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CAPÍTULO XLII

Todos estaban preparándose para la misión que tendría que abordar en apenas media hora, quizá mucho menos tiempo. Todos se habían estado moviendo, coordinando esfuerzos, intentando que no quedara ningún punto al azar… Sí, en aquella ocasión no podían fallar porque ella misma no se lo permitiría.

Lesley no le había hecho caso a Aleksei. A pesar de que él le había advertido que no lucharía si no se alimentaba, ella no estaba dispuesta a pedirle a Noah que se ofreciera a ella y menos en aquellos momentos. Quizá no fuera lo más sensato en sus circunstancias, pero por una vez no traicionaría su confianza y menos pidiéndole algo que sería difícil de asimilar para el Morak.

La vampira se dirigió hacia el dormitorio donde Noah se había hospedado todos esos días. La puerta estaba abierta cuando llegó, pero aún así dio dos golpes con los nudillos y cuando él se volvió, le hizo una seña para que pasara. Lesley entró y cerró la puerta tras de sí.

Noah estaba al lado de la cama. Era un hombre excepcional. Tenía un cuerpo que más de un hombre quisiera poseer, con unos músculos marcados pero sin ser excesivamente notorios. Su pelo rubio estaba despeinado en aquellos momentos, sus facciones eran tensas cuando se volvió a mirar y sus ojos verdes parecían dos esmeraldas.

Lesley podía notar desde su posición lo nervioso que él estaba. ¿Qué le preocupaba? Sabía que no tenía nada que ver con su jefe puesto que se había mostrado muy dispuesto a participar en aquello, entonces… ¿Qué era? ¿Sus poderes? Lo mejor sería salir de dudas…

– ¿Estás preocupado? – preguntó Lesley acercándose un par de pasos – todos estaremos vigilando, pendientes de cualquier movimiento y aunque sé que no quieres utilizar tus poderes…

– No es eso – esquivó sus ojos – creo que me gustaría aprender a utilizarlos después de todo – se pasó una mano por la nuca y se volvió hacia ella – pero hay algo que necesito saber y quiero que seas sincera.

¿Cómo iba a negarse cuando la miraba de aquella manera? ¿Cuando hacía que su cuerpo no se encendía con una mirada, una caricia e incluso una simple palabra? Lesley asintió absorta en sus pensamientos y vio que él se acercaba a ella un par de pasos haciendo que la distancia entre ambos fuera menor.

– Eres una vampira… – dijo él mientras movía las manos algo nervioso – quiero decir que la gente como tú suele beber sangre, alimentarse de otras personas o al menos eso es lo que se ve en la televisión – él carraspeó y continuó diciendo – ¿Has bebido de otras personas?

– ¡No! – su respuesta fue rotunda y categórica – no he bebido de nadie desde que estoy contigo, desde que tú y yo nos conocimos…

– Bien, eso está muy bien – dijo Noah como si se sintiera más aliviado – pero necesitas alimentarte… – la miró y por su mirada, Lesley supo que no había conseguido ocultar el hambre que sentía en su interior.

Estaba famélica. Era muy posible que en menos de un día estuviera buscando como loca una garganta de la que alimentarse. El hambre de los vampiros es como una succión del estómago, casi como si un agujero negro se instalara en él y al no obtener lo que busca, acaba con los poderes y las fuerzas del vampiro hasta dejarle marchito.

– Bebe de mí – sentenció el Morak quedándose a escasos centímetros de ella – quiero que pruebes mi sangre, que te alimentes de mí y recuperes las fuerzas – la tomó por los hombros – he sido un estúpido al no pensar en tus necesidades, al no darme cuenta de que quizá… – la miró a los ojos – necesitabas algo más de mí.

– ¡No voy a beber de ti! – protestó la vampira echándose hacia atrás – no estás en condiciones de alimentar a nadie porque…

– Tú lo necesitas – insistió él dando un paso hacia ella – ¿crees que no me he dado cuenta de que no te mueves con la misma rapidez? El comentario de tu creador me sacó de dudas… – su voz se iba apagando – tú lo has dado todo por mí, me sujetaste entre tus brazos cuando mi vida se escapaba y lo único que yo puedo darte es eso. Esa vida que necesitas, esa persona de la que te alimentes… – la miró a los ojos – no me digas que no…

– Noah, no puedo pedirte ésto cuando sé lo que sientes por los vampiros – confesó ella bajando la mirada y retorciéndose las manos – sería muy egoísta por mi parte hacerlo.

