Etiquetas

CAPÍTULO XLIV

No había lugar más precioso que aquel. Escocia siempre había tenido un encanto especial para ella, no solo por ser su tierra, sino que escondía miles de secretos. Ningún lugar en el que había estado se asemejaba a aquel sitio. La brisa chocaba contra su rostro, su melena volaba al son del viento y la naturaleza le daba la bienvenida.

Cuando aterrizó en el aeropuerto, no esperó a que nadie la llevara a casa, sino que condujo ella misma hasta su lugar de retiro. Muchos siglos atrás, la vampira había comprado los terrenos que habían pertenecido al clan MacDonald y había conservado las tumbas de sus antepasados. Aquel era su lugar de retiro.

Cuando llegó, Lesley contempló que la sencilla casita seguía en pie, rodeada de naturaleza, montañas, agua y verdor. Aquel lugar le recordaba a su mundo, su familia, su vida entera… Porque aunque se jactaba de ser una mujer curtida, de ciudad, lo cierto era que siempre sería una mujer de las Highlands.

La oscuridad era absoluta, pero un suave camino de luces guiaba hacia cada rincón del valle. Lesley se encontraba sentada en la hierba frente a la tumba de sus padres, su hermano, su marido… Los había perdido a todos y ahora también había perdido a Noah. Era cierto que ella le había dejado, pero tenía sus buenas razones porque jamás podría condenarle a una vida que él no deseaba en el fondo. Y aunque su corazón tuviera que sufrir y sangrar, no le haría cometer el peor error de su vida, por una maldita vez no estaba pensando en ella sino en la persona a la que amaba.

Sí, porque Lesley amaba a Noah como hacía tiempo que no amaba a nadie. Muchos podrían pensar que era una pagana, una mujer sin escrúpulos al estar sentada frente a la tumba de su primer marido pensando en su amor por otro…

Pero ella sabía que Ayden lo habría entendido. Su marido habría querido que fuera feliz junto a otro hombre si él no podía estar allí para protegerla y cuidarla. Lesley le había llorado durante muchos años, había cerrado su corazón hasta que Noah había aparecido en su camino… él había abierto las puertas, derribado las barreras que protegían su corazón con recelo.

– Sé que me llamarías estúpida – comentó Lesley tocando la fría piedra de la tumba de Ayden – si supieras lo que significa en estos tiempos… – sonrió tristemente – he cambiado desde la última vez que estuve aquí…

El silencio era la única respuesta que podría encontrar en aquel lugar.

– He descubierto que puedo preocuparme por alguien más que por mí misma – confesó Lesley débilmente – cuando una persona no ve los errores que está apunto de cometer – se quedó callada un momento escuchando el silencio – somos nosotros los que tenemos que hacérselos ver.

– ¿Qué errores? – la voz de Noah le llegó alta y clara detrás de su espalda.

¿Qué hacía él allí? ¿Cómo sabía dónde estaba ese lugar? Iba a matar a Aleksei, lentamente, torturándole por hacerle esto. La vampira se levantó dándose la vuelta para encarar al hombre que ocupaba todos sus pensamientos.

Noah estaba frente a ella, llevaba una cazadora negra, unos pantalones vaqueros que estaban helados por el frío de la noche. La luz de los pequeños farolillos iluminaban su rostro, dejándole ver aquellas facciones que tanto había echado de menos, sus ojos verdes como la esmeralda.

El miedo, la anticipación y la incertidumbre se abrían por su cuerpo como un polvorín apunto de estallar. Le había dejado como una cobarde, sobre todo porque ella sabía que si tenía que despedirse de él jamás sería capaz de dejarle marchar o más bien al contrario.

– ¿Por qué has huido de mí? – preguntó Noah acercándose a ella – Te has marchado como si lo nuestro jamás hubiera existido… – su mirada recayó en las tumbas que tenía ella tras de sí – ¿Ha sido por él? ¿Aún sigues amándole?

¿Amándole? ¿Noah creía que se había marchado porque aún amaba a su marido? ¿De verdad pensaba que se trataba de un triángulo amoroso? Mientras le miraba pensó que sería una gran excusa para que él se marchara. Dejarle creer que aún seguía enamorada de su marido le facilitaría las cosas con él, pero se dio cuenta de que no podía, que era incapaz de hacerlo.

