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EPÍLOGO

Cuando tu mente, tu corazón y tu cuerpo están en sintonía comienzas a comprender que las cosas buenas acaban sucediendo sin que tengas que forzarlas. Él siempre había visto en la televisión la batalla entre el bien y el mal, pero jamás podría haber predecido todas las cosas que estarían por librarse. 

Noah Cooper se sentía bien consigo mismo. En cierto modo, había ayudado a acabar con un asesino de mujeres que propagaba el dolor allá por donde pisaba. Adair y su ejército se habían encargado de apresar al Tywyll canadiense que ayudaba a su antiguo jefe Robert. Una amenaza resuelta aunque no sería la última que verían. 

Y a pesar de todo eso, Noah no se sentía tranquilo del todo, todavía había algo en su interior que se removía al pensar en el caso. Para no llamar la atención, los Anfarwold se habían encargado de cerrar la investigación que Hoffman estaba llevando a cabo. Así un elfo se presentó como agente del FBI arrebatando el caso y cerrándolo en el acto. Según él, el FBI tenía jurisdicción en casos de asesinatos que traspasaban varios estados. 

Lo que realmente preocupaba a Noah era Jimmy Smith. Después de conocer la verdad de la investigación, la implicación de su jefe, comenzó a sospechar que el accidente no había sido fortuito sino más bien premeditado. A pesar de las lamentables voces interiores que escuchó del teniente Hoffman… una mañana, Noah se adentró en la habitación del subjefe de policía y se sentó en la silla más cercana. 

Y cuando estuvo frente a él quiso decirle tantas cosas, pero por extraño que pareciera ninguna salió de sus labios. Simplemente apretó la mano del subjefe entre las suyas y susurró muy bajito. 

– Se acabó, él se ha ido y puede estar tranquilo – su voz apenas la podía escuchar él mismo – lo hemos resuelto. 

Noah no creía en los milagros, pero después de las semanas que había tenido y siendo ahora un ser inmortal… No se sorprendió al ver que Jimmy Smith apretaba su mano con fuerza mientras el monitor que tenía  a un lado de la cama comenzaba a pitar, evidenciando que se había producido un cambio en el hombre. 

El Morak salió de la habitación justo cuando las enfermeras entraban corriendo para atenderle. Su mujer esperaba junto a Hoffman que le lanzó una última mirada cargada de intriga. Tres días después, se enteró por Will que Jimmy había abierto los ojos y aunque aún estaba en observación… era posible que volviera a la normalidad con un poco de tiempo. 

Él se alegraba enormemente. Esperaba volver a trabajar con él más adelante cuando el hombre se recuperara de aquella experiencia. Para quien pensara que dejaría su trabajo, estaba muy equivocado, puesto que Noah no pensaba renunciar a él. Quizá con el tiempo y debido a que no envejecería tendría que dejarlo. Sin embargo, pensaba permanecer allí hasta que no tuviera más remedio que dejarlo y mientras tanto podría ayudar a los Anfarwolds no solo luchando sino también descubriendo posibles víctimas de Tywylls. 

Una palmada en el hombro le sacó de sus pensamientos. Noah Cooper se encontraba frente al espejo mirando el atuendo que llevaría para su Nanúin con Lesley. La tradición mandaba que el hombre vistiera unos pantalones de lino blanco y una camisa del mismo color.

– Todo el mundo está fuera y eres tú quien tiene que esperar a la novia – soltó William detrás de él – sería muy grosero que la dejaras en el altar…

– Eso es en las bodas tradicionales – dijo Noah volviéndose y viendo el traje que su amigo se había puesto – te has puesto muy guapo para la ceremonia…

– Nunca sabes donde puedes encontrar a una buena chica – comentó su amigo esbozando una amplia sonrisa – vamos Romeo, no queremos que Sarah entre aquí y te saque a rastras.

Lesley y él habían acordado celebrar el Nanúin en Escocia. Aunque ella le había dicho que podrían elegir cualquier otro lugar, él quería que fuera especial para ella y no podía encontrar un lugar más adecuado que aquél. Allí, ellos se declararían su amor eterno y Noah se convertiría en un Anfarwold. ¡Por fin su vida estaba encauzándose como siempre había querido! Ahora se sentía relajado y feliz consigo mismo.