– Lo que sí sería egoísta sería no aceptar mi oferta por orgullo – la tomó de las muñecas parando el movimiento de sus manos – que te hirieran en la lucha y todo fuera por la falta de confianza entre nosotros.

La mente de Lesley procesaba con rapidez las palabras que el Morak le estaba diciendo. Noah se estaba ofreciendo a ella, quería que bebiera de él, no parecía dispuesto a dejar que se fuera de aquella habitación sin que sus colmillos hubieran estado clavados en su piel. Lesley sintió el agarre fuerte en sus muñecas y los penetrantes ojos del hombre pendientes de ella.

El hambre se abrió paso en su interior haciendo que sus colmillos comenzaran a extenderse. Sí, estaba hambrienta, le necesitaba y él se había ofrecido para calmar su sed. La vampira alzó la vista y asintió con la cabeza notando en ese mismo instante que Noah soltaba sus manos y ella las dejaba caer a sus costados.

– ¿Estás seguro? – volvió a preguntar ella con preocupación en la voz.

– Completamente – respondió él al instante – no he estado más seguro de nada en toda mi vida – Noah pasó la mirada por la estancia y al final terminó diciendo – ¿Cómo se hace? ¿Cómo lo vamos a hacer?

Noah estaba nervioso, pero a la vez decidido, se notaba que había tomado una decisión que era inamovible. Lesley le pidió que se sentara en la cama y él apoyó la espalda contra el cabecero de la misma. Él se quitó la camiseta mucho antes de que ella se lo pidiera y Lesley pudo observar su cuerpo perfecto, su piel bronceada, los músculos marcándose cada vez que tensaba los brazos y los destensaba.

Sus colmillos estaban completamente extendidos en aquel momento. La vampira se deslizó por la estancia como una depredadora mientras sentía el miedo, la determinación y la excitación del hombre. Cuando Lesley subió a la cama, miró a Noah y supo que él tenía una pregunta que no se atrevía a formular.

– Suéltalo – dijo ella con la voz ronca – no seguiré hasta que tus dudas hayan quedado resueltas…

– ¿Me convertiré en vampiro como tú? – preguntó Noah mientras pasaba las palmas de sus manos por los pantalones – quiero decir cuando me muerdas…

– No – rió ella – la gente no se convierte al ser mordida – Lesley se sentó en el borde de la cama con las piernas colgando y procedió a explicarle algo que tendría que haberle dicho desde el principio – los vampiros segregamos una sustancia  en nuestros colmillos que es la causante de que podamos convertir a otros como nosotros…

Lesley miró a Noah que parecía intrigado por lo que acababa de contarle. Así que la vampira continuó con su relato mientras intentaba mantener a raya el hambre que sentía en aquellos momentos.

– Nosotros podemos decidir cuándo queremos segregar esa sustancia y cuando no – confesó Lesley con una pequeña sonrisa – cuando nos alimentamos de alguien impedimos que ese líquido se expulse de nuestros colmillos y cuando queremos convertir a alguien dejamos que se inyecte en su sangre durante el mordisco.

– ¿Qué es esa sustancia? ¿Qué hace en la otra persona? – preguntó Noah acercándose un poco a ella.

– Viaja por el torrente sanguíneo de la víctima hasta su corazón. En cuanto el “veneno” llega a su órgano vital, éste sufre un ataque al corazón que fulmina su vida y acaba con ella – le comentó Lesley despacio – esa misma sustancia germina en el corazón del individuo y le permite revivir como un vampiro.

– Parece que lo tenéis muy controlado – fue lo único que Noah pudo decir ante lo que ella le había confesado.

– Sí, por eso no dejamos que los vampiros recién iniciados beban de humanos – le explicó ella despacio – ellos primero tienen que beber de animales hasta que controlan la expulsión de esa sustancia. Si no fuera así… habría demasiados vampiros por error.

– ¿Quieres que te confiese una cosa? – Noah se había acercado a ella hasta quedar a escasos centímetros de sus labios – si me muerdes tú… No me importa en qué me convierta porque sé que estarás conmigo – la cogió por la nuca y acercó sus labios a los de ella hasta que los besó – bebe de mí.

Y Lesley no necesitó nada más. Se apoderó de los labios de Noah para después abandonarlos dejando un camino lleno de besos por su cuello. La vampira podía sentir, notar y casi palpar el irregular latido de su corazón, la sangre bombeando en sus venas. Siguiendo su instinto, dejó que sus colmillos se extendieran al máximo y entonces le mordió en el cuello.