No podía mentir y ocultar sus sentimientos. Por eso le había dejado aquella maldita nota, porque sabía que si tenía que decírselo a la cara, si tenía que dejarle, era mejor no mirarle a los ojos o de lo contrario estaría perdida. No sería capaz de ocultar el amor que sentía por él, no podría pedirle que se marchara, exigirle que sus caminos jamás volvieran a cruzarse…

Las manos de Lesley se retorcían nerviosamente mientras escuchaba el crujir de las ramas gracias a los animales que habitaban por allí. Noah esperaba una respuesta, había cruzado sus brazos esperando que ella le confirmara sus sospechas. Y no pudo hacerlo…

– Ayden no tiene nada que ver con esto – consiguió decir ella aún sabiendo que se estaba metiendo en terreno pantanoso, que lo más seguro es que no fuera capaz de decirle que se marchara para siempre – siempre querré a Ayden porque fue un hombre bueno, honorable y un gran marido, pero… – Lesley clavó la vista en él sintiendo el frío en su rostro – no se puede amar eternamente a alguien que jamás volverá a ti.

– ¿Por qué te has ido entonces? ¿Por qué huyes de mí? – dijo Noah acercándose a ella y conteniéndose para no cogerla de los brazos – pensé que todo estaba solucionado entre nosotros, que podíamos empezar una nueva vida, formar una familia entre los dos…

Y esa fue la segunda bofetada de aquella noche. Él no era capaz de entender que ella jamás podría darle una familia. La rabia y la desesperación se apoderaron de ella haciéndola impotente en esta situación. Por una vez desearía no estar muerta por dentro, ser capaz de darle la vida que él quería, todo lo que Noah se merecía. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos y la rabia se abrió paso entre sus labios.

– ¡No podemos estar juntos, Noah! ¿Acaso no lo entiendes? – Lesley alzó la voz mientras daba un par de pasos hacia atrás alejándose de él – ¡No puedo darte la vida que quieres! No habrá hijos, no podrás caminar conmigo a la luz del sol, no podremos ser una pareja normal… – apretó los puños reprimiendo las ganas inmensas que tenía de llorar – no soy una mujer completa, Noah.

La impresión le había dejado desconcertado como si hubiera entendido por fin la gran verdad. Era como si todos sus sueños se hubieran desvanecido de un plumazo, pero a pesar del estupor había una emoción en sus ojos que Lesley no terminaba de comprender. Dónde solo debía haber vacío, ella podía ver un leve brillo de esperanza, como si él se apoyara en algo que la vampira no lograba entender.

– No me importa – sus palabras sonaron fuertes a través de la fría racha de viento – ¿Crees que todo eso me hará renunciar a ti? – se acercó dos pasos y ella se mantuvo quieta en su sitio – hemos pasado por demasiadas cosas como para que pienses que soy así de superficial…

– No es cuestión de ser superficial… – sus palabras sonaban más frágiles de lo que ella quisiera que fueran – no voy a permitir que malgastes tu vida, que te marchites a mi lado mientras yo contemplo como todos tus sueños quedan destruidos por lo que soy.

– ¿Acaso no lo entiendes? – Noah la cogió de los brazos y la acercó a él. Sus cuerpos apenas se tocaban, pero el contacto era real, sus manos apretando fuertemente sus brazos – mi único sueño eres tú – Noah acercó su rostro al de Lesley hasta que quedó a escasos centímetros de ella – en lo único que podía pensar cuando estaba muriendo, lo único que se repetía en mi cabeza, era que había perdido la oportunidad de estar contigo… – sus respiraciones se acompasaban en el frío aire escocés – tú eres lo importante y todo lo demás es secundario, prescindible, desechable…

– Siempre has dejado claro que querías niños – comentó ella tristemente sintiendo que algunas lágrimas se resbalaban por sus mejillas – sabes que ese momento llegará… querrás tener descendencia y es posible que…

– Shhhh – dijo Noah mientras subía sus manos por los brazos de Lesley, acariciando sus hombros y su cuello hasta que llegó a sus mejillas – ya nos ocuparemos de eso en otro momento – acarició su piel limpiando las saladas lágrimas que ella dejaba caer – te amo, Lesley. Jamás he amado a una mujer como a ti.

Por todos los Dioses, aquellas eran las palabras que llevaba semanas queriendo escuchar. Nada la hacía más feliz que saber que el hombre al que quería entregar su corazón sentía lo mismo por ella. Lesley se acercó un poco más a Noah, agarrando con sus manos la cintura del hombre y sintiendo que su cercanía la reconfortaba. Y sin embargo, la duda seguía allí, persistente en su memoria.

