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CAPÍTULO XLI

Su cabeza había sido un hervidero de ideas desde el preciso momento en el que sus ojos se abrieron de golpe. En aquellos tres días, Noah había tenido tiempo de pensar, aclarar sus ideas y comenzar a tomar determinadas decisiones. Lo primero que tuvo que asimilar era que se había vuelto un ser inmortal. El jefe de los Anfarwolds, Adair, se lo había explicado horas después de despertar.

Y a pesar de que sabía que su inmortalidad no dependía de su presencia en la guerra… esa idea se había ido formando poco a poco en su cabeza hasta que se convirtió en un hecho. Quizá no necesitara entrar en guerra para vivir eternamente, pero había cientos, miles y millones de personas que podrían salvarse de un destino horrible si él decidía torcer su mano y unirse a la causa que aquellos seres defendían con tanto fervor.

Sus amigos habían estado a su lado intentando ayudarle en todo lo que pidieran, sobre todo a recodar esos aspectos de su vida que había perdido tras su muerte. Y habían conseguido grandes progresos, tantos que Noah recordaba exactamente el rostro que siempre se ocultaba en la oscuridad de sus recuerdos.

Sin embargo, sus últimos pensamientos siempre eran para ella. Noah había estado pensando mucho en ellos, en todo lo que había pasado, en lo que ella era y en lo que él se había convertido. Si antes había alguna imposibilidad de una vida juntos, ésta se había esfumado dejándoles vía libre.

Cuando había entrado en el salón, verla en brazos de aquel hombre le dejó una sensación de ira que jamás había experimentado. Las primeras preguntas que acudieron a su cerebro fueron… “¿Quién es él? ¿Por qué la abraza?”. Preguntas que quedaron resueltas cuando amablemente ella se separó del hombre y le presentó como Aleksei, su creador. Así que aquél había sido el hombre que la convirtió en vampiro…

Ahora se encontraban en una reunión donde Noah les explicaría lo que había recordado. Él debería estar centrado en contar los detalles de sus recuerdos, pero su mirada se desviaba hacia el vampiro y rápidamente cambiaba hasta centrarla en Lesley. La complicidad que se veía entre ellos era algo que Noah envidiaba, porque él quería que su relación con ella fuera de esa manera. Y sin embargo, la había encontrado en sus brazos como si él la estuviera consolando… ¿Consolando por qué?

– ¿Quién es esa persona tan misteriosa que no recordabas? – preguntó Adair cruzándose de brazos y mirándole con aquellos ojos grises como el metal.

– Mi jefe – contestó Noah sin alterar su tono de voz – conozco a Robert desde hace años y jamás habría podido imaginar que era uno de esos… – intentó recordar la palabra y terminó diciendo – un Tywyll. Es cierto que siempre ha sido callado, más bien reservado, pero… no es extraño entre forenses.

– ¿No hubo nada que te hiciera sospechar antes de que él podría ser…? – comenzó a preguntar Lesley.

– No – contestó él antes de que ella terminara la frase – pero sé que mis recuerdos no mienten. Él estaba allí, recuerdo su rostro, su voz, sus palabras…

Los recuerdos comenzaron a agolparse en la mente de Noah  uniéndolos con los de las mujeres del depósito. ¿Y si el asesino de prostitutas era él? Aquella manera que tenía de mirar a las mujeres, de contemplar los cadáveres…

Inconscientemente, Noah había fijado su vista en las orejas que Amras dejaba al descubierto en aquél momento, sus puntiagudas orejas entresalían de su cabello. La imagen de una mujer sobre la fría camilla metálica, su piel blanca y fría, su expresión llena de horror y sus orejas cortadas pasó como si fuera un destello por su mente. ¿Y si aquella mujer era una elfa? ¿Y si no había sido un asunto de mafias?

– Creo que él mató a una de los vuestros – comentó Noah fijándose en todos los ojos que le miraban – hace un tiempo llegó al depósito una mujer con las orejas cortadas – el silencio era implacable mientras sus palabras salían raudas de sus labios – al principio pensé que era un asunto de mafias, pero al ver sus orejas… – hizo un gesto con la cabeza señalando a Amras – puede que me equivocara.

– Es imposible saber si un elfo ha desaparecido – fue la respuesta de Amras que se había adelantado dos pasos – pero es muy común entre los Tywyll arrancar nuestras orejas… – el elfo se quedó mirándole y añadió – ¿Tenía algo en el pecho?

– Sí, parecía una cicatriz, como si le hubieran arrancado algo – comentó Noah pensativamente.

