CAPÍTULO XLIII

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CAPÍTULO XLIII

Noah jamás habría imaginado que semejantes mazmorras se escondieran en las profundidades de la enorme mansión que ofrecía el exterior. No debería sentirse impresionado, él mismo tendría que haber previsto esto, haberse dado cuenta de que en algún momento los Anfarwold tendrían que encerar a los Tywyll.

Las últimas palabras de Robert, aquellas concernientes a su madre, llevaban rondando su cabeza durante todo el día. Sí, habían entrado aún de noche y aunque no se había asomado a la ventana podía intuir que era de noche nuevamente. Lo que quería decir que había pasado un día completo.

Y aún así, el muy cabrón no había soltado prenda, a pesar de las torturas, de que la sangre manchaba el suelo y que se notaba que perdía fuerzas por momentos. Noah se había mantenido en la oscuridad,  en una de las esquinas, tal y como Adair le había pedido. Había sido un iluso si pensaba que el ser les diría algo de buenas a primeras.

Un monstruo como él disfruta del nerviosismo ajeno, del dolor y la incomprensión del contrario. En el fondo, Noah sabía que había dicho esas palabras para despistarle, desconcentrarle y en cierto modo lo había conseguido. La furia volvió a apoderarse de su cuerpo cuando recordó la palabra con la que se había referido a su madre… “Puta”. Ningún insulto podía doler más que aquel y tampoco pensaba pasarlo por alto.

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CAPÍTULO XLII

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CAPÍTULO XLII

Todos estaban preparándose para la misión que tendría que abordar en apenas media hora, quizá mucho menos tiempo. Todos se habían estado moviendo, coordinando esfuerzos, intentando que no quedara ningún punto al azar… Sí, en aquella ocasión no podían fallar porque ella misma no se lo permitiría.

Lesley no le había hecho caso a Aleksei. A pesar de que él le había advertido que no lucharía si no se alimentaba, ella no estaba dispuesta a pedirle a Noah que se ofreciera a ella y menos en aquellos momentos. Quizá no fuera lo más sensato en sus circunstancias, pero por una vez no traicionaría su confianza y menos pidiéndole algo que sería difícil de asimilar para el Morak.

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CAPÍTULO XLI

Su cabeza había sido un hervidero de ideas desde el preciso momento en el que sus ojos se abrieron de golpe. En aquellos tres días, Noah había tenido tiempo de pensar, aclarar sus ideas y comenzar a tomar determinadas decisiones. Lo primero que tuvo que asimilar era que se había vuelto un ser inmortal. El jefe de los Anfarwolds, Adair, se lo había explicado horas después de despertar.

Y a pesar de que sabía que su inmortalidad no dependía de su presencia en la guerra… esa idea se había ido formando poco a poco en su cabeza hasta que se convirtió en un hecho. Quizá no necesitara entrar en guerra para vivir eternamente, pero había cientos, miles y millones de personas que podrían salvarse de un destino horrible si él decidía torcer su mano y unirse a la causa que aquellos seres defendían con tanto fervor.

Sus amigos habían estado a su lado intentando ayudarle en todo lo que pidieran, sobre todo a recodar esos aspectos de su vida que había perdido tras su muerte. Y habían conseguido grandes progresos, tantos que Noah recordaba exactamente el rostro que siempre se ocultaba en la oscuridad de sus recuerdos.

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CAPÍTULO XL

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CAPÍTULO XL

Si pudiera describir con una palabra lo que estaba experimentando sería con la palabra “felicidad”. Era extraño que un ser como él fuera capaz de pronunciar aquel término sin estallar en llamas… Y sin embargo, sabía perfectamente que aquel era el sentimiento que le embargaba unido a la sensación de victoria.

Ilías tenía bajo su control la vida de Evan. El joven abogado se convertiría en un gran soldado, un gran Tywyll e incluso podría llegar a sucederle. Al contrario de lo que se pensaba, los Tywyll sí tenían sentimientos, aunque en su mayoría eran de posesión… Evan era suyo, su hijo, su discípulo, su adepto… Ilías le enseñaría todo lo que debía ser.

Con aquellos pensamientos, el Tywyll esperó a que su semejante saliera del hospital que tenía ante él, donde continuaba trabajando. Cada uno tenía su profesión… Mientras Robert admiraba los cadáveres de las mujeres muertas, él se encargaba de encerrar entre barrotes a las personas inocentes, sembrando la miseria con aquellos actos.

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LESLEY MACDONALD

Nombre y apellidos: Lesley MacDonald.

Edad: 321 años (aparenta tener 25 años).

Aspecto físico: Cabello pelirrojo, largo y rizado. Ojos de color azul, tiene una silueta esbelta y es muy alta. Tiene una tez perfecta, un cuerpo atlético, creado para la lucha y oculto tras una apariencia de inocencia.

Profesión: Asesina de Tywylls.

Padres: Fallecidos.