– ¿Quieres saber la verdad? – dijo Noah cogiéndola del mentón y alzando su vista para que ambos se miraran – no volví por nadie más. He muerto Lesley y he resucitado para estar contigo. Mi vida acaba si tú me rechazas, si te alejas, si me dejas para siempre… – él bajó lentamente sus manos hasta posarlas en sus caderas y terminar de acercarla a él – ambos hemos muerto, nena. Pero resucitamos como el Ave Fénix porque en el fondo sabemos… Que siempre nos encontraremos, que lucharemos para que este amor llegue a buen puerto, porque ansiamos un futuro juntos.

Los labios de él capturaron los suyos en un beso tierno, cargado de sentimiento, donde él intentaba hacerle entender todo lo que ambos sentían por el otro. Jamás un beso había sido tan tierno, pero a la vez excitante… Ambos se dejaron llevar por sus sentimientos hasta que no tuvieron más remedio que parar aquella muestra de afecto.

– Hemos nacido para morir, Lesley – susurró él contra sus labios – pero nuestro amor no ha muerto con nosotros sino que nos ha mantenido vivos reviviendo nuestros corazones – el Morak acarició su pelo y después la estrechó entre sus brazos donde ella se acurrucó protegiéndose de cualquier mal. Se sentía tan bien entre sus brazos… – quiero estar contigo. Me dan igual las consecuencias, lo que vendrá después, la luz del sol o los hijos – sin dejar de acariciar su cabello él terminó diciendo – porque mi amor por ti es tan fuerte que preferiría morir para siempre si no estoy a tu lado.

Lesley se había quedado sin palabras, quieta y en silencio como si fuera una maldita estatua. Estaba asimilando todas las palabras que él le había dicho, los sentimientos que había confesado y su cerebro no encontraba una respuesta adecuada para semejante declaración de amor. El resto de chicas podrían preferir un ramo de rosas y unos bombones, pero ella se quedaría con alguien como él, con sus palabras reales y auténticas.

Y la estupidez de Lesley no se había acabado ahí. Cuando sus ojos se encontraron con los de Noah, no supo qué decir o cómo reaccionar, algo que él no llegó a entender o más bien malinterpretó. Sin separarse de ella, Noah movió sus manos hasta que entrelazó sus dedos con los de ella, apretando como para que la vampira sintiera que era real.

– Esperaré todo lo que haga falta – susurró él despacio – no voy a rendirme, no voy a dejarte escapar, pero tampoco voy a presionarte… – Lesley podía ver la tristeza pero también la decisión en el brillo de su mirada – quiero que tú decidas venir a mí porque sé que en el fondo me amas y también sé – se inclinó susurrando en su oído – que juntos encontraremos la forma de que esto funcione.

– Noah… – su voz apenas parecía la de siempre, como si un ligero matiz nuevo se hubiera instalado en ella – yo…

– Necesitas tiempo, lo sé – comentó él inclinándose y dejando un beso en su frente – voy a darte todo el tiempo del mundo porque… ¿Sabes qué? Tengo toda al eternidad para esperar y aunque no la tuviera – apretó sus manos que aún seguían unidas – malgastaría todos mis años de vida esperando a que volvieras a mí.

Tras aquellas últimas palabras, sus manos se separaron de las de ella y Lesley le vio darse la vuelta y marcharse por la ladera que descendía hacia la casita. Todo su cuerpo era un hervidero de anticipación, nervios y también alegría. Su corazón podría retumbar de nuevo, su cuerpo parecía volver a la vida solo con aquellas simples palabras.

Lesley se dio la vuelta, contemplando las tumbas de sus antepasados y entonces lo comprendió todo. Era posible que ella estuviera muerta por dentro, que hubiera perdido todo lo que amaba, pero ahora tenía una nueva razón para volver a renacer. Noah era su respiración, su regreso a la vida… ¿Cómo iba a dejarle marchar?

***

La vida podía estar llena de sorpresas, momentos impredecibles que tenemos que sortear, intentando que nuestros sentimientos y convicciones queden intactas a lo largo del camino. En menos de dos meses, la vida de todos sus amigos y la suya propia había cambiado radicalmente. Ahora conocían la verdad del mundo y tenía que admitir que le asustaba.

Ellos siempre habían sabido que eran especiales debido a sus poderes, pero jamás podrían haber imaginado una guerra como aquella y mucho menos unas implicaciones tan profundas. La muerte de Noah había sido un duro golpe para la joven Morak, pero en el fondo no era eso lo que la preocupaba.