La noche había caído sobre el valle dejándolo completamente oscuro. No obstante, miles de luces refulgían en el cielo como si fueran luciérnagas que iluminaran el feliz encuentro. Siguieron el camino de luces hasta que llegaron a un llano donde todo el mundo esperaba tanto al novio como a la novia.

No era una “boda” convencional. El arco del Nanúin estaba decorado con multitud de flores rojas y blancas, las luces iluminaban a todos los invitados y la música celta sonaba baja. Noah no tuvo que esperar demasiado tiempo para contemplar a la que seria su pareja para toda la eternidad. Lesley iba ataviada con un precioso vestido negro que se adaptaba perfectamente a las curvas de su cuerpo. El corsé estilizaba su figura mientras que la falda caía como un revuelo de seda hasta el final de sus piernas.

Preciosa, magnífica y suya. Eran las únicas palabras que podía pensar en aquellos momentos. Tenerla frente a él fue un regalo para su visión y también para su enamorado corazón. Noah olvidó por un momento a los invitados, la música, los murmullos y se inclinó sobre ella para susurrarle al oído.

– Bellísima sería desmerecerte – podía sentir el pequeño escalofrío de la vampira mientras pronunciaba – eres un sueño hecho realidad.

***

Lesley MacDonald siempre pensó que no volvería a casarse y mucho menos que lo haría por el rito vampírico. Sin embargo allí se encontraba, frente al hombre que se había adueñado de su corazón y teniendo un pequeño público para verlo. No es que hubiera llamado a todos sus amigos para que vinieran al Nanúin, todo lo contrario, ella jamás había sido mujer de grandes fiestas.

Al enlace habían asistido Aleksei que la había escoltado hasta el pequeño altar improvisado, Amras su amigo y ex-compañero de casa, Nikolai que había asistido a última hora, Adair, Eire, Owen y por último Sarah y Will por parte del novio.

Una celebración íntima como a ella le gustaba. Lesley miró por última vez a Noah mientras una débil luz refulgía frente a ellos dejando que un hombre de cabellos castaños apareciera. Los Dioses jamás dejaban que nadie que no fueran ellos oficiaran las ceremonias de emparejamiento. Algo que les hacía más cercanos a ellos creando una mejor relación y no tomándolos como los típicos Dioses distantes y crueles que se podían vislumbrar en cualquier mitología.

El Nanúin consistía en que ambos amantes tomaran la sangre del otro para que ésta viajara por su organismo adentrándose en su cuerpo y confundiéndose con la propia sangre de la persona. Ella no conocía ningún caso de un Morak vinculándose con un vampiro, pero ambos habían encontrado una manera de llevarlo acabo, a pesar de que Noah no pudiera clavar unos colmillos en ella.

El Dios Rheswm evaluó a los dos enamorados con curiosidad en su mirada. A pesar de que Lesley podía sentir la mirada en su cuerpo no se echó atrás, sino que se adelantó dos pasos frente a Noah y dejó que el cuchillo que llevaba en las manos se afianzara en su palma. Al mirar los ojos de Noah dudó sobre si darle el cuchillo, no porque pensase que no querría hacerlo, sino porque su amor por ella podía impedirle hacerle el corte en el cuello.

A falta de colmillos, Noah le haría un leve corte en la piel para así lamer después la sangre que escapara por la herida. Lesley sentía los colmillos palpitantes, deseando clavarse en la piel del Morak y deseosa de marcarle como suyo. Sin pensárselo más, le tendió el cuchillo y él lo agarró con una fuerza inusitada.

Noah la tomó por la cintura, pegándola a su cuerpo mientras elevaba el cuchillo y rozaba con el filo la piel fría de su cuello. No sintió dolor cuando el metal dañó su piel, pero sí sintió la sangre resbalando por su piel e inmediatamente después los labios de Noah se estaban apoderando de su sangre. Ella pasó las manos por su cabello acercándole mucho más a ella y queriendo sentir el calor que él desprendía por cada poro de su cuerpo.

Hubiera dado cualquier cosa por seguir sintiendo sus labios cerca de ella, pero la tradición mandaba y cuando Noah se separó con el pelo revuelto… ella solo pudo pensar en lo adorablemente sexy que se veía. Relamiéndose los labios, la vampira se acercó a Noah como si fuera una presa, arrejuntó su cuerpo con el de él mientras el propio Morak inclinaba la cabeza hacia un lado dejándole su cuello expuesto.

