigo porque no dudará en matarte por ello.

– Aún puede unirse a nosotros, Noah – la voz de Robert, su maldito jefe, le llegó alta y clara – recapacite y piense que es lo mejor para usted.

“No necesito recapacitar, cabrón”, pensó Noah mientras sentía cómo su corazón bombeaba a toda velocidad. Tenía que llamar a Lesley. Quizá su orgullo masculino se sentiría herido pero no podía pensar solo en él sino que tenía que pensar en sus dos amigos que habían quedado atrás y esperaba que aún estuvieran con vida.

Se deslizó entre los árboles escondiéndose detrás de ellos y dejando que lo protegieran de aquellos seres que aún no conseguía entender del todo. No sabía cuanto se había alejado de donde se había iniciado todo pero aquello no importaba cuando tu vida dependía de ello. Jodido Evan. No sabía qué le dolía más si saber que posiblemente moriría aquella noche o que su mejor amigo les hubiera traicionado.

Sabía que Evan era capaz de muchas cosas pero jamás de algo que para él resultaba tan espantoso. Les había vendido como si fueran una simple alfombra de la que se hubiera cansado. Apretó los puños mientras se relajaba y su vista recaía en el estanque que estaba ante él. Se quedó impresionado al contemplar a una mujer que estaba acuclillada y parecía remover las frías aguas con deleite. Su cabello negro caía como una cascada por su espalda y maldijo entre dientes por encontrarla allí.

El East River Park permanecía abierto hasta la una de la mañana en aquella época del año y seguro que aquella mujer había ido a pasar el tiempo, quizá a caminar o incluso a pensar sobre cosas trascendentales en su vida. Noah abrió los ojos desorbitadamente al ver que dos Tywyll se acercaban a ella con las espadas preparadas para matarla.

Noah querría haber llamado a Lesley para advertirla de lo que iba a pasar pero no había tenido tiempo y ahora ese mismo concepto se le estaba echando encima. El Morak tenía que tomar una decisión en aquel mismo momento mientras los asesinos se acercaban a su presa. La mujer se había levantado, pero aún permanecía de espaldas a ellos, casi como si no fuera consciente de lo que estaba pasando.

“En ocasiones tenemos que pensar en los demás y no en nosotros mismos”, aquellas palabras de su padre le volvieron a la memoria. Las sabias palabras de su padre le dieron el pequeño empujón que él necesitaba. Noah apretó los puños consciente de lo que tenía que hacer y salió de la protección de los árboles.

Corrió en aquella dirección todo lo rápido que pudo mientras veía que los asesinos se acercaban implacablemente hacia ella. Noah llegó justo a tiempo. El asesino ya había extendido los brazos atacando y él aprovechó para situar a la bella mujer detrás de él dejando que fuera su cuerpo el que recibiera los ataques.

La espada que se clavó en su vientre le dejó sin aliento y se habría caído al suelo si no fuera por la espada que le apuñalaba en el corazón. El dolor era insoportable, su respiración era descompasada y sus labios se habían entreabierto por la sorpresa. Cuando el filo de su vientre salió de su cuerpo sintió un inmenso alivio que duró poco.

El Tywyll retorció la espada que tenía clavada en su corazón haciendo que Noah gritara de dolor. Apenas sentía la presencia de la mujer detrás de su espalda, quizá fuera por el frío o era posible que hubiera salido huyendo. Cuando vio titilar una luz brillante a varios metros de ellos pensó que estaba apunto de cruzar a lo que todo el mundo se refería como “El Paraíso”. Tarde comprendió que no era eso sino otra cosa que terminaría de apuñalarlo sentimentalmente.

– NOOOOOOOO –  el grito de aquella mujer había resonado en todo el parque haciendo que se grabara a fuego en su cabeza y también en su maltrecho corazón.

La imagen de Lesley corriendo hacia él con una daga en las manos le llenó de orgullo. Noah sabía que ella acabaría apareciendo, que no le dejaría solo, que estaría en sus últimos momentos. El Tywyll deslizó la espada fuera de su corazón y Noah ya no tuvo más fuerzas para sostenerse. Cayó al suelo como si fuera un maldito muñeco de trapo mientras sentía la sangre que escapaba de su cuerpo pero que también subía por su cuerpo empapando sus labios y saboreando ese toque a hierro.

No podía ver nada, algunos puntitos negros se habían instalado en su visión, seguramente por la pérdida de sangre, el dolor y la confusión. Solo fue capaz de escuchar los gritos del Tywyll y después sintió las manos de Lesley cogiéndole y su rostro frente a él. Dios, era hermosa. Jamás olvidaría su mirada, las lágrimas que corrían por sus mejillas, cómo sus manos acariciaban su cabello mientras le susurraba que todo estaría bien.

Al principio, cuando sintió las espadas clavarse en él, pensó que era lo mejor. Se reuniría con sus padres, con todos los seres queridos que le habían dejado atrás y aquello le pareció una visión maravillosa… Pero cuando vio que Lesley corría hacia él se dio cuenta de todo lo que dejaba atrás. Sus tíos, sus amigos, sus compañeros y sobre todo a Lesley. No era estúpido, entre los dos había nacido algo fuerte, algo que podría sobrevivir por años, siglos o incluso milenios. Y aquella idea que le parecía tan maravillosa se fue desvaneciendo dejando un dolor profundo por todo lo que perdería y sobre todo por dejar a todas aquellas personas atrás.

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