La presencia de aquel gigante guerrero… El jefe de los Anfarwolds parecía tener miles de años de edad aunque su físico aparentaba el de una persona de treinta y pocos años. Se notaba a leguas que era un guerrero curtido en la batalla, endurecido por la vida, pero también un arrogante que aprovechaba sus conocimientos para creerse superior al resto.

Mientras Sarah golpeaba la puerta de Will, sus pensamientos volvían una y otra vez al Guerrero de la Luz. No la engañaba con esa fachada de serenidad que presentaba y ella sabía que el hombre no habría olvidado su bofetada en la cara. “Buen punto para empezar a hacer amigos si al final tienes que unirte a ellos…”, dijo su parlanchina voz interior.

La puerta del apartamento se abrió y Sarah contempló el rostro dormido de Will. Sin embargo, al instante aquella sonrisa perenne que siempre le acompañaba iluminó su rostro. La hizo pasar y mientras ella se quitaba la cazadora que llevaba consiguió articular la duda que le rondaba por la cabeza.

– ¿Qué pasa si no quiero ser uno de ellos? – su pregunta sonó casual. Sarah se dio la vuelta y vio que Will había puesto las manos en sus caderas y la miraba con una ceja alzada – quiero decir… Noah ya es uno de ellos y Evan… – desvió la mirada – él ya ha elegido su destino, pero nosotros…

– A mí no me mires… – dijo el médico alzando las manos – yo solo soy un simple mortal. ¡Suerte que no tengo vuestros poderes!

– ¡Con esas cosas no ayudas! – espetó ella sentándose en el sofá y cruzándose de brazos – creo que eres la única persona con la que puedo hablar de esto – aceptó la coca cola que él le tendía y sintió el sofá hundirse bajo el peso de su amigo – quiero decir… Entiendo la guerra, que mis poderes son importantes, pero es una responsabilidad demasiado grande.

– No tienes que decirdirlo ahora – contestó Will girando el rostro y encarándola – aún no has cumplido la edad requerida – sonrió levemente – tienes tiempo para pensarlo detenidamente.

– Ese es el problema – dijo Sarah con cierto nerviosismo – ¿Y si cuando llegue el momento sigo indecisa? ¿Y si no sé qué hacer? – dejó la coca cola sobre la mesa y se dejó caer en el sillón.

– ¿Sabes cuál es tu problema? – dijo Will poniendo voz de filósofo – no has encontrado una razón de peso para aceptar… Noah ha conocido a una mujer por la que daría su vida – cogió la mano de Sarah y la estrechó entre las suyas – quizá tú deberías hacer lo mismo.

– ¿Me estás pidiendo que me enamore de alguno de ellos? – dijo la chica alzando una ceja – porque eso no entra dentro de mis planes…

– ¡No! A ver estarías en todo tu derecho, pero no me refería… – el médico parecía desconcertado – lo que quiero decir es que llegará un momento en que querrás salvar algo o a alguien, y “eso” será tan importante que te hará inclinar la balanza a su favor o en su contra.

– ¡Tienes toda la razón! – dijo Sarah algo más animada – ¿Por qué me preocupo por cosas que aún no han llegado?

– ¿Porque eres una neurótica? – dijo Will echándose a reír y apartándose de ella antes de que le pegara – brindemos…- cogió su botellín de cerveza y ella cogió el bote – porque nuestra vida dé muchos giros, aprendamos más sobre nosotros y no nos maten por el camino – la miró a los ojos y soltó unas carcajada.

Sarah se echó a reír junto a su amigo y ella se sentía feliz por verle así. El encarcelamiento de su primo había sido un duro golpe para él, pero le alegraba saber que no había perdido la sonrisa y mucho menos las ganas de luchar y seguir adelante. Will carraspeó y cuando terminó de reírse consiguió decir.

– Vaaaale, esta es de verdad – alzó el botellín más alto – espero que encuentres tu camino Sarah, que Noah se nos case pronto con esa belleza pelirroja y que yo siga estando a vuestro lado para aconsejaros… ¡Qué haríais sin mí!

