“Puro Fuego” ya ha terminado, pero aún hay mucha historia por contar y cositas que aún tengo que aclarar para las futuras historias. Así que a partir de ahora, os iré dejando paisajes donde encontraréis una referencia a la historia y también fichas de personajes. He pensado dejar también canciones y deciros con quién las identifico. Espero que os guste esta forma amena de ir actualizando el blog. Hoy toca… ¡El Argae!


EL ARGAE





Habían pasado muchos siglos desde aquel enfrentamiento e invasión del Reino. La posibilidad de una brecha tan grande no había sido prevista por ningún habitante del reino que había contemplado con ojos impotentes como sus enemigos abrían un pequeño portal que fue convirtiéndose en una entrada mucho más grande, más inmensa, dejando a merced de sus adversarios a todos los elfos que allí habitaban. 

El Reino Fëaror se sumió en el descontrol al darse cuenta de que no podrían tapar aquella pequeña rotura antes de que las tropas de los Tywyll traspasaran la línea que separaba la Tierra de su Reino. Amras aún recordaba los días de terror, cómo las familias más cercanas a aquella zona huían y eran evacuadas, hospedadas en casa de otros muchos habitantes Fëanor. El Rey había solicitado ayuda a sus vecinos, que a pesar de las reticencias y de las enemistades que existían entre ellos en aquellos momentos apoyaron a su vecino frente a un enemigo común. 

Él era pequeño, apenas tenía quince años cuando se originó aquel desastre, y contempló cómo su padre se enfundaba la armadura, las capas y las armas y partía de casa para enfrentarse a aquellos seres que acabarían con sus vidas si llegaban y saqueaban las ciudades que encontraran a su paso. 



Él y su hermana se quedaron asistiendo a su madre, ayudándola y consolándola en las horas más oscuras. Las mañanas eran frías en aquella época, los soles apenas lucían con el esplendor de antaño y las noches quedaban iluminadas por el fuego que se podía divisar en la distancia. Las largas columnas de humo dejaban claro que allí se libraba una cruel guerra… Sin embargo las luces blancas que caían desde el cielo, que desplegaban su poder alrededor de aquella batalla, tranquilizaban a Amras. 

A pesar del daño que había causado aquella guerra, donde los Tywyll habían estado apunto de tomar parte del Reino, habían vencido. Se habían proclamado vencedores, pero… ¿A qué precio? Lo que antes había sido una batalla se convirtió en un enorme foso invadido por el más absoluto vacío. No había quedado tierra donde realojar a los elfos que habían perdido sus tierras, sus casas, sus pertenencias, simplemente había quedado oscuridad y algo más. Un gran agujero negro que invadía el terreno y desde donde llegaban aún ataques procedentes del otro lado. 

Con la ayuda de los Guerreros de la Luz y el esfuerzo de todo el Reino élfico, se desvió un gran arroyo que surcaba la basta tierra Fëanor y se dejó que cayera vacío abajo como una cruel cascada que se llevaba las esperanzas de los habitantes, pero que ahogaría a todos aquellos seres que osaran cruzar la brecha que se había abierto y jamás podría volver a cerrarse. 

Se construyó un enorme muro provisto de arcos que dejaban caer el agua al fondo y sobre él se construyó uno de los cuarteles más grande de los reinos. Desde allí, los elfos vigilarían la brecha y repelerían cualquier ataque que viniese del exterior. Y así había sido desde aquel momento hasta la actualidad. 



Al principio los enfrentamientos no habían cesado, pero tras ver su inferioridad, la imposibilidad de cobrarse una nueva guerra, pero sobre todo la pérdida de activos y guerreros, los Tywyll habían desistido de continuar con aquel ataque. Sin embargo, los elfos jamás abandonaban la protección de aquel área prestos a pelear en cualquier momento. 

Por suerte su padre volvió de aquella batalla, pero muchos elfos, Guerreros, vampiros, y algunos otros seres no corrieron la misma suerte. Por ello, cada vez que alguien hablaba sobre el Argae un silencio pesado caía sobre ellos dejando sin palabras a los presentes y colmando su ser de sentimientos de tristeza, de pérdida, pero también de esperanza. Habían conseguido vencer, a pesar del precio tan alto que habían tenido que pagar. 

Los recuerdos del Argae desaparecieron tan rápido como habían llegado. Inspeccionó la zona e hizo una señal con la mano a Daeton para que descendiese sobre aquel valle cubierto de arena y con algunos matorrales secos. El ave hizo lo propio y con un fuerte grito desplegó sus alas y cayó en picado. Mientras bajaba y sentía el aire seco quemando sus ojos y obligándole a cerrarlos, pensó que no dejaría que ninguna brecha originara un nuevo Argae.

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