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CAPÍTULO XLIII

Noah jamás habría imaginado que semejantes mazmorras se escondieran en las profundidades de la enorme mansión que ofrecía el exterior. No debería sentirse impresionado, él mismo tendría que haber previsto esto, haberse dado cuenta de que en algún momento los Anfarwold tendrían que encerar a los Tywyll.

Las últimas palabras de Robert, aquellas concernientes a su madre, llevaban rondando su cabeza durante todo el día. Sí, habían entrado aún de noche y aunque no se había asomado a la ventana podía intuir que era de noche nuevamente. Lo que quería decir que había pasado un día completo.

Y aún así, el muy cabrón no había soltado prenda, a pesar de las torturas, de que la sangre manchaba el suelo y que se notaba que perdía fuerzas por momentos. Noah se había mantenido en la oscuridad,  en una de las esquinas, tal y como Adair le había pedido. Había sido un iluso si pensaba que el ser les diría algo de buenas a primeras.

Un monstruo como él disfruta del nerviosismo ajeno, del dolor y la incomprensión del contrario. En el fondo, Noah sabía que había dicho esas palabras para despistarle, desconcentrarle y en cierto modo lo había conseguido. La furia volvió a apoderarse de su cuerpo cuando recordó la palabra con la que se había referido a su madre… “Puta”. Ningún insulto podía doler más que aquel y tampoco pensaba pasarlo por alto.

– ¿No sabéis sumar dos y dos? – preguntó Robert esbozando una sonrisa siniestra – seguro que hasta el joven Noah sabe que yo maté a todas las putas que estabais investigando – se giró hacia el rincón donde Noah se escondía – ¿Verdad, pequeño Noah?

– Te has equivocado de cabo a rabo – respondió Adair acercándose al preso que colgaba de las cadenas y sus pies no alcanzaban el suelo – lo que nos interesa saber es la parte que concierne a su madre – Adair cogió el cuello del Tywyll y lo apretó con fuerza – ¿Qué sabes de ella?

– ¿Por qué no viene él y me lo pregunta directamente? – su voz sonaba baja, como de ultratumba – ¿Acaso me tienes miedo? ¿Crees que podría matarte estando encadenado?

– Habla conmigo, no hables con él – dijo Adair soltando el cuello del Tywyll y alejándose dos pasos – o juro que dejaré que el vampiro te vuelva a clavar una espada en el bajo vientre.

– Amenazas que no sirven de nada – respondió Robert manteniéndose inmóvil, enfrentando la mirada de Adair, pero sonriendo. Una sonrisa que Noah sabía que era para él – ¿acaso no quieres enfrentarte a mí? He sido tu mentor todos estos años, te he dado libertad, paz cuando toda tu vida era caos…

En el fondo, el propio Noah sabía que no podía seguir escondiéndose de él, no solo del Tywyll que tenía ante él sino también de sí mismo. Si quería que su vida comenzara a cambiar, convertirse en un guerrero provechoso para la causa y en un buen hombre para Lesley, entonces tendría que afrontar todas las consecuencias.

Lesley, a la cual no había visto desde que desapareció en el descampado, ni siquiera se había acercado una vez a las mazmorras. Posiblemente no quería presionarle más… Intentando darle un espacio que realmente no necesitaba. El Morak apretó las manos y dio dos pasos adelante.

La luz caía sobre su rostro iluminándolo, dejando que Robert le viera completamente para que se diera cuenta de que no le temía. Enfrentó su mirada con la de aquel monstruo y esperó a que él moviera la primera ficha. Noah ni siquiera se atrevió a mirar a Adair, no quería mostrar ningún signo de debilidad, pretendía ser un hombre hecho y derecho: un guerrero.

– No sabes lo que te pareces a ella – comenzó a decir el Tywyll – tu madre siempre intentaba aparentar un aire de santa que no tenía – escupió en el suelo – iba de buena. Odiaba cuando ayudaba a otras personas… ¡Se había declarado imparcial! – el grito tomó a Noah por sorpresa – pero noooooo, ella tenía que ser un alma caritativa, una maldita Teresa de Calcuta.

– ¿Por eso la mataste? – preguntó Noah apretando los puños a ambos lados de su cuerpo – Tú fuiste el Tywyll que ordenó su ejecución y la de mi padre…

– Ohhhhhh, aún no lo sabes ¿verdad? – su tono parecía cómico y burlón – no mandé a nadie para que los mataran. Lo provoqué yo mismo.