El grito que Noah dejó escapar rayaba entre el dolor y el placer. Ambos cayeron sobre la cama, ella encima de Noah, con sus colmillos clavados en la yugular del Morak. Bebió lentamente al principio, pero en cuanto la sangre tocó su paladar no pudo parar de beber. Sentía el hambre relajarse, su cuerpo llenarse de vida, sus terminaciones nerviosas casi volviendo a la vida.

Noah la rodeó con sus brazos apretándola más contra él, subiendo su mano por su espalda hasta llegar a su nuca y apretársela más contra su cuello. El calor que irradiaba de él, debido a sus poderes, la estaba calentando no solo por dentro sino también por fuera. Su sangre era el mejor manjar que había probado en siglos… Nada podía compararse a su sabor, era como un vino dulce, como la mejor fruta que había probado en su vida.

Desclavar los colmillos de su cuello fue lo más duro que tuvo que hacer. Lesley sabía que ahora soñaría con su sangre, que no podría beber de otra persona, de nadie que no fuera él. Succionó las últimas gotas y comprobó que sus punciones ya se estaban cerrando poco a poco. La saliva de los vampiros era regeneradora del tejido e impedía que sus víctimas se desangraran cuando los colmillos dejaran la piel.

Sin embargo, la preocupación hacía mella en ella. Ya no estaba hambrienta, pero… ¿Cómo estaría Noah? ¿Le habría quitado mucha sangre? ¿Podría luchar? Lo que sí sabía era que él se había excitado cuando le había mordido, lo sentía entre sus piernas, en la gran erección que se apretaba contra su cuerpo que también estaba dolorido por tenerle.

Para acallar cualquier duda, él hizo que rodaran por la cama hasta que consiguió quedar sobre ella. Noah movió las caderas contra su sexo como dejando claro lo que necesitaba. Y aún así, clavó los ojos en los suyos y susurró.

– Soy tuyo, Lesley – palabras que flotaban hasta ella – quiero estar contigo, formar una familia, tener un hogar juntos – le acarició la mejilla con su fuerte mano – me gustaría ser el guerrero que quieres, quiero ser ese guerrero del que te sientas orgullosa – besó sus labios – quiero que seas mía, que pasemos toda nuestra vida, nuestra eternidad juntos… Tú, yo y…

Sus palabras quedaron interrumpidas por el golpe en la puerta. La voz de Amras les sacó a los dos de su ensimismamiento. El elfo insistió una segunda vez, dejando claro que era importante y lo recalcó diciendo: “Estamos apunto de marcharnos”.

Ambos se separaron a regañadientes. Los dos se levantaron de la cama mientras recomponían su ropa. Noah volvió a ponerse la camiseta, ella se arregló los pantalones mientras miraba de reojo al hombre que tenía a su lado. El Morak se acercó a ella, la rodeó por la cintura y besó sus labios con pasión desenfrenada.

Cuando se separaron, él caminó hacia la puerta, la abrió y le hizo un gesto para que pasara ella primero. Así lo hizo y mientras ambos caminaban uno junto al otro, pensó en todo lo que él había dicho… “Una vida juntos, una familia, la eternidad”. Él quería cosas que ella no podía entregarle y no era justo que le fueran negadas por ella.

Noah se merecía a una mujer mucho mejor, podría encontrar a alguien digno de él y esa no era ella. Quizá y después de todo aquél sí podía llegar a ser su final…

***

Uno nunca está preparado para volver al sitio que te ha visto morir. Noah Cooper podría haberse negado a que el encuentro fuera allí, pero lo más curioso de todo era que él había elegido la localización, sencillamente porque la muerte no era un problema para él. Llevaba demasiado tiempo danzando con la muerte como para asimilar lo que había ocurrido en aquel parque.

Lo que Noah quería hacer era desestabilizar a su enemigo, que quizá sintiera la presión del lugar y lo que había ocurrido allí. Todos le habían dicho que su jefe, Robert, no se sentiría afectado por ello puesto que no tenía sentimientos… Él no estaba tan convencido de ello. Quizá no sintiera afecto o cariño por Noah, pero lo que sí sabía el Morak era que ese hombre, ese ser había depositado todas sus esperanzas en su persona y el orgullo le haría fallar.

La noche era tan fría como aquel día en que su cuerpo cayó sobre la hierba helada. A medida que paseaba por el parque, acercándose al lugar del encuentro, recordaba todas las cosas que habían pasado allí. Sus amigos corriendo, él escondido detrás de un árbol, la joven que había visto… Noah apartó todos los pensamientos que se acumulaban en su cabeza y despejó su mente. Si todos querían que el plan funcionara tendría que estar lo más centrado posible.