Ambos chocaron sus bebidas cuando el brindis terminó. Se bebieron las bebidas mucho más rápido de lo que sería aconsejable. Ambos se quedaron semi-tumbados en el sofá, hablando de todo un poco, contándose sus mayores preocupaciones…

Sí, los amigos son una parte importante de nuestras vidas. Un amigo no es solo una sonrisa, sino también un pañuelo de lágrimas, una persona que nos aconseja cuando nosotros no somos capaces de ver la salida a nuestros problemas. Un amigo es alguien a quien eliges, alguien irreemplazable, único en el mundo y también en tu vida.

***

Alejarse de Lesley había sido extremadamente difícil, en el fondo de su mente se imaginaba que la cogía entre sus brazos, la tumbaba sobre la fría hierba y la convencía con su cuerpo de que ellos tenían que permanecer juntos para siempre. El sexo no lo era todo, él quería convencerla en cuerpo y también en alma.

Todas y cada una de las palabras que había pronunciado en aquel lugar eran ciertas. Los dos eran personas únicas en el mundo, dos seres que habían sobrevivido a situaciones durísimas y habían encontrado el amor en el otro. Y aunque le costara su mismísima cordura, le daría el tiempo y el espacio que ella necesitaba para aclararse.

Volver al aeropuerto donde le esperaba el jet privado que Aleksei había puesto a su disposición había sido insoportable. Ahora se encontraba subiendo las escaleras que le internarían en el interior del avión. Mientras se sentaba en uno de los cómodos asientos, Noah solo podía pensar en Lesley y en cuánto tiempo estaría sin volver a verla.

¿Cómo estaba tan seguro de que ella volvería a él? ¿Y si ella encontraba a otra persona que le hiciera feliz? No, todas aquellas dudas se desvanecieron cuando pensó en lo que ambos habían vivido hasta ahora. Quizá sonara un poquito cursi, mucho más si lo pensaba un hombre, pero era de la creencia de que el poder del amor es insuperable y ellos estaban hechos el uno para el otro.

El sonido de los motores le sacó de sus pensamientos. Era hora de volver a casa, emprender su nueva vida y confiar en que ella volviera a él. Noah miró por la ventana y distinguió un porsche rojo que se detenía en la pista. Apenas daba crédito cuando vio bajar a Lesley del coche, ella parecía nerviosa, inquieta, como si temiera llegar tarde a una cita importante.

Su vampira, la mujer que le había robado la razón, la única a la que podría amar se encontraba corriendo hacia el avión como si su vida dependiera de ello. Dio gracias mentalmente porque el avión no hubiera comenzado a recorrer la pista para despegar al cielo oscurecido por la noche.

Noah bajó las escaleras del jet privado corriendo, viendo cómo ella se acercaba a él e incluso antes de que pudiera preguntar qué hacía allí, ella se precipitó hacia él. Lesley rodeó con sus brazos el cuello de Noah y él estrechó su cuerpo con sus fuertes brazos mientras dejaba caer la cabeza y aspiraba el aroma de su cabello. Era una bendición sentirla a su lado cuando pensaba no volver a verla en demasiado tiempo,

Estaba impresionado, sorprendido y deslumbrado. No existían palabras para explicar la felicidad que sentía en esos momentos, al tenerla a su lado, saber que ella había vuelto por él. Noah acarició el cabello de Lesley hasta que ella se separó con una pequeña sonrisa débil en el rostro.

– ¡Te quiero Noah! Te necesito, quiero tenerte en mi vida y me encantaría formar parte de la tuya – sus palabras salieron con rapidez – he sido una estúpida, una ciega al no darme cuenta de tantas cosas… – le miró a los ojos con seriedad.

– Dios, pensé que no volvería a hacer esto… – dijo él acariciando su mejilla – ¿Ya no tienes dudas? ¿No quieres dejarme marchar? ¿No quieres huir de mí?

– Jamás he querido huir de ti, Noah – contestó ella con un tono bajo – pensé que era lo mejor para los dos, pero tonta de mí, no entendí que en el fondo ninguno de los dos podría vivir sin el otro… – Lesley pasó sus manos por el pecho de Noah acariciando su cuerpo por encima de la ropa – quiero que esto funcione, que las cosas entre nosotros sean como deberían ser y quiero intentar darte todo lo bueno que hay en mí para que no eches en falta nada… – la emoción se traslucía en cada una de sus palabras.

– ¿Qué te ha hecho cambiar de parecer? – preguntó Noah intrigado y también dudoso – hace menos de una hora querías dejarme para siempre…

– Perdí todo lo que quería siglos atrás – respondió Lesley bajando la mirada – pero cuando te marchaste, miré tras de mí y vi que no había nada por lo que seguir aquí – soltó un suspiro triste – estaba sola hasta que llegaste. Mi corazón no había vuelto a sentir nada así por nadie – alzó la vista y las manos de Lesley se posaron en sus mejillas – hasta que llegaste tú y me devolviste el corazón que había perdido.