En otro tiempo, Noah jamás habría pensado que su mentor fuera un asesino, pero ahora que veía sus ojos fríos, sus facciones desencajadas, la maldad pintada en su rostro, se maldijo por no haber sido capaz de verlo. Las peores personas se esconden bajo la mejor apariencia que pueden mostrar.

Las palabras llegaron lentamente a su cerebro, como una cacofonía lejana que no terminara de encajar en su cabeza. Él no había ordenado el asesinato sino que lo había orquestado y llevado a cabo. Aquel maldito psicópata había matado a sus padres y había privado a Noah de un amor que siempre había echado en falta.

– ¿Por qué lo hiciste? No creo que fuera solo por la bondad que caracterizaba a mi madre – espetó Noah acercándose a él – tuvo que ser por algo más. ¿Qué te empujó a acabar con sus vidas? – había elevado la voz, lo sabía y tampoco es que le importara.

– ¡Tú! ¡TÚ fuiste el principal motivo! – la carcajada que soltó a continuación podría crispar los nervios de cualquiera – ella ya estaba perdida, pero su hijo aún podía ser salvado, aún podía unirse a nosotros – los ojos de Robert se clavaron desquiciados en los de él – ¿nunca te has preguntado por qué acabaste aquí, en este hospital, bajo mi mando?

Noah se quedó en silencio, intentando entender cada una de las palabras que le había dicho y sabiendo que aún quedarían muchas más por llegar. Una idea fue formándose en su cabeza, despacio, muy lentamente porque… ¿Y si todas las decisiones que había tomado no habían sido por él? ¿Y si aquel maldito ser había influido más de lo que podía llegar a imaginar? ¡No! Él era el dueño de sus pensamientos, sentimientos y decisiones.

– Querías que me uniera a ti – susurró Noah despacio. Su mente comenzaba a comprender todos los pasos que el Tywyll había dado – te libraste de mis padres para que ellos no te estorbaran en el camino – el Morak podía sentir la temperatura de su cuerpo elevándose – mis tíos no conocían mis poderes, no como mi padre o mi madre, así que me separaste de ellos radicalmente.

– Sí, dicen que la muerte es la mejor manera de separar a un pollito de su madre – dijo Robert pasándose la lengua por los labios – tú eras mi seguro, serías mi sucesor, pero me has fallado completamente…

– Querías moldearme como tú – las palabras salían rápidas de los labios de Noah – y te has llevado una gran decepción al ver que has sido incapaz de conseguir tu plan inicial.

– Para ser francos… – dijo Robert mientras tiraba de las cadenas tensando los músculos de su brazo – si esa maldita chupasangres no se hubiera metido en mi camino… Lo habría conseguido. Te tenía comiendo de mi mano y habrías sido mío.

Los dos se miraron a los ojos enfrentándose con la mirada, intentando evaluar lo que pensaba el otro, sin contar con la presencia de Adair que se mantenía detrás de ellos en un silencio absoluto. Antes de que Noah pudiera replicar con algo para cortar el silencio opresivo que se había instalado entre ellos, Robert articuló las peores palabras que podría haber pronunciado y que acabaron con la poca paciencia que Noah pudiera albergar en su interior.

– Siempre te han gustado las putas – confesó el Tywyll riéndose – tu madre fue una puta y te estás tirando a una puta muerta – Robert abrió los ojos e intentó balancearse para acercarse más a Noah – por si no lo sabías… Ella está muerta y eso sí que es muy depravado. Tal vez debería haberla matado como al resto de mis putitas…

Nadie en su sano juicio habría aguantado semejantes burradas. Noah cogió una de las dagas que había sobre la única mesa de la habitación y se la clavó en la garganta disfrutando con el sonido de la carne al ser cortada. La sangre negra de aquel ser comenzó a brotar de la herida y Noah se apartó dejando la daga clavada en el prisionero.

Pero su satisfacción cayó en picado cuando se dio cuenta de que no moría. ¿Cómo había podido olvidar que aquello no les mataba? El Morak se volvió hacia Adair que permanecía con los brazos cruzados y observaba la escena con cierto interés.

– Quiero que muera… ¿Cómo se le mata? – dijo Noah odiando su inexperiencia, no sabiendo algo que en el fondo era vital en su nueva vida.

El Guerrero se acercó al cuerpo, extrajo la daga del cuello y la limpió contra sus pantalones negros. Noah no se había apartado de su lugar, observando la escena, aprendiendo para la próxima vez. Adair apuñaló con la daga el pecho del Tywyll a la altura del corazón y cercenó la carne hasta que de un solo tirón extrajo el corazón.