Sus colmillos se alargaron hasta límites insospechados y perforaron su carótida con rapidez. La sangre se deslizó por su boca hacia su garganta mientras ella disfrutaba del embriagador sabor de su futuro “maith” o marido como solían llamarlo los mortales. Desclavar sus colmillos de él fue mucho más duro de lo que podría haber imaginado días atrás.

Ambos se volvieron para permanecer completamente quietos ante el Dios de la razón mientras él aceptaba sus manos entre las suyas y comenzaba a recitar las palabras que les unirían para siempre.

– Sangre a la sangre, lazos irrompibles, indivisibles que nos unen en la eternidad de una vida juntos – la voz del hombre era profunda y solemne – dos gotas de agua, dos gotas de sangre, dos personas bajo una sola.

El Dios soltó sus manos, alejándose varios pasos de ellos y ambos se quedaron contemplándose. La pasión vibraba entre ellos, dejando que ambos se acercaran al otro y dejando que sus labios se encontraran. Lesley pudo sentir el sabor de su propia sangre en los labios y estaba segura de que Noah estaría sintiendo lo mismo que ella. Sus lenguas se entrelazaron mientras mezclaban los sabores de sus sangres en un festín que quizá repitieran más de una vez al día.

***

El Nanúin se había desarrollado mucho mejor de lo que él esperaba y cuando vio que aquella deidad se marchaba de su lado, abrazó a Lesley y aprovechó para besarla de nuevo. Sin embargo, las felicitaciones llegaron rápidas y pronto tuvo a sus dos amigos a su alrededor para felicitarle por el enlace.

El resto de seres sobrenaturales también aprovechó para darle la enhorabuena e incluso Aleksei le dio un par de palmaditas en la espalda mientras le susurraba una amenaza velada. Algo como: “Si le haces daño alguna vez… no tendrás vida para arrepentirte y mucho menos Reinos para correr”. Sonaba especialmente encantadora.

– No os hemos traído ningún regalo porque apenas tuvimos tiempo de prepararnos – confesó Sarah con una sonrisa triste – pero prometo que cuando volváis de la luna de miel… tendréis un gran regalo esperándoos.

– De parte de los dos – terminó diciendo William.

– No hace falta que os molestéis, chicos – dijo Noah con una amplia sonrisa mientras pasaba la mano por la cintura de Lesley – no es una boda de verdad.

– Sí, pero seguro que todos ellos os van a dar regalos más pronto o más temprano – dijo su amiga mirando al resto de Anfarwold, pero deteniéndose en uno, en el gran jefe Adair – así que nosotros no seremos menos.

– ¿Y ahora qué? ¿No se supone que viene tu iniciación? – preguntó Will con cierta intriga – espero que no sea una salvajada porque como médico te impediría realizarla.

– Aprendimos a ser civilizados hace muchos siglos, doctor – comentó Adair incorporándose al grupo – aunque sí habrá sangre, cuchillos, pero nada que no pueda manejarse.

– Tranquilo – tranquilizó Noah a su amigo – estaré bien.

– Solo tendrá un bonito “tatuaje” como éste – comentó Lesley enseñando su muñeca marcada por un símbolo que él pronto tendría en la suya.

– ¿Comenzamos? – preguntó Adair con voz seria mirando a Noah.

– Sí – contestó él seguro de lo que estaba dispuesta a hacer.

Todos los presentes se dieron la vuelta para contemplar el ritual que convertiría al Morak en uno de los suyos. Adair extrajo su daga de la vaina que tenía atada a la cintura. Noah la contempló detenidamente y se quedó sorprendido por las características de la misma. Por su suave contorno, las perlas expuestas y su finura debía de ser una daga persa.

– Extiende la muñeca – pidió el Anfarwold con la mano que tenía libre – esto podría dolerte un poco.

– No me importa – dijo Noah clavando la mirada en el que sería su jefe desde que el “tatuaje” se grabara en su piel – quiero ser uno de los vuestros.

Adair asintió con gesto orgulloso y comenzó a trazar las líneas del tatuaje. El filo cortaba su piel superficialmente, pero lo suficientemente fuerte como para hacerle sangrar y dejar que ésta cayera al suelo en finas gotas. Apenas podía ver el diseño que el hombre estaba trazando, pero con cada corte sentía que estaba liberándose de su anterior vida y contemplaba una completamente diferente.