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CAPÍTULO XXXIX

CAPÍTULO XXXIX

Siempre había imaginado que vería su vida pasar en sucesivas imágenes que le desgarrarían el alma. Sin embargo, la oscuridad se había cernido sobre él hasta que sus ojos volvieron a la vida dejando atrás ese oscuro agujero de terror. 

Noah Cooper abrió los ojos a un nuevo mundo. Un lugar que solo está reservado para los muertos. Sin duda, pensó que su cuerpo sentiría el dolor de las heridas, que el peso de las cicatrices cargaría su espalda, pero se había equivocado enormemente. 

Aquel lugar era precioso. Incomparable, realmente maravilloso, pero sobre todo lleno de paz. El silencio era sobrecogedor mientras el Morak se incorporaba e inspeccionaba aquel “santuario”. ¿Aquello era el cielo? Tenía que serlo. 

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CAPÍTULO XXXVIII

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CAPÍTULO XXXVIII

La paciencia siempre había sido una de sus virtudes, pero en aquellas circunstancias parecía esfumarse como si fuera una sombra que huyera de la luz. Todos los acontecimientos que habían tenido lugar se agolpaban en su cabeza, pero lo peor de todo es que nadie era capaz de explicar lo que había pasado.

Él no los culpaba. La situación era complicada, su sola presencia lo hacía todo mucho más difícil, pero nadie había pedido encontrarse en una disyuntiva como aquella. Nadie habría querido ver jamás lo que sus ojos habían visto mientras la impotencia se extendía por todo su cuerpo.

William era un médico. Descubrió pronto cuál era su vocación, pero toda su experiencia no había podido ayudarle a él y mucho menos a su amigo… Noah, que se debatía contra la muerte en la puerta que tenía frente a él. Su vista recayó en Sarah que permanecía sentada en el suelo con las piernas juntadas a su cuerpo y los brazos rodeándolas mientras sus ojos seguían fijos en la puerta.

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CAPÍTULO XXXVII

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CAPÍTULO XXXVII

Si la sangre pudiese helarse en su cuerpo sería un témpano de hielo. La sensación de malestar, el temor a la pérdida la había acompañado desde que las palabras de Alex llegaron a sus oídos, creando un abismo insalvable. Mucho antes de que Adair tomara sus manos sabía que llegaría tarde, que no podría salvar a Noah del todo, que no sería capaz de salvarle la vida. No eran premoniciones, tampoco es que tuviera poderes, pero era un sentimiento que se extendió por su cuerpo.

La realidad la golpeó cuando sus ojos se clavaron en la figura de Noah. La espada que traspasaba su corazón la hizo enloquecer. Desde aquella distancia no podía ver sus emociones, no podía distinguir nada, mucho menos cuando el velo de la furia y el dolor se implantó en sus ojos cubriéndolo todo. En aquel momento solo tenía una misión en la cabeza: llegar hasta Noah.

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CAPÍTULO XXXVI

CAPÍTULO XXXVI

Adair estaba sentado frente a los grandes cristales de su ático admirando la ciudad desde la altura. Una amenaza nueva que había sido neutralizada con gran éxito, pero aún tenía demasiadas preocupaciones a las que aferrarse. El Guerrero tomó el vaso de vodka y lo vació de una sola vez. El calor se extendió por su garganta al igual que el sabor del mismo.

Aquella misma noche podría contar con un nuevo soldado entre sus filas o quizá alguien más a quien tener que proteger. Sabía que el joven Noah no se dejaría engañar por los Tywyll, pero Adair dormiría mucho más tranquilo si el Morak aceptaba ser un Anfarwold. Las luchas, las muertes y los enfrentamientos se sucedían día tras día. Sus guerreros caían casi en la misma proporción que los Tywyll. En muchas ocasiones, Adair había pensado que aquella ardua batalla jamás llegaría a su fin…

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ELFOS FËANOR

ELFOS FËANOR

Los elfos son seres inmortales creados por la diosa Dirwest. Estas criaturas cuentan con su propio mundo conocido como el Reino de los Elfos, donde las distintas razas de elfos conviven en armonía y honran a la naturaleza a través de sus acciones. Dirwest es conocida como la diosa de la templanza, amante de la naturaleza y una de las diosas más benévolas de todos los existentes.

Los elfos se dividen en cuatro especies bien diferenciadas. Existen los elfos Lólindir, los elfos Fëanor, los elfos Beren y los elfos Inglor. Cada especie representa un símbolo dentro de los cuatro elementos que rigen el mundo. El Reino de los Elfos también está dividido en estos cuatro elementos, creando zonas donde cada raza habita y permitiendo existir a estos seres.

Cada raza de elfos tiene unas cualidades innatas a su poder elemental y por ello vamos a dividirlos dentro de este glosario que estamos creando. Anteriormente, os hablé sobre los elfos Lólindir y hoy lo haré sobre los elfos Fëanor.

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