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CAPÍTULO XL

Si pudiera describir con una palabra lo que estaba experimentando sería con la palabra “felicidad”. Era extraño que un ser como él fuera capaz de pronunciar aquel término sin estallar en llamas… Y sin embargo, sabía perfectamente que aquel era el sentimiento que le embargaba unido a la sensación de victoria.

Ilías tenía bajo su control la vida de Evan. El joven abogado se convertiría en un gran soldado, un gran Tywyll e incluso podría llegar a sucederle. Al contrario de lo que se pensaba, los Tywyll sí tenían sentimientos, aunque en su mayoría eran de posesión… Evan era suyo, su hijo, su discípulo, su adepto… Ilías le enseñaría todo lo que debía ser.

Con aquellos pensamientos, el Tywyll esperó a que su semejante saliera del hospital que tenía ante él, donde continuaba trabajando. Cada uno tenía su profesión… Mientras Robert admiraba los cadáveres de las mujeres muertas, él se encargaba de encerrar entre barrotes a las personas inocentes, sembrando la miseria con aquellos actos.

Ilías estaba vestido con su mejor traje de corte impecable, el Bentley que había tras de sí evidenciaba el dinero que tenía, y mantuvo sus manos enterradas en sus bolsillos mientras veía cómo Robert salía del edificio y alzaba la mirada hacia él.

No parecía demasiado alegre de verle. No era algo que le extrañara. Los Tywyll no solían tener sentimientos fuera del odio, la venganza y el dolor. A pesar de lo que se creía, los Tywyll no solo se creaban sino que también se concebían.

Sin amor, sin sentimientos, solo como si fuera un acuerdo tácito entre dos Tywyll. Una hembra y un macho experimentaban la sensación de procrear y firmaban un contrato donde estipulaban concebir un heredero. Después ambos padres lucharían por la custodia del vástago hasta que uno de los dos muriese.

No, no existía tampoco el amor fraternal, paternal o maternal. Eso estaba muy bien para los estúpidos humanos que habitaban la Tierra. Ellos no necesitaban esa clase de sentimiento y por ello, Ilías era partidario de convertir y no concebir Tywylls. Te ahorrabas esfuerzas y no perdías un guerrero en el camino.

Robert parecía dispuesto a pasar de largo ante él cuando Ilías le cogió de la chaqueta y le obligó a mirarle. Ambos Tywyll tenían casi la misma edad, los mil años no pasaban en balde para ninguno de los dos, y por ello el respeto que tenían que mostrarse era aún mayor. El forense se dio la vuelta encarándole.

– ¿Qué haces aquí? – preguntó Robert mirándole de arriba abajo – ¿no tienes ningún inocente que encerrar?

– Ellos pueden esperar – comentó Ilías soltando la camisa que el Tywyll llevaba – tenemos que hablar de tu situación.

– Estoy bien – comentó Robert echando a caminar – aún tengo una misión que cumplir…

– Lo de Noah creará una mancha en tu expediente – comentó Ilías caminando a su lado – y todos sabemos que tu plan de las prostitutas no va a funcionar como esperas – le miró de reojo y vio que su compañero estaba rojo de ira – lo mejor sería…

– ¡No necesito que me digas lo que tengo que hacer! – le espetó Robert furioso – he conseguido mucho más que tú en todos estos años – sus palabras destilaban odio – al menos, yo he sido capaz de crear un agujero que metiera el miedo en el cuerpo de esos hijos de puta – se quedó quieto enfrentándose a Ilías – ¿Qué has hecho tú?

– Mis planes funcionan más lentamente – comentó él despacio dejando que las palabras penetraran en el cerebro de Robert. Ilías podía ver en el interior de su semejante al igual que él en el propio Ilías – veo que ya has pasado a otro nivel… Has conseguido matar a alguien.

– Cosa que tú no has sido capaz de hacer – le recriminó Robert mirándole con el entrecejo fruncido – admítelo. Has ganado al llevarte a tu terreno al Morak, pero ambos sabemos que si no aprendes a matar, si no evolucionas… entonces te darán la patada y acabarás como todos los que te precedieron.

– Algunos no necesitamos matar… – le espetó Ilías poniendo su rostro a escasos centímetros del otro Tywyll – yo ya tengo un asesino a diferencia de ti.