Noah alzó la vista para clavarla en Lesley que tenía una pequeña sonrisa de valentía en el rostro como si estuviera animándole, pero sobre todo podía ver su orgullo, lo contenta que ella estaba por él. Aquello le hinchó el pecho como si fuera un gallo y tuvo ganas de gritar la felicidad que sentía a pesar del dolor que le estaban infligiendo.

Las manos de Adair se retiraron de su piel dejando que Noah contemplara el “tatuaje”. El intrincado diseño estaba creado a partir de un rombo junto con dos figuras que simulaban las alas de un murciélago o quizá de un ángel. Era muy curioso verlo en su piel, pero aún fue más impresionante cuando Adair pasó su mano sobre él y éste brilló. La sangre se secó, su piel recubrió las líneas del tatuaje dejándole gruesos trazos que simulaban cicatrices.

– Nuestros tatuajes se iluminan cuando alguno de nosotros pasamos la mano por ellos – dijo Adair mientras le mostraba cómo se hacía. El Guerrero pasó su palma sobre la cicatriz de Noah y ésta se iluminó con un brillo etéreo – así sabemos que somos nosotros y no cualquier impostor que quiera hacerse pasar por alguien de los Anfarwolds.

– Muy ingenioso – comentó Noah sintiéndose poderoso al tocar su  “tatuaje-cicatriz”.

– Ahora eres uno de los nuestros, Noah – Adair puso sus manos en los brazos del Morak – bienvenido a la guerra.

– Gracias, creo – dijo Noah con una pequeña sonrisa – ¿Cuándo comenzaremos los entrenamientos de los que me hablaste?

– Primero disfruta de tu luna de miel – respondió el Guerrero dándole una palmada en la espalda – tienes todo el tiempo del mundo para aprender a luchar y convertirte en un guerrero.

Qué razón tenían aquellas palabras. Él ahora era un ser inmortal y aunque era cierto que podría morir sería mucho más complicado matarle que en ocasiones anteriores. No obstante, él sabía que necesitaba entrenamiento, conocer las tácticas de los Anfarwold y su modo de proceder. ¿Quién mejor para mostrárselo que Adair?

Sin embargo, el Guerrero tenía razón. Las luchas podían esperar porque él solo podía pensar en Lesley, en las ganas que tenía de estar con ella a solas, aprovechar cada  momento del día para hacerle el amor, consentirla, hablar y reír juntos. Casi como si ella pudiera leerle la mente, se había acercado a él por detrás y sus brazos habían rodeado su cuello mientras pegaba su torso a la espalda de Noah.

– ¿Puedo robarte a mi maith? – dijo Lesley mirando a Adair con una sonrisa en los labios – creo que va siendo hora de despedirse de todos – susurró después en el oído de Noah para que solo él pudiera entenderla.

No necesitó más palabras. Noah estrechó la mano de Adair prometiendo que volverían a verse después de la luna de miel y se volvió hacia el resto de invitados. Sarah le dedicó un abrazo muy fuerte mientras que Will se decantó por una palmada en el hombro mientras le susurraba las ventajas de no salir del hotel.

Apenas conocía al resto de guerreros, pero Noah sabía que pronto todos se convertirían en una familia para él. Lesley le había explicado que aunque todos tenían diferencias, la guerra les había unido y a él le pasaría lo mismo. Se despidió de Aleksei, Owen y Nikolai con sendos apretones de manos, pero cuando llegó gasta Eire y vio en sus ojos la sonrisa que no dejaba esbozar en sus labios… La estrechó con fuerza, dándole el primer abrazo, pero sintiendo que era lo correcto. Antes de que ambos se separaran terminó diciendo.

– Gracias por salvarme – dijo Noah mientras se separaba y la miraba a los ojos – nada de esto habría sido posible sin ti.

A pesar de que la Guerrera estaba intentando aguantar las emociones que la abrumaban, Noah sí se dio cuenta de que sus ojos brillaban más que de costumbre, como si las lágrimas amenazaran con desbordarse. Cosa que no ocurrió como era de esperar. Una guerrera jamás lloraba en público o eso es lo que el Morak intuyó al ver su reacción.

Ambos montaron en el coche que les llevaría hasta el aeropuerto donde les esperaba el jet privado de Aleksei. Sí, el vampiro les había dado su mejor regalo de bodas, había pagado el viaje. Ninguno de los dos sabían el destino así que la sorpresa brillaría en sus rostros cuando llegaran. Noah no estaba del todo de acuerdo en no saber dónde iban, pero Lesley le había convencido y como le había planteado: “los regalos son para aceptarlos… no para analizarlos”.

