Adelanto_prologo

Sé que os dije que iba a dejar la segunda parte de “The Anfarwolds” en parón… Sigue siendo así, pero quería dejaros este pequeño trocito del prólogo y que me digáis qué os parece. Después de tantos días de ausencia, me apetecía dejaros algo nuevo y seguir pensando en cómo voy a llevar las dos historias que tengo pendientes… 🙂

El Guerrero contempló el rostro que se había descubierto tras la caída de la capucha. La mujer debía de tener unos veinte años, sus ojos oscuros, negros como pozos de agua le miraban fijamente; su cabello era negro como el carbón y estaba recogido en una larga trenza que le llegaba a la altura de la cintura; sus labios esbozaban una sonrisa cruel, muy diferente a la que había visto cuando ella era niña y la sentaba en sus rodillas. La única vez que la había sentado en sus rodillas. 

            – ¿Remordimientos? ¿Es eso lo que veo en tu mirada? – espetó la Tywyll formando la palabra “culpabilidad” en indio con su espada – la única palabra que siempre estará grabada en tu alma como si fuera una herida abierta. 

            – Chandani, ven conmigo – suplicó el Guerrero. Suplicar, algo que jamás había hecho, que era impensable en un ser como él – no todo tiene que acabar aquí…

            No tuvo tiempo de terminar la frase porque una descarga de luz blanca le golpeó, apenas pudo colocar sus pies, pero cayó de pie frente a ella de nuevo. La Tywyll volvió a atacar, descargando toda su rabia, su ira contra él. Una ira que era merecida, algo que él mismo se había ganado, con sus actos había creado a un monstruo. 

            Nada quedaba de la niña que había visto en la cuna, la joven alegre se había evaporado y en su lugar solo había quedado la venganza personificada en forma de mujer. Se reprendía por las pocas veces que la había visto, pero sobre todo odiaba no haberle dicho la verdad, no haber previsto lo que ocurriría… Las mentiras siempre nos atrapan, los engaños envenenan el alma e incluso el alma más pura puede ser corrompida bajo las manos equivocadas.

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