El murmullo comenzó pronto. No sabía exactamente qué significaba, pero estaba seguro de que no traía noticias buenas y menos al ver las caras de preocupación que mostraban todos. Al parecer su jefe había hecho mucho más daño del que él se imaginaba…

– ¡Ya basta! – la voz de Adair resonó en la habitación haciendo que todas las conversaciones cesaran a la vez – ¿Se puede recuperar el cuerpo? ¿Aún se encuentra en el depósito?

– Es posible que aún esté el cuerpo – comentó Noah cruzándose de brazos – el caso aún estará abierto, pero tendría que ir al depósito para saber si han pedido que se mantengan allí todos los cadáveres como parte de la investigación o si por el contrario… – carraspeó – ya las han enterrado.

– Primero tenemos que ocuparnos de tu jefe – dijo Aleksei adelantándose un paso – el asesino de mujeres.

– La mejor baza que tenéis soy yo – comentó Noah con rapidez – supongo que Robert estará contento de haberse librado de mí – miró a todos los presentes – si contacto con él y organizo un encuentro – se pasó las manos por la nuca – se desconcentrará y será más fácil de atrapar.

– Él no es estúpido – replicó Lesley poniéndose a su lado – sabrá que estás con nosotros o al menos sospechará que estaremos contigo en la reunión.

– Lesley tiene razón – dijo Adair dándose la vuelta para pensar – tenemos que pensar en otra posibilidad…

– Puedo ir yo solo – comentó Noah con fervor – que me vea a mí solo y dejar que Robert me lleve donde él quiera…

– ¿Sin protección? – dijeron Lesley y Eire a la vez.

– Vosotros podríais seguirnos a distancia – protestó Noah mirándolas a ambas – supongo que habréis espiado alguna vez, tendréis algún poder que os ayude en eso, o quizá…

– Noah tiene razón – comentó Adair dándose la vuelta y encarando a todos los presentes – tenemos que exponerle un poco para atrapar un mal mayor…

– ¿Exponerle? ¿Acaso quieres verle otra vez…? – Lesley se quedó callada antes de que la palabra “muerto” saliera de sus labios.

– No me pasará nada – contestó él con energía – seguro que puedes montar un dispositivo de vigilancia – se dirigió a Adair – no sé, traerte a algunos de tus Guerreros y que vigilen la zona – se giró hacia Lesley – tengo que hacerlo.

Todos se quedaron en silencio tras aquella declaración. Adair miró a todos los presentes como buscando una aprobación general a pesar de que él era el jefe. Noah se volvió hacia Lesley que le miraba con preocupación en su rostro y extendió su brazo para entrelazar las manos de ambos como queriendo decirle con ese gesto que él estaría bien.

– Es una gran idea – comentó Adair hablando por primera vez – si queremos atraparle… – golpeó con un puño en su mano – tenemos que utilizar todos nuestros recursos, a todos nuestros hombres, incluido a Noah – se dirigió a Noah para añadir – dame una hora. Organizaré a mis mejores guerreros para que este plan salga bien.

Todos los presentes dejaron claro que iban a participar en aquella misión. La primera fue Lesley y el último en dar su voz fue Aleksei. Y tras esa gran revelación, no quedaba nada más que añadir, nada que argumentar… Su jefe era un asesino, era un malvado ser que no era humano, que había torturado y matado a cientos de chicas.

– Todos sabemos nuestro cometido así que os insto a que os preparéis para ello – dijo Adair con voz clara y concisa.

El Guerrero de la Luz salió de la estancia seguido por Eire y Amras. Lesley se quedó a su lado, con la mano de él entrelazada con la suya, esperando a que su creador abandonara la estancia. Aleksei les miró, primero a Noah y después a su pupila, para después sonreír. Una sonrisa extraña, enigmática, tal y como su dueño. El vampiro se dio media vuelta, pero antes de cruzar el umbral de la puerta aprovechó para decir.

– Si quieres participar en esta misión… – sus palabras se arrastraban, pero había implícita una advertencia en ella – será mejor que te alimentes como es debido.

Lesley se tensó al escuchar las palabras de Aleksei y ni siquiera se relajó cuando él abandonó la estancia. ¿A qué se había referido él? ¿Acaso Lesley llevaba días sin comer? Como si un gran mazo le hubiera golpeado cayó en la cuenta de que ella era una vampira, que quizá no comía las mismas cosas que él.

Noah sabía perfectamente que los vampiros se alimentaban de sangre. También tenían intolerancia a la luz del sol, pero tampoco soportaban los ajos y los crucifijos aunque era posible que eso fuera solo una simple leyenda. ¿Qué de verdad había en todo aquello? ¿De quién se alimentaba ella normalmente? ¿Mataría a sus víctimas? ¿Por qué no había bebido de nadie? ¿Por qué no se lo había pedido?