Tras ver aquellas imágenes, Noah recordó la noche en que Lesley había hecho eso mismo, con otro de aquellos seres. Apuñalar el corazón parecía ser la única manera de vencer a esos miserables hijos de puta. Y aunque debió permanecer quieto, Noah dio un paso hacia delante, dejando que la temperatura fluyera por su cuerpo…

Sus ojos quedaron fijos en el corazón que aún bombeaba y se encontraba sobre la mano de Adair. Se lo estaba mostrando al Tywyll y Robert contemplaba con horror el proceso. Noah sentía que sus poderes estaban creciendo, como si miles de ramificaciones calientes se apoderaran de él y antes de que pudiera evitarlo prendió el corazón.

Llamas anaranjadas cubrieron el órgano del prisionero. El grito que Robert dejó escapar podría haber helado un continente entero. El corazón ardía en llamas, pero Robert, el mismísimo cuerpo de él también estaba ardiendo. Las llamas lamían y devoraban al hombre poco a poco hasta que miles de cenizas negras cayeron al suelo.

Él ya no estaba. Robert había pasado a la historia, se había esfumado y jamás volvería a interferir en la vida de Noah. Adair se dio la vuelta para enfrentarle, callado, reservado, pero con cierto asombro y admiración en su mirada.

– Jamás nadie había conseguido algo así – fueron las únicas palabras que pronunció mientras dejaba caer al suelo los restos de Tywyll.

– Se acabó. Está muerto – terminó diciendo él.

Noah se dio la vuelta antes de que el Guerrero pudiera decir algo más. Necesitaba salir de allí, tenía que encontrar a Lesley, necesitaba sentirla a su lado, abrazarla y que ella le dijera que todo había pasado. En el fondo, él la necesitaba demasiado y la única explicación que había para tremendo sentimiento era el amor. Cuando amas a una persona dependes de ella, esperas que te llene de felicidad y también confías en que te necesite tanto como tú a ella.

***

Aleksei se encontraba apoyado en la pared del largo pasillo subterráneo escuchando brevemente la conversación que se mantenía en la sala de tortura. Después de varias horas infructuosas, parecía que el Morak estaba consiguiendo sacar información, algo que le estaba dejando sorprendido. No es que pensara que el muchacho no fuera capaz de algo así, pero sí tenía que reconocer que necesitaba mucho entrenamiento para convertirse en un verdadero Anfarwold.

Ya estaba fantaseando sobre cómo Adair se encargaría de su entrenamiento o al menos esperaba que no le pasara el marrón a él. No, Aleksei era un vampiro, un diplomático y un guerrero excelente. No entrenaba a jóvenes Moraks imberbes que aún necesitaban una buena paliza para espabilar del todo.

Cuando había salido del interrogatorio había aprovechado para subir arriba y ver a Lesley. No le había pasado desapercibido la marca de los colmillos de su “hija” en el cuello del joven Morak. Así que ella se había alimentado y él había aceptado otorgarle la sangre… ¿Y entonces por qué razón ella había huido como una ladrona?

No la había encontrado por ninguna parte, a pesar de que había recorrido toda la casa y la única señal de su partida era una nota que ella le había dejado a Noah. No es que Aleksei fuera un cotilla, pero en los asuntos de su casa siempre le gustaba estar bien enterado de todo. Así que había leído la “nota” para después guardársela en el bolsillo.

¡Interesante! Parecía que él se había declarado y su preciosa hija vampira había escapado de él, aunque quizá no por las razones que cualquier otro hombre pensaría. A pesar de ser una de las mujeres más fuertes que había conocido, Lesley era frágil por dentro y él estaba convencido de que no quería encadenar a una persona como Noah a una existencia llena de oscuridad.

¡Vuelta a los dramas románticos! Chica abandona a chico, chico se queda destrozado mientras chica llora su ausencia al otro lado del mar atlántico… Demasiado típico, poético y gótico. Y ahí entraba su vena entrometida, quizá no era un cotilla del todo, pero le encantaba interferir en la vida de los demás.

La puerta se abrió de golpe dejando que Noah saliera como alma que lleva el diablo. El vampiro le siguió con pasos lentos sabiendo exactamente hacia dónde se dirigía el hombre. Cuando fue demasiado evidente, no tuvo más remedio que pararle en seco y empezar con su gran plan maestro. Más allá de una nota sentida pidiendo perdón por su marcha, los hombres reaccionan ante los celos y estos pueden ser irracionales cuando queda el recuerdo de otro hombre.