***

Quizá su deber no siempre había incluido proteger a sus guerreros, pero él lo había tomado como un asunto personal añadiéndolo a las tareas que tenía que manejar un jefe. Muchos podrían pensar que proteger a una persona que aún no era un guerrero era una tontería e incluso una pérdida de tiempo. Él no lo veía de esa manera, así que iba a actuar en consecuencia.

Veinte horas habían pasado desde que la boda había sido celebrada y por fin la noche había caído sobre Nueva York, dejando que la ciudad se iluminara con las luces de los edificios y los carteles de publicidad. Adair se situó debajo de un árbol desde donde podía contemplar a la persona que vivía en ese apartamento mientras esperaba al elfo con el que debía reunirse.

La capacidad de Noah para acabar con un Tywyll le había dejado impresionado puesto que jamás se había descrito una manera de matar así. Quizá los Morak eran más poderosos de lo que todos habían supuesto y podrían ser una salvación más que definitiva dentro de esta guerra.

Adair contempló la figura de la mujer que se recortaba contra la ventada iluminada. Ella ya se había cambiado, su vestido había desaparecido, reemplazándolo por una larga camiseta y unos pantalones sencillos. El maquillaje había desaparecido al igual que las joyas que había exhibido durante la ceremonia.

Cualquiera que le viera pensaría que se trataba de un admirador secreto o más bien un acosador homicida, pero nada más lejos de la realidad, en el fondo lo único que quería hacer era ayudar a aquella muchacha. ¿Qué le había hecho cuando le miró tras la muerte de Noah? ¿Cómo es que miles de pensamientos se arremolinaban en su cabeza cada vez que pensaba en ella? ¿Por qué no podía dejar ese sentimiento de protección a un lado?

Se decía a sí mismo que era simplemente “precaución” puesto que ella podía ser una pieza vital para las batallas que se sucedieran a partir de ahora y ambos sabían que su cumpleaños estaba cerca. A pesar de que estaba absorto contemplando a la joven, sí que sintió las pisadas detrás de él, incluso antes de que Inariel se situara a su lado.

El elfo Beren podía moverse cuidadoso como el viento entre los árboles, sin levantar sospechas en su enemigo, dejándose ver solo cuando él lo creyese oportuno. Quizá eso funcionaba con el resto, pero no con él; Adair tenía demasiados años como para caer en semejantes trampas.

– Mandaste llamarme – comentó Inariel refugiándose detrás del árbol que había frente al edificio y donde Adair se encontraba apoyado.

– Quiero que te encargues de una tarea muy importante – comentó Adair volviendo la vista y viendo que el elfo se recolocaba el pelo para tapar sus orejas puntiagudas – quiero que tú y varios hombres más vigiléis a esa joven – señaló con su mirada a la muchacha de la ventana.

– ¿Ésa no es…? – comenzó a decir el elfo mientras sus cejas se alzaban con sorpresa.

– Sí, es Sarah Andrews – respondió Adair con un tono carente de cualquier sentimiento – pronto será su conversión y necesito que alguien se ocupe de protegerla mientras sigue siendo vulnerable.

– Soy muy viejo, Adair – protestó Inariel recolocándose las ropas humanas que se había puesto – ¿seguro que no hay una razón oculta? ¿Temes algo en especial?

Adair se giró brevemente para echarle un vistazo. El elfo estaba vestido con unos vaqueros bajos, una sudadera de los Knicks y el pelo le caía suelto a ambos lados del rostro. Y a pesar de que debería ser más sincero con su compañero de armas, no podía explicar sensaciones que ni él mismo recordaba haber sentido en siglos. Si alguien era experto en mantener los sentimientos a raya era él y eso no iba a cambiar de ninguna manera.

– Hago mi trabajo – comentó Adair cruzándose de brazos y volviendo la mirada a la ventana – ¿Puedo contar contigo?

– ¿Es un favor o una misión? – preguntó Inariel con cierta ironía en sus palabras.

– Es un favor – claudicó Adair bufando – tú harás el primer turno. Owen y Leyna serán las personas encargadas de sustituirte en esta tarea.

– ¿Para ellos también es un favor personal? – preguntó el elfo apoyándose contra el árbol – creo que si sigues así te quedarás sin deudas que cobrar.

– Estás demasiado gracioso, Beren – espetó Adair con un tono relajado – quiero que me avises de cualquier cosa que suceda con ella.