Todas aquellas preguntas se agolpaban en su cabeza creando un caos difícil de gobernar. Noah apretó la mano de ella y cuando Lesley giró la cabeza para mirarle, supo que era el momento de preguntar, en aquellos instantes era él quien tendría que conocer más a su pareja, novia, mujer…

***

Su vida se había convertido en un auténtico caos y él ni siquiera podía entender cómo había ocurrido. William siempre había intentado tener una vida tranquila, un trabajo sencillo, amigos y también amigas con las que quedar… En definitiva, todo lo que un hombre podía desear en su vida.

Sin embargo, en los últimos meses todo se había vuelto del revés. Cierto que era el mejor en su trabajo, que su familia estaba bien, pero sus amigos… Primero la traición de Evan, después la muerte de Noah y ahora aquél nuevo hachazo en su vida. Will siempre había sido hombre de tomarse las cosas con filosofía, intentar mantener una actitud alegre frente a las adversidades de la vida, pero aquello no eran simples adversidades… Aquello era el caos.

Cuando salió de los juzgados miró por última vez al que había sido su amigo durante demasiado tiempo. Ahora era una realidad, su primo iría a la cárcel, pagaría por un delito que él estaba seguro de que no había cometido. ¿Por culpa de quién? De su amigo, de la vida y las circunstancias.

Las miradas de Evan y Will se cruzaron. El médico estuvo tentado de abalanzarse sobre él para exigirle una explicación por su comportamiento, darle dos bofetadas e intentar encontrar algo de sensatez en esa cabeza loca. Sin embargo, el brazo de su tía le retuvo firmemente y Will se controló sabiendo que ahora su familia necesitaba todo su apoyo.

El abogado ni siquiera se acercó  para preguntar por Noah. ¿Daba por hecho que él había muerto? ¿Se habría alegrado de ello? Will se encontraba dividido. Él sabía en su fuero interno que Evan no era malo, pero sus acciones decían todo lo contrario y en su cabeza dos partes se debatían sobre un mismo asunto. Culpable o inocente.

Will observó a Evan bajar las escaleras y subirse al coche que estaba aparcado frente a los juzgados. Su amigo desapareció tan pronto como la puerta del vehículo se cerró de golpe. Quizá no volvería a saber nada más de él, pero lo prefería teniendo en cuenta que por su culpa… Su primo había acabado en la cárcel.

– ¿Qué vamos a hacer ahora? – dijo su tía a su lado agarrándose de su brazo – mi pequeño, le van a llevar a la cárcel Will…

– Lo sé, tía – contestó Will pasando su mano por la espalda – seguro que podremos hacer algo.

– ¡Siempre culpan a las personas de color! – dijo su tío en aquel momento – parece que no hemos avanzado nada.

– Podemos presentar un recurso – comentó el abogado cambiando el maletín de mano – agotaremos todas las vías legales para sacarle de ahí.

– ¿Otra vez en un sitio como ése? – comentó su tía con los ojos llorosos y la desesperación pintada en sus facciones.

– Tranquila, tía – Will deslizó los dedos hasta su muñeca para tomarle el pulso – sabes que no debes angustiarte tanto… – la miró a los ojos – no es bueno para tu salud.

– Tranquilizate, querida – dijo su marido dejando que la mujer se abrazara a él y soltara a su sobrino.

Will miró al abogado, pero lo que de verdad llamó su atención fue la rubia que caminaba hacia ellos, como si él fuera su objetivo. Y claro que lo era. Will no podía olvidar a aquella mujer rubia, alta, esbelta y que tenía una determinación en la mirada que lo dejaba impresionado.

¿Qué hacía ella allí? ¿Habría pasado algo con Noah, Sarah o alguno de ellos? William sabía que aquella mujer no era humana, no solo por sus poderes sino porque jamás había visto a una mortal que destilara una belleza tan natural como la de ella.

– Buenos días – comentó Eire cuando llegó hasta ellos – perdonen que les aborde así, pero… – se dirigió al abogado de la familia – habíamos quedado…

– Oh, claro que sí – contestó el abogado tendiéndole la mano – usted debe de ser la señorita Benson.

Eire asintió con la cabeza y una sonrisa en el rostro. Apenas desvió la vista para mirarle, aunque Will consiguió captar fugazmente aquellos ojos azules tan profundos como el fondo del mar. El abogado de la familia se dio la vuelta para presentar ante la familia a la nueva persona que acababa de llegar.