– Ella no está ahí arriba – las palabras de Aleksei salieron fluidas – me temo que se ha marchado… – Noah se fijó en él – tenía demasiada prisa porque apenas se ha llevado todas sus cosas.

– ¿Qué quieres decir? – preguntó Noah bajando los pocos peldaños que había subido – ella sabía que subiría a buscarla cuando todo esto…

– Mira, no sé exactamente qué es lo que está pasando entre vosotros, pero… – comenzó a decir Aleksei mientras se acercaba – Lesley es una mujer muy especial. Necesita pensarse bien las cosas, tener sus sentimientos claros y me temo que se ha ido a intentar… – puso cara de estar pensando – ¿como lo decís ahora? Aclarar sus sentimientos encontrados.

– ¿Dónde se ha ido? – preguntó Noah parándose frente a él. El Morak estuvo tentado de cogerle de los brazos, él lo sabía, pero se había contenido muy bien – ella no… ¡Mierda!

Aquel hombre estaba realmente enamorado. Nadie en su sano juicio preguntaría dónde se encontraba la mujer amada después de que ésta le hubiera abandonado. Si hubiera podido se habría puesto a aplaudir… Aún así, metió las manos en los bolsillos del pantalón y tocó la carta que ella le había dejado.

– Se ha ido a Escocia – contestó el vampiro a la pregunta anterior – siempre que necesita consejo va a casa – Noah cambió su expresión a una de comprensión – ya sabes, la familia, los amigos, su marido… son como un bálsamo para ella.

¡Bingo! La expresión de Noah había cambiado. A nadie le gustaba pensar en el recuerdo de un marido que ya no está. Puedes luchar contra otro pretendiente, pero jamás con el recuerdo de alguien que está muerto al cual no puedes golpear hasta sangrar. Desde luego, esa no era la razón por la que ella se había ido, ya que Lesley hacía años que había conseguido sanar el amor perdido de su primer marido y la prueba era el amor que sentía por el “chico” que tenía delante.

– Cogeré el primer avión que salga a Escocia – la determinación en la voz de Noah le hizo sonreír – si piensa que esto se quedará así está muy equivocada porque…

– ¡No sabes lo que me sorprende oír eso! – Aleksei se acercó a él despacio y puso una mano en su hombro – ¿Estás dispuesto a hacer todo por ella? ¿La harás feliz? ¿No te importaría renunciar a tu vida, a lo que eres, a lo que siempre has querido ser por ella?

La única respuesta que obtuvo fue un sincero “sí” por su parte. Seguramente, si le hubiera dejado, él le habría soltado una charla sobre los sentimientos que albergaba hacia su “hija”, pero Aleksei tenía demasiados años encima y muchos más por delante como para eternizarse en una cuestión amorosa.

– Mire, con todos mis respetos… – dijo Noah mientras se liberaba de su mano – sé que es el creador de Lesley, su “padre”, pero no tengo tiempo que perder… – le miró a los ojos – no pienso perderla por quedarme aquí hablando con usted.

– ¡Bravo! Solo por eso te has ganado que mi avión privado te lleve a Escocia – respondió Aleksei mostrando su mejor sonrisa – irás mucho más rápido que en un sencillo vuelo comercial.

– ¿Por qué hace esto? – preguntó Noah frunciendo el ceño – no crea que no he notado lo mal que le caigo…

– Siempre he querido montar una aerolínea – bromeó el vampiro poniendo su rostro más serio – vampires airlines… ¿no te parece pegadizo? – no, el joven Noah no iba a reírse, al menos hasta que tuviera a Lesley de nuevo con él – vete antes de que me arrepienta – le apuntó las señas y terminó diciendo – llamaré a mi piloto para que sepa que vas a ir.

– ¡Gracias, mil gracias! – dijo Noah ilusionado.

Aleksei le vio partir corriendo y desaparecer de su vista. Quizá el amor verdadero no había muerto después de todo, era posible que aún quedara una brizna de esperanza, al menos para personas como Noah y Lesley. El vampiro sacó la nota de su bolsillo, la arrugó y la tiró en la papelera más cercana.

En ocasiones, los amantes necesitan un leve empujoncito, un cupido que les clave la flecha en el corazón para que no cometan el error de dejar que el amor se escape. No es que Aleksei pensara que le quedarían bien las alas, pero por una vez, no le había incomodado.

***

La noche se cernía sobre la ciudad de Nueva York, aunque la oscuridad no podía hacer frente a la cantidad de luces que iluminaban la “ciudad que nunca duerme”. La gente caminaría por las calles, estarían en su casa disfrutando de sus seres queridos, mientras que él se encontraba sentado en su despacho como cada noche.