La figura de Robert fue haciéndose cada vez más nítida a medida que se acercaba a él. Robert se paró frente a Noah con las manos en los bolsillos mientras inspeccionaba los alrededores esperando encontrar a algún nuevo aliado de Noah. Estaba muy equivocado si pensaba que se dejarían ver con tanta facilidad.

La decepción se abrió paso en Noah cuando entendió todo lo que había pasado en su vida. Él había acusado a Lesley de mentirle para atraerle a su lado, sin darse cuenta, de que siempre había sido engañado… Que la peor persona que podía tener a su lado estaba trabajando codo a codo con él.

– ¿De verdad piensas que creeré que has venido solo? – dijo Robert entrecerrando los ojos y mirándole de arriba abajo – Has sido muy ingenuo al llamarme…

– Tú y yo tenemos algunos asuntos que resolver – comentó Noah cruzándose de brazos – quiero hacerlo ahora que aún estás con vida.

– ¿No temes volver a perder la tuya aquí? – preguntó él alzando una ceja – la última vez varias espadas te la arrebataron… ¿Quién te dice que yo no lo haré?

– Estoy convencido de que has venido a eso – contestó él mirándole a los ojos – pero antes quiero saber… ¿Por qué? ¿Qué querías de mí?

– ¿Fueron ellos lo que te trajeron de vuelta? – dijo Robert ignorando sus preguntas – esas heridas eran mortales… Ni siquiera el mismísimo Adair podría haberte salvado.

– Quizá él no, pero tengo un amigo que es un excelente médico… ¿no pensaste en eso? – Noah estaba jugando con él – ¡Contéstame!

– Siempre fuiste una misión, Morak – soltó despectivamente el Tywyll – un número más, un guerrero al que reclutar, un humano al que matar e implantar la semilla del mal.

– Debo reconocer que lo has hecho penosamente mal – le espetó Noah acercándose un paso a él – y ahora qué sé lo que eres – se frotó las manos ante su atenta mirada – ¿qué tienes pensado hacer conmigo?

– ¿Crees que no sé que te has unido a ellos? – replicó el Tywyll acercándose un par de pasos – mi única opción ahora mismo es matarte – los fríos ojos de su jefe se clavaron en él – algo de lo que pienso disfrutar.

Antes de que Noah pudiera reaccionar, el Tywyll desapareció de su vista, pero sintió su presencia en la espalda. El primer golpe le precipitó hacia adelante, pero no se dejó caer sobre el suelo, sino que se mantuvo y se dio la vuelta para encarar a su enemigo. Noah sabía que todos los seres estaban allí, pero ninguno intervendría, no era el momento…

Cuando quieres cazar a una presa tienes que darle la sensación de seguridad, dejarle claro que es él quien lleva las riendas y que tú te estás doblegando ante él. Trucos que crean una ilusión en el sujeto y te permiten llevarle por el camino que tú prefieres.

Robert volvió a atacar. En aquella ocasión, Noah consiguió parar el puñetazo que iba dirigido a su estómago, pero no pudo con la zancadilla que él le puso. Cayó al suelo con un ruido sordo. Tenía que reconocer que su adversario era más fuerte de lo que él se imaginaba. Noah se levantó de nuevo, encarando a su jefe, clavando sus ojos en él.

Y entonces él se desvaneció. Noah dio vueltas sobre sí mismo buscándole, intentando adivinar dónde se encontraba, pero solo pudo ver un par de ojos  negros como el carbón que se precipitaban ante él. El cuchillo se clavó en su muslo y Noah gritó de dolor.

– No deberías haber sido tan estúpido – le susurró Robert poniéndose a su lado, cogiéndole de los brazos para levantarle y situándose detrás de Noah – tengo un sitio mejor para que mueras.

– ¿No sería más poético morir dos veces en el mismo lugar? – susurró Noah girando el rostro para ver a su jefe – pensé que las tragedias os iban más a gente como tú.

– Quiero que mueras en el mismo sitio que ellas – las palabras de Robert se deslizaban por Noah como el hielo – para que tu sangre manche la misma tierra que vio morir a esas jóvenes…

Noah abrió los ojos al máximo. Todas las prostitutas muertas habían sido encontradas en el mismo descampado. En diferentes zonas, de diferentes maneras, pero todas tenían ese aspecto en común. Algo que había llevado a la policía a pensar que se trataba de un asesino en serie. La única que no había aparecido allí era la mujer de las orejas cortadas. La que suponían que era una elfa…

– Me llevarás al mismo descampado – dijo Noah algo más alto – ése es tu cementerio particular ¿cierto?