– Les presento a la señorita Anne Benson – comentó el hombre con una amplia sonrisa – me llamó hace dos días diciéndome que estaba interesada en el caso – carraspeó – y creo que teniendo en cuenta la sentencia de hoy, nos vendría tremendamente bien su ayuda sin contar que sus referencias son impresionantes.

– ¿Trabaja por cuenta ajena o forma parte de un bufete? – preguntó Will entrecerrando los ojos y mirando a Eire.

– Trabajo para una firma muy extensa – contestó ella mostrando su cara más inocente – nos encargamos de los casos como el de su primo – ella miró a sus tíos que estaban pendientes de cada palabra que la mujer decía – casos injustos que han sido mal juzgados.

– Creo que puede ser una gran ayuda en el caso de su hijo – comentó el abogado mirando a los padres de su primo – podríamos ser más competitivos…

– Señor, nosotros no podemos pagar a dos abogados – replicó la tía de Will reprimiendo un sollozo.

– Apenas podemos pagarle a usted – terminó su marido.

– No se preocupen por eso – les tranquilizó Eire – en determinados casos como éste, no cobramos por nuestros servicios, sino que los consideramos casos excepcionales…

Will observaba la escena como si estuviera sentado en su sofá viendo un capítulo de “The Good Wife” o algo por el estilo. Estaba asombrado y tenía tantas preguntas en mente que apenas podría formularlas todas de golpe, aunque antes tendría que quedarse a solas con ella.

– ¿Aceptan? – preguntó el abogado de la familia. Sus tíos simplemente asintieron movidos por la esperanza de recuperar a su hijo – está bien. Le mandaré esta misma noche todos los documentos que necesitará para el caso – miró a Eire, que asintió – y cuando se haya puesto al día podríamos acordar una estrategia a seguir juntos.

Pronto todos estuvieron contentos con el resultado. Will seguía sin poder dar crédito a lo que veía, pero más le sorprendió cuando ella le pidió que fueran aparte porque tenía que hablar con él de un asunto urgente. El médico sabía que sus tíos ya estarían cuchicheando, preguntándose de qué se conocían y si Will había tenido algo que ver con eso. Cuando se encontraron a una distancia prudencial, él agarró del brazo a Eire e hizo que se diera la vuelta.

– ¿Qué es lo que crees que estás haciendo? – preguntó él clavando sus ojos en ella – ¿De verdad tenéis pensado ayudar a mi primo?

– Eso no es lo importante ahora – respondió Eire esbozando una pequeña sonrisa que quedaba eclipsada por la determinación de su mirada – tienes que venir conmigo. Ahora mismo.

– ¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Es Noah, Sarah…? – preguntó con cierto temor.

– Ellos están bien – le tranquilizó ella – pero se avecina algo muy gordo, un enfrentamiento grande y Noah quiere que tanto tú como Sarah estéis a salvo con nosotros – la mujer puso una mano sobre su hombro – diles a tus tíos que se vayan a casa y nos encontramos en la cafetería de enfrente dentro de quince minutos.

– ¿Qué es lo que se avecina? – preguntó Will queriendo saber más cosas.

– No puedo contártelo ahora – protestó ella con determinación – haz lo que te digo y te aseguro que después lo sabrás todo.

– ¿Iba en serio lo de mi primo? ¿Vais a ayudarle? – la preocupación teñía las palabras de Will.

– Por supuesto – sentenció ella con rotundidad – nos ocuparemos de sacarle de la cárcel cuanto antes.

Aquellas palabras terminaron de tranquilizarle. Eire se despidió de él con un apretón de manos y se dio la vuelta. Will la vio bajar las escaleras con elegancia, maestría y determinación. Aquella mujer era maravillosa, se movía como si se deslizara, como si con sus pisadas pudiera comerse el mundo, como si hubiera vivido siempre allí.

No apartó la mirada hasta que sintió la mano de su tío en su hombro. Le había dejado hechizado, apenas recordaba que tenía que volver con su familia y cuando se dio la vuelta, la sonrisa triste de su tío le estaba esperando. William se despidió de todos, apretó la mano del abogado, ayudó a su tía a subir al coche y les vio marchar.

Menos de diez minutos después se encontraba caminando hacia la cafetería que ella le había dicho. La vio sentada en una de las mesas, pero en cuanto alzó la vista ella se levantó dejando el café sobre la mesa apenas sin probar. La mujer salió con rapidez del edificio y le sonrió mientras se detenía frente a un Porsche.

Ninguno de los dos dijo nada durante todo el trayecto, pero tampoco le hacía falta porque en lo único que podía fijarse ahora mismo era en Eire.

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