– Así lo haré – dijo esta vez Inariel con un tono mucho más solemne – dime la verdad, Adair. ¿Qué es ella para ti?

– Una protegida – contestó el hombre dándose la vuelta, pero sabía que no se marcharía, al menos no tan fácilmente.

– Me alegra que hayas recurrido a mí – comentó el elfo intentando quitarle importancia.

– ¿Por qué? – preguntó Adair dándose la vuelta, observando que el elfo tenía una débil e imperceptible sonrisa en el rostro.

– Me da a entender que soy más que un guerrero para ti – contestó Inariel con cierto orgullo – que después de tantos años me consideras lo suficiente amigo como para pedirme este favor…

Sí, el elfo Beren se había ganado su simpatía y también su respeto. A pesar de que estaba acostumbrado a no hacer amigos dentro de las filas de sus guerreros, Adair no podía negar que muchos de ellos eran personas en las que podía confiar.

– No hagas que me arrepienta – murmuró Adair. Su tono no era recriminatorio sino un “gracias” velado para él.

Antes de que se diera la vuelta para marcharse, vio que Inariel miraba hacia los lados, comprobando que no había nadie alrededor. Cuando estuvo completamente seguro, dio un salto enérgico hacia una de las ramas del árbol y se encaramó a la copa del mismo. El lugar más alto y la zona mejor escondida desde la que podría hacer su trabajo.

Adair lanzó una última mirada a la ventana, pero Sarah Andrews ya se había marchado de allí y él no tenía nada más que hacer en ese lugar. Los dos guerreros no se despidieron, no hacía falta y Adair aprovechó la oscuridad de un callejón para desvanecerse hasta que aterrizó de nuevo en su ático. Uno de los pocos lugares donde podía encontrar algo de paz.

***

La felicidad existía y después de tantos siglos la había encontrado. Lesley MacDonald jamás pensó que podría volver a sentir de esa manera y se había equivocado enormemente. El amor no muere sino que renace de sus cenizas para dar paso a una felicidad que se instala en nuestro corazón como la mejor medicina ante la soledad.

Su soledad había durado demasiado tiempo y estaba más que decidida a disfrutar de su nuevo estado en la vida. Noah había sido su salvación en todos los sentidos y jamás podría terminar de dar gracias a los Dioses por ponerle en su camino. La soledad se había esfumado desde que los ojos de él se posaron en los de ella.

Las calientes manos de su maith acariciaron su terso abdomen mientras se acercaba aún más a su cuerpo. Su piel estaba fría, pero el calor de Noah se filtraba entre los dos volviéndola tan parecida a él que le daban ganas de gritar de felicidad. Las manos de Noah comenzaron a bajar más lentamente por su bajo vientre adentrándose entre sus piernas mientras apretaba con su erección las desnudas nalgas de Lesley.

No habían salido de la cama, mucho menos de la habitación y era muy posible que se quedaran varios días sin ver la luz de la luna. Algo que no les importaba demasiado, dado que tenían demasiado entretenimiento entre las sábanas del maravilloso hotel en el que se hospedaban. Aleksei les había regalado un precioso viaje a Grecia con todos los gastos incluidos.

Lesley se mordió el labio inferior cuando los dedos de Noah se internaron entre los pliegues de su sexo, abriéndolo para sus ardientes caricias, sus hambrientas intenciones y ella simplemente dejó que él la poseyera con los dedos mientras apretaba su erección contra su trasero una y otra vez. La vampira echó el brazo hacia atrás buscando a su amante, dejando que él deslizara un montón de besos por su cuello y haciéndola gemir en respuesta.

– Mmmm, me gustan esos gemidos de placer, nena – la voz de Noah era ronca – estás tan mojada…

Casi para corroborar sus palabras, él sacó sus dedos del interior de ella y ante su atenta mirada se los llevó a la boca. Deslizó la lengua por ellos, recogiendo todo de ella y haciendo que Lesley ardiera en llamas por él. Aquello era tan erótico, tan sensual que lo único que pudo hacer fue besarle. Probó los labios de su maith disfrutando del sabor de su excitación, pero también de las manos que colocaban su miembro completamente erecto justo en la entrada de su cuerpo.

– Deliciosa – dijo él cuando ambos se separaron.