– Parece que te has leído muy bien los informes de la policía – susurró Robert pegándose más a él y poniéndole el cuchillo en la espalda – espero que el viaje en coche no se te haga muy largo…

Noah se mantuvo quieto durante todo el camino mientras miraba por la ventanilla. Por el espejo retrovisor veía una moto muy parecida a la suya y él estaba convencido de que se trataba de Lesley que le seguía. ¿Estaría el resto allí?

El Tywyll le había atado las manos a la espalda para que le fuera imposible escapar así que tuvo que esperar a que él bajara del coche y le ayudara a salir del mismo. Caminaron varios metros hasta que Robert le precipitó contra la fría arena del descampado. Noah cayó de rodillas mientras se imaginaba a todas aquellas mujeres en esa misma posición esperando a ser asesinadas por un monstruo como él.

Él no iba a morir así. Se levantó con sus últimas fuerzas, a pesar de que la herida en el muslo le estaba matando y se enfrentó al Tywyll. ¿Cuánto tardaría él en darse cuenta de que Noah era inmortal? Noah se miró la herida de la pierna y recordó las palabras de Adair: “Nada puede matarte excepto la pérdida de sangre. Si te quedas sin sangre… Te quedas sin vida”. Por suerte la herida se estaba cerrando, a un paso lento, pero no era tan profunda como hacía veinte minutos.

– ¿A qué esperas para matarme? – Noah se precipitó hacia él chocando su pecho contra el del ser y cayendo los dos al suelo – ¿Eran tan lento matándolas a ellas? ¿Disfrutabas con su sufrimiento?

– Me alimentaba con su sufrimiento – sentenció Robert con una sonrisa macabra.

El sonido que estaba esperando se dejó oír. El piar de un ave como si se acercara veloz hacia ellos. Aquella era su señal, así que Noah se apartó a un lado viendo que Robert se ponía en pie para atacar.

La primera flecha se clavó en el torso del Tywyll, pero a esa primera se le unieron dos más, una en su pierna y la otra en su cuello. Noah tenía que reconocer que la precisión de los elfos era asombrosa. Aún así, Robert se abalanzó sobre él aunque fue interceptado por Eire que le clavó en el costado uno de sus cuchillos.

Amras bajó el arco que había utilizado y Noah se fijó por primera vez en el brazo más corto que tenía el elfo, algo que parecía no impedirle disparar como el mejor, un punto más a favor de aquel guerrero.

Adair se acercaba al Tywyll sin armas, con la espada enfundada en su espalda, lista para ser utilizada en cualquier momento. Y junto a él estaba Aleksei, el cual cogió a Robert por el cabello y le obligó a levantarse. Noah se quedó mirando los fríos ojos del que había sido su jefe hasta que sintió las manos de Lesley liberar sus muñecas.

El primer impulso que tuvo fue abrazarla, a pesar de estar frente a un asesino, uno que parecía estar controlado. Después se dio la vuelta para acercarse a él hasta que quedó a escasos centímetros de él. Por lo que pudo ver, Adair le había puesto unos grilletes alrededor de las muñecas, algo que aliviaría a todos los presentes.

– ¿De verdad creíste que era tan estúpido? – susurró Noah contra su rostro.

– Eres como tu madre – escupió el Tywyll con odio – ella también era una puta al servicio del bien.

– Llévatelo – la orden de Adair iba dirigida a Eire que no tardó en tocar al Tywyll y desvanecerlo con un haz de luz.

¿Qué había querido decir ese hombre? ¿De qué conocía a su madre? ¿Había estado él implicado en su muerte? La rabia se extendió por Noah como si fuera un polvorín y se acercó a Adair mientras ponía una mano en su brazo para pararle.

– Quiero estar en el interrogatorio – no era una pregunta sino una orden.

A pesar de que nadie daba órdenes a un ser como él, Adair asintió con la cabeza, dejándole claro que tendría su sitio, sus respuestas y la verdad que él ansiaba conocer. Todos desaparecieron y los únicos que quedaron fueron Lesley y él.

Pero no había tiempo de hablar. Noah necesitaba volver a la enorme mansión y conocer todo lo que aquel maldito hijo de puta conocía sobre su madre…

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