– Lesley… – susurró Noah deseando poder abrazarla y besarla sin contemplaciones.

– Siglos atrás no pude impedir que ellos… – se quedó en silencio hasta que con un hilo de voz añadió – se fueran de mi lado. No estoy dispuesta a perderte a ti también. Quiero ser feliz a tu lado, deseo ser la mujer que siempre has esperado y quiero que ambos comencemos una vida nueva. Sé que no puedo darte todo, pero…

– Teniéndote a mi lado jamás me faltará nada, porque lo único que necesito es a ti – dijo Noah alzándole la barbilla y sonriendo – quiero que seas mía para siempre – se inclinó hasta quedar a escasos centímetros de sus labios – mía para toda la eternidad…

– Tú sí que eres mío, Morak – dijo ella con una sonrisa pícara – a partir de ahora eres un hombre atado a una vampira muy posesiva.

Ambos soltaron una carcajada ante semejante comentario. Sin embargo, el tiempo de las risas se había acabado porque lo que realmente querían ambos era sentir la pasión del otro, demostrarse cuánto se querían. Noah se apoderó de sus labios dejando que su lengua se internara en la boca de Lesley mientras sus cuerpos se unían y fundían como uno solo. El pequeño mordisco que ella le regaló en el labio inferior fue excitante, tanto que sentía su cuerpo arder por dentro, deseando poder desnudarla y hacerla suya una y otra vez.

Separarse fue difícil pero necesario y ambos entraron en el avión. Pronto ambos estaban sobrevolando el cielo mientras estaban sentados cómodamente en uno de los sillones del espacioso jet privado. Noah tenía a Lesley sentada sobre sus piernas mientras ambos hablaban de todo un poco.

– Quiero que nos casemos, que nos emparejemos o como sea que lo llaméis – dijo él enredando uno de sus rizos pelirrojos – ¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Tenéis un Dios para eso?

– Jajaja, sí tenemos una manera de hacerlo – rió ella complacida.

Lesley le explicó todos los Dioses, las costumbres y la vida de los vampiros. Nada quedó fuera de su alcance, ahora lo conocía todo y a medida que la escuchaba se asombraba por todo lo que se había perdido en aprender.

– Celebraremos un Nanúin como es debido – susurró él dejando un beso en su cuello – suena bien. Una “boda” vampira al estilo medieval ¿no?

– Es que somos muy clásicos – respondió ella inclinándose para darle un beso – ¿Quieres que nos casemos a tu manera? Sé que tus tíos querrían ir a la boda.

– Ellos siempre han sabido que no me casaría, nena – dijo Noah mientras reclinaba a Lesley en el sofá y se situaba sobre ella – Ésto es una excepción por ti, por mí, por lo nuestro… – la besó en los labios – pero me gustaría ir a visitarles, presentarles a mi chica… ¡Seguro que te caerán genial!

– Jamás lo pondría en duda – comentó ella sonriendo – iremos cuando haya menos horas de sol o me chamuscaré como un inglés al sol español.

– Jajajajaja – la carcajada le salió de lo más profundo del pecho – creo que les diré que tienes alergia al sol. Por suerte – la besó en los labios mientras sus manos descendían por su cuerpo – tengo un amigo médico que podrá corroborarlo…

– Eres realmente perverso – murmuró Lesley mientras sus manos acariciaban a Noah y le atraían aún más hacia sí misma – ¿De quién lo habrás aprendido?

– De la mejor… – comentó él bajando por su cuello y aprovechando para desabrochar el primer botón de su pantalón – somos uno, Lesley – la cogió del mentón al ver que ella no le miraba – tú y yo para siempre y lo que venga después será una sorpresa y… ¿quieres saber algo?

Ella asintió y Noah aprovechó para trazar un camino de besos por su cuello hasta llegar a su oído y susurrar.

– Me encantan las sorpresas – palabras reales y sensuales.

Ropas desordenadas, caricias intensas, besos de infarto… Ambos se estaban dejando llevar por la pasión, pero también por el amor que sentían hacia el otro, algo que jamás se apagaría porque él se encargaría de tener la llama encendida y entre los dos la cuidarían para toda la eternidad.

Anuncios