– No voy a esconderme, no voy a dejar mi trabajo y seguiré con el plan hasta que ellos me lo ordenen – comentó Robert separándose un poco – volverán a darme otro encargo, otro Morak al que podré moldear a mi manera…

– Sabes que eso no pasará – le contestó Ilías con toda la dureza que encontró su voz – no volverán a confiarte otro sabiendo que has perdido a uno.

– ¡Él jamás debió elegir de esa manera! – el Tywyll parecía al borde del colapso – estaba seguro de que le tenía entre mis garras…

– Parece que la vampira le tenía bien entre las piernas… – comentó sarcásticamente él – sea como sea… Deberías bajar al Ifream durante un tiempo, descansar, dejar que otros ocupen tu lugar. El tema de las prostitutas puede hacerlo cualquiera…

– Yo disfruto con ello – comentó Robert e Ilías podía sentir las satisfacción en el tono de su voz – ¿Por qué intentas ayudarme?

– ¿Cuántos años llevamos conociéndonos? – preguntó Ilías con una sonrisa – hemos luchado e ideado planes juntos… – susurró poniendo una mano en su hombro – te prefiero a ti a cualquier otro incompetente al lado.

Los dos se quedaron callados. Ilías casi podía ver los engranajes de su cerebro mientras pensaba los pros y los contras de la decisión que tendría que tomar. A medida que su compañero movía la cabeza, él sabía que estaba ganando la batalla, que el Tywyll no accedería a quedarse encerrado en el Ifream durante mucho tiempo.

– ¡No! – sentenció el Tywyll elevando el tono de voz – terminaré mi misión y demostraré que soy mejor que cualquiera de vosotros…

– Eres un estúpido si piensas así – comentó el abogado centrando sus ojos en los del forense – no conseguirás que la violencia traspase México y lo sabes – se alisó las mangas de la chaqueta mientras susurraba – y si tu plan falla… Espero que tengas un seguro anti-dioses.

– ¡Métete en tus jodidos asuntos! – espetó Robert lanzándole una mirada llena de odio – jode a ese chico todo lo que quieras, moldéale a tu imagen, pero los dos sabemos que será tan insignificante como tú.

Con aquellas últimas palabras, Robert desapareció de su vista, dejando a Ilías solo en medio de la noche. Había conseguido justo lo que quería. Él no estaba preocupado por Robert, tampoco por el castigo que le fueran a infligir, sino que había querido provocarle justamente para que no bajara al Ifream.

Robert estaba ahora destruido ante los ojos de los demás, pero sabía que podría recuperarse, se si le daba la oportunidad se alzaría sobre él y eso no lo podía permitir. Meterle el miedo en el cuerpo, le haría perder los papeles, cometer más errores y dar al traste con su plan. Sí, ese maldito plan sin sentido.

Ilías tenía planes mucho mejores para la Tierra. Por todos es sabido que las grandes guerras son las que más daño hacen. A lo largo de la historia lo había comprobado y él estaba dispuesto a llegar a las últimas consecuencias y desbaratar los planes de todos los Tywyll que se cruzaran en el camino.

Quería ver a Robert muerto, quería que los Dioses le castigaran y también quería ser el jefe de todos ellos. Sí, su plan funcionaría y pronto tendría que preocuparse de un contrincante menos en su camino hacia el máximo poder. Quizá cuando solo quedara él como jefe de los Tywyll reclamaría la Tierra como lugar de vacaciones…

***

3 días después.

Las cosas no habían cambiado significativamente. Aunque le hubiera gustado pasar más tiempo con Noah, Lesley tenía muchos asuntos que atender, entre ellos aquellos dos Tywylls que estaban colgados de gruesas cadenas en una de las mazmorras. Al principio pensó que sacarles información sería sencillo, pero después de todos esos días improductivos estaba empezando a cambiar de opinión.

La vampira también entendía que las cosas habían cambiado muchísimo. Noah ahora era un inmortal si bien no pertenecía a los Anfarwold… Cualquier otra persona habría gritado de frustración al conocer este hecho, pero ella estaba feliz de saber que Noah no podría morir fácilmente desde aquel momento.

Todos los seres sobrenaturales tenían el don de la inmortalidad corriendo por sus venas, pero ése no era el caso de los Moraks, puesto que ellos eran en gran parte humanos. Por lo tanto, cuando uno de ellos se unía a las filas de los Anfarwolds, se le otorgaba la inmortalidad como pago por sus servicios. El resto de Moraks, los que decidían permanecer como estaban, al margen de la guerra… no disfrutaban de esa pequeña cortesía.