La penetró de una vez hundiéndose en su interior hasta el fondo. Lesley se agarró a las sábanas de la cama mientras sentía que él embestía contra ella, pegando su espalda al pecho de él, dejando pequeños besos en su nuca mientras sus manos retenían sus caderas fijas en la cama.

– La última vez fuiste mucho más rudo… – dijo ella intentando contener sus gemidos – ¿Te has vuelto un dulce gatito?

– Oh, no… de eso nada – la embistió otra vez y se quedó completamente quieto – pero tú sí te convertirás en una dulce gatita…

– Ni lo sueñes, pequeño – dijo ella volviendo el rostro y fijando su mirada en la de él – sabes que no…

Apenas pudo continuar hablando. Sus dedos se habían deslizado hacia ese punto tan sensible de su cuerpo, los dedos acariciaron su clítoris despacio, mientras sus caderas se deslizaban hacia atrás y volvían a embestir lentamente. La penetraba de una vez, se quedaba quieto y volvía a repetirlo. Torturándola, eso era lo que Noah estaba haciendo y ella iba a permitírselo.

A pesar de que sus penetraciones eran lentas, el movimiento de sus dedos era cada vez más rápido, haciendo que las caderas de Lesley se movieran intentando buscar mucho más de él. Noah pellizcó su clítoris haciendo que el mayor orgasmo que había sentido recorriera cada fibra de su cuerpo apoderándose de ella e incitándole a él a correrse. Lesley podía sentir la liberación de Noah, el grito que el hombre dejó escapar, sus cuerpos sudorosos sobre las revueltas sábanas.

– No hay nada como el sexo lento – susurró Noah contra su oído – me encanta poseerte y dejarte a mi merced.

Lesley sonrió y dejó que él saliera de su interior. Contempló cómo Noah se tumbaba de costado a su lado y ella aprovechó para darse la vuelta y quedarse frente a él. La vampira pasó sus manos por las mejillas de Noah, acariciando su piel y dejando que éstas vagaran hasta que sus dedos tocaron las finas hebras de cabello.

Mientras sus manos repasaban su cabello, sus ojos acaparaban toda la belleza masculina del cuerpo de Noah y Lesley se sentía radiante por dentro. Y aún así existía algo que siempre había querido decirle y todavía no se había atrevido a pronunciar. Lesley se juntó más a él, sintiendo el calor de la piel de Noah en contraste con su piel mortalmente fría.

– Siempre te he amado, Noah – susurró Lesley mirándole a los ojos mientras sentía cómo uno de los brazos de Noah rodeaba su cadera y la acercaba más a él – desde el primer momento en el que te vi, cuando mis ojos se posaron en ti… te amé aunque ni yo misma lo sabía.

– Shhhhh… – susurró el Morak poniendo un dedo en sus labios – estamos juntos…

– Soy muy obstinada, demasiado complicada de entender, pero quiero que sepas… – la vampira se mordió el labio inferior intentando encontrar las palabras adecuadas que expresaran los sentimientos que albergaba hacia ese hombre – que me negué a ver la realidad por miedo, porque no era lo correcto, no era lo que se esperaba de mí – aprovechó para bajar su mano por la nuca del Morak – y aún así, aunque mi razón gritaba que me alejara de ti… mi corazón latía por estar a tu lado.

Él se había quedado callado, sus ojos verdes refulgían con pequeñas llamas en sus iris y Lesley se sintió poderosa al saber que era ella quien provocaba esa reacción.

– Te amé, te amo cada vez que despiertas a mi lado y te amaré por el resto de mis días, Noah Cooper – susurró Lesley acercándose a sus labios y rozándolos con los suyos.

– Te amo, Lesley MacDonald – suspiró Noah cuando se apartaron brevemente – soy tuyo y tú eres mía para toda la eternidad.

Ni siquiera hacía falta que se pusiera de puntillas para alcanzar la felicidad porque ya la tenía entre sus manos. Aquella declaración de amor, el mutuo sentimiento compartido hacía que su amor se reforzara aún más. Ambos habían cerrado su corazón por un tiempo, pero tras una larga espera, ambos habían vuelto a sentir y amar.

El amor no se busca sino que te encuentra, deja que creas que has sido tú, pero en el fondo sabe cuando debe aparecer. Pero cuando las flechas de cupido se clavan en tu corazón, estás perdido, porque ni siquiera la muerte es capaz de arrancar a los amantes de los brazos del otro. Nacemos para morir, vivimos para disfrutar y revivimos para estar con nuestros seres amados.

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