Llevaba varias semanas sin poder conciliar el sueño. Le era imposible dormir más de tres horas seguidas y ni siquiera un cuerpo caliente a su lado le ayudaba. La noche anterior había seducido a una mujer, la había llevado a su piso y habían follado durante toda la noche hasta que ella cayó rendida entre las sábanas.

Y mientras ella dormía, Evan solo podía mirar al techo y pensar en que sentía un inmenso vacío en su pecho que aumentaba con cada día que pasaba. Un terrible sentimiento que aplacaba con las fiestas, el sexo y el poder que había obtenido en su bufete. Ahora era un abogado más que respetado entre sus compañeros y su estatus había subido más de lo que podría haber imaginado.

En ocasiones, había pensado que sus noches de insomnio eran un castigo por los errores que había cometido para con sus amigos, pero tras meditarlo y hablarlo con su jefe había entendido que él no había hecho nada malo. Al contrario, sus amigos le habían  traicionado a él. Se había aliado con sus oponentes y le habían abandonado a su suerte…

En todo aquel tiempo, Evan había aprendido porqué tenía sus poderes, contra quién tenía que luchar y a quién proteger… Su familia ahora eran los Tywylls. Ellos le ayudarían a controlar del todo sus poderes, a manejarlos y utilizarlos en beneficio del grupo. Sin ir más lejos, Ilías le había mostrado cómo cerrar su mente a todos y concentrar sus poderes en una sola zona. Así, Evan había conseguido crear un remolino de aire que había destrozado tres coches en un descampado.

Sus recuerdos se desvanecieron cuando escuchó el sonido de su móvil. Miró la pantalla para comprobar que era una de las abogadas del bufete, quizá querían que se pasara a tomar unas copas y teniendo en cuenta lo buena que estaba Jessica… Podría tenerla entre sus sábanas aquella noche. El Morak se desperezó, levantándose del asiento y recogiendo la chaqueta de su traje al igual que el maletín que siempre llevaba.

La oficina estaba a oscuras, pero a él no le incomodaba, todo lo contrario. Cuando estaba llegando al ascensor, escuchó unos pasos a su espalda y al darse la vuelta vio la silueta de un hombre al que no terminaba de verle la cara. Cuando el desconocido habló por primera vez, él supo que se trataba de Ilías, su jefe y mentor.

– ¿Todavía estas aquí, muchacho? – dijo el hombre cuando las puertas del ascensor se abrieron dejando que la luz del interior les iluminara a ambos – te tomas el trabajo demasiado en serio.

– Me gusta ser concienzudo – comentó Evan entrando dentro del reducido espacio – ¿baja?

– Sí – respondió con simpleza el hombre – pero antes quiero hablar algo contigo.

Evan apretó el botón de la planta baja y las puertas se cerraron ante sus ojos. Los dos hombres se quedaron en silencio durante unos segundos mientras ambos admiraban cómo los números se iban reduciendo a medida que el ascensor descendía por el edificio.

– ¿Recuerdas lo que te comenté hace unos días? – el tono de Ilías no había cambiado en ningún momento – eso que tendrías que hacer para poder formar parte de nosotros completamente…

Sí, claro que lo recordaba. ¿Cómo podía olvidar una orden de muerte? Ilías le había confiado que para entrar dentro de los Tywyll tenías que sacrificar todo, incluida su alma, según parecía. El asesinato era un delito, siempre lo había creído así, e incluso encerraba personas por ese mismo motivo… La cosa cambiaba cuando lo que tenías que hacer era matar a un Anfarwold. Ellos eran el enemigo en la guerra y al enemigo había que exterminarle.

– Estoy dispuesto a hacerlo – respondió Evan manteniendo la misma pose y sin mirar a su jefe – ¿Cómo encontraré a uno de esos… “seres”?

– Nosotros te proporcionaremos uno – comentó Ilías con una amplia sonrisa – solo tendrás que acabar con él y serás uno de nosotros – se giró hacia él y Evan hizo lo propio mirando los ojos de su jefe – descubrirás que la muerte puede ser hermosa si se la ve con otros ojos…

Las puertas se abrieron de golpe cortando la conversación al segundo. ¿Una muerte podía ser hermosa? Evan jamás lo habría pensado así, pero en las circunstancias en las que estaba no iba a renunciar a su única oportunidad en la vida. Pensaba aprovecharla aunque tuviera que matar a uno de esos Anfarwold… ¿Qué importaba uno más?

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