Era justo que aquellos que decidían dar su vida por la causa tuvieran también una vida mucho más larga que aquellos que se quedaban encerrados en sus casas viviendo su vida e ignorando lo que había a su alrededor… Por suerte, ningún Morak conocía los poderes que venían con el puesto hasta que no tomaban la palabra y se convertían.

Pero Noah era una excepción. Ella siempre había sabido que era un joven excepcional, no solo por sus poderes, los cuales eran grandiosos, sino también por su forma de ser, por la manera que tenía de tratar a las personas, era un aura que le rodeaba completamente. Todos habrían perdido mucho si él hubiera muerto e incluso ella habría perdido demasiado con esa vida.

Lesley dejó que sus pensamientos se disolvieran de nuevo mientras miraba al Tywyll que tenía los brazos extendidos hacia arriba mientras sus pies colgaban sin llegar al suelo. Aleksei estaba frente al Tywyll torturándole para intentar sacarle información. Desde su posición, Lesley podía ver que no sacarían nada de él, ni ahora ni más tarde.

Era una pérdida de tiempo, pero por desgracia era la única pista que tenían. La vampira cogió un nuevo cuchillo y se acercó hasta que quedó al lado de su creador. Aleksei se había arremangado la camisa hasta los codos, su cabello rubio caía despeinado y sus ojos verdes despedían un brillo especial.

– Si nos dices quién de vosotros está matando gente… – las palabras de Lesley sonaban conciliadoras – dejarás de sentir dolor. Nadie te culparía por querer dejar de experimentar lo que sienten tus víctimas… – pasó el cuchillo por el cuello del ser – a nadie le gusta sentir sus propios errores en el cuerpo.

– ¡Cállate, puta!  – le espetó el Tywyll mirándola con odio – ¿acaso crees que soy como vosotros? ¿Que traiciono lo que soy para cambiar de Dios? – un hilillo de sangre cayó por sus labios debido a las heridas que Aleksei le había propinado – miraos… – su vista recayó primero en Aleksei y después en ella – obligados a permanecer escondidos, sin poder ver la luz del sol, sin sentir el calor en la piel…

– Nunca he sido un hombre de playa – comentó el vampiro cruzándose de brazos – siempre me han gustado más los claros oscuros donde poder acechar sin ser visto – Aleksei acercó su rostro al Tywyll – algo que os debe de sonar demasiado…

– A mí me encantaría cogeros y poneros debajo del sol – confesó el Tywyll entrecerrando los ojos – seguro que os chamuscaríais como dos buenos pinchos morunos.

– ¡Quién es tu jefe! – le espetó Lesley clavando el cuchillo en el estómago del ser – podemos estar así mucho más tiempo del que crees…

– Guapa, tengo aguante para todo – replicó el hombre sin inmutarse por el dolor – e incluso si me pones ese culito prieto a mano… puedo aguantar toda la noche – adelantó el rostro queriendo darle un pequeño mordisco a Lesley.

La mano de Aleksei agarró el cuello del Tywyll con fuerza. El asesino comenzó a boquear, a pesar de que no podría morir así, pero el instinto podía con él. El vampiro acercó su rostro y le dio un cabezazo en la nariz haciendo que el Tywyll sangrara profusamente.

– Cuida tu lenguaje, escoria – las palabras de Aleksei cortaron el aire – o te juro que la próxima vez te arrancaré el corazón con mis propias manos…

Aleksei le soltó. La sangre del prisionero caía negra creando una mancha en el suelo… Aquel líquido negro evidenciaba que aquellos seres eran peores de lo que se podía esperar. Lesley se quedó con la mirada fija en la sangre, pensando en el sabor que tendría y en lo venenosa que era para un ser como ella.

Las manos del vampiro la sacaron de sus pensamientos. Su creador se volvió y caminó en dirección hacia la salida, pero ella se quedó mirando al Tywyll como esperando que dijera algo más y sin embargo, fue inútil.

Los dos vampiros salieron de la sala y subieron las escaleras. Lesley estaba cansada, tenía que reconocer que no estar alimentándose le estaba pasando factura. Cuando llegaron a la cocina, Lesley caminó directamente hacia el pasillo, pero las fuertes manos de Aleksei la frenaron en seco. Maldijo para sus adentros porque sabía exactamente qué tipo de conversación tendrían ahora.

– ¿Cuánto tiempo llevas sin alimentarte? – preguntó su creador. En su tono de voz se entreveía la preocupación, pero también el temor por ella – ¡Contéstame!

– Más tiempo del que debería – respondió ella sin alzar la vista. Aquello era como una especie de regaño de un padre a su hija – dejé de alimentarme poco después de conocer a Noah.

Él maldijo en voz baja. La cantidad de maldiciones que había pronunciado podría haber abierto un boquete en su cerebro perfectamente. Lesley sabía que había esperado demasiado tiempo, que tendría que haberse alimentado antes, pero cuando conoció a Noah, cuando sintió la sangre de él correr por sus propias venas… no pudo volver a beber de nadie.

Beber sangre no era un rito sagrado para los vampiros. Lo necesitaban para recuperar fuerzas, para mantener sus sentidos y sus instintos a raya. Jamás utilizaban dos veces a un mismo donante, pero cuando alguno encontraba una pareja… eso era distinto. Si la pareja eran dos vampiros, cada uno tenía un donante único del cual alimentarse, pero jamás variaban y cuando eran de distintas especies…

No había demasiados casos como ese. Existía un caso de un vampiro y una elfa que había traspasado todas las reglas convirtiéndose en pareja. Desde ese momento, él bebió únicamente de ella, era como algo simbólico entre ellos y tenía mucho sentido para Lesley en aquellos momentos. Ella quería compartir eso con Noah, quería beber su sangre, que él fuera quien le diera la fuerza para que siguiera adelante.

Y lo mejor era… ¡Que ni se lo había comentado! Después de todas las mentiras, los secretos, las separaciones… No había tenido el poder suficiente como para decirle lo que quería de él. Joder, todo había ido demasiado rápido. Cuando una persona muere y resucita después no puedes pedirle… ¡un sorbito de sangre! Esperaría hasta que encontrara el momento de decírselo.

– Una donante viene hacia aquí para servirme – comentó Aleksei levantando su rostro – lo mejor es que bebas tú de ella. Yo aún puedo esperar mucho más tiempo del que tú llevas sin beber.

– No, no voy a hacerlo – contestó ella decidida.

– ¿Cómo dices? – las palabras del vampiro sonaban escépticas – sabes que no podrás aguantar mucho más tiempo así – cogió su rostro entre las manos – no seas cabezota esta vez.

– No voy a beber de nadie – confesó ella negando con la cabeza – da igual lo que digas…

– Esto es por el Morak – protestó Aleksei apretando su piel con los dedos – apenas puedes dejar de pensar en la sed… – clavó los ojos en los de Lesley – no niegues que has pensado lo que sería beber de ese asesino que había ahí.

Era cierto. Lo había pensado. Lesley cerró los ojos y respiró hondo. No iba a ceder en aquel aspecto, pero cuando sintió un empujón y después un golpe en el pecho que la tiró al suelo, abrió los ojos y se encontró a su mentor con los brazos cruzados y una expresión decidida.

– ¡No puedes ni pelear! – contestó Aleksei mirándola desde arriba – no nos servirás de mucho así.

– ¡Quiero intentar beber de él! – confesó Lesley sintiéndose impotente – quiero saber si él me daría permiso y si quiere que las cosas funcionen entre nosotros…

– Cariño… – Aleksei no le tendió la mano cuando ella se levantó, pero se acercó hasta quedarse a escasos centímetros – no te encariñes demasiado con él. Los humanos son complicados, sus sentimientos son difíciles de entender y aunque él sea un Morak… Es posible que jamás entienda todas tus necesidades.

Aquello era muy cierto. Era posible que Noah no la entendiera, pero más allá de eso, Lesley no había pensado en las consecuencias de un futuro junto a él. No en las suyas sino en las del mismo Noah. Ella era un ser de la oscuridad mientras que él tenía todas las cualidades para ser una de las mejores almas blancas que ocupaban la maldita Tierra…

Ella dejó que los brazos de su creador la rodearan y enterró el rostro en su pecho mientras su mente pensaba con rapidez en todo lo que había pasado por alto. El amor duele, es doloroso hasta que raya la locura y eso lo estaba sintiendo en aquel momento. El carraspeo que escuchó a sus espaldas la sacó de sus cavilaciones y se separó del vampiro para encontrarse de frente con la mirada de Noah. Una mirada que no sabía cómo